5 de diciembre de 2004

Alianzas y basiliscos

Alianzas

Leo en El Mundo que nuestro impagable Moratinos anda de gira promocionando la tan cacareada “alianza de civilizaciones” propuesta por su melífluo jefe en septiembre. Sigo sin comprender cómo las “civilizaciones” pueden “aliarse”. Doy por entendido que por “alianza” debe referirse a alguna de las siguientes tres acepciones recogidas en el Diccionario de la Real Academia:

1. f. Acción de aliarse dos o más naciones, gobiernos o personas.
2. f. Pacto o convención.
5. f. Unión de cosas que concurren a un mismo fin.

Las tres presuponen la existencia de partes que se alían, de sujetos con capacidad de comprometerse (es decir, como muy bien recoge el diccionario, naciones, gobiernos o personas). De hecho, proponer “alianzas de civilizaciones” en una organización de “naciones” es equivocar el foro, debería haberse dirigido a la Organización de las Civilizaciones Unidas, si cabe imaginar tal cosa. Pero dicho esto y ya que recurro al diccionario se me ocurren dos cosas:

Uno: Civilización se define en primera acepción como: Estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres. Ergo en esta alianza sólo caben las “sociedades humanas más avanzadas” (me ahorro plantear cuáles puedan ser y, por supuesto, cuáles habría que excluir).

Dos: De lo que nos hablan es de “forjar” esta alianza, es decir (siempre con el diccionario en la mano), fabricar o formar pero también (quinta acepción) “Inventar, fingir, fabricar” (el ejemplo es más que ilustrativo, “La joven ha forjado mil embustes”).

Da qué pensar, ¿no creen?

De todas formas, y ya que cuestiono al “melífluo” no está de más salir en su defensa a veces. Dice que el concepto de nación es discutible y muchos se han reído, pero a mí me recordó un texto que, hace muchos años, leí cuando me tocó estudiar ciencia política y que creo que viene al caso:

La mayor parte de la gente cree que sabe lo que significan las palabras "Nación" y "Estado". A pesar de esta creencia, pocas personas pueden dar una definición satisfactoria de las mismas. ¿Qué es una nación? "Un pueblo que pertenece al mismo linaje biológico", contestaba el nazi mientras enviaba millones de judíos a los campos de exterminio. "Un pueblo unido por lazos históricos, filológicos y culturales", dice el inglés, mirando de reojo hacia Escocia y Gales así como hacia Irlanda. "Una reunión libre de individuos que, sin consideración alguna respecto a la raza o al lenguaje, desean vivir unidos bajo un mismo gobierno", dice el ciudadano norteamericano mientras espera que nadie le menciones el problema del negro ni sus leyes migratorias.
(R.H. Crossman, Biografía del Estado Moderno, Primera edición en inglés de 1939, cito de la quinta edición de 1969).

Otra cosa es que como “presidente” (¿recuerdan?, la “P” de ZP) no sea muy presentable decirlo. Vaya aquí, por si le sirve de algo, la definición de Crossman: “pueblo que vive bajo un único gobierno central lo suficientemente fuerte para mantener su independencia frente a otras potencias” (esto también da qué pensar, ¿verdad?).


De basiliscos

Ahora que tantos declaran estar hechos unos “basiliscos” no está de más recordar los días, no muy lejanos, en que me hube de enfrentar a dicha criatura. Para tranquilidad de todos, me enfrenté a ella por escrito, no hay otra forma posible, porque, como explicó Quevedo:

Si está vivo quien te vio,
toda tu historia es mentira,
pues si no murió te ignora,
y si no murió no lo afirma.

Para quíen no lo tenga muy claro, cito del libro de los seres imaginarios de Borges:

En el curso de las edades, el Basilisco se modifica hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvida. Su nombre significa "pequeño rey"; para Plinio el Antiguo (VIII, 33), el Basilisco era una serpiente que en la cabeza tenía una mancha clara en forma de corona. A partir de la Edad Media, es un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo, con grandes alas espinosas y cola de serpiente que puede terminar en un garfio o en otra cabeza de gallo. El cambio de la imagen se refleja en un cambio de nombre; Chaucer, en el siglo XIV habla de "basilicock". Uno de los grabados que ilustran la "Historia Natural de las Serpientes y Dragones" de Aldrovandi le atribuye escamas, no plumas, y la posesión de ocho patas.
Lo que no cambia es la virtud mortífera de su mirada. Los ojos de las Gorgonas petrificaban; Lucano refiere que la sangre de una de ellas, Medusa, nacieron todas las serpientes de Libia: el Aspid, la Anfisbena, el Amódite, el Basilisco. El pasaje está en el libro noveno de la "Farsalia"; (...)
El Basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus piés caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se abreva queda envenenada durante siglos. Que su mirada rompe las piedras y quema pasto ha sido certificado por Plinio. El olor de la comadreja lo mata; en la Edad Media, se dijo que el canto del gallo. Los viajeros experimentados se proveían de gallos para atravesar comarcas desconocidas. Otra arma era un espejo; al Basilisco lo fulmina su propia imagen.
Los enciclopedistas cristianos rechazaron las fábulas mitológicas de la "Farsalia" y pretendieron una explicación racional del origen del Basilisco. (Estaban obligados a creer en él, porque la "Vulgata" traduce por "basilisco" la voz hebrea "Tsepha", nombre de un reptil venenoso). La hipótesis que logró más favor fue la de un huevo contrahecho y deforme, puesto por un gallo e incubado por una serpiente o un sapo. En el siglo XVII, Sir Thomas Browne la declaró tan monstruosa como la generación del Basilisco.

Efectivamente, en el siglo XVII, concretamente el capítulo VII del libro tercero de la Pseudodoxia Epidemica, se dedica íntegramente al basilisco. El texto no tiene desperdicio porque, como refiere Borges, no se atreve a negar la existencia del basilisco dada su presencia en las Sagradas Escrituras (… that such an Animal there is, if we evade not the testimony of Scripture and humane Writers, we cannot safely deny).
Sir Thomas, sin embargo, establece la distinción entre la "Cockatrice" y el basilisco de los antiguos (But the Basilisk of elder times was a proper kind of serpent, not above three palms long, as some account; and differenced from other Serpents by advancing his head, and some white marks or coronary spots upon the crown, as all authentick Writers have delivered). Los dos asuntos fundamentales que trata Browne son su veneno y, como señalaba Borges, su generación. Con relación al primero, y basándose en los antiguos testimonios admite que mata a distancia (entra dentro de lo posible ya que existe testimonio de que las infecciones se transmiten entre los hombres a distancia). Lo que no le parece tan claro es que este sutil veneno se dispare desde los ojos (no olvidemos que, según la tradición, el basilisco mata todo lo que ve) ya que registra autores que afirman que el veneno está en su respiración (en todo caso afirma que it is not impossible, what is afirmed of this animal, the visible rayes of their eyes carrying forth the subtilest portion of their poisson, which received by the eye of man or beast, infecteth first the brain, and is from thence communicated unto the heart).
Con respecto a su generación, es cierto lo que escribe Borges (that is proceedeth from a Cock's egg hatched under a Toad or Serpent, it is a conceit as monstruous as the brood it self). No le parece imposible, pero que sea habitual y siempre produzca un basilisco debe admitirse como algo razonablemente dudoso.

Ambrose Bierce, en su Diccionario del Diablo, también reserva una entrada para el basilisco: Régulo. Especie de serpiente nacida del huevo de un gallo. El basilisco tenía un ojo maligno: su mirada era fatal. Muchos infieles niegan la existencia de esta criatura, pero Semprello Aurator vio y atrapó uno, que había sido cegado por un rayo en castigo por haber posado su mirada fatal sobre una señora de alcurnia amada por Júpiter. Más tarde Júpiter devolvió la vista al reptil y lo escondió en una cueva. Nada está tan bien demostrado por los antiguos como la existencia del basilisco, pero ya los gallos no ponen huevos (The cockatrice. A sort of serpent hatched form the egg of a cock. The basilisk had a bad eye, and its glance was fatal. Many infidels deny this creature's existence, but Semprello Aurator saw and handled one that had been blinded by lightning as a punishment for having fatally gazed on a lady of rank whom Jupiter loved. Juno afterward restored the reptile's sight and hid it in a cave. Nothing is so well attested by the ancients as the existence of the basilisk, but the cocks have stopped laying).

En todo caso, hasta aquí lo que sabía, a partir de aquí lo que acabo de descubrir. Este basilisco no era más que un bicho que mataba todo lo que veía, no se me ocurre nada similar. Pero a alguien sí se le ocurrió. Cito de Cabanes Jiménez, La sexualidad en la europa medieval cristiana, Lemir, nº 7, 2003.

... se tenía la creencia de que la mujer, en el período menstrual podía transmitir veneno a través de la mirada. El aire tenía la función de intermediario, de conducto, entre los ojos y el objeto o ser. Basándose en esta característica, los hombres medievales establecieron una relación asociativa entre la mujer y un animal fabuloso presente en los bestiarios medievales: el basilisco. Según se apuntaba, este animal no nacía de la unión de un elemento macho y otro hembra, sino del huevo de un gallo. Se desarrollaba en el intestino de éste a partir de una materia tóxica: las malas superfluidades de los riñones y de los órganos genitales. Como consecuencia, estaba dotado de una naturaleza venenosa. Y, como la mujer, era capaz de generar veneno a través de la mirada. Plinio, en su Historia Natural, habla ya de los perjuicios ocasionados por el basilisco. Y, a lo largo de la Edad Media, encontramos numerosas alusiones a este ser en obras de diversa naturaleza, tales como el Lilio de la Medicina. En ésta, Bernardo de Gordonio vuelve a mencionar la capacidad del basilisco para matar con la mirada. A su vez, establece una asociación entre este animal y la mujer en el período menstrual, en tanto que los dos podían dañar el espejo al fijar la vista en él.

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