10 de marzo de 2005

Ficciones

Los que se atreven a bucear entre los comentarios de este blog poco nuevo van a encontrar hoy. Ya saben que llevo desde ayer intentando averiguar por qué no consigo acceder a determinadas direcciones entre las que se cuentan todas las alojadas en bitacoras.com. La compañía telefónica, fiel a sus tradiciones, me dice que ellos conectan perfectamente, cosa que ni me resuelve nada, ni me aporta nada que no supiera ya (se ve que les cuesta entender que el problema es que YO no conecto, no que ellos conecten). Todo ello depués de hacerme probar veinte mil chorradas, como desactivar el firewall. Han llegado a pedirme que desinstale el XP SP2 porque ‘da problemas de conectividad’ (cuando lleva instalado en esta máquina desde el 30 de octubre de 2004 sin darme ningún ‘problema de conectividad’). Bitacoras.com, por su parte, todavía no se ha dignado a contestarme a los dos correos que les envié preguntándoles si la IP de mi (maldito) proxy estaba bloqueada en su servidor. Parece una novela, ¿verdad? Pues hablemos de eso, de ficciones, que estas ‘realidades’ me traen por la calle de la amargura.

Cierto caballero, a través de intermediario, me ruega el intento de dedicar parte de mis escasas energías a la ficción. Es todo un halago o más bien dos. El primer halago consiste en creerme capaz de producir ficción de cierto interés. El segundo, en creer que los legendarios héroes de las rebajas que les presenté hace tiempo o la ceremonia de entrega de los premios OSEA del otro día son piezas documentales y no, como otros suponen, personajes y obras de ficción.

Creo recordar haber leído en un libro que no puedo consultar hasta que la misteriosa Ikoki no tenga a bien devolvérmelo (me conformo con que sea ella quien lo consulte y nos saque de dudas), dudo sobre si en referencia a Borges o a Bioy, que el ‘miedo a la literatura’ le había llevado a aproximarse a ella ‘de forma oblícua’. No es raro que la ansiedad de la influencia se transforme en simple parálisis y uno intente librarse de ella recurriendo a todo tipo de disfraces (tengan claro que hablo de disfraces ante uno mismo; disfraces que permiten decirse: ‘no, esto no es literatura’).

De ficciones les he hablado aquí muchas veces. Los relatos de Ambrose Bierce bien pueden considerarse un genuino ‘Ficcionario del Diablo’. Hemos visto también ficciones que más bien son ‘dicciones’, como aquella Duración del Tiempo de Cabrera Infante. Ficciones tituló Borges una colección que incluye tantos títulos memorables que sólo enumerarlos desalienta a cualquier aspirante a escribidor. ¿Qué añadir a semejante catálogo? Fue Augusto Monterroso el que contó entre los beneficios de conocer a Borges el dejar de escribir.

Pero en mi respuesta a la amable invitación a que me referí al comenzar este escrito se me ocurrió decir que quizá un blog, este blog, podía ser un buen lugar para intentar de nuevo un ejercicio de ficción, habida cuenta de la falta de respeto continua que tiene hacia las letras. Poca ansiedad de la influencia puede haber por aquí, aunque alguna hay. La blogosfera se está llenando de experimentos literarios. Para la mayor parte el ‘formato blog’ es simplemente un medio. Para otros menos el ‘formato blog’ es EL medio. Es el propio blog el que constituye una obra de ficción. Ya les he hablado aquí del maestro del género, don Hernán Casciari (al que llevo un par de días sin poder leer por culpa de esa batalla que me traigo y en la que los principales sospechosos son los proxy de telefónica).

El caso es que mientras decido si concederme una nueva oportunidad con la ficción, me parece oportuno dejar aquí constancia de un pequeño asunto: ayer se organizó en los comentarios un infantil (como bien certificó la señora Rus) experimento literario que paso a exponerles a todos aquellos sin ánimo suficiente como para adentrarse en la terrible jungla que formamos casi a diario en Haloscan. La cosa es muy simple, escribir un relato colectivo entre todos los participantes. Frase a frase. Uno a uno y una a una. Rápidamente improvisamos un conjunto de reglas que me he permitido modificar ligeramente (el reglamento de ayer me autorizaba a hacerlo) y que les presento a continuación (ampliación del plazo de inscripción incluida, que somos pocos todavía y esto tiene más gracia cuantos más seamos, anímense):

1. La I Narración colectiva ‘Emergency Exit’ está abierta a la participación de todo aquel que desee hacerlo sin distinción de sexo, nacionalidad, raza, estado civil, religión, orientación sexual, características antropométricas, desequilibrios psíquicos, enfermedades infecto-contagiosas padecidas y demás factores discriminantes.

2. Participarán en la redacción todos aquellos que lo hayan solicitado a través de un correo electrónico a la dirección stultorum(arroba)gmail.com antes de las 22:00 horas del día 11 de marzo de 2005.

3. La lista de participantes se hará publica una vez cerrado el plazo de admisión. En dicha lista sólo constarán los ‘nicks’ de los participantes. Toda otra información personal (direcciones de correo, color del pelo, ausencia del mismo, existencia de halitosis, etc.) no se hará pública en ningún caso.

4. La redacción se realizará mediante un sistema de turnos. En cada turno, cada participante deberá incorporar una única frase como continuación de lo escrito hasta el momento. Sólo se admiten frases al final, no intercaladas.

5. El orden de intervención de los participantes en cada turno será variable y se establecerá, de forma secreta, mediante un procedimiento aleatorio. Con ello se pretende evitar que sea posible identificar al autor cada frase.

6. La gestión operativa de todo el proceso corresponde a Eduardo que queda nombrado Gran Maestre de esta extraña secta.

7. Al inicio de cada turno el Gran Maestre enviará el documento maestro al primer participante, que tendrá la obligación de devolverlo con una nueva frase en un plazo máximo de 24 horas. Seguidamente se reenviará el documento a siguiente participante.

8. Superado dicho plazo de 24 horas sin recibir contestación, se saltará el turno del participante y se remitirá el fichero al siguiente participante.

9. Corresponde resolver cualquier conflicto no contemplado por estas reglas al Gran Maestre, cuyas decisiones serán inapelables.

10. El Gran Maestre se reserva el derecho de modificar las reglas o introducir algunas nuevas, que para eso es Gran Maestre. En resumen, que se reserva el derecho de hacer lo que le venga en gana sin tener que dar explicaciones a nadie.

Y hasta aquí la idea. ¿Qué les parece? No sé si saldrá algo presentable, pero seguro que lo pasamos bien, que es a lo que venimos aquí, ¿no? Y ahora les dejo que tengo que seguir batallando para ver qué demonios pasa con los proxys, que me tienen sin Casciari, sin Wally, sin el navegante Javier y muchos otros. Si alguien entiende de estas cosas y tiene buen corazón, sabré agradecerle su ayuda.