10 de febrero de 2005

Láminas turbulentas

Aunque puede que no me crean, les aseguro que soy hombre de palabra. Si prometí ayer no referirme más al ‘expediente vasco’ pueden contar con que lo cumpliré. Pero ayer también les dije que había de tomar prestadas algunas palabras del Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados correspondientes al debate del pasado 1 de febrero. No se alarmen al comenzar a leerlas, el tema de hoy es muy otro.

La cosa me vino a la cabeza en ‘riguroso directo’ mientras escuchaba el debate y contemplaba al esforzado muchacho que en la esquina inferior de la pantalla practicaba los aspavientos conocidos cono ‘lenguaje para sordos’. En aquel momento tenía la palabra... ¿imaginan quién? Pues sí, el señor Erkoreka Gervasio (no vayan a creer que la he tomado con él, son simples casualidades de una vida que, como todas las demás, está plagada de casualidades). Reproduzco aquí literalmente las palabras del señor Erkoreka a ver si ustedes entienden lo mismo que yo entendí.

Leopoldo Calvo Sotelo ha reconocido en su ‘Memoria viva de la transición’ que la LOAPA y los pactos autonómicos contribuyeron a que el proceso autonómico pasara de un régimen turbulento a un régimen laminar. La expresión es muy gráfica y, además, particularmente acertada para describir lo que realmene ocurrió. Porque en efecto lo que ocurrió fue que, como consecuencia de aquellos manejos, las loapas, las loapillas y los pactos autonómicos, como consecuencia, insisto, de aquellos manejos, el proceso autonómico quedó sometido a un régimen laminar. Muy gráfico. La pregunta es: ¿Qué ocurrió cuando se acordó implantar aquel régimen laminar con el pacto entre diferentes, que era el Estatuto de Gernika? Sencillamente que saltó por los aires y quedó hecho añicos por obra de quienes ahora nos acusan a nosotros de deslealtad, de romper unilateralmente pactos entre diferentes.

Contemplo entre lo posible, incluso entre lo probable, que no hayan entendido nada. Según el señor Erkoreka, la actuación de los gobiernos centrales estableció un ‘régimen laminar’, expresión que califica como muy gráfica y acertada para describir la situación. El común de los mortales posiblemente continúe sumido en el desconcierto incuso aunque le haya dado por consultar el diccionario, que contempla tres entradas para la palabra ‘laminar’. Para ahorrarles el viaje, aquí las tienen.

(1) laminar.
1. adj. De forma de lámina.
2. adj. Dicho de la estructura de un cuerpo: Que tiene sobrepuestas y paralelamente colocadas sus láminas u hojas.

(2) laminar.
1. tr. Hacer láminas, planchas o barras con el laminador.
2. tr. Guarnecer con láminas.


(3) laminar.
(De lamín).
1. tr. vulg. Ar. Lamer, golosear o gulusmear.

Descarto la tercera por argentinismo (ruego a los lectores de allá nos iluminen sobre tan curiosa acepción) improbable en un diputado vasco. Así que de lo que parece quejarse este conspicuo diputado es de que el ‘proceso autonómico’ se estructurara en láminas. ¿A qué siguen sin entender nada? Pues la cosa siguió. Un poco más adelante en el debate, el asunto volvió a surgir. Recurro de nuevo al Diario de Sesiones

¿Quién se acordaba, señor Benegas, de que el Estatuto de Gernika era un pacto entre diferentes cada vez que aquí, en las Cortes Generales, las mayorías absolutas del PP o del PSOE –tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando- aporbaban leyes básicas u orgánicas que durante años han surtido un devastador efecto laminar sobre las competencias autonómicas vascas?
[En este momento el señor Aragonés Mendiguchía pronuncia en alta voz: ‘Laminar’)
Laminar, sí, sí; es una expresión muy gráfica de Leopoldo Calvo Sotelo, le cito la fuente.

Mi objetivo hoy no es, no puede ser, explicarles lo que este caballero quiere decir con la expresión ‘devastador efecto laminar’. No puedo aspirar a penetrar en los insondables misterios de una mente superior. Pero puedo hacer otra cosa más a mi alcance y es explicarles lo que quiso decir el señor Calvo-Sotelo en su libro, cosa bastante más sencilla de explicar y de paso mencionarles un apasionante capítulo de la historia de la ciencia. No vayan a creer por ello que un servidor se ha leído las memorias de don Leopoldo, si algún día me da por colocar aquí mi fotografía comprobarán que no tengo cara de haberlo hecho (tampoco él tiene cara de leer habitualmente este blog).

El señor don Leopoldo Calvo-Sotelo Bustelo, presidente del gobierno español en 1981 y 1982 es ingeniero de caminos por lo que entiendo que su formación incluye algunos conocimientos sobre dinámica de fluídos en general y sobre el fenómeno de la turbulencia en particular (¿recuerdan la cita? ‘de régimen turbulento a régimen laminar’). Hace tiempo, creo que en algún comentario al señor Borgeano, me referí a un libro de divulgación matemática titulado ¿Juega Dios a los dados?, de Ian Stewart. Cito de este libro: [La turbulencia] es importante en problemas practicos de ingeniería. La turbulencia puede destruir una tubería de agua o un oleoducto, romper la hélice de un barco, o causar un accidente de aviación.

Pues bien, una cosa tan importante como la turbulencia, que puede destrozar tantas cosas, ha constituido uno de los más difíciles retos a que se han enfrentado los físicos y a la que ha comenzado a darse respuesta con la aparición de la matemática del caos y la geometría fractal. Pero no todos los flujos se comportan de forma turbulenta, por ello para explicar las diferencias entre los flujos turbulentos y no turbulentos los divulgadores recurren al sencillo ejemplo de un grifo que se va abriendo muy lentamente, les transcribo este ejemplo en palabras de Ian Stewart:

Poco después, como ya he dicho, las gotas se unen en un chorro continuo. Cuando se forma el chorro por primera vez, todavía puede deshacerse en gotas más abajo, pero pronto se convierte en continuo y uniforme, en una fina hebra desde el grifo hasta el lavabo. Los especialistas en dinámica de fluidos llaman a esto flujo ‘laminar’: el fluido se mueve en finas capas (láminas) que se deslizan suevemente una sobre otra como una baraja que se extendiera sobre una mesa...
(...)
Ahora abrid el grifo totalmente. El flujo laminar uniforme se rompe, el agua golpea el lavabo con enorme uerza, y el flujo se vuelve de nuevo espumoso e irregular. Este es el flujo ‘turbulento, y nuestra segunda transición importante, de laminar a turbulento.

Con esto ya tienen toda la información necesaria para interpretar las palabras de Calvo-Sotelo e incluso para avanzar arriesgadas hipótesis sobre lo que el señor Eroreka quiso decir. Pero antes de contarles las mías déjenme, para darle a esto cierto barniz científico-cultural, que les cuente en grandes rasgos la historia de la turbulencia.

El flujo de un fluido viscoso se explicaba tradicionalmente a través de las conocidas como ecuaciones de Navier-Stokes. Pero éstas plantean un problema, no explican la turbulencia, el comportamiento de los fluidos de acuerdo con estas ecuaciones es siempre regular. Por ello, en 1944, el premio nobel Lev Landau (los que hemos pasado por una Facultad de Ciencias no podremos olvidar jamás los manuales que escribió en colaboración con Lifshitz) planteó una posibilidad alternativa que fue desarrollada en 1948 por Eberhard Hopf y es conocida como Teoría de Hopf-Landau. La idea basica de esta teoría era que la turbulencia se originaba por agregación de oscilaciones independientes según los modos del fluido que estuvieran excitados.

Pero allá por 1968, un físico matemático belga llamado David Ruelle, decepcionado con la explicación de la turbulencia de Hopf-Landau tuvo una idea bastante original. Con la colaboración de Florins Takens, un matemático holandés, escribió un artículo titulado ‘On the nature of turbulence’ que, tras alguna dificultad por lo novedoso de su planteamiento, fue publicado en 1970. Pero les voy a dejar con la intriga sobre su contenido, sólo les señalo que dicho artículo es hoy un clásico, una de las fuentes originales de la llamada Teoría del Caos (tan mal comprendida por tantos), que introduce por primera vez el término ‘atractor extraño’ (que no tiene nada que ver con Brad Pitt) aunque el concepto ya había sido desarrollado por Smale. Si les pica la curiosidad, les recomiendo el librito de divulgación que el propio Ruelle escribió en 1991 (publicado en España en 1993 por Alianza) titulado Azar y Caos.

Y ahora, tras este viajecito, volvamos al Congreso. Afirmar que el proceso autonómico pasó ‘de un régimen turbulento a un régimen laminar’, dicho por un ingeniero y utilizado como figura retórica, viene a significar que el proceso autonómico dejó de ser caótico e irregular y mostró cierto orden. El señor Erkoreka, doctor en Derecho, puede que no sepa una palabra sobre dinámica de fluidos, ni falta que le hace. De hecho quisiera que fuera así, porque de saber de lo que hablaba podría pensarse que lo que estaba diciendo al celebrar la expresión de don Leopoldo era que había que abrir el grifo a tope aunque ello llevara al caos (recuerden, lo ‘devastador’ era el ‘efecto laminar’ no la ‘turbulencia’).