1 de enero de 2005

... y Año Nuevo

Pues bien, ya han sobrevivido a la segunda (la tercera para aquellos que, como Kill-9, celebran San Esteban). Les redacto esto algo más tarde de lo que tengo por costumbre para intentar minimizar los efectos de excesos y abusos sobre el exiguo resto de neuronas que conservo. Bienvenidos a este nuevo año y a este pequeño rincón onanístico-mental y terapéutico (para mí, claro).

Hoy pensaba hablarles de algunas cosillas sobre Dante que levan tiempo rondándome la cabeza. El día era indicado porque Dante escribió su Vida Nueva, y ya se sabe, Año Nuevo... Sin embargo, otra cuestión algo más prosaica ha usurpado el lugar del poeta. Quede para el Dante otro día y entremos en harina.

Veintincinco días después de su inauguración el número de visitas a estas humildes Salidas de Emergencia ha rondado las mil cuatrocientas, llegadas por los más variados caminos. Entre ellos debo destacar un asunto al que parece que en internet no se ha concedido la atención que merece y para el que existe una apreciable demanda de información. No es otro, ya pueden imaginarlo, que el que cabría llamar “circuncisiones y prepucios”. Ya lo sé, suena raro y a mí también me ha sorprendido pero qué puedo decir, en lo que llevamos de 2005 (diecinueve horas aquí en España) ya han llegado tres visitas buscando prepucios (es para pensarse registrar santoprepucio.com), y durante el pasado año el ritmo de visitas no fue menor. En homenaje a todos estos extraños visitantes recuperaré tangencialmente este tema.

En concreto, les hablaré de Apeles. No se me asusten, no me refiero a aquel curilla mediático que no hace mucho hizo su agosto por los platós televisivos. Tampoco les hablaré del hereje del mismo nombre y del siglo III que el comentarista Peru me descubrió hace tiempo (ya tendrá su ocasión). El Apeles o Apelles más famoso es un pintor griego, Apeles de Éfeso, mencionado, por ejemplo, por Plinio en su Historia Natural. Este pintor se escondía tras sus cuadros para oir los comentarios sobre los mismos. Sir Thomas Browne se refiere a él en la introducción a The Garden of Cyrus. Pero su fama de gran pintor alcanzó todos los rincones y hay muchas otras más referencias. Menciono una de las más ilustres:

¿Para qué es ponerme yo ahora a delinear y describir punto por punto y parte por parte la hermosura de la sin par Dulcinea, siendo carga digna de otros hombros que de los míos, empresa en quien se debían ocupar los pinceles de Parrasio, de Timantes y de Apeles, y los buriles de Lisipo, para pintarla y grabarla en tablas, en mármoles y en bronces, y la retórica ciceroniana y demostina para alabarla? (Don Quijote, 2ªP., Cap. XXXII, ¿serán de Pierre Menard estas líneas?). Tampoco este último es el Apeles al que me referiré hoy.

El nombre debe tener su coña, porque Horacio, en la sátira del viaje a Brindisi (I,5) que ya mencioné por aquí tratanto el terrible asunto de la polución (para el que esperaba más éxito que con los prepucios), menciona a un judío llamado Apela, y la nota a pié de página de la edición que manejo dice: El nombre encierra también una chanza: A-pella "sin pellejo" viene a ser algo así como el "Circunciso".

Así que ya ven, estos Apeles parecen ser todos una panda de circuncisos, quizá dignos predecesores de los lectores de “un catálogo falaz que cierto diario cuya tendencia «protestante» no es un secreto” tuvo “la desconsideración de inferir a sus deplorables lectores -si bien estos son pocos y calvinistas, cuando no masones y circuncisos-

Tendrán noticias de este juego que me traigo. Pásenlo bien y sigan riendo, aunque sea de mí.