9 de enero de 2005

No se me duerman (por si acaso)

No me van a creer. Saben, al menos los fieles, de mi afición por el coleccionismo de cadenas de búsqueda. Últimamente me había hecho con algunas memorables, como “concepto de autoridad segun tomas moro”, “textos brindis nochevieja”, “libertad masónica” o “www.Mari Pili.com”, pero un compañero venezolano acaba de descolocarme por completo llegando a esta humilde página a través de la siguiente búsqueda: “SEXO CON MUJERES DORMIDAS”. Les confieso que he rastreado el buscador y no he encontrado enlace alguno a este lugar, pero Nedstatbasic insiste en que sí, en que por allí también se llega aquí. Quizá sea cierto que todos los caminos conducen a Roma, pero algunos caminos resultan largos, tortuosos e inesperados.

Pero ahora me pregunto ¿qué andaría buscando este amigo? Me consta que algunos de los visitantes de estas páginas son efectivamene mujeres y que mi prosa, en contra de mi voluntad, induce al sueño. ¿Pensaría aprovecharse, no se sabe bien cómo, de esta situación? ¿Desconoce acaso las turbulentas relaciones entre Eros y Morfeo? (quizá no haya oído hablar de las endorfinas y los ahíncos que se resfrían). Además, Morfeo, “el que crea formas” es, de alguna manera, el responsable de los “simulacros epicúreos” que ya conocen, capaces de manchar el pijama de cerdos ilustres.

Me imagino que este caballero, cuya visita agradezco tal y como mandan las reglas más elementales de la hospitalidad, se cuenta en el número de los que colocan un espejo sobre el techo de su dormitorio (esto va por ti KP) a pesar de que los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres (y esto otro va por ti, Borgeano).

Pero si es verdad que todos los caminos conducen a Roma, no es menos cierto que Roma ya no está donde solía estar.

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí propio el Aventino.

Yace donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente
si ciudad la regó, ya, sepultura,
la llora con funesto son doliente.

¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura.

Están avisados. No se me duerman, no vaya a ser que entre simulacro y simulacro se les aparezca nuestro amigo y, aprovechando que el Tíber no pasa por Valladolid, deje de interesarse por esa Roma que ya no está y pase a hacerlo por otros asuntos que quizá tengan reservados para otros destinatarios.

Pido disculpas al amigo venezolano por esta chanza sin gracia (y a los demás también). Disfruten de lo que queda de domingo si pueden o quieren.