11 de abril de 2005

El no-autor se explica

Les he dicho tantas veces que no me tomen en serio que ya me da cierto apuro repetírselo. El señor Peluche, con su ciencia habitual recomienda hacer lo mismo con el señor o señores Borjamari que tantas pasiones levanta o levantan. En mi último post, abundando en ello, amplié la recomendación o, si quieren, el ruego a todos los demás: les invité a no tomarse en serio ningún blog. No se me ocurre actitud más saludable a la vista de lo que se va viendo o leyendo. El señor Arellanos se quedó boquiabierto con lo que denominó, con todo acierto, ‘telenovela blogosférica’. No me extraña. Es para eso y más. Un tocayo mío de Chile (donde mi apellido tiene más connotaciones que en ningún otro sitio) andaba igual de sorprendido. Y eso que el asunto es ciertemente recurrente. Si se pasean, por poner un ejemplo, por el sensato blog de la Ceci tendrán noticia de un cruce de opiniones relativamente relacionado con la cuestión.

Sartre dijo una vez que escribía para gustar a las mujeres. Probablemente tras la pretensión de epatar se escondiera un fondo de verdad. ¿No buscamos el aprecio o el reconocimiento de los demás en todo lo que hacemos? Dios me libre de pontificar sobre las razones que pueden llevar a alguien a abrir su blog. Cada cual tendrá las suyas, como don Iñaki García para sus aspavientos. Las habrá más o menos confesables y más o menos inconfesables. Las habrá más o menos realistas y habrá quien pretenda, como Sartre, gustar a las mujeres o a los hombres (quizá por eso tantos blogs desparezcan tan rápidamente, sólo duran el tiempo suficiente para comprobar que no sirven para ligar). Les confieso que soy de la opinión de que en realidad nadie sabe por qué escribe y, en consecuencia, nadie sabe por qué mantiene un blog.

Lo mejor que uno puede hacer es aparcar ese tipo de preguntas y seguir adelante. ¿Acaso no recuerdan las insufribles primeras lecciones de cualquier materia? Me refiero a aquellas que tratan sobre qué es la filosofía, la estadística, la historia, la química o cualquier otra cosa. ¿Les aportó algo alguna de ellas? Dejen el onanismo mental para quien tenga mejores facultades y, si tienen blog, dedíquense a escribir. Si no lo tienen, dedíquense a leer los de otros. O mejor todavía, tengan o no blog, dedíquense a cosas de mayor y mejor provecho que las hay y muchas.

Pero si siguen ahí después de haber leído esto y mientras esta pelota sigue creciendo montaña abajo, aprovecharé su visita para ‘explicarme’ un poco más y de paso exponer alguna que otra opinión al respecto de ciertos asuntos de actualidad que tienen que ver con todo este embrollo. Ya conocen mi opinión sobre los blogs así que esta pretensión es equiparable a una de las más patéticas acciones que pueden acometerse en esta vida, explicar un chiste que no ha sido comprendido. Espero que las musas impidan que ustedes entiendan algo.

Empecemos por el principio. Un Ex-superhéroe mediático cuyos fragmentos tuvieron a bien pasearse por aquí me comunicó que, con respecto a las licencias Creative Commons, hacía ‘una interpretación justamente contraria a su espíritu’. Puede que me explicara mal así que vuelvo a hecerlo ahora. No tengo nada contra las licencias CC. De hecho tengo mucho a su favor. Creo que son un instrumento fundamental para dejarse de estupideces muy enquistadas en la llamada ‘industria cultural’. Yo sólo dije que su multiplicación es una forma artificiosa de conceder una importancia excesiva a lo que, en la mayor parte de las ocasiones, no es más que una simple conversación de bar trasladada al ‘ciberespacio’. Y lo mantengo.Si se molestan en echarle un vistazo a las condiciones de una de esas licencias aquí, comprobarán que la ‘obra’ que protege se define como ‘creación literaria, artística o científica’. Mi afirmación se basa, simplemente, en el hecho contrastable de que la mayor parte del contenido que uno se encuentra con ‘protegido’ por el logotipo de CC difícilmente encaja en alguna de esas categorías.

Vuelvo a decirlo a ver si se me entiende: que cualquier chorrada escrita se considere una ‘creación literaria, artística o científica’ es aberrante. Créanme que sé de lo que hablo. Al fin y al cabo me gano la vida vendiendo el contenido de mi cabeza. Pero me resulta imposible considerar estas excrecencias que aquí les suelto (casi) a diario como creación artística, literaria o científica. El señor Piezas me informó de que por lo visto y de acuerdo con la legislación ‘si no se pone aviso sobre los derechos de autor, ello significa que se reservan todos’. No soy abogado ni entiendo de leyes nada que no entienda cualquier otro modesto sufridor de las mismas. Si es así, les hago saber a todos que un servidor no se reserva ningún derecho sobre estas garambainas. Hagan con ellas lo que quieran. Imprímanlas y ya tendrán algo con que envolver el bocadillo. Copienlas y preséntenlas al concurso de redacción de su ayuntamiento; quedarán los últimos pero seguro que pasan un buen rato. Yo tengo muy claro cuándo algo que sale de mis manos puede considerarse un trabajo de creación y estas ‘Salidas’ de apresurada redacción no lo son. Como (casi) todos los blogs. Y eso es lo que llamo ‘concederse artificiosamente importancia’: considerar que cualquier cosa es o puede ser una creación artística, literaria o científica. ¿De verdad creen que el contenido mayoritario de los blogs se parece remotamente a cualquiera de esas tres cosas? Entre las múltiples significaciones del título que le dí a este blog se cuenta la acepción de ‘salidas’ como ‘ocurrencias’. Sinceramente, pretender proteger toda ocurrencia por los derechos de autor me resulta a todas luces excesivo. Estas son cosas que conviene tener claras cuando se pretende ‘liberar la cultura’ o ‘perseguir la piratería’.

Ya sé que no suelen perdonarme que les traiga encuestas por aquí, pero es que no salgo de mi asombro. Hace unos días tuvimos ocasión de disfrutar de la señora Calvo y el señor Bautista en amor y compañía presentándonos los prodigiosos resultados de su macroencuesta sobre ‘hábitos culturales’. Pero es que esta fascinante ‘Fundación Autor’, que no para de hacer encuestas, también echó un vistazo a la otra cara de la moneda y no acaban de encajarme muy bien las cosas: Resulta que la gran mayoría de los ‘autores’ no sólo cree que la sociedad española no presta atención a la cultura, sino que, además, el 84,5% de los mismos piensa que las distintas administraciones públicas prestan poca o niguna atención a la cultura.

Ya me explicarán. Todo el día tomando té con pastas en el ministerio y planeando y planificando sus planes para luego ofender a la mano que les da de comer (ya que la otra mano, la del público, es tan insolidaria). Estos chicos son de lo que no hay. Y mientras tanto, toda una legión de bloggers pretendiendo convertirse en ‘autores’. Para echarse a temblar. A mí, como a cualquier no-autor, me encontrarán silbando con las manos en los bolsillos y echando pestes de la cultura, que, por lo que se ve, sólo sirve para llenarlo todo de mierda. Confío en que no hayan entendido nada.