28 de diciembre de 2004

Inocente, inocente...

Hoy es 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Para celebrar el asesinato de todos los niños menores de dos años por parte del rey Herodes pasaremos el día colgando monigotes en la espalda de los amigos y colocando el tradicional “zurullo de coña” en lugares insospechados. Los medios de comunicación publicarán noticias absurdas, como todos los días, pero esta vez resultarán falsas (qué alivio). En fin, que se abre la veda para ver quien ingenia la broma más conseguida.

Pues bien, un año más el premio se lo ha llevado la empresa de mis desvelos, la compañía antes llamada “Telefónica” y hoy llamada “Telefonica” (así, sin acento). Por lo que se ve, utilizan alguna sofisticada tecnología capaz de detectar e interpretar las cosas que escribo inmediatamente después de ser tecleadas. Así, después de haber escrito el párrafo que abre este post, la línea a la que estaba conectado desapareció, se esfumó. Si sabrán estos chicos cómo gastar bromas.

Después de localizar un teléfono de asistencia técnica para saber qué ocurría, me he encontrado con una cinta que confirmaba que la línea “estaba afectada por problemas técnicos”. La grabación se ponía en marcha inmediatamente después de descolgar, ni siquiera esperaba a que uno explicara la razón de su llamada. No era mala explicación, pero mejor habría sido poner otra que dijera, con retintín por supuesto, Inocente, inocente… Pero claro, estos chicos no pueden estar en todo.

En vista de que estaba desconectado, se me ocurrió dar una vuelta y visitar a algunos amigos antes regresar de este viaje que me ha traído a la capital del reino. En este paseo me han gastado otra broma estupenda. Han puesto a circular todo el parque móvil local más algunos vehículos traídos ex profeso para la ocasión consiguiendo reducir la velocidad media de mi automóvil a unos veinte kilómetros por hora durante más de tres horas. ¡Qué risas nos hemos echado! ¡Tres horas atrapados en un atasco!

A pesar de todo, tanto la línea telefónica como un servidor hemos conseguido regresar. Lamentablemente, no podré ofrecerles hoy mi acostumbrada colaboración. He gastado mi ración de palabras del día cagándome en la puta madre de unos cuantos y ya no me queda ninguna libre. Mañana, tras atravesar nuevamente el país en estado de emergencia (¡y sin cadenas!) y completa sobriedad (ya saben, no vaya a ser que me salga la elocuencia), volveré por este rincón y prometo esmerarme en compensación por esta pequeña decepción que hoy les doy.

De todas formas, le debemos alguna que otra broma a los amigos de telefónica ¿no creen? A ver qué se les ocurre. Mientras tanto, pásenlo bien que yo haré lo propio, si me dejan.