4 de abril de 2005

Persona y personaje

Sigo maravillado por esa extraña armonía que muestra el iniverso y que consigue el equilibrio en todo momento, incluso cuando más difícil parece. Después de que nuestra ministra nos hiciera saber lo mucho que se han ampliado las fronteras de nuestro progreso espiritual, repasando la prensa digital, me he encontrado con este titular. Confieso haberme tranquilizado bastante. Los suficiente como para retomar estas salidas en su línea habitual y dejarme de estadísticas, culturas varias, inculturas únicas y demás zarandajas.

Hoy, no obstante, tengo el día algo liado, la agenda algo apretada, el seso algo torpe y la mano un tanto inútil. En otras palabras, que no me veo en condiciones de alcanzar las grandes alturas filosóficas o literarias a las que les tengo acostumbrados y me voy a ver obligado, una vez más, a dejar la responsabilidad en manos de los grandes olvidados: esos visitantes que llegan aquí por caminos insospechados y que, en numerosas ocasiones resultan de lo más sugerentes.

No me dejaré engañar, de todas formas. Sabedor de mi afición por el coleccionismo de cadenas de búsqueda sorprendentes, el señor Aquende se ha molestado en llegar hasta aquí a través de unas cuantas de ellas (sírvales de ejemplo la siguiente: ‘prepucio de Bierce’) con ánimo de sorprenderme y, probablemente, de cosas peores. Dejen de intentarlo, desde que instalé el StatCounter registro la IP de toda búsqueda que llega hasta aquí. Que sean verdaderamente los olvidados los que nos alegren el día y ustedes dedíquense a lo suyo, a delirar en los comentarios.

Debe decirles, de todas formas que no siempre lo alegran. A veces traen graves alarmas. Esta misma mañana me he sobresaltado sobremanera al encontrarme con esta búsqueda:

me cuesta orinar tiene algo que ver por que estoy embarazada

Por otra parte si recupero hoy este recurrente asunto, avanzando un posible candidato paraa una nueva edición de los premios OSEA, es porque una de ellas me ha resultado de cierto interés y creo que me pueden servir para hilar algunas frases para salir del aprieto de tener que escribirles algo en día tan comprometido. Vamos allá.

Como saben los fieles lectores, hace más de veinte años y con ayuda de otros, inventé una serie de filósofos griegos que alegremente califiqué de ‘marginales’, entre ellos un tal Anarquímedes. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que, más de veinte años después, alguien en Tegucigalpa o en Michigan estaba interesado en él. ¿Acaso no será tan marginal? ¿Cómo es posible que el producto de la imaginación de unos adolescentes desequilibrados perviva tanto en el tiempo como en el espacio? ¿Preguntará alguien por Alberto Washington Fernando Caldentey Gómez en el año 2025? ¿Cabe incluso la posibilidad de que cobre vida como parece que Anarquímedes va haciendo?

Hace unos días, en el blog del navegante Javier, tuve ocasión de disputar un partido de tenis dialéctico a cuenta de los conceptos de persona y personaje. No llegamos a ponernos de acuerdo porque, por lo que se ve, ambos consideramos el acuerdo cosa de conformistas y aburridos. Me gustaría reproducírsela aquí, pero desde la mudanza de servidores de bitacoras.com el acceso a sus páginas se ha vuelto intermitente. Ahora, en el momento de escribir esto, a la intermitencia le ha tocado su momento off. Quizá tengan ustedes más suerte más adelante.

De todas formas creo recordar los principales elementos de mi tesis allí. La cosa venía a ser que el ‘personaje’ no es más que una reconstrucción de la ‘persona’. El ‘personaje’ es, por tanto, parcial y limitado dado que no puede recoger el infinito que abarca la ‘persona’. Pero también excede lo que es estrictamente una persona porque su historia tiene ‘sentido’. En otras palabras más llanas, el ‘personaje’ es una interpretación de un fragmento de ‘persona’.

Desde este punto de vista, tan personaje es Robin Hood como la imagen que tenemos de cualquier celebridad, de la que sólo sabemos cuatro cosas pero que nos bastan para dotar de un sentido a su vida. Abran el periódico de hoy, cualquier periódico de hoy, y comprobarán, por ejemplo, que el papa Juan Pablo II fue ‘mediático’ (porque salía en los medios como saldrá el que le suceda) y ‘conservador’ (porque no le gustaban los preservativos ni el matrimonio entre homosexuales). Asunto zanjado y a otra cosa (por cierto, no llevaba una hora muerto cuando alquien llegó con esta búsqueda: difuntos ilustres en 2005).

Tampoco se trata de dicutir sobre la figura del papa fallecido. No me preocupa especialmente si fue o no mediático o si el conservadurismo se mide en condones. Es un simple ejemplo de cómo reducimos la persona a personaje. Bastan dos palabras, mediátco y conservador en este caso. Se cuenta en Hollywood que la proposición que se hizo a los productores para rodar Alien decía escuetamente: Diez Negritos en el espacio. Ningún productor habría leído algo más extenso. Pero las personas son algo más que películas.

Ayer, en otro contexto, le hablé a alguien de lo que significa ‘saber ser amigo’. Dándole vueltas a estas cosas he llegado a la conclusión de que ‘saber ser amigo’ consiste en recuperar o descubrir a la persona en detrimento del personaje. No se engañen, la gran mayoría de nuestras relaciones son con personajes, porque son necesariamente superficiales, limitadas. Sólo cuando se franquea esa puerta hacia el infinito, lo que no es cosa de todos los días, puede hablarse de amistad. Hay quien pasa por esta vida entre personajes y jamás llega a conocer eso que Rousseau denominó la comunión de las almas bellas. Si pueden decir que la han conocido pueden darse por bendecidos. Pregúntense cuántas de las personas que les rodean son ciertamente personas y no personajes.

Tomen nota de que en ningún momento he planteado la posible ‘realidad’ del ‘personaje’. Alguien supondrá que gozar de la amistad de Robin Hood o de Sherlock Holmes resulta poco menos que imposible. Parecen condenados a ser ‘personajes’ para siempre. Ignoro la relación que Arthur Conan Doyle, que para mí es personaje, tuvo con su creación. Quizá fueron amigos. ¿Acaso no han oido hablar de los amigos imaginarios? Don Hernan Casciari nos presentó el otro día un bonito ejemplo. Yo me estoy pensando contar a Anarquímedes entre mis amigos y tengo cada vez un mayor interés en su obra. Estoy seguro de que deparará muchas sorpresas y, probablemente esconda muchas de las respuestas que llevo toda una vida buscando.