24 de diciembre de 2004

Japi tugueder

Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad (no hace falta acompañarlo de la musiquilla). Entenderán, por tanto, que múltiples compromisos me impidan colocar hoy aquí gran cosa. Por la misma razón un servidor entiende que no lean este post, ocupados con brindis, despedidas, practicar el sálvesequienpueding (deporte navideño por excelencia) o ir a la estación a recoger a la tía Adelaida que viene del pueblo. Aún así, por precaución y compromiso, no puede faltar la ración diaria, por escasa que sea.

Un viejo amigo apareció ayer por aquí para echarme en cara, amablemente por supuesto, que siempre les ofrezca palabras ajenas en lugar de propias. Aún a riesgo de molestarle, y habiéndome tomado su consejo muy en serio, creo que la ocasión lo requiere y debo desatender sus siempre valoradas palabras.

Generalmente los hechos importantes de nuestras vidas son triviales cuando ocurren. Llegan a ser importantes después.
(Jorge Luis Borges, recogido en Borges, profesor)

Si traigo esto aquí es porque en estos veinte días me ha ido naciendo la sospecha de que este hecho trivial, haber inaugurado este blog, puede llegar a ser importante (para mí, claro). Quiero agradecer la visita a todos los que han pasado por aquí, ya sea por error, o despiste, o voluntariamente. Habrá, seguro, quien se haya espantado con estas anotaciones. Incluso quien no las haya entendido (aquel hindú, por ejemplo ¿recuerdan?). Habrá quien me haya dado varias oportunidades antes de clasificarme entre los infumables. Y quiero creer que alguno habrá que las haya disfrutado (de todo tiene que haber). A todos, insisto, gracias. Y muy especialmente a aquellos que tienen ocasión de sufrirme fuera de estas páginas (como Et in Arcadia o Peru) y a unos cuantos blogueros que están convirtiendo esta aventura en algo muy especial. Aquí se los presento.

El primer lugar, ya lo imaginan, se lo merece Kaperucita Negra. Ella fue quien acabó con la virginidad de estas páginas (no podía ser otra, claro) y, por razones que me resultan inescrutables, regresa diariamente en busca de quién sabe qué. Para mí es todo un halago, porque me consta que tiene otros millones de posibilidades más gratificantes de pasar su tiempo (su página lo deja claro).

Nunca me ha interesado la decoración de interiores, pero tengo que reconocer que el mobiliario que tiene en la cabeza el amigo Peluche, con su bandera arco iris, es de los mejores que conozco. Y no sólo eso, además tiene la amabilidad de permitirnos disfrutarlo a diario. Sólo puedo recomendarles que se aprovechen de ello.

A otro acompañante, el Consultor Anónimo, digno heredero de aquellos primitivos consultores del Oráculo de Delfos, debo agradecerle sus continuas visitas y comentarios y rogarle que no me tome demasiado en serio (ruego que hago extensivo a todos ustedes).

Para terminar, aunque no le he visto todavía aparecer por aquí, el amigo Kill-9, que con sólo cuatro posts se ha ganado el mínimo y humilde apoyo que pueda darle desde aquí.

Y riánse porque, para lamento de quien firma como Et in Arcadia…, me ocurre lo mismo que a un personaje de Nabokov, que empiezo a creer que la risa es una imitación casual de la verdad perdida de nuestro mundo. Que tengan felices fiestas.