5 de abril de 2005

National Zoologic

Ante la pasión que despiertan los documentales de la 2 (no hay más que ver las recientes encuestas) me ha parecido oportuno emularlos en un post para deleite de los espíritus elevados que tanto abundan. No obstante, en honor a los lectores de allá, que no tienen por qué estar al tanto de ciertas miserias cotidianas en estas latitudes y longitudes, permítanme una breve introducción para aclarar mis intenciones.

Entre el reducido grupo de cadenas de televisión que emiten por aquí se cuenta una, de titularidad pública, que pasa por ser la cadena ‘cultural’, la que está a salvo de de la terrible decadencia y vulgaridad a que conducen las ciegas fuerzas del mercado. Supongo que esta idea se ha desarrollado por eliminación. A la vista de lo que emiten las demás, ésta parece el colmo de la fineza. Si salen a la calle a preguntar a los viandantes, una abrumadora mayoría les dirá que es su cadena preferida y en especial sus documentales. Las medición de audiencias no parece corroborar este hecho pero a nadie le importa este detalle, ni siquiera a nuestra ministra del ramo.

El caso es que desde que tengo recuerdos (iba a escribir ‘uso de razón’, pero sé que muchos de ustedes no lo hubieran admitido), justo después de comer, la 2 programa maravillosos documentales casi siempre de animales. La único que tienen en común es un narrador de relajada voz que facilita enormemente el sagrado y patriótico deber de la siesta. A veces toca un somnoliento león de la sabana africana, a veces es el laborioso escarabajo pelotero. Pinguinos, cangrejos, peces globo, pájaros carpinteros, lagartos electricistas, casi no queda especie animal que no haya gozado de sus cinco minutos de gloria en las sobremesas de la 2. Pero alguno queda. A esos animales que nunca han disfrutado del protagonismo de un documental dedicaré hoy estas líneas. Que duerman bien.

Les seré sinceros. Nunca he entendido por qué los animales les resultan tan útiles a los programadores televisivos que así vienen a resultarr justo los contrario de los taxidermistas. Si estos rellenan a los animales aquellos rellenan los huecos de la programación con animales. De todas formas es cierto que ‘los animales se parecen tanto al hombre que a veces es imposible distinguirlos de éste’. Algo de provecho podremos sacar de ellos más allá de chuletas, huevos, embutidos y demás.

Al igual que mi admirado Augusto Monterroso, hubiera querido contar con la ayuda de gentes tan cultivadas como don Eugenio Pereda Salazar, entomólogo, don Alberto Jiménez R.,domador y don Luis Reta, experto en costumbres de las aves nocturnas. Estoy seguro de que mi aportación de hoy habría ganado en calidad y rigor. Lamentablemente lo que hoy me ocupa son bestias diversas sobre las que es prácticamente imposible encontrar alguna autoridad académica. Habrá que conformarse con los escasos y dispersos testimonios con que contamos y dejar el resto a la imaginación, que siempre es buena aliada para estas cosas.

Quizá el más escurridizo de todos estos bichos es el Hidebehind. Jorge Luis Borges, haciéndose eco de la ‘jocosa mitología de los campamentos hacheros de Wisconsin y de Minnesota’, lo describe con estas palabras:

El Hidebehind siempre está detrás de algo. Por más vueltas que diera un hombre, siempre lo tenía por detrás y por eso nadie lo ha visto, aunque ha matado y devorado a muchos leñadores.

Del Hidebehind cabe decir lo que Quevedo afirmó sobre el basilisco, que quien diga haberlo visto miente (en esta vieja entrada, de cuando este blog era aún más informe de lo que hoy es, pueden confirmarlo). Comprenderán, por tanto, por qué tantos documentalistas han fracasado a la hora de filmar al Hidebehind. Una tradición afirma que al basilisco se le mataba con un espejo. Con el Hidebehind, sin embargo, la cosa resulta algo más complicada. Su naturaleza le obliga a estar siempre, como la Alicia de Carroll, detrás del espejo. De hecho, es el único ser viviente a salvo del basilisco, que mata todo lo que mira.

Otro interesante criatura es el Gul, una suerte de demonio que suele devorar a los muertos. Mr. Ambrose Bierce, nos refiere la siguiente historia, particularmente edificante e ilustrativa:

A comienzos del siglo XVI un gul fue arrinconado en la cripta de la catedral de Amiens. Y la población entera rodeó el lugar. Veinte hombres armados, encabezados por un sacerdote que llevaba un crucifijo, irrumpieron en la catedral y capturaron al gul, que con la idea de escapar mediante una estratagema, se había transformado en un conocido ciudadano; sin embargo fue colgado, arrojado al pueblo y descuartizado, en medio de execrables orgías del populacho. El ciudadano cuya forma había asumido el demonio se sintió tan afectado por el siniestro suceso que nunca volvió a mostrarse en Amiens, y su destino sigue siendo un misterio.

No existe noticia de avistamientos de gules posteriores a este y hay quién cree que se trata de una especie extinguida. Otras voces, por el contrario, coinciden en que todavía existen numerosos gules y que, si no se producen avistamientos no es más que por esa extraña costumbre que tienen de adoptar la forma de respetados ciudadanos. Recientes estudios asocian esta creencia con la lectura de las memorias de Sara Montiel.

Estas dos alimañas no agotan el catálogo. El libro de los seres imaginarios de Borges está lleno de ellas y ninguna, que yo sepa, ha dispuesto de su documental. Tenemos, por ejemplo el sueño de cualquier torero, el Kuyata, un toro gigante con cuatro mil orejas; el Simurg, pájaro inmortal que anida en el Árbol de la Ciencia y que Ramoncín lleva años persiguiendo inútilmente. Qué decir del catálogo de serpientes del desierto de Libia de la Farsalia de Lucano.

El caso es que si se están preguntando por las razones por las que estos fantásticos animales no aparecen en los documentales de la 2 y no les bastan las que ya les he dado, estoy dispuesto a proporcionarles la última y definitiva. Todos ellos ya aparecen a diario en las demás cadenas. Volviendo a Borges:

Descartes refiere que los monos podrían hablar si quisieran, pero que han resuelto guardar silencio, para que no los obliguen a trabajar.

Alguien debería transmitir esta idea a todos esos monos que aparecen fuera de los documentales de la 2, en los demás programas de las demás cadenas, a ver si, con la esperanza de dejar de trabajar, se callan de una vez.


Post Scriptum
Hace unos días, la corsaria Ana me instaba a escribir sobre las moscas. A la vista de que es un sabio consejo, prometo plantearme otro documental al respecto. Y ahora despierten, que ya acabó la siesta.