25 de diciembre de 2004

Convalecencia

Si están leyendo esto es que han sobrevivido a los fastos navideños. Así que debo empezar con una felicitación: ¡Enhorabuena! Pero no se despisten, todavía quedan la Nochevieja y la Noche de Reyes, cualquiera de ellas capaz de acabar con cualquiera.

Imagino que, con la excepción de Peluche, todos ustedes, se encontrarán en lamentable estado (pos vaya, Kill-9, no eres el único). Los excesos gastrointestinales así como la ingestión de sustancias que afectan al sistema nervioso tienen su lado oscuro. Y el remedio universal, las sopas de ajo, no siempre produce los resultados deseados (un servidor acabó preparando sopas de ajo a las cinco de la mañana, pero gracias a la recuperación milagrosa que procuran, sólo sirvieron para continuar con los excesos).

Así que, entre unas cosas y otras, tampoco quiero entretenerles mucho hoy, estando, como estarán, ocupados con las preguntas de rigor: ¿Para qué demonios me habrán regalado una caja de herramientas? ¿No se le ha ocurrido nada mejor que unos calcetines? ¿El último disco de Bisbal?

Tan sólo les propongo un nuevo deporte, la caza de regalos en Amazon. Por ejemplo, seguro que todos ustedes tienen un destinatario natural para algo como ésto (para Kaperucita sería mejor éste y no creo que le gustara que se conozca éste). Estoy convencido de que encontrarán maravillas mucho mejores que éstas. Repónganse, diviértanse y por favor, háganmelas saber. Yo haré lo mismo.