7 de marzo de 2005

Buscando pájaros en Google

Dejemos atrás alisios y tifones que, como saben los fieles, nuestra nave sólo navega los fines de semana. Navegantes domingueros, si se quiere, hoy nos toca regresar a la cotidiana rutina que pasa por leer o escribir estas salidas. Y por no faltar a la tradición, una vez más me encuentro sin tema, sin ideas, pero fiel a don Eduardo Torres. Soltaré las manos por el teclado en desesperado brain-storming, a ver si divagando llegamos a algún puerto. De todo tiene que haber en esta bendita o maldita internet.

Quizá Borges habría abominado de la idea de que internet lo contiene todo. Quién sabe. Pero probablemente, por el contrario, habría fantaseado con esa misma idea, con una internet en la que existiera todo menos el error 404 . Una internet donde todo podría encontrarse, como aquel que en nuestra secreta clave particular denominamos Saddam Hussein para evitar la curiosidad de los Servicios Secretos. Reparen en las implicaciones de la idea, todo estaría en internet: un candidato convincente, una vivienda digna a un precio razonable, incluso Wally estaría allí (claro que nosotros sí sabemos donde está Wally, ¿verdad?).

Sí, estoy seguro de que don Jorge Luis habría acariciado esta idea: La biblioteca de Babel con un buscador de Google en la puerta. Idea que, por cierto, no se aleja mucho de la realidad que sufrimos a diario frente a la pantalla. Como tituló en su día Caín, todo está hecho con espejos y por eso la internet está llena de mirror sites, el más celebrado de los cuales se lo señalé hace tiempo, el Google Mirror Site. Pueden usarlo como alternativa a Google aunque ‘refleja’ exactamente los mismos resultados

Y al hilo de esto me llama la atención que haya por ahí tanto listo preocupado por lo que llaman SEO (Search Engine Optimization). En mis tiempos SEO eran las siglas de la Sociedad Española de Ornitología, organización que tuve ocasión de conocer gracias a un ilustre malageño que me enseñó a disfrutar de la observación de las aves y a apreciar las sutiles diferencias entre una reinita trepadora y una reinita coronada (y ya saben que en este blog no se habla de actualidad), ambas en peligro de extinción en la Argentina. No crean que a tales sutilezas se llega sin esfuerzo, yo empecé como todos, distinguiendo al buitre del pingüino.

Poco a poco uno va aprendiendo las reglas básicas de la ornitología: que un obispillo no es un obispo bajito, que es necesario utilizar la palabra ‘conspícuo’ al menos una vez en cada frase y que no hay que tener empacho en poner los cantos de las aves por escrito por ridículo que parezca. De esta última regla les extraigo unas cuantos ejemplos de la guía de campo de Roger Tory Peterson, la más afamada, aunque les dejaré con la intriga de a qué pájaros se refiere: un ‘chirrip’ líquido, de no muy largo alcance;un’ juu-juu’ sonoro, casi humano, y unas notas bajas y cloqueantes; un ‘dajg’ o ‘quiac’ cortos, y un ‘ptrrr’ o ‘prett’ resoplantes, que se oye a considerable distancia; un ‘praac-praac’ profundo y un ‘tuc-tuc’ más suave; un sonoro trino burbujeante, ‘priul-lul-liul-lu’. Tanto si uno considera la literatura como la caza del adjetivo perfecto como si cree que más bien consiste en hallar la descripción más excelsa, ¿no creen que ese género particular debe contarse entre sus expresiones más elevadas?

Pero ya ven, en los tiempos que corren se ha desatado esta absurda fiebre por esta nueva SEO y por su lamentable traducción al español: “posicionamiento en buscadores”. Se ha perdido el interés por el charrán o el cormorán moñudo para concentrarse en ‘optimizar’ el puesto en que uno sale en Google. No deja de ser una guerra absurda. Google mantiene en secreto las interioridades de su motor de búsqueda para asegurarse la independencia de sus resultados. Algunos negociantes, sabedores del potencial económico de descubrir sus arcanos, se ponen a ello. Los más listos llegan a poner a la venta sus averiguaciones. Mientras tanto yo sigo sin comprender nada.

Sigo sin comprender, por ejemplo, que en el Google Español, las Salidas de Emergencia número uno sean éstas que están ahora leyendo, como si no hubiera legislación al respecto o información técnica relevante (compruébenlo, no he colocado ninguna keyword en la plantilla, ni he hecho nada de lo que estos gurús de la nueva era recomiendan salvo darme de alta en DMOZ, cosa siempre recomendable). Me he disculpado ya tantas veces con aquellos que llegan aquí en busca de verdaderas salidas de emergencia que me cuesta insistir en ello, pero, en fin, una vez más, lo siento.

Aún así, da gusto comprobar como algunos pajarracos que tienen tan poca idea de SEO como casi todos los miembros de la SEO se defienden audazmente en la red. Por ejemplo, el roquero solitario mantiene su liderazgo en Google, lo mismo que el roquero rojo, sin que Miguel Ríos haya conseguido desplazar a ninguno de los dos. El afortunado cubano conocido como Dinio no tiene nada que hacer contra el rabilargo en el buscador. Ni siquiera un servidor ha conseguido arrebatarle el puesto al pardillo común. Decida cada uno de ustedes qué clase de pájaro le corresponde que hoy la mano no me da para más palabras.