2 de abril de 2005

Encuesta, que algo queda

Ya sé que hoy es sábado y quizá unos cuantos esperen asuntos náuticos, viajeros exóticos y cosas por el estilo. Siento defraudarles, pero no me sale hablar de otra cosa que de la fantástica ‘Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2002-2003’ que el señor Aquende tuvo a bien señalarnos ayer y cuyos principales resultados pueden consultar en la nota de prensa que el Ministerio de Culturas Varias (MCV, de nuevo, como en la Biblioteca de Babel, ¿será coincidencia?) hizo pública el pasado treinta y uno de marzo. Que comiencen los fuegos artificiales, que suene la música, celebremos de una vez por todas que esto es jauja.

Esta prodigiosa encuesta es ‘fruto de la colaboración’ entre dos instituciones: el MCV antes mencionado y aquella ‘cuadrilla’ de la que hablábamos ayer, presente a través de una de sus múltiples manifestaciones, la ‘Fundación Autor’. Para qué sirve un ‘Ministerio de Culturas Varias’ es cosa que se me escapa. No puedo, por tanto ilustrarles sobre las claras, oscuras o claroscuras intenciones que pueden moverle a hacer lo que hace. Por el contrario, la ‘Fundación Autor’, ha tenido a bien explicarnos en su página web que es una ‘institución esencial para el apoyo a los creadores’. Modestos los chicos (o ignorantes de lo que ‘esencia’ significa, quién sabe). La propia ‘cuadrilla’ cuenta entre sus objetivos ‘investigar los datos y hábitos del consumo cultural’.

De tan esenciales y altruistas objetivos y, gracias a su fidelidad ‘a la tradición solidaria del sector’, provienen estos lodos. No queda otro remedio. Estos señores se han gastado nada menos de seiscientos mil euros en realizar una ‘macroencuesta’ que nos permita saber cuánto tiempo escuchamos la radio los españoles o si nos gusta más la ópera que la zarzuela. Algo tendrán que hacer con ese cánon que tanto nos gusta pagar por el bien de las culturas varias.

Es posible que alguien se haya escandalizado por el coste de la operación. Estos escándalos conviene matizarlos. Entre los oscuros secretos y esqueletos en el armario de un servidor se cuenta el haber diseñado y dirigido un buen número de encuestas y estoy en condiciones de confirmarles que la información cuesta dinero. Bastante más de lo que suele suponerse. Basta con tener en cuenta que, al margen de los costes fijos de diseño, explotación y análisis, por regla general, debe remunerarse a un amplio grupo de agentes entrevistadores que además, cobran dietas por desplazamiento. Multipliquen el tamaño de la muestra por su propia estimación de ese coste y ya verán como las cifras empiezan a elevarse.

Por esta razón, una gruesa pero reveladora aproximación a la realidad de cualquier estudio estadístico es dividir su coste por el tamaño muestral. En otras palabras, ¿cuál es el coste final de cada entrevista? En este caso es muy sencillito, aproximadamente cincuenta euros (más de ocho mil trescientas pesetas) por entrevista. Sin conocer las características del estudio no es posible valorar si este precio es alto o bajo. Hay cuestionarios muy complejos, que exigen agentes entrevistadores muy cualificados que, además, deben realizar varias, en ocasiones muchas, visitas al entrevistado para obtener una respuesta válida y completa. Podría ser este el caso. A mí, de todas formas, me da en la nariz que no. Los resultados que se nos han ofrecido tampoco sugieren un cuestionario muy complicado (¿Tiene usted reproductor de CD? y cosas así, no se vé mucho más). Más bien tiene toda la pinta de que alguien ha ganado mucha pasta con esta cosa cultural. Pero dejemos este asunto, que es laberinto de muy dificultosa salida.

Como todos saben, andamos sepultados por millones de ‘encuestas’ en las que se interroga a las personas sobre los asuntos más inverosímiles. La cosa ha llegado a tal punto que cualquier periodistilla armado con un micrófono y asaltando viandantes puede llegar a creer que lo que hace son ‘encuestas’. Por esta razón, se ha puesto de moda un método infalible para probar la ‘seriedad’ de las informaciones que nos proporcionan los distintos medios e instituciones. La maravillosa ‘ficha técnica’. Toda encuesta que la presente queda tocada de forma inmediata por la bendición de los dioses. La ‘ficha técnica’ de esta encuesta es la siguiente:

Periodo de referencia: Abril 2002 – Marzo 2003
Ámbito: Población de 15 años en adelante
Tamaño de la muestra: 12.180 personas
Error de muestreo: ±1%


A ver si nos entendemos. La ‘ficha técnica’ no garantiza nada, simplemente ofrece información que ayuda a interpretar los resultados de una operación estadística. Con una ficha como la que nos han dado (nada diferente de las que suele publicar la prensa, por cierto) poco podemos saber de esta encuesta. Tan sólo lo siguiente:

  • Doce mil encuestas a lo largo de todo un año, sale a unas mil encuestas mensuales. Es decir, que tampoco se han deslomado trabajando. Supongamos que se ha hecho así para eliminar ‘estacionalidades’ (la gente puede tener mayor tendencia a determinados ‘consumos culturales’ en verano que en invierno, en vacaciones que en periodo laboral).


  • Si el periodo de referencia se cierra en marzo de 2003 (es decir, en ese momento se realizaron las últimas encuestas), estos genios han tardado nada menos que dos años en grabar y explotar toda esa información. Ya me gustaría a mí que me dejaran trabajar con esos plazos.


  • El error de muestreo es una magnitud inútil si no se pone en relación con el nivel de confianza, que en este caso brilla por su ausencia. En todo caso, a la vista del tamaño muestral y conociendo aproximadamente el tamaño de la población es posible afirmar que se ha trabajado con un nivel de confianza bastante elevado y, en todo caso, superior al 97%.


  • El ‘ámbito’ de una investigación estadística no es nada. Ámbitos hay muchos. Puede hablarse del ámbito geográfico (esa población ¿es población española? ¿europea? ¿pobación urbana acaso? ¿vecinos del director de la encuesta?). Entiendo que con ese ‘ambito’ se nos quiere informar del ‘ámbito estrictamente poblacional’. Para hacer eso correctamente conviene aclarar cuáles son las unidades de análisis (por lo que parece, personas) y cuáles son las unidades de muestreo (que no tienen por qué coincidir con las unidades de análisis, el diseño de la muestra puede basarse, como imagino que será el caso al menos en primera etapa, en hogares y no en personas).


  • Al hilo de esto, nunca está de más ofrecer detalles sobre el diseño muestral: explicar cuál es el marco (es decir, de dónde se han seleccionado los hogares o personas que forman parte de la muestra), las principales características del diseño (si se ha estratificado y cómo, si se han establecido cuotas, etc.), los procedimientos de selección, y demás. Esto ayuda bastante a entender los resultados, especialmente si resultan tan sorprendentes como los de esta encuesta.


  • Por otra parte, nunca sobra ofrecer datos sobre el procedimiento de recogida de la información. ¿Se han visitado los hogares entrevistados? ¿Se trata de una encuesta telefónica? (Esto ayudaría también a interpretar el abultado presupuesto).


Personalmente procuro no valorar encuestas, especialmente las encuestas sociales, sin haber visto antes el cuestionario. Las palabras son muy traicioneras y la respuestas dependen mucho de cómo se haga una pregunta. No es lo mismo hacer una encuesta preguntando ‘¿Cree usted que la publicidad influye en los hábitos de consumo?’, que preguntando ‘¿Le influye a usted la publicidad en sus hábitos de consumo?’. A la primera pregunta el común de los mortales contesta que sí y a la segunda, que no (este caso es real, por cierto). A esto se añade la influencia de las particulares circunstancias en que se produzca la recogida de información. No hace muchos años, creo que fue la revista Cambio 16, se realizó una investigación sobre el comportamiento sexual del varón español. Un equipo de jovencitas minifalderas realizaron las entrevistas. Ya pueden imaginar el resultado. Suena el timbre. Don Otilio abre la puerta y se encuentra una muchacha en flor como no ha visto en años que le pregunta: Don Otilio, ¿Qué tal es usted en la cama?

No he conseguido consultar la publicación de este estudio. Cabe la posibilidad de que toda esta información que echo de menos conste allí. Analizar sus resultados sin mayor conocimiento de lo que se ha hecho no es más que hacer cábalas. Aún así, mañana colocaré aquí algunas reflexiones sobre los mismos así como sobre las reacciones de la prensa ante sus resultados. Disculpen la clase de estadística de hoy. Prometo no volver a hacerlo.

NOTA: Si insisto en llamar al Ministerio de Culturas Varias de esta forma es por tomarme en serio la declaración de esos bastiones de la(s) cultura(s) universal(es) que son Francia Brasil y España.