2 de enero de 2005

Anunciando que es gerundio

Les comenté ayer que me andaban rondando algunas cosillas sobre Dante que, antes o después, acabarían cayendo por aquí. La afirmación, aunque cierta, peca de injusta. Las “cosillas” que rodean la Divina Comedia son algunas más que unas cuantas y cualquiera que haya tomado contacto con ella se ve asaltado permanentemente por infinitas imágenes y pensamientos. Permítanme abusar del derecho de cita y trasladarles esta idea con palabras de un mejor admirador de la Comedia que quien esto les refiere.

Imaginemos, en una biblioteca oriental, una lámina pintada hace muchos siglos. Acaso es árabe y nos dicen que en ella están figuradas todas las fábulas de las Mil y una noches; acaso es china y sabemos que ilustra una novela con centenares o millares de personajes. En el tumulto de sus formas, alguna -un árbol que semeja un cono invertido, unas mezquitas de color bermejo sobre un muro de hierro- nos llama la atención y de ésa pasamos a otras. Declina el día, se fatiga la luz y a medida que nos internamos en el grabado, comprendemos que no hay cosa en la tierra que no esté ahí. Lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo… He fantaseado una obra mágica, una lámina que también fuera un microcosmo; el poema de Dante es esa lámina de ámbito universal.
(Jorge Luis Borges, prólogo a Nueve ensayos dantescos, 1982)

La Comedia es, pues, infinita e infinitas son sus lecturas. Y también parecen casi infinitos los textos, análisis, exégesis y comentarios que existen sobre la obra de Dante. Probablemente exista más de una biblioteca por cada verso de la Comedia. Sin embargo, no deben dejarse intimidar por ellos. Más bien deben tener en cuenta el consejo del argentino y, al menos la primera vez, se atenerse al relato y olvidar las discordias de los güelfos y gibelinos, la escolástica e incluso las alusiones mitológicas y los versos de Virgilio que Dante repite (Borges, Siete noches, 1980).

Si se atreven, pueden incluso probar a leerla en italiano.El proyecto Digital Dante incluye la Comedia al completo en versión original enfrentada a las traducciones al inglés de Mandelbaum y de Longfellow (esta última de relativa actualidad gracias a la novelilla titulada El Club Dante, una vulgar historia de misterio pero que al menos tiene la decencia de prescindir de las peregrinas teorías de publicaciones similares).

Por alguna razón, los chicos de Digital Dante utilizan como motto las siguientes palabras: Abandon every hope, who enter here (es decir, Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate o bien, Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza). Se trata del noveno verso del canto tercero del Infierno. No se dejen intimidar, las palabras forman parte de la inscripción en las puertas del infierno y no entiendo bien por qué en la Universidad de Columbia asocian su página web con ellas. Ellos sabrán.

Aún así, quien esto les escribe tiene una particular debilidad por el Infierno (para los que faltaron ese día a clase, les recuerdo que la Comedia se divide en tres libros, Infierno, Purgatorio y Paraíso y narra el viaje de Dante a través de esos lugares, en el caso de los dos primeros guiado por Virgilio y en el último, guiado por su amada Beatriz). Parafraseando a Javier Krahe sólo puedo decirles que el Infierno tiene un qué sé yo, que sólo lo tiene el Infierno.

No vayan a pensar que Dante es el único turista que ha visitado (en viaje de ida y vuelta, claro, los que viajan sólo de ida no son turistas, son inmigrantes) tan siniestro lugar. Es cierto que son pocos los que han regresado del infierno y se han molestado en informarnos de qué se cuece por allí. Pero ya van siendo unos cuantos y entre mis extrañas aficiones se cuenta la lectura de todas estas “Guías turísticas infernales” (en cambio, ya ven, no tengo mucho interés por las circuncisiones y los prepucios, por santos que sean).

Como ven, ya se me han escapado unas cuantas líneas sin todavía entrar en materia. No quiero aburrirles más por hoy (leer no está de moda, y leer esto mucho menos). Simplemente les comunico que durante los próximos días están ustedes invitados a un pequeño viaje al Averno desde estas páginas. Antes tendré que hablarles de la “rama dorada”, pero no les avanzo más. Si quieren hagan los deberes, pero les advierto que en esta asignatura el aprobado siempre es general y a veces capitán general.