24 de enero de 2005

No lean (pero si lo hacen...)

Espero que sepan disculpar mi ausencia de ayer, pero después de leer los estimables consejos de la aún más estimable Ana quedé convencido de la necesidad de “aprovechar el fin de semana”, cosa que hice. Para que vean si me tomo en serio lo que aquí escriben. Tanto, que estoy cada vez más convencido de que son sus comentarios lo único de valor que aquí puede encontrarse y, en consecuencia, mi único objetivo debe ser alentarles lo suficiente para que se animen a plasmar sus ingeniosas y creativas aportaciones.

Por ejemplo, ya que (antes de) ayer les preocupaba la cuestión de las orgías, podría rescatar una vieja pregunta que hace tiempo se hacía el inolvidable Jaume Perich: “¿Qué es un gomorrita?”. Estoy seguro de que sus respuestas mejorarán en mucho cualquier cosa que pueda yo aquí contarles. Pero por si alguno se siente decepcionado o necesita por prescripción facultativa su ración (casi) diaria de incoherencias debidas a la mano, mente y estómago (sobre todo esto último) de quien esto firma aquí les dejo la de hoy con la esperanza de que de nuevo asalten el servidor de Haloscan sin miramientos.

Les conté hace tiempo que, en mi modesta opinión, el primer blogger de la historia (y uno de los mejores si no el mejor) fue Michel de Montaigne, quien ni siquiera necesitó ordenador (computadora para los de allá), conexión a internet, herramientas de publicación (¡si ni siquiera sabía HTML!) para crear un blog que muchos (entre ellos yo) deberían estudiar antes de cometer la temeridad de crear uno. También les dije en algún comentario ya escondido en el bosque que La vida y las opiniones del Caballero Tristram Shandy de Lawrence Sterne era un magnífico ejemplo de como convertir en arte la digresión y, por tanto, debía ser usado como “guía de estilo” para crear un blog. Me extenderé hoy un poco más sobre esta segunda obra y les recomendaré fervientemente la lectura de ambas no porque crea, como el sr. Wallenstein77, que leer sea bueno (de hecho estoy convencido de que leer es malísimo y mi única duda es si es peor leer buenos libros o malos libros), sino porque los he disfrutado muchísimo. Y si ustedes están tan mal de la cabeza como para venir por aquí es probable que les ocurra lo mismo (¡Tres párrafos y todavía no he empezado! ¡No tengo remedio!).

Dado que el orden cronológico coincide con el alfabético el sr. Monstaigne debiera gozar hoy del privilegio de ser el primero, pero como ya les dije en su día todo lo que me pareció oportuno al respecto me limitaré a la obra y milagros del sr. Sterne, el novelista inglés del siglo XVIII “más extraño y el que ha recibido juicios más variados”.

Si algún libro se puede considerar con derecho a ser el heredero del Quijote, ése es sin duda La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy, que se abre con una cita del Enquiridión (PDF) de Epícteto que dice más o menos así: No son las cosas sino las opiniones sobre las cosas las que perturban a los hombres. Idea que sobrevuela casi todos los libros de los que consta la novela y que puede encontrarse transpuesta en algún que otro lugar de la misma (por ejemplo, No fueron las ideas sino las palabras las que pusieron su vida en peligro).

Vaya en primer (o segundo, o tercer) lugar una advertencia: no se trata de un libro serio, de hecho hace suya una de las máximas de François de la Rochefoucauld: La seriedad es un continente misterioso del cuerpo que sirve para ocultar los defectos de la mente. Se trata de una obra que respira tanta libertad por los cuatro costados que parece inusual para el siglo XVIII (y más aún si está escrita por un clérigo, aunque quizá esto fuera más inusual ahora) y que pretende servir de lección al mundo “para que de ahora en adelante deje que la gente cuente historias a su manera” (Vol. IX cap. 25). Está llena de auténticas locuras entre las que les enumero las siguientes: en el volumen IX los capítulos 18 y 19 están en blanco (no es que no estén, hay dos páginas en blanco) aunque luego se introducen tras el capítulo 25. El capítulo 38 del volumen VI incluye una página en blanco para que el lector escriba la descripción de la viuda Wadham a su entero gusto (“tan parecida a su querida como le sea posible,- tan distinta de su mujer como le permita su conciencia”). El capítulo 24 del volumen IV no existe (hay un salto de diez páginas en la numeración de las mismas), Sterne justifica su exclusión en los siguientes términos: “…la narración de este viaje, al revisarla, me pareció tan superior en tono y estilo a cualquiera de las demás cosas que he narrado en este libro - que no podría haber quedado incluida en él sin al mismo tiempo haber desvalorizado el resto de las escenas de la obra y haber destrozado esa igualdad, ese equilibrio (bueno o malo) entre capítulo y capítulo que es tan necesario para las justas proporciones y armonía del conjunto”. Hay muchas más, como la pagina en negro o la página de mármol, pero para muestra ya les he presentado una botonadura completa.

Todo esto que les cuento tiene por propósito cerrar algunos círculos. Hemos estado algunos días divagando sobre paradojas y los infinitos y hoy mismo el señor borgeano dedica su post a Bertrand Russell, el mismo que escribió en su día, al hilo de los infinitos, sobre la “Paradoja de Tristram Shandy”.

Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hibiera hartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días no es mayor que el número de años. (Bertrand Russell, Mysticism and Logic; luego recogido por Bioy Casares en De jardines ajenos).

Si nos es concedida la inmortalidad, deben saber que llegará el día en que este blog lo contenga todo. ¿No les parece aterrador? Mañana tendré un día complicado y no sé a qué hora podré volver por aquí para castigarles. Pero tengán por seguro que haré todo lo que esté en mi mano para no librarles de mi presencia. Mientras tanto lean a Sterne, será malo, pero es mucho mejor que leer esto que están leyendo.