El aviador
Ocho minutos tardó el señor Aquende en descubrir que el tema de hoy nada tiene que ver con Howard Hughes, ni con la película de Martin Scorsesese, ni con Charles Lindberg o los hermanos Wright. Esto es, una vez más, la sección náutica de ‘Salidas de Emergencia’ así que ¿qué pinta aquí un aviador? ¿Volaba tal vez en hidroavión? Pues algo de eso hay. Déjenme que les cuente, limeños.
En 1929 voló en solitario desde Londres hasta Sidney en su avión, el Gipsy Moth. Fue el segundo vuelo en solitario de Inglaterra a Australia de la historia. Por aquel entonces a Sir Francis le preocupaba dar la vuelta al mundo en su avión y “no veía otra solución que convertir el ‘Gipsy Moth’ en hidroavión, lo que permitiría volar desde el Japón hasta el norte del Canadá”. Ya ven, qué pronto ha llegado el hidroavión.
Al pasar los años, el deseo de dar al vuelta al mundo permaneció latente dentro de mi, lo mismo que la semilla del árgoma puede quedar enterrada durante cincuenta años hasta que alguien remueve el suelo y permite la entrada de la luz y el aire. Entonces la semilla germina. Lo mismo me sucedió a mí. Poco a poco, los vuelos fueron perdiendo la atracción de la aventura, para convertirse en simple cuestión de conocimientos técnicos y habilidad del piloto.
Se le ve venir, ¿verdad? En 1953 dejó de volar para dedicarse al mar y las regatas de yates. Reparen en que ya tenía más de cincuenta años, pero había dado con algo que aún mantenía la ‘atracción de la aventura’. Aquí comienza la historia del marino que, en 1960, ganó la primera regata transatlántica en solitario a bordo de un barco que se llamaba, no podía ser de otra manera, Gipsy Moth III (hubo antes un Gipsy Moth II). Véanlo navengado frente a la estatua de la libertad y cruzándose nada menos que con el Queen Elisabeth
Con esta idea en la cabeza, Sir Francis empezó a leer todos los relatos que pudo encontrar, “en cada éxito o fracaso había algo que aprender”. De todas estas lecturas salió un fascinante libro, Siguiendo la ruta de los clípers, una selección comentada de relatos de alta mar extraídos de las obras de Francis Drake, Shackleton, Slocum, Smeeton, Dana, Ann Davison, Bardiaux, Basil Lubbock, Bullen, Bombard, Conor O’Brien, Anson, Vito Dumas, Alan Villiers, John Masefield y Joseph Conrad. Sir Francis Chichester escribe en su prólogo: “Leí y estudié tantos cuadernos de bitácora y relatos de navegaciones a lo largo de la ruta de los clípers, que llegué a pensar que conocñia esa ruta mejor que el Atlántico Norte. Encontré algunas historias maravillosas que fueron una delicia de leer y finalmente me di cuenta de que comentándolas, había escrito lo suficiente como para formar la tercera parte de un libro. De modo que decicí reunir el conjunto en lo que constituye este libro, ‘Along the Clipper Way’. Al final, el libro me pareció como la historia de un largo y continuo viaje alrededor del mundo”.
Cuando participó en la regata transatlántica de 1964 decidió utilizarla para probar sus “teorías sobre cuál sería el mejor casco, aparejo y táctica para este viaje alrededor del mundo”. Quedó en segundo lugar, por detrás de otro navegante mítico que ya se hará un hueco en estas páginas, Eric Tabarly. Entonces comenzó a proyectar, junto con John Illingworth la construcción del Gipsy Moth IV.

En 1929 voló en solitario desde Londres hasta Sidney en su avión, el Gipsy Moth. Fue el segundo vuelo en solitario de Inglaterra a Australia de la historia. Por aquel entonces a Sir Francis le preocupaba dar la vuelta al mundo en su avión y “no veía otra solución que convertir el ‘Gipsy Moth’ en hidroavión, lo que permitiría volar desde el Japón hasta el norte del Canadá”. Ya ven, qué pronto ha llegado el hidroavión.

Al pasar los años, el deseo de dar al vuelta al mundo permaneció latente dentro de mi, lo mismo que la semilla del árgoma puede quedar enterrada durante cincuenta años hasta que alguien remueve el suelo y permite la entrada de la luz y el aire. Entonces la semilla germina. Lo mismo me sucedió a mí. Poco a poco, los vuelos fueron perdiendo la atracción de la aventura, para convertirse en simple cuestión de conocimientos técnicos y habilidad del piloto.
Se le ve venir, ¿verdad? En 1953 dejó de volar para dedicarse al mar y las regatas de yates. Reparen en que ya tenía más de cincuenta años, pero había dado con algo que aún mantenía la ‘atracción de la aventura’. Aquí comienza la historia del marino que, en 1960, ganó la primera regata transatlántica en solitario a bordo de un barco que se llamaba, no podía ser de otra manera, Gipsy Moth III (hubo antes un Gipsy Moth II). Véanlo navengado frente a la estatua de la libertad y cruzándose nada menos que con el Queen Elisabeth

Con esta idea en la cabeza, Sir Francis empezó a leer todos los relatos que pudo encontrar, “en cada éxito o fracaso había algo que aprender”. De todas estas lecturas salió un fascinante libro, Siguiendo la ruta de los clípers, una selección comentada de relatos de alta mar extraídos de las obras de Francis Drake, Shackleton, Slocum, Smeeton, Dana, Ann Davison, Bardiaux, Basil Lubbock, Bullen, Bombard, Conor O’Brien, Anson, Vito Dumas, Alan Villiers, John Masefield y Joseph Conrad. Sir Francis Chichester escribe en su prólogo: “Leí y estudié tantos cuadernos de bitácora y relatos de navegaciones a lo largo de la ruta de los clípers, que llegué a pensar que conocñia esa ruta mejor que el Atlántico Norte. Encontré algunas historias maravillosas que fueron una delicia de leer y finalmente me di cuenta de que comentándolas, había escrito lo suficiente como para formar la tercera parte de un libro. De modo que decicí reunir el conjunto en lo que constituye este libro, ‘Along the Clipper Way’. Al final, el libro me pareció como la historia de un largo y continuo viaje alrededor del mundo”.
Cuando participó en la regata transatlántica de 1964 decidió utilizarla para probar sus “teorías sobre cuál sería el mejor casco, aparejo y táctica para este viaje alrededor del mundo”. Quedó en segundo lugar, por detrás de otro navegante mítico que ya se hará un hueco en estas páginas, Eric Tabarly. Entonces comenzó a proyectar, junto con John Illingworth la construcción del Gipsy Moth IV.






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