14 de marzo de 2005

Sindicalistos

Me señala el señor Aquende que el asunto de hoy ya ha sido tratado por el señor Pérez Reverte. Poco más puedo añadir a lo que éste ya ha escrito, pero poco no es nada. Sé que la mayor parte de lo que voy a dejarles hoy aquí ya ha sido escrito o dicho por manos o voces más adelantadas (en todos los sentidos) que las y la mía, pero no puedo resistirme a tratar cuestión tan trascendental. Como saben, hace unos días, concretamente el ocho de marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Con motivo de tan discriminatoria celebración (hacia las mujeres no trabajadoras, claro) el sindicato español Comisones Obreras lanzó una ‘campaña de comunicación no sexista’ con el objetivo explícito de ‘hacer visibles a las mujeres en nuestro lenguaje cotidiano’. Alguien debió explicarle a Claude Rains y con mucha mayor razón por el hecho de ser mujer, a Virginia Bruce, que hacerse visible sólo era cuestión de palabras y no hacía falta recurrir a envolverse en una venda. Pero en fin, más vale tarde que nunca y siempre son de agradecer tan altruistas iniciativas.

Por lo que se ve existe un extraño género de políticas llamadas ‘políticas de género’ a las que este sindicato dedica toda una secretaría que, con la loable intención de sacar de la invisibilidad a las mujeres, ha editado este curioso díptico. Como ven arranca con una contundente declaración de principios (¿o tal vez es una petición de principio?).

La utilización del género masculino como sinónimo de neutro y comprensivo de hombres y mujeres, no solo es un error cultural impuesto en los tiempos, sino un vehículo de transmisión de valores y conductas de dominación y ocultación de las mujeres en la vida cotidiana, social y laboral.

Dejemos de lado las inquietantes preguntas que esta redacción sugiere, como ¿qué tiempos son ‘los tiempos’ en que se impuso ese ‘error cultural’? El caso es que, siguiendo la moda de estos tiempos (¿‘los tiempos’, quizá?) que corren, a ninguno de los autores (autoras y autoros) de este documento se les ha pasado por la cabeza la necesidad de argumentar semejante afirmación. Yo tengo mis dudas de que sea cierta, aunque claro, yo tengo dudas sobre casi todo. Pero ni siquiera a Platón se le habría ocurrido confundir las palabras con las cosas y estoy seguro de que los mecanismos de la ideología son algo más sutiles de lo que estos tarugos (o tarugas, o tarugos y tarugas) suponen. Hay que ver lo bien que están los negros en norteamérica desde que los llaman afroamericanos (de hecho, no acabo de entender por qué la población blanca no se toma la revancha y reclama que se les denomine euroamericanos para disfrutar de las maravillosas virtudes de las palabras). Pero no es de esto de lo que quería hablarles hoy, que tengo tendencia, como los monos, a irme por las ramas. Si siguen leyendo el díptico podrán comprobar que estas ‘personas humanas’ pretenden transmitir valores y conductas de igualdad ‘manteniendo la máxima claridad y legibilidad’. Ya que su objetivo es este, me permito, en su honor, expresarlo de forma más clara y legible: ‘Hablar claro sin ser sexista o sexisto’.

Con tan noble objetivo presentan una hilarante lista de recomendaciones. Pero no se dejen llevar por la risa. También incluye consejos muy sensatos como ‘usar el femenino cuando se necesite’. Fíjense si hay sexistos por ahí, que incluso cuando necesitan el femenino se empeñan en no usarlo, como aquel aldeano vasco que tras librarse de caer por un precipicio agarrándose a una rama exclamó: “grasias a Dios no, grasias al rama, que a Dios ya se le veía el intensión”. Reconozcan que la cosa es intolerable, este hombre es responsable de siglos y siglos de invisibilidad y/o dominación que están prestos a desaparecer gracias a iniciativas como esta. Repasemos un poquito estas recomendaciones para entender (claro y legible) de qué hablamos:

1. Sustituir la terminación o/a, utilizando términos comprensivos de hombres y mujeres.

Esto, dicho claro y legible como se pretende, viene a ser acabar de una vez por todas con el género gramatical. Me imagino que la cosa se limita a los términos que se refieren a personas y que ‘LA silla’ seguirá siendo femenino pero podrá incluirse entre ‘LOS muebles’. Tampoco estoy muy seguro, porque siempre alguien podrá molestarse por el hecho de que una silla, concretamente LA silla eléctrica, al igual que LA horca, LA hoguera, LA cámara de gas o LA inyección letal, sean femeninos (miren por donde, aquí debía haber poco sexismo cuando se inventó EL garrote vil).

Así, a bote pronto, prescindir del género gramatical puede parecer complicado pero no se preocupen que estos muchachos han pensado en todo. Por ejemplo, con las profesiones basta con anteponer la expresión ‘profesionales de’ al sustantivo que se refiera a su especialidad. Gracias a esto ‘los bomberos’ pasan a ser ‘profesionales del servicio de extinción de incendios’ (parece ser que ‘profesionales de las bombas’ no servía aunque sean éstas las que se usan para bombear agua en la exitinción de los incendios, que el cubo se ha quedado muy desfasado), y ‘los asesinos a sueldo’ pasan a ser ‘profesionales de la extinción de personas’. No sé muy bien qué se gana con ello toda vez que la palabra ‘profesional’ es masculina.

2. Emplear nombres colectivos genéricos en vez del masculino

Aquí tienen el complemento ideal de la recomendación anterior. Si antes ‘los profesores’ pasaban a ser ‘los profesionales de la enseñanza’, nos ofrecen ahora la oportunidad de referirnos a ellos como ‘el profesorado’. Esto ya es más difícil de aplicar con generalidad. ¿Cómo podríamos hacer con ‘los carniceros’, por ejemplo? ¿’la carnicería’ tal vez? ¿acaso ‘el carnicerado’? Tampoco se alarmen, no se trata de que una regla valga para todo. Para todo han de valer en su conjunto.

3. Generalizar la utilización de abstractos

He de confesarles mis limitaciones. No acabo de entender qué se quiere recomendar con esto. Es demasiado abstracto para mi. Supongo que se refiere, leyéndo en su literalidad, a que hay que hablar utilizando al máximo sustantivos abstractos, es decir, aquellos que no designan una realidad material. Esto al menos casa bien con el tono general del díptico, andarse por las nubes y no atacar los problemas concretos.

Pero quizá se refiera a esa extraña afición por la sustantivación que los alemanes han conseguido llevar hasta el paroxismo. Para decir que este es un consejo bueno habría que decir que ‘ha sido bendecido por la bondad’. No crean que existen problemas para utilizar esta regla a la hora de referirse a objetos materiales. La gran metafísica alemana nos ha enseñado que para decir ‘esto es una mesa’ puede ser suficiente con aclarar que ‘este objeto presenta todas las características que definen la mesidad’. Una vez más las mujeres se vuelven visibles y además se logra una claridad y legibilidad con la que no podíamos ni soñar cuando éramos prisioneros de la ideología machista

4. Evitar el uso del masculino para referirse a oficios cuando los desempeña una mujer: la médica, la autora...¡Es correcto!

Como bien señala el señor Martíz Reverte, en realidad no sabemos de nadie que haya utilizado jamás la expresión ‘la autor’ (nuestro aldeano vasco habría dicho ‘el autora’, en genuina aplicación de lo que la Real Academia de la Lengua llama ‘concordancia a la vizcaína’). Se está generalizando el uso de ‘jueza’ sin que nadie se haya planteado que exige la correspondiente utilización de ‘juezo’ en caso necesario. Por supuesto un ‘electricista’ debiera ser un ‘electricisto’ (porque ‘profesionales de la electricidad’ abarca muchas otras profesiones) y sin duda, ¿se habrán dado cuenta?, es necesario hablar de ‘sindicalistos’, pero que muy ‘sindicalistos’.

Sinceramente no acabo de ver por qué decir ‘la médico’ contribuye a la ocultación de las mujeres (qué decir de la ‘dominación’ de las mujeres). Tan correcto (con y sin admiraciones) es decir ‘la médica’ como ‘la médico’ salvo que uno se refiera a las guerras médicas (y no a los guarros médicos). Pero qué pensar cuando entre los ejemplos se nos sugiere sustituir ‘Notario’ por ‘Notaría’ (es decir, por recordar lo de antes, ‘carnicero’ por ‘canicería’ y ‘carnicero del lenguaje’ por ‘carnicería del lenguaje’).

5. Omitir los sujetos colectivos masculinizados para referirise a las mujeres o grupos que las incluyan, cuando resultan implícitos en la frase: ‘Como sabéis...’, omitiendo el ‘vosotros’.

Utilizar un sujeto masculino para referirse a un grupo compuesto exclusivamente por mujeres ha sido una clara incorrección incluso en los tiempos en que las mujeres han resultado más invisibles que nunca. Imagino que, de nuevo, la cosa va por esta extraña obsesión por negar que el género (gramatical, eh, gramatical) masculino pueda referir a un colectivo genérico (no puedo evitar recordar aquí el caso de aquella señora llamada Kellerman que consiguió cambiarse el nombre a Kellerperson porque le resultaba sexista).

Pero lo que se nos recomienda es que omitamos el sujeto, fíjense bien. Que no le gusta una palabra, pues se la calla y santas pascuas. En vez de decir ‘como vosotros sabéis’, se dice ‘como sabéis’ y ya está. Parece que no se han parado a pensar que el sujeto de la frase, a pesar de estar omitido, sigue siendo masculino y, por tanto, sigue provocando la ocultación y dominación de la mujer. La trampa está en no acabar las frases, que habitualmente exigen la concordancia de género entre sujeto y predicado. Por mucho que me calle el ‘vosotros’ en ‘vosotros estáis contentos’, no puedo escaparme de usar un adjetivo masculino. Pero estén tranquilos, que este problema tiene solución más adelante.

6. Sustituir el uso de participios masculinizados por el empleo de fórmulas gramaticales genéricas o impersonales: ‘los seleccionados’ por ‘las personas objeto de selección’.

Este sí que es bueno. ¿Qué les parece este ejemplo?: los ‘afectados’ por las ‘personas objeto de afectación’. Porque afectación en el hablar es lo que resulta de estas reglas. Como sigan así van a conseguir que hablemos como los políticos, cada vez más preocupados por la ‘ciudadanía’ y menos por ‘los ciudadanos’ (genérico que, aunque no se quiera, abarca a las ciudadanas).

7. Emplear ambos géneros cuando no resulte posible la utilización de un término genérico.

Les prometí una solución para el caso número cinco y aquí la tienen. Si recuerdan, no teníamos fórmula válida para ‘Vosotros estáis contentos’, porque ‘estáis contentos’ incluía el adjetivo masculino. Pues hala, a gastar papel o saliva, ‘estáis contentos y contentas’ (esto también es incorrecto por lo que se verá en la regla siguiente). Además gracias a ello se hace innecesario omitir el sujeto. ‘Vosotros y vosotras estáis contentos y contentas’. Legibilidad y claridad ante todo; y estilo, mucho estilo.

8. Anteponer el femenino con terminación en a/as al masculino o/os para referirse a ambos géneros, cuando resulte necesario emplearlos. ¡Es correcto! Las primeras son anteriores en nuestro orden alfabético.

Habría que tener en cuenta que cualquier día nos puede salir alguien con que el orden alfabético es un ‘error cultural impuesto en los tiempos’. Al fin y al cabo no es más que una convención. Pero bueno, si de lo que se trata es de hablar por orden alfabético, pues vale. Yo no tengo ningún problema con ello. Cavafis debería haber antepuesto los Cíclopes a los Lestrigones. Con las traducciones la cosa se torna a veces complicada, porque ‘Ser o no ser’, en correcto orden alfabético en el original inglés, debiera traducirse como ‘No ser o ser’ en español. Pero si la causa es noble...

De todas formas me parece que los promotores (promotoras y promotoros) de este panfleto no se han planteado gran cosa el asunto de la concordancia de género, porque si la cosa se aplica hasta sus últimas consecuencia la frase más sencilla se puede convertir en un infierno tanto para el hablante como para el oyente. Algo como: ‘Los ciudadanos españoles están contentos por haber sido escuchados por los políticos que han sido elegidos por ellos mismos’, se transforma en: ‘Las ciudadanas y los ciudadanos españolas y españoles estan contentas y contentos por haber sido escuchadas y escuchados por las políticas y los políticos que han sido elegidas y elegidos por ellas y ellos mismas y mismos’. ¿Realmente creen que podrían soportarlo?

Y todo esto por confundir ‘género’ con ‘sexo’. En fin, por documentarles les señalo que en aquella famosa reunión de Pekin de 1995 se alcanzó un amplio acuerdo para utilizar la palabra ‘género’ (‘gender’ en realidad) en lugar de ‘sexo’ para referirse al sexo. La cosa tuvo éxito (una vez propuse utilizar la palabra ‘lamelibranquio’ en lugar de ‘gnoseología’ para referirse a la gnoseología y, sin embargo, no tuve tanto éxito). El fundamento de tan peregrina sustitución era que se trataba de incorporar al término los ‘roles culturales’ cuando la palabra ‘sexo’ en español ya los incorpora. Por estos pagos, la cosa contó con la oposición de la Real Academia de le Lengua como pueden comprobar en este informe y desató las iras de los colectivos feministas más encendidos.

No entraré en este debate aunque aportaré algunas cosillas que se les escaparon a los señores Académicos (quizá simplemente no se atrevieron a caldear más el ambiente). Por ejemplo, como saben, ‘género’ en el comercio se utiliza para designar la mercancía. Es decir, que ‘género femenino’ también es expresión correcta si es utilizada por proxeneteas y tratantes de blancas (u otros colores y razas). Por otra parte ‘género’ también es sinónimo de ‘tela’ por lo que para calificar este debate lingüístico puede ser correcto decir ¡Vaya género! Y por último, no puedo dejarme aquí un calificativo muy habitual durante mi infancia y correctísimo desde el punto de vista lingüístico, y es que hay muchos que son del ‘género tonto’.

No lo olviden. Si algún día pasan por un restaurante japonés (en otros quizá no funcione) y quieren comer algo, díganle al camarero que les sirva alga. Todo sea por la visibilidad de las mujeres.

ACLARACIÓN PARA MENTES ESTRECHAS: Con nada de esto pretendo negar la situación de discriminación de la mujer en nuestra sociedad, ni frivolizar con ella, ni oponerme a nada que redunde en beneficio de la igualdad de sexos. Simplemente, se lo digo con toda sinceridad, no creo que la estupidez pueda servir para resolver ningún problema. La ocultación de los problemas es más fruto que consecuencia de la ocultación de las palabras, que es lo que se pretende con el llamado ‘lenguaje políticamente correcto’, mirar para otro lado. Puedo asegurarles que cuando uso un sustantivo genérico (comprensivo de hombres y mujeres, como les gusta decir) cuyo género gramatical es masculino por mi cabeza jamás se pasa la más mínima idea de exclusión. Sólo quien piensa que al decir ‘los profesores’ se excluye a ‘las profesoras’ es sexista. Y yo, créanme, sólo soy sexista (o sexisto) en la cama si prefieren un sustantivo femenino, o en el lecho si lo prefieren masculino.

Informe sobre la Narración Colectiva

En un incomprensible gesto de comprensión sin precedentes, la comisión reglamentaria aceptó ayer la sustitución de un adjetivo, así como la eliminación de una cacofonía. Se pone en conocimiento de los participantes que en estos momentos se encuentra estudiando la subsanación de un error de concordancia de número. Por lo demás, el proceso sigue su curso sin mayores contratiempos.