15 de febrero de 2005

Ensalada científica

En desesperado intento de dejar atrás estos asuntos de palabras que me han tenido un tanto atribulado los últimos días, suenen clarines y trompetas a ver si cambiamos de tercio. Las palabras están compuestas de letras. Las letras son conjuntos de líneas. Las líneas, al decir de los matemáticos, son conjuntos de puntos. Y los puntos, en número suficiente, pueden canjearse por una ensaladera en el colmado de la esquina. Y ahora que tan discreta y elegantemente he traído la cuestión hasta las ensaladas, les confieso que entre éstas y lo que tengo en mente dejarles hoy aquí no hay más semejanza que la variedad de ingredientes, el hecho de que ninguno sea estrictamente necesario (con excepción de la sal) y que deba servirse frio (cabe la posibilidad de la ensalada templada, pero hoy no es el caso ni la templanza, salvo en el caso vasco, se cuenta entre mis virtudes).

Les contaba hace unos días, en un post que, para variar, me dejó relativamente satisfecho, las diferencias entre el regimen laminar y el régimen turbulento de un fluido viscoso (a temas apasionantes no me gana nadie, ¿verdad?). En los comentarios a aquel escrito, quien firmaba como ‘Alternativa Scwheppes’ trajo a colación el número de Reynolds en relación con la viscosidad de los fluidos (y también en relación con el lenguaje para sordos; ¡qué amplios son los horizontes por aquí!) y me da la impresión de que quizá alguno haya pensado que, al más puro estilo de Borges, tal número no era más que una invención del comentarista. Sepan todos que no es así, que el número de Reynolds es tan real como que Schweppes (convenientemente acompañada de Ginebra) constituye una seria alternativa al Referendum Plus. Los más intrigados pueden ilustrarse aquí. Si les digo esto es para que aprecien lo orgulloso que me tiene el nivel científico de sus aportaciones.

Orgullo por otra parte lógico porque, a pesar de que pueda parecer lo contrario, corren malos tiempos para estas cosas de la ciencia. No está muy bien visto hablar de ecuaciones (ni siquiera de la apasionante ecuación de Poiseuille que explica el comportamiento de un fluido viscoso en régimen laminar) ni de abstrusos conceptos que jamás aparecen en los crucigramas del periódico. Nombre usted un teorema y verá como sus semejantes huyen en desbandada como si hubieran visto al mismísimo diablo.

Pero ya sé que ustedes no son de esa calaña. No, ustedes pertenecen al exclusivo olimpo de los tocados por la gracia de la razón y el ansia de conocimiento. En razón de ello, les dejo aquí algunos ingredientes para que se elaboren su propia ensalada científica en beneficio de su mejor instrucción y perfeccionamiento.

Primer ingrediente: Un poco de alarma (dedicado a Daniel K, siempre preocupado por desintoxicarse). Por si no lo saben, vivimos permanentemente amenazados por un terrible compuesto al que los noticiosos, fieles a la mano que les da de comer, nunca hacen referencia, el monóxido de dihidrógeno. Afortunadamente, la libertad para la difusión de información que permite internet está consiguiendo sacar a la luz tan terrible problema. Consulten sin falta la página web de la Dihydrogen Monoxide Research Division y actúen en consecuencia.

Segundo ingrediente: Dos cucharadas de escándalo (dedicado a Borgeano, no sé si en nombre del odio o del más allá) en defensa de las matemáticas. Puede que no lo crean, pero hay quien dice que Alfred Nobel no instituyó el premio nobel de matemáticas porque su mujer se la pegaba con un matemático. Mi particular propuesta es que el primer nobel de matemáticas se le conceda a aquel que consiguió llevarse al huerto a la mujer de Alfred Nobel cuando éste nunca llegó a casarse. ¿No les parece la primera aplicación práctica de los ‘números imaginarios’?

Tercer ingrediente: Sexo a discreción (dedicado a KP para que no se desanime por lo de Borjamari de hoy). ¿Se han preguntado alguna vez por qué un testículo está siempre más alto que otro? Si sólo se han quedado en esta pregunta es que su curiosodad científica deja mucho que desear. Mentes más preclaras, como la del profesor Chris MacManus, llegaron a interrogarse algunas cosas más. ¿Es alguno de los huevos más grande que el otro? ¿De ser así, cuál es el grande, el derecho o el izquierdo? ¿Y cuál es el que está más alto? Si no les parece suficiente curiosidad les añado la más fascinante de todas. De confirmarse estas ‘asimetrías escrotales’, ¿eran reproducidas correctamente por los escultores de la antigüedad clásica? Una mente que se hace estas preguntas está llamada a conseguir algo grande. Y si les preocupan las respuestas consulten aquí el artículo que este doctor publicó en 1976 en la revista Nature, Vol. 259, del 5 de febrero de 1976 titulado “Scrotal Asymmetry in Man an in Ancient Sculpture”.

Cuarto ingrediente: Unas notas de música country (dedicado a Kill-9, que nunca la escucha al escribir sus posts) para darle a la cosa un poco de riesgo. En fecha tan temprana como 1992 la pionera pareja de investigadores Steven Stack y Jim Gundlach consiguieron demostrar sin género de dudas que escuchar música country aumenta considerablemente las probabilidades de suicidio, tal y como puede comprobarse en el volumen 71 de la revista Social Forces. La próxima vez que cojan un disco de Emylou Harris, ya están avisados del riesgo que corren.

Debo señalarles que estas dos últimas historias provienen de los Annals of Improbable Research, que no deben perderse si quieren estar al día de todo lo que hacen los científicos por nosotros sin esperar gran cosa a cambio (creo recordar que alguna vez les hablé de ellos). Esta altruista organización concede anualmente los premios Ig Nobel (lo hay de matemáticas, por lo que cabe suponer que todos sus miembros cuentan con parejas fieles) y, desde mayo de 2004, tiene blog.

Quinto ingrediente: un gran presupuesto (dedicado al Consultor Anónimo, que sabrá qué hacer con tanto dinero mejor que nosotros). Muy poco necesitados deben andar todos aquellos que disfrutan de poderes paranormales para no hacerse con el millón de dólares que la fundación James Randi viene ofreciendo desde hace tiempo a quien demuestre tales poderes bajo condiciones experimentales controladas. Si se sienten capaces de superar al vidente don Juan Dámaso Miranda, o su necesidad es extrema aquí tienen el formulario de inscripción.

Sexto ingrediente: Algún que otro templario, aunque no venga a cuento, la cosa está de moda (dedicado a Wally, lector ‘neutral’ de El Código Da Vinci y así le va). Porque a pesar de que éstos jamás custodiaron el Santo Grial, ni el Arca de la Alianza, ni perviven en la clandestinidad, ni ninguna otra de las chorradas que estamos habituándonos a leer, a nadie se le pide la más mínima acreditación de semejantes afirmaciones. Un servidor no cree que quede ningún templario entre nosotros pero empiezo a tener mis dudas de que el australopiteco realmente desapareciera de la faz de la tierra.

Séptimo ingrediente: Un poco de desubicación (dedicado a Chin, que puede recomendar unos cuantos medicamentos al protagonista de esta historia), como la de John Allen Paulos, prestigioso divulgador matemático (si no conocen libros como El hombre anumérico ó Un matemático lee el periódico, se han perdido unas cuantas horas de diversión; sus artículos para ABC News también merecen una exploración), profesor en la Universidad de Temple, la misma que mantiene un Centro Temple de Ciencias Fronterizas que estudia cosas como la homeopatía, el tarot o los ovnis. ¿Se imaginan al pobre John Allen Paulos (en su día confesó recurrir a su segundo nombre para que no le confundan con el Papa) atravesando cada mañana el campus cruzándose con toda clase de magos, brahmanes y gimnosofistas disfrazados de ‘científicos’? Pues es lo que ocurre cada día por aquellos pagos.

Octavo ingrediente: Un peluche cuántico (dedicado obviamente a Peluche por razones obvias). Ésta es la sorprendente teoría de Eduardo Bitlloch y Horacio A. Sormani en su agudo análisis del ‘status ontológico’ de Hobbes, el tigre de peluche de las tiras de Calvin y Hobbes que, por lo visto, es pariente próximo del gato de Schrödinger (siento que el link esté en portugués, pero no hay artículo en español aunque sí sobre el bueno de Erwin).

No se ofendan los que se han quedado sin dedicatoria, empiezan a ser ustedes demasiados y mis capacidades, por el contrario, siguen menguando. La ensalada es para todos. Así que cojan los ingredientes que más les apetezcan, añadan cualquier otro que consideren oportuno y bien mezcladitos, alíñenlos convenientemente en beneficio del progreso tanto material como del espíritu.