21 de febrero de 2005

Traiciones, ¿o no?

Decía el señor Borgeano en los comentarios de ayer, qué temita el de las traducciones, ¿no?. Y ciertamente hemos de convenir en que la cosa es , efectivamente, un temita. Traduttore, tradittore, que dicen los italianos. Con toda certeza las lenguas establecen ciertas estructuras mentales y formas de ver las cosas, infinidad de matices que difícilmente encajan en una simple ‘regla de conversión’. Traducir es, efectivamente, traicionar de alguna manera. Pero hay veces en que, para sopresa y regocijo general, más que traicionar, las traducciones ayudan a revelar, quizá de forma inconsciente, la realidad de algunos contenidos.

Aquí en España hay dos asuntos (levemente relacionados con traducciones) que resultan de cierta actualidad y que me servirán de excusa para soltarles el mamotreto (un día les cuento el origen de esta palabra y alguna que otra cosa más) de hoy. Ambos asuntos andan curiosamente relacionados, la publicación de las memorias del presentador del telediario Alfredo Urdaci y la edición de un disco recopilatorio de una de las más lamentables bandas musicales que he conocido, afortunadamente ya desaparecida.

En señal de respeto hacia los lectores de allá les informo que el tal señor Urdaci condujo los informativos de la televisión pública durante los gobiernos conservadores del Partido Popular. No sé si saben que aquí, al márgen de las ferias taurinas, la Feria de Sevilla, las Fallas de Valencia y los Sanfermines, también tenemos por costumbre y tradición popular despedir a los presentadores de los telediarios con cada cambio de gobierno acusando a los anteriores de vendidos y sesgados. La cosa, todo hay que decirlo, suele estar justificada. Pero el señor Urdaci ha sido objeto de un linchamiento a mi juicio excesivo. Sinceramente no creo que mintiera más o mejor que sus predecesores o que sus actuales sucesores.

De todas formas no es esto de lo que quería hablarles. Este caballero acaba de publicar un libro de memorias sobre su etapa al frente de los informativos titulado “Días de ruido y furia”. Me imagino que se preguntarán qué puede tener esto que ver con la recopilación de ‘éxitos’ de una banda de música. Pues bien, esta banda no es otra que la conocida como ‘Héroes del Silencio’ a pesar de que, desafortunadamente, nunca hicieron honor a su nombre y estándose calladitos. Algunos recordarán aquella especie de ‘homilías trascendentales’ que pronunciaba Enrique Bunbury mientras sus compinches aporreaban sus instrumentos.

Ahora que parecía que la cosa empezaba a caer en el olvido nos han salido con una recopilación titulada casualmente ‘El ruido y la furia’. Así que ya los tenemos metidos en el mismo saco que el señor Urdaci. Y ahora es momento de preguntarse, ¿qué nos han querido decir o sugerir titulando sus libros o discos de esta forma? Hagamos una particular excursión por esta expresión para arrojar algo de luz sobre el asunto.

La expresión ‘el ruido y la furia’ es mera traducción literal de la expresión inglesa ‘sound and fury’ que pueden encontrar, por empezar por el caso más ilustre en la escena quinta del quinto acto de Macbeth. La cosa, pronunciada por el propio Macbeth, viene a ser así:

Life’s but a walking shadow, a poor player
that struts and frets his hour upon theistage
and then is heard no more. It is a tale
told by an idiot, full of sound and fury,
signifying nothing.

El Instituto Shakespeare dirigido por Manuel Ángel Conejero, que lleva unos cuantos años dedicado intensamente a traducir al español las obras de William Shakespeare así como a citar aún más intensamente a su director, traduce este pasaje así:

La vida es una sombra tan sólo, que transcurre; un pobre actor
que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario
para jamás volver a ser oído. Es una historia
contada por un necio, llena de ruido y de furia,
que nada significa.

Visto así, la cosa no tiene mucho sentido. Difícilmente el ruido y la furia pueden significar algo, ¿verdad? Pero hete aquí que mi admirado Tito Monterroso sale en nuestra ayuda y en un ensayito titulado convenientemente, “Sobre la traducción de algunos títulos”, al hilo de este pasaje señala lo siguiente:

Por ahora yo sólo me atrevo a proponer a ustedes que vean en su ‘Concise Oxford Dictionary’ lo que «sound and fury» quiere decir en el texto de Shakespeare: únicamente «bla, bla, bla»...es de suponer que el Diccionario lo sabe bien. Ábranlo y encontrarán (algunos con cierto sonrojo, espero) en la p. 1203, 2ª columna, línea 4, bajo la entrada ‘sound: mere words (sound & fury)’. Estos es, meras palabras, que nosotros decimos«bla, bla, bla», o sea lo que en definitiva dice un idiota.

Vaya por delante que admito que los señores del Instituto Shakespeare saben mucho más que yo de estas cosas. Aún así, hace tiempo cometí la osadía de proponer mi propia traducción del pasaje. Aquí la tienen.

La vida es una sombra que pasa; un pobre actor
que se pavonea inquieto durante su turno en escena
para no volver a ser oído. Es una historia
contada por un idiota, llena de vana palabrería
que nada significa.

Quizá la expresión también les recuerde una conocida obra de otro William, El ruido y la furia. William Faulkner tomó el título directamente de Macbeth y, de hecho, es la obra de la que hablaba Monterroso en su ensayo, en el que concluye que, cuando menos, Faulkner sí conocía el significado de la expresión. De hecho, la primera parte de la novela, la titulada Siete de abril de 1928, es una suerte de monólogo interior de un personaje, Benjy, que es subnormal. El propio Faulkner escribió al respecto:

Y entonces conté la experiencia de aquel día del subnormal, y era incomprensible, incluso yo mismo no podía decir lo que estaba pasando, por tanto tuve que escribir otro capítulo.

Pero no nos vayamos por las ramas que, llegados a este punto, ya estamos en condiciones de plantearnos las intenciones del señor Urdaci y los heroicos músicos (es un decir, o más bien un escribir) a la hora de titular sus recientes obras. Vamos allá.

Cuando un periodista se refiere a sus días al frente del informativo televisivo de mayor audiencia del país como “días de ruido y furia”, ¿quiere eso decir que su trabajo consistía precisamernte en ‘vana palabrería que nada significa’? Cuando una pretendida banda de rock publica un disco titulado “El ruido y la furia”, ¿se autocalifican de idiotas o necios como ese idiota que cuenta la vida ‘llena de ruido y furia’? No sé a ustedes, a mí aún me queda alguna duda sobre si era esto lo que pretendían. Pero supongo que coincidirán conmigo en que ambos títulos resultan especialmente afortunados.