12 de enero de 2005

Onán e Ibarretxe

En compensación por el post de ayer y como consecuencia de que el amoroso soneto de Quevedo del otro día sólo suscitó comentarios sobre la masturbación (hasta extremos tan surrealistas como el “sospechoso desarrollo” de los antebrazos de Popeye), les contaré hoy la historia de Onán. Así le haré un poco de justicia, porque el pobre hombre parece haber pasado a la historia como el “Cid Pajeador” cuando es más que probable que en toda su vida jamás se concediera tales alegrías.

No señores, el conflicto de Onán era bien otro, y lo pueden encontrar con todo lujo de detalles en el capítulo XXXVIII del Génesis. Se lo resumiré en sus aspectos fundamentales. El principal problema de este caballero fue ser el segundo hijo de Judá. El primogénito, llamado Her, se había casado con una tal Tamar, pero “fue malo en ojos de Jehová, y matólo Jehová”. Aquí empieza la pesadilla del pobre Onán. Judá, alarmado porque su primogénito había quedado sin descendencia, ordenó a su segundo hijo: “Entra a la mujer de tu hermano y haz parentesco con ella y levanta simiente a tu hermano”. Pero claro, a Onán no le hacía mucha gracia que su hijo no fuera a ser suyo, así que “cuando entraba a la mujer de su hermano, corrompía en tierra por no dar simiente a su hermano”. Ya lo ven, el onanismo, en sentido estricto sería más bien el conocido método llamado “marcha atrás” que a Onán, por razónes inescrutables, le daba resultado.

El cabreo de Jehová fue mayúsculo. Tanto, que también se cargó a Onán. La responsabilidad cayó entonces sobre el tercero de los hijos, Sela. Pero era demasiado niño por entonces y resolvieron esperar a que creciera para ponerlo a trabajar en la sucesión. El culebrón sigue y por no dejarles en ascuas les cuento que tiempo después el propio Judá se encontró con Tamar, con el rostro tapado, la tomó por una ramera y le hizo un par de hijos/nietos para tranquilidad de todos (especialmente de Sela). Si esto no les parece edificante no se me ocurre qué pueda serlo.

Así que el sambenito que le cayó a Onán imagino que tiene su origen no tanto en la autosatisfacción como en el “desperdicio de la simiente”, algo que, sin que pueda explicármelo, produce grandes alarmas en muchos. No acabo de entender qué les va en ello. Pero, como comenté hace un par de días, hay algo que me intriga aún más. Si uno se molesta en consultar el Catecismo se encuentra con esta perla:

Tanto el magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. (Ofensas a la castidad, 2352)

¿Desordenado? No acabo de verlo claro. Si uno se preocupa de no manchar y busca el momento y lugar oportunos más bien habría que llamarlo “ordenado” (¿se referirá acaso a la ordenación sacerdotal?).

Llegados a este punto y a la vista del título de este post se andarán preguntado ¿qué tiene que ver Ibarretxte con esto? Pues bien, al márgen de que buscaba un título pintoresco, de esos que me traen despistados por aquí, la realidad es que tiene mucho que ver. Les enumero, sin ánimo exhaustivo, algunas cuestiones.

1. ¿Acaso no es el Plan Ibarretxe una “paja mental”?
2. ¿Acaso la “marcha atrás” no parece la única salida de este jardín?
3. ¿Acaso no pasó Ibarretxte por el seminario, pero no llegó a “ordenarse”?

Reflexionen sobre ello y recuerden las palabras de Fox Mulder: “La verdad está ahí fuera” a las que yo añado “en los comentarios”. Y si no les interesa la política, pregúntense cómo sería la tal Tamar para que nadie quisiera hacerle un hijo (¿no les recuerda a una “conocida” cantante freak de nombre similar?).