5 de enero de 2005

Detalles (entre paréntesis)

Prometí seguir viaje y mantengo la promesa. Pero puede que sea buen momento para detenerse y hacer una pequeña escala técnica. Ustedes se preguntarán ¿por qué? Y yo les contesto, porque no me siento hoy con muchas fuerzas. Ya se imaginan, batallas de última hora en los grandes almacenes, aún más cruentas batallas en la cabalgata de reyes (que, no sé por qué, cada año acaba más tarde) y ahora, a envolver regalos completamente estresado sin que los niños se despierten. ¿Creen realmente que Eneas y la Sibilia de Cumas se merecen que prosiga con la historia en las condiciones en que me encuentro?

De todas formas, por si alguno se queda con ganas (cosa que descarto salvo en el caso de Peru), les comunicaré un par de detalles que, por las prisas de la redacción complusiva, se me habían quedado en el tintero.

Uno. El amigo Turner anduvo interesado en este encuentro, pendiente de narración, entre Eneas y la Sibila. De hecho, ya lo había pintado con anterioridad al “archiconocidísimo” cuadro “La rama dorada”. Aquí se lo presento.

Dos. Sin ánimo de avanzar acontecimientos, les hago saber que el lago representado en el cuadro no es otro que el lago Averno, legendaria entrada a los infiernos que, por extensión, acabó representando al mismo. La expresión "Averno" para referirse al infierno deriva del griego aorno ('sin pájaros'). Curiosamente en la Eneida hay una nota etimológica, que muchos estudiosos consideran un añadido de un comentrarista posterior (y por tanto no pertenece a Virgilio), donde se comenta esta derivación: No hay ave que transvuele impune nunca/ la cueva: tan mortífero veneno/ es el que espira de su negra boca/ infestando la altura (así es su nombre:/ pues para el Griego es el Averno, Aorno).

Dos hacen un par. Así que con esto completo los detalles anunciados. Mañana (o pasado, según se desenvuelvan los acontecimientos del Día de Reyes), llegaremos al encuentro de Eneas y la Sibila, hablaremos de la maldita rama, delimitaremos geográficamente la entrada al Hades y, con un poco de suerte, nos introduciremos en tan oscuro lugar.

Les prometo que pronto acabaré con esta extraña alucinación para regresar a la “normalidad” que no les he dado ocasión de conocer.