27 de diciembre de 2004

Falta de ignorancia

Lo confieso, entre mis saludables costumbres se cuenta la de frecuentar el blog del sr. Escolar. Fue allí donde encontré un breve post que se refería a unas sorprendentes declaraciones del cantante conocido como Ramoncín y en el que, para mi desdicha, no se me ocurrió nada mejor que dejar un pequeño comentario.

Les pongo en antecedentes. Un tal Fredy, desconocedor del uso del imperativo, había escrito el siguiente comentario:

Comprar [sic] de vez en cuando algun cd en las tiendas y hacer [sic] un esfuerzo hijos que no pasa nada

A quien esto les escribe, que nunca ha pirateado nada (ya ven, soy así de raro), pero que consume cada mes unos 25 discos compactos vírgenes, todos ellos cargados con el correspondiente canon que ingresan los autores (los autores ¿de qué?), la cosa le resultó algo ofensiva y no pudo evitar, quizá con algún exceso en las formas, contestar con esto:

Querido Fredy, todos los CD los compro en las tiendas. Y también compro en tiendas los 25 CD mensuales que utilizo para almacenar MI trabajo y que sirven para que Ramoncín pase unas felices fiestas gracias a MI esfuerzo.

Hasta aquí los antecedentes. Vayamos a los consecuentes: alguien con el sobrenombre de Ángel de Cuero, que pretende ser el propio Ramoncín sin que yo pueda asegurárselo a ustedes, decidió continuar con la discusión. Por ello me permito aquí puntualizar alguna cuestión al respecto.

Tengo por norma no entrar a discutir este tipo de asuntos de tan claros y evidentes que me parecen. Quien no quiere verlos en su claridad y evidencia difícilmente atenderá a razones, sean cuales sean. Es perder el tiempo, así que no sé porque me molesto y traiciono mi norma, pero qué quieren, a veces es difícil aguantarse.

Vayan primero mis razones con palabras llanas y significantes: la cosa es tan palmaria que no acabo de entender por qué les cuesta tanto entenderla a algunos. “Nos están robando” dicen los autores (algunos), probablemente con razón. Y no sólo tienen derecho a defender sus habichuelas, también tienen derecho a que el estado les defienda contra la reproducciones ilegales de sus trabajos, faltaría más. El asunto empieza a fallar un poquito más adelante en la argumentación: “Nos están robando, luego nosotros robamos a otros que no tienen nada que ver con el asunto”. Porque el canon no es otra cosa que esto, presumir la culpabilidad de quien adquiere un disco virgen y hacerle pagar por ello. Cada vez que compro una caja de discos, estos señores le están metiendo mano a mis habichuelas, que mi trabajo me ha costado ganar y que también tienen derecho a ser defendidas.

De todas formas si se ven en situación similar no les aconsejo que entren al trapo. Más adecuado me parece el recurso que Sterne denominó Argumentum fistulatorium, que consiste en ponerse a silbar en contestación a cualquier afirmación (pero tengan cuidado con lo que silban, no sea que la SGAE haga acto de presencia). No convencerán a nadie, no iban a hacerlo en cualquier caso, pero al menos no perderán el tiempo.

Claro que un servidor admite que puede estar equivocado y que “no tenga ni puta idea” de lo que dice, como afirma el Ángel de Cuero. Dado que este caballero tampoco se ha molestado en informarnos de nada, no me ha quedado más remedio que hacerlo a través de mis limitados medios, siempre falibles. Pero este angelito ha dicho otra cosa que merece una contestación. Sus palabras exactas fueron estas.

No tenéis ni puta idea de lo que decis [sic]. Y aunque asi[sic] fuera y "chupara" del bote... me pregunto cuantos[sic] de vosotros diría [sic] que no!!!!!

Se lo he dicho antes, ignoro si este apóstol cultural (aunque reñido con las tildes y poco habituado a la concordancia de número) es realmente Ramoncín. Pero puedo asegurarle, quien quiera que sea, que no sólo no he chupado jamás de ningún bote sino que nunca lo haría. La sola idea de apropiarme de lo que no me corresponde me repugna tanto como que alguien piense que sería capaz de hacerlo. Sólo puedo hablar en mi nombre así que ya sabe, al menos UNO diría que no y le gustaría que otros también dijeran que no en toda circunstancia.

Señor Ángel, si le he molestado con mis palabras le pido disculpas, será la falta de ignorancia. Le ruego a usted las suyas porque sus sospechas también me han molestado.