16 de diciembre de 2004

Les debo una explicación

Alguno de ustedes se preguntará por qué llevo dos o tres días martirizándoles con textos que hablan de viejas Biblias, obras de los siglos XVI y XVII y autores latinos. ¿Es que acaso este botarate no es consciente de lo que está ocurriendo a su alrededor –dirá alguno- como para preocuparse de esos pedantes juegos florales?

Pues bien, en segundo lugar lo he hecho porque me gusta. ¿Y en primer lugar? Mucho me temo que, en primer lugar, la explicación reside en haber intentado ausentarme transitoriamente de estos tiempos que nos ha tocado vivir y buscar refugio en otros que ya no puedan hacernos daño. Si digo todo esto es porque, aún con la lección ética, de Pilar Manjón en la Comisión del 11-M, todo lo que rodea a este asunto sigue asqueándome profundamente. Regreso, a pesar de todo, a los días de mi vida para exponer humildemente un par de cosillas por si a alguien le son de provecho.

La Comisión del 11-M se constituyó con el objetivo de esclarecer la verdad acerca de los hechos sucedidos los días 11 a 14 de marzo, así como los antecedentes y consecuentes que resulten coherentes con aquella finalidad así como de esclarecer los acontecimientos anteriores y posteriores a los atentados del 11 de marzo vinculados con estos y las actuaciones que han realizado sobre ellos los poderes del Estado (Diario de Sesiones, 27 de mayo de 2004, Pág. 2). Este objeto fue consensuado por todos los integrantes de la comisión y ya en la redacción del mismo se ve la mano de muchos, pero hoy no pienso ir por ese camino.

El primero de estos objetivos no acabo de entenderlo. ¿Acaso no es tarea competencia de los cuerpos de seguridad del estado y de las autoridades judiciales? El segundo es algo difuso, pero da la impresión de que se orienta hacia eso que han dado en llamar “responsabilidad política” y, al menos, puede desembocar en la adopción de medidas concretas que permitan reducir riesgos o mejorar los mecanismos para enfrentarse a este tipo de tragedias.

Disculpénme ahora porque seré políticamente incorrecto. ¿Qué sentido tiene para la consecución de estos objetivos la comparecencia de una representación de las víctimas? Lo vuelvo a decir, por si no ha quedado claro ¿Qué puede aportar un afectado por el atentado para alcanzar tales objetivos? Nada. Simplemente es un “gesto”. “Es necesario que se escuche la voz de las víctimas” se nos dice. Nada que objetar a esto, pero lo cierto es que desde hace tiempo toda la política se ha convertido en eso, en “política de gestos” (no se engañen, esto es muy anterior al famoso “talante” y no es exclusivo de nuestro país), y a base de “gestos” a lo más que se llega es a destacar en el mundo de la mímica.

Además, las víctimas, las víctimas con mayúscula, ya nunca podrán hacer oir su voz ante esta comisión. Estas víctimas con mayúsucula, los 192 asesinados, nos fueron arrebatados por aquella barbarie. Por mucho que se diga que todos íbamos en esos trenes, no es cierto, es otro “gesto” sin ningún sentido. Los que iban en esos trenes son los que iban, con sus nombres y apellidos, con sus ilusiones ya truncadas. Hoy, en La Voz de Galicia, Xosé Luis Barreiro publica en su columna una reflexión sobre este asunto (por alguna razón no aparece en la edición digital), por lo demás muy lúcida, en que cae en este error. Pero al menos dice lo que muchos no se atreven a decir: que los verdaderos representantes de las víctimas, quiérase o no, son precisamente los diputados.

Por parte de sectores afines al Partido Popular se ha cuestionado la legitimidad de la señora Manjón para hablar en nombre de las víctimas. Es verdad que aquella frase de los “fascistas en sus Audi” fue bastante desafortunada (tan desafortunada como aquello de “meteos a vuestros muertos por el culo” o como “Aznar asesino”). No conviene olvidar que el 14 de marzo el Partido Popular se vió respaldado por 9.763.144 de votos (me refiero a las elecciones al Congreso de los Diputados, vayan a la web del Ministerio del Interor y véanlo) y cuesta creer que haya tantos Audi en el parque automovilístico español. Me imagino que la insistencia en hacer comparecer a un representante de la Asociación de Víctimas del Terrorismo junto a la señora Manjón buscaba un cierto “equilibrio” lo que, lamentablemente, sugiere la politización de ambas asociaciones de víctimas.

Pero lo positivo de su comparecencia es haber callado y avergonzado (supongo que por poco tiempo, que para eso son políticos) a los diputados allí presentes, de uno y otro lado. Porque lo que llevan haciendo desde la constitución de esta Comisión no es de recibo. No han tardado mucho en reaccionar, ya tenemos (mas bien lo tendremos mañana) “Alto Comisionado para las Víctimas” y se anuncia el próximo nombramiento de un fiscal especial para las víctimas (¿querrán acusarlas de algo?). Espero que sirva de algo, aunque de momento la cosa me parece ... ¿adivinan? Pues eso, un “gesto”.

Recien nombrado presidente de la misma (de la Comisión), don Paulino Rivero tomó la palabra y dijo: ... esta Comisión debería servir es estos momentos –dado que estamos ante una comisión para investigar un hecho que afecta de forma directa a muchas familias destrozadas por el atentado del 11 de marzo-, no para escarbar más en la herida ni en el dolor de tantas familias sino (y estaríamos a la altura de lo que la mayoría de los ciudadanos espera de esta Comisión) para tranquilizar a la ciudadanía, para aportar elementos que ayuden a que una desgracia tan grande como la ocurrida el 11 de marzo, por lo menos, ya que la garantía absoluta de que no vuelva a ocurrir es imposible, que se atenúe la posibilidad de que vuelva a suceder. En definitiva debe servirnos para para complementar el trabajo que en estos momentos se lleva a cabo por la acción policial y por la acción de la justicia; que la acción política de esta Comisión sirva como complemento para contribuir a la tranquilidad y al sosiego y a hacer frente a lo que en estos momentos es el principal enemigo de la democracia que es el terrorismo. No me gustaría –insisto-, con el respeto a todos los planteamientos que se puedan hacer, que la Comisión se convirtiera en un instrumento de desgaste de una formación política contra otra, desviándonos de lo que en estos momentos piensan y esperan los ciudadanos de esta Comisión. (Diario de Sesiones, 27 de mayo de 2004, Pág. 4).

Ya hablaré algún día de la facilidad de todos (de todos digo) estos señores para conocer lo que “los ciudadanos esperan de ellos”, pero esta intervención prueba que ya se veía venir. En realidad todos lo veíamos venir, y así ha sido. Otro día, con más estómago que hoy, desentrañaré algunas perlitas dispersas por los diarios de sesiones de la Comisión (hay para todos los gustos y de todos los colores) que, por si alguno no lo sabe, están disponibles en PDF en la página web del Congreso de los Diputados (con excepción, claro está, de las sesiones secretas).

Durante estos días he estado escribiendo sobre textos antiguos y otras florituras y sentía que les debía una explicación: lo he hecho para no tener que escribir lo que hoy he escrito. Mañana prometo hacerlo de mejor humor, que ustedes no se merecen esto.