3 de marzo de 2005

Adding Sense to Ads

Por alguna oscura o innombrable razón somos muchos los que hemos caído en la tentación de colocar ‘publicidad dinámica’ en nuestros blogs. No les lloraré contándoles los exiguos ingresos que ésta me está reportando. Tampoco esperé en ningún momento hacerme rico con ello. Más bien se trataba de un experimento. Quería saber como funciona esto de la publicidad en la red, cuestión de notable actualidad. Pocos son, aunque alguno hay, los que obtienen ingresos razonables (entendiendo por ‘razonables’ algo tan poco ambicioso como poder pagar el servidor con ellos). Quizá el caso más sonado es el de aquel listillo del amianto. El caso ha sido ampliamente comentado en la blogosfera pero, por si alguno no lo conoce, les haré un breve resumen.

No todos los anuncios se pagan igual. Algunos son muy rentables, por un solo click proporcionan más ingresos que otros. Con esta idea en la cabeza un caballero llamado Michael Buffington abrió un blog dedicado íntegramente al amianto o asbesto. El contenido del blog era lo de menos. Básicamente se trataba de recopilar noticias relacionadas con el amianto para conseguir que los anuncios contextuales se relacionaran con él y sentarse a recibir los beneficios. Aquí tienen su explicación y aquí el blog en cuestión

Pero, en fin, nuestro caso, el de los bloggers de a pie (perdón don JPQ, pero no me acostumbro a blogógrafo y ya que he titulado en inglés...), es muy distinto. Resulta ciertamente absurdo esto de la publicidad en nuestras páginas. El amigo Consultor ya ha renunciado a ella. Ni proporcionan ingresos, ni escribimos buscando resultados concretos, como el amianto (ya veremos qué pasa hoy), para generar ingresos. ¿Por qué no eliminarla entonces de estas ‘Salidas’?

Por algo muy simple, queridos parroquianos, me divierte el mecanismo ‘inteligente’ de inserción de publicidad contextual. En algún rincón de Google hay una maquinita muy lista que se lee (es un decir) lo que yo escribo y decide qué anuncio se ajusta mejor al contenido del texto. A veces la cosa se demuestra asombrosamente certera. Por ejemplo, ayer mismo se me escapó un desordenado texto que, de haber estado yo más inspirado, hasta podía haber quedado bien. La maquinita no tuvo ninguna duda e inmediatamente me recomendó cursos de redacción y estilo como pueden comprobar en esta imagen.


A veces entran en juego los más oscuros arcanos. Cuando comencé a exponer algunas reflexiones sobre los asuntos vascos, me encontré con que la asombrosa inteligencia (artificial) de los procesadores publicitarios encontró en su directorio de anunciantes una relación soreprendente: ‘Terminales para la recogida de leche testeados por el MAPYA para letra Q’, Debo confesarles que llevo desde entonces intentando descifrar el mensaje oculto que esconde este anuncio, renunciando a demasiadas horas de sueño. Si algún buen samaritano de los que suelen pasear por aquí pudiera ayudarme le quedaría eternamente agradecido. ‘Testear para letra Q’, ¿no es intrigante? ¿Y lo de la leche? ¿Tendría que ver con aquello de resolver el conflicto a leches? Si no me creen, vean el anuncio.

A veces la cosa no resulta tan misteriosa. Por ejemplo, estoy seguro de que en alguno de mis textos esta especie de HAL avanzado fue capaz de descubrir entre líneas que un servidor necesita urgentemente unas vacaciones. Si no no me explico que apareciera este otro recuadrito publicitario.

Por otra parte, en mi colección publicitaria se cuentan ya auténticas piezas de coleccionista. ¿Recuerdan aquella extraña obsesión por el flujo laminar de nuestro buen amigo Erkoreka? Pues sepan que hasta el flujo laminar se anuncia y que un servidor, con casi toda probabilidad, debe ser el único que ha conseguido que tan interesantes productos aparezcan en su web. Lamentablemente para mí y para el futuro de mis hijos, los flujos laminares no han mostrado una rentabilidad similar a la del amianto así que me veo obligado a seguir buscándome las habichuelas en otra parte.

El debate ético-blogueril se ha centrado en la espinosa cuestión de hasta que punto el conocimiento de los ingresos que pueden generarse compromete lo que uno llegue a publicar en su blog. Sinceramente me parece un asunto demasiado peliculero. No me imagino a mucha gente estudiando las palabras clasificadas como más rentables para luego escribir condicionado por ellas y obtener unos resultados económicos que en la inmensa mayoría de los casos resultan irrisorios. Mucho más divertido resulta el planteamiento contrario. Escriban con total libertad y luego llévense la sorpresa de lo que este software maravilloso asocia a sus palabras. Les aseguro que proporciona muchas horas de entretenimiento, aunque también alguna que otra de preocupación.

¿No es para preocuparse que a la vista de un texto me sugieran un servicio de autoprotección e investigación de siniestros? ¿Me habré ganado al fin mis merecidas amenazas?