17 de marzo de 2005

El eterno retorno

I am not I: thou art not he or she: they are not they

No se asusten. Ya sé que les he traído por aquí demasiadas veces la literatura combinatoria, también la literatura potencial oulipesca y que nos hemos enfrascado en plomizas discusiones sobre el infinito. Insisto, no se asusten. Hoy no será una de esas veces. Olvídense de Giordano Bruno, de Kuhlmann o de Queneau. El retorno de hoy es otro, quizá no tan eterno como el original pero, por las veces que reaparece en mi vida, bastante eterno. Me refiero a aquel retorno debido a la pluma de Evelyn Waugh.

No hace mucho, en la Atalaya de Wally se organizó una pequeña discusión sobre series antiguas de televisión. Como siempre, las buenas intenciones de este modernista, proponer una fórmula de televisión pública de calidad sin afectar en demasía a su agujero financiero, se vieron desbordadas por los comentarios de aquellos que decidimos utilizar aquella excusa para sacar a pasear los recuerdos. Y claro, en mi caso, como en el de toda mi generación, el primer contacto con ese retorno al que me quiero referir hoy fue a través de una serie de televisión.

Granada Television, histórica productora y distribuidora británica, produjo Retorno a Brideshead, una adaptación de la novela homónima de Waugh realizada por John Mortimer. Se estrenó en octubre de 1981 en la ITV británica. Fue dirigida por Micheal Lindsay-Hogg y Charles Sturridge y contaba con una evocadora partitura de Geoffrey Burgon, un compositor especializado en música para cine y televisión autor, entre otras muchas cosas, de la partitura para La vida de Brian (ojo, la partitura, no las canciones). Como muchos recordarán, estaba protagonizada por Jeremy Irons y Anthony Andrews y contaba con excelentes trabajos de los siempre excelentes Sir Lawrence Olivier y Sir John Gielgud. Fue aquella serie la que nos llevó a la novela.

La novela es difícil de encontrar en su primera versión, publicada en 1945. En 1960 se publicó una versión revisada por su autor con numerosas modificaciones. Si la han leído, es muy probable que haya sido esta segunda versión. En el prefacio a la edición de 1960 Evelyn Waugh hace un cierto balance y enjuiciamiento de esta novela que le “me hizo perder el escaso respeto de que había disfrutado entre mis contemporáneos, y me introdujo en un extraño mundo de cartas de admiradores y fotógrafos de prensa”. Según Waugh, el tema de la novela es “la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes”, pero todos sabemos que es mucho más que eso. El problema religioso sobrevuela toda la novela de una forma un tanto curiosa, ya que habla de una familia de aristócratas católicos en un país anglicano. Pero sobre todo pretende ser una suerte de canto del cisne de un mundo que parecía en extinción, el de la nobleza terrateniente inglesa que estaba siendo desplazada por el ascenso de otras clases, representadas desde un primer momento por el ayudante Hooper. Por ello Waugh reconoce que “gran parte de este libro consista en un discurso fúnebre ante un ataúd vacío”.

La serie televisiva es muy respetuosa con el texto. Practicamente no hay frase que no se encuentre en la novela. Después de haberla visto unas cuantas veces, al llegar a la novela, me parecía oir la voz del narrador principal con los temas de Burgon de fondo según iba leyendo. Así, entre una cosa y otra, de forma, como dicen ahora, ‘multimedia’, se me fueron quedando en la cabeza muchas palabras, muchas frases,... corrí el serio peligro de memorizar la novela al completo. Pero gracias a ello, periódicamente se producen los retornos.

Porque esta novela ha retornado a mi vida en incontadas ocasiones. Tantas que me ahorraré una relación de ellas y les relataré tan sólo una. Yo no me había molestado en investigar el resto de la obra de Waugh. Sin embargo, algún tiempo después andaba leyendo a Dante Gabriel Rosetti y me encontré con un poema del que reproduzco las dos primeras estrofas:

SUDDEN LIGHT
I have been here before,
But when or how I cannot tell,
I know the grass beyond the door,
The sweet keen smell,
The sighting sound, the lights around the shore.
You have been mine before,
How long ago I may not know;
But just when at that swallow’s soar
Your neck turned so,
Some veil did fall, - I knew it all of yore

Era inevitable. Recordé entonces el prólogo de Retorno a Brideshead, donde se dice “I’ve been here before” y después “I had been there before. I knew all about it”. Parecía la misma voz. Casi se podían oir las notas de Burgon de fondo. ¿Casualidad? ¿Era Rosetti una de las fuentes de Waugh? Con toda seguridad no a lo primero y sí a lo segundo. Yo no lo sabía entonces, pero el primer libro que Evelyn Waugh publicó, en 1927, fue una biografía de Dante Gabriel Rosetti. Una vez más se alimentaba mi sospecha de que libros sólo hay uno dividido en innumerables tomos.

De todas formas no debe juzgarse a Evelyn Waugh exclusivamente por esta novela. Sus títulos más conocidos con excepción de este retorno responden más bien a otra clase. Dejémos a Borges hablar,que se lo explicará mejor que yo:

Uno de los rasgos diferenciales de la novela picaresca -el Lazarillo de Tormes, El Gran Tacaño, el admirable Simplicissímus de Grimmelshausen, el Gil Blas- es que su héroe suele no ser un pícaro, sino un joven candoroso y apasionado que el azar arroja entre pícaros y que acaba por habituarse (con inocencia) a las prácticas de la infamia. Las novelas de Evelyn Waugh, Decline and Fall (1929) y Vile Bodies (1930), corresponden exactamente a ese canon.

Esta exposición es de una nota fechada el 21 de enero de 1938 (reparen en que es anterior a Retorno a Brideshead) y que continúa con una breve pero jugosa reseña sobre el autor.

Evelyn Waugh nació en Londres a fines de 1903. Es de familia literaria: su padre ha sido director de la famosa casa editorial de Chapman y Hall; su hermano, Alec Waugh, es asimismo autor de novelas y de libros de viajes. Evelyn se educó en Londres y en Oxford. Una vez recibido, dedicó «tres meses al estudio fundamental de la pintura al óleo y dos años a los rudimentos de la carpintería». Luego fue maestro de escuela. En 1928 publicó su libro inicial: una biografía crítica del ilustre pintor y mejor poeta Dante Gabriel Rossetti. En 1929, Decadencia y caída; en 1930, Cuerpos viles. Son dos libros irreales, divertidísimos: si a alguien se parecen (lejanamente) es al Stevenson irresponsable y magnífico de Los percances de John Nicholson y de las Nuevas mil y una noches. Otros libros de Waugh: Rótulos (notas de un viaje por el continente de Europa), de 1931; Swift, biografía crítica, 1935; Vida de Edmund Campion, 1936.
Evelyn Waugh ha declarado: «Distracciones: comer, beber, dibujar, viajar, calumniar a Aldous Huxley. Odios: el amor, la buena conversación, el teatro, la literatura, el principado de Gales.»

No me pidan que les enjucie Retorno a Brideshead. Como quedó claro en una discusión con nuestra Corsaria favorita, hay cosas que forman tanto parte de la vida de uno que se pierde la capacidad de discernimiento sobre ellas. Yo sé que seguiré retornando eternamente a ella, y disfrutando mucho, pero no sabría decirles por qué.