29 de diciembre de 2004

Fragmentos

Tal y como cabía esperar heme aquí de regreso y, tal y como anuncié en lugar cercano a este, nada se me ocurre mejor que dejar caer aquí el brain-storming de un conductor (éste que suscribe) durante seiscientos kilómetros, que, en principio, debiera dar para mucho. En final, no obstante, la cosa no ha sido como para tirar cohetes por dos razones. En primer lugar porque las reflexiones durante la conducción son, necesariamente, fragmentarias. De tiempo en tiempo se ven interrrumpidas por un “¿Qué hace ese loco?” o un “¿Es qué no sabes para qué sirven los intermitentes?” por no hablar de los “Papá, pis”, y claro, se reanudan, si lo hacen, en lugar muy alejado en tiempo y forma de aquel en que se vieron interrrumpidas. En segundo lugar por un extraño sentido de la responsabilidad que a uno le va naciendo con los años cuando carga con dos tiernos infantes en los asientos posteriores del vehículo y queda alguna que otra placa de hielo en la carretera.

Lo segundo, sin duda, distrae las grandes especulaciones. Lo primero, sospecho, que les confiere especial relevancia, toda vez que las adecua a la verdadera naturaleza de la experiencia, su carácter fragmentario. Hace unos días tuve la feliz idea de citar aquí unas palabras de Eduardo Torres sobre los fragmentos, me permitiré ahora completarlas con otras con mismo tema y autor, si cabe más certeras.

Los fragmentos, como hemos dicho en otra parte, han sido cultivados en todas las épocas; pero fue en la Antigüedad cuando más florecieron. En cualquier época, los mejores fragmentos se han dado, en Europa, en la arquitectura y en la escultura; por lo que se refiere a nuestras antiguas culturas autóctonas, en la cerámica.

De aquí a esto, sólo hay un paso:

El autor antiguo que escribió los mejores fragmentos, ya fuera por disciplina o porque así lo había dispuesto, fue Heráclito. Es fama que todas las noches, antes de acostarse, escribía el correspondiente a esa noche. Algunos le salieron tan pequeños que se han perdido.

Vayan pues aquí algunos pequeños fragmentos que, seguro, merecen que se pierdan mucho más que los de Heráclito.

Terrible catástrofe en el sudeste de Asia. No es fácil frivolizar con tantos miles de muertos, pero espero que acaben capturando a la mariposa cuyo batir de alas causó tanta desgracia y le den su merecido.

- ¡Pero qué haces, loco! ¿No ves que hay un camión parado en el arcen?

Zapatero anuncia que estudiará la viabilidad de un sistema de señalización que prohíba la circulación de vehículos pesados y de vehículos sin cadenas cuando haya nieve. Y yo sin “caenas”. Pero bueno, todavía no está prohibido, sigo siendo un ciudadano ejemplar, llevo mi triangulito, mi chaleco, mi pistola de señales, el GPS, el kit de superviviencia del Coronel Tapioca y una foto dedicada de Miguel de la Cuadra Salcedo (ah, y la cruznavajallavero de yerro del Albacete que me regaló KP).

- Lleno, por favor.


La Comisión de Expertos da luz verde a la restitución a la Generalitat de los papeles del Archivo General de la Guerra Civil. Incomprensiblemente, miles de personas que jamás habían hecho ni harán uso del archivo manifiestan su oposición a las reclamaciones de otros tantos que tampoco han hecho ni harán uso de tal archivo. Visto que hace tiempo que Madonna no publica un “disco-escándalo” (nunca entendí dónde estaba el escándalo de tales discos, vayan ustedes a saber), hay que buscar ofenderse por nuevas vías alternativas. Vayan pensando en la próxima que a esta le queda poco juego.

- ¡Si es que van como locos! ¿Has visto a ese capullo del BMW?
- Papá, Pis.
- En seguida paramos. ¿Puedes esperar? A ver si encontramos un sitio para comer.

En La Biblioteca de Babel, Borges escribe acerca de un libro que “constaba de las letras M C V perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último”. Borges, o más bien el narrador, propone numerosas interpretaciones pero no menciona la más evidente, MCV se corresponde con el número 1105 en números romanos. Casualmente el capítulo 11 del Génesis es el de la torre de Babel. En realidad no sé si es casualidad o un guiño de Borges. Lo cierto es que Génesis 11,5 no parece lo más apropiado (Y descendió Jehová para la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre). Es mejor Génesis 11,7 (Ahora pues, descendamos y mezclemos ahí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero), aunque, obviamente, MCVII resulta un número romano mucho más evidente que MCV.

- Un pepito de ternera, dos bocadillos de lomo y un picho de tortilla por favor
- ¿Y de beber?
- Cerveza, digo... no, mejor coca-cola, que me vuelvo muy elocuente.

- ¿Treinta y cinco Euros dice? Ahora me explico que lleve un Rolex.

¿Y qué escribo en el post de hoy? Todos los días hay ideas pero ocuparlas todas en una sóla cosa, aunque sea un blog, excede cualquier consideración. Además, están las palabras de Evelyn Waugh: …a mi modo de ver sólo existen dos razones respetables para leer un libro escrito por otra persona: una es que te pagan por criticarlo, y la otra, que te encuentras continuamente con el autor y parece descortés no saber lo que hace. Pero es evidente que hay muchas personas a las que no son aplicables ninguna de estas razones. Leen libros porque han oído el nombre del autor. Pero, por más diligente que seas, no puedes confiar en escribir más de dos libros al año, a cada uno de los cuales tu público, como se le llama, dedicará alrededor de seis horas. Es decir, que por cada hora en que retienes la atención de tu lector, le das un mes para que te olvide. Sería muy difícil organizar siquiera un matrimonio sobre esa base, y más todavía una carrera financiera. Por ello debes pasarte la mitad de tu tiempo libre escribiendo artículos para los periódicos; los directores los adquieren porque la gente lee tus libros, y la gente lee tus libros porque ve tus artículos en los periódicos. (Quienes no participan en la carrera llaman a esto un círculo vicioso). El resto de tu tiempo libre tienes que dedicarlo a hacer cosas que, a tu modo de ver, los demás considerarán interesantes. Yo confiaba en que, cuando alguna mujer leyera en la crónica social que me iba a Rusia , se diría: «Qué joven tan interesante; debo pedir su biografía de Dante Gabriel Rosetti a la bibioteca de préstamo».

- ¡Mira que está lejos esto¡
- Tranquilos todos que enseguida llegamos.

Pues eso, que ya hemos llegado y ya va siendo hora de poner algo de orden en mi cabeza. Les informaré si lo consigo.