26 de abril de 2005

Regreso o regresión

Dicen que las apariencias engañan, lo que es verdad alarmante si se confirma que sólo son apariencias con lo que tratamos a diario. Sobre todo si, como sospecho a veces, tales apariencias resultan tan artificiales o artificiosas que me hacen recordar aquellas palabras del Quijote: ...que todo en este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras (2ªP, Cap. XXIX). Pero no son las apariencias que yo me encuentro, o que me asaltan, que nunca se sabe quién lleva la iniciativa, las que quiero traer aquí, sino las apariencias que se encuentran ustedes cuando visitan este blog inactivo desde hace una semana.

Tengo la impresión de que unos cuantos (¿muchos?, ¿todos?) se han dejado engañar por unas apariencias que, me temo, son consecuencia de mi incapacidad para expresarme correctamente. Les aseguro que si supiera ‘denotar’ lo habría hecho, pero sólo soy capaz de ‘connotar’ las cosas que me pasan. Así, se encadenan los engaños y las cosas acaban bien lejos de donde quise haberlas llevado. Connotaré una vez más a ver si azarosamente doy con la connotación correcta y nos relajamos todos un poquito.

Quien firmó un comentario bajo el nick ‘Mel Blues’ y sobre cuya identidad tengo algo más que fundadas sospechas, hizo un retrato muy acertado de lo que intenaba decir (La concatenación de anecdotarios, vespertinos en su mayor parte, aleja un poco la prosaica y archipobre actualidad, pero ésta retorna insistentemente), pero algo antes había venido a comparar la situación en que me encontraba con un globo deshinchado (Disipada la novedad del ánimo, has visto en lo que se queda). Agradezco de corazón los ánimos que todos dejaron en los comentarios pero por mi cabeza jamás se pasó la idea de dejar de comparecer aquí. Disipada la novedad, sigo disfrutando mucho escribiendo estas garambainas (quédense con la tercera o cuarta acepción, la que prefieran). No renunciaré a ellas mientras conserve un mínimo aliento, por puro egoísmo, soy yo el que se divierte.

Y el caso es que durante mi voluntaria ausencia de estos días se han producido numerosas e importantes novedades en la blogosfera que no puedo menos que referir aquí por si a alguno le han pasado desapercibidas. Son cuestiones de tal relevancia que justifican una mínima reseña toda vez que los medios de comunicación, tan interesados últimamente en los blogs, las han dejado pasar de largo quizá por inexperiencia, quizá por ineptitud a la hora de distinguir lo importante de lo que tiene importancia.

Probablemente el principal acontecimiento del universo blog ha sido el verse enriquecido sobremanera gracias a la aparición de un ágrafo en sus filas. En efecto, el señor Aquende se nos ha descolgado, por fin, con un blog en el que traiciona con cierta moderación su agrafía. No seré yo quien les cuente lo que pueden encontrar allí, visítenlo si les intriga. Pero sí seré yo quien les hará notar que gracias a este estreno disponemos al fin de una imagen para hacernos una idea sobre su aspecto. Menos da una piedra.

En segundo lugar, ¡Noticia Bomba!, la corsaria Ana ha vuelto a publicar. Y, además, lo ha hecho con un texto que me ha dedicado (sí, a mí) y que si pretendía darme alguna suerte de ánimo debo decirle que ha dado en el blanco (o en el negro, depende de donde haya comprado uno la diana). De todas formas, su referencia a la ‘perfección’ de Mary Poppins me ha recordado un viejo concepto acuñado por Javier Marías: los ‘ídolos de la aberración’. Dejemos a su autor explicarse:

... esas aversiones inmediatas, epidérmicas, alcanzan su sublimación cuando alguien nos parece tan repugnante, grotesco, detestable o incompetente... que no podemos dejar de verlo cada vez que sale. Estoy seguro de que nadie desconocerá el fenómeno, la fascinación del horror. Tanto lo irrita a uno el personaje que no puede quitar los ojos de él –eso sí–, mientras echa espumarajos por la boca, se le inyecta la vista en venenosas lágrimas y da rienda suelta a su Mr. Hyde. Esos personajes son los ídolos de nuestra aberración.
(Artículo de El Semanal, del 21 de marzo de 1999, recogido en A veces un caballero).

Señalaré, por el bien de su instrucción, que JM mencionaba como sus ídolos de la aberración a Celine Dion y Michael Flatley, el “Señor de la Danza”. Entre los míos, lo confieso, se cuenta la siempre estomagante Mary Poppins. Hagan ustedes un ejercicio de sinceridad y confiesen los suyos.

En tercer pero no menos importante lugar, deben saber que don Hernán Casciari nos ha descubierto que no hay acto más cultural que la corrección a la cubana (pueden leer una interesante entrevista aquí). Ruego desde aquí a los lectores de Barcelona, en particular a Kill-9 y Chin una pequeña investigación sobre el local que menciona, el ‘Barbarela’, en la esquina de Travessera de Gràcia y Torrijos, templo sin igual de la cultura.

Y como última noticia les cuento que ha vuelto a ocurrir. En realidad, si atendemos a Kharkoma, ocurrió hace cierto tiempo, pero yo me he enterado leyendo a Pixel y Dixel. ¿Recuerdan el generador aleatorio de textos posmodernos? Pues por lo visto, ciertos muchachos del MIT han desarrollado un generador aleatorio de ponencias sobre tecnología (Computer Science para ser precisos). Hasta aquí nada se sale de lo habitual. Lo sorprendente es que estos Massachutenses (si el gentilicio es otro, por favor háganmelo saber) han presentado una de sus ponencias aleatorias a un congreso y ha sido aceptada (aunque luego, descubierta la treta, han sido expulsados por la organización).

Así que, ya ven, aquí me tienen de regreso abrumado por la cantidad de sabrosas novedades que acabo de encontrarme. Bueno, no sé si de regreso o de regresión. Consultemos el diccionario para salir de dudas:

regresar.
(De regreso).
1. tr. Am. Devolver o restituir algo a su poseedor. Regresar un libro.
2. intr. Volver al lugar de donde se partió. En América, u. c. prnl.

regresión.
(Del lat. regressĭo, -ōnis).
1. f. Retrocesión o acción de volver hacia atrás.
2. f. Gram. derivación regresiva.
3. f. Psicol. Retroceso a estados psicológicos o formas de conducta propios de etapas anteriores, a causa de tensiones o conflictos no resueltos.

Pues no resulta de mucha ayuda, ¿verdad? Pero ya que entre las regresiones se cuenta la ‘derivación regresiva’ y el otro día me dio por inventar palabras para categorizar a los escritores, me permitiré despedirme hoy con un pequeño juego. ¿Serían ustedes capaces de asignar el nombre de un escritor a cada una de las categorías que les propongo a continuación?

Anarcógrafo: que escribe de forma caótica y desordenada.
Antígrafo: que se opone a la escritura.
Bibliógrafo: que escribe sobre libros.
Burógrafo: que escribe textos administrativos (no confundir con Burrógrafo).
Cianógrafo: que escribe con tinta azul.
Ciclógrafo: autor de textos rodados.
Cleptógrafo: que roba los textos de otro, plagiador.
Dinamógrafo: autor de obras particularmente movidas.
Estereógrafo: que es capaz de narrar una historia desde dos puntos de vista simultáneos.
Estilógrafo: autor de textos de una homosexualidad mal entendida, vamos, que escribe con pluma.
Fotógrafo: que escribe con luces, escritor particularmente ingenioso o iluminado.
Girógrafo: que escribe dándole muchas vueltas a las cosas.
Heterógrafo: autor incapaz de repetirse.
Homógrafo: que siempre escribe lo mismo.
Ictiógrafo: el que al escribir se siente como pez en el agua.
Indumentógrafo: que escribe acerca de ropajes; por extensión, que escribe en revistas de modas.
Infractógrafo: que infringe todas las normas de la escritura.
Insidiógrafo: autor de textos maliciosos.
Jaleógrafo: que escribe alborotadamente.
Kilógrafo: que escribe mil palabras diarias.
Lepidógrafo: autor de textos escamados, con mucha desconfianza.
Limnógrafo: que escribe con numerosas lagunas.
Longígrafo: que escribe textos excesivamente largos.
Micrógrafo: autor de textos brevísimos.
Nefrógrafo: autor cuyos escritos cuestan un riñón.
Omnigrafo: El que practica todos los géneros.
Pedógrafo: que escribe textos indantiles.
Perígrafo: el que se pierde en detalles anecdóticos e irrelevantes y rodea continuamente el tema sin entrar nunca de lleno en él.
Patógrafo: que escribe textos enfermos, afectados.
Quimígrafo: que escribe textos particularmente jugosos.
Retrógrafo: El que empieza a escribir por el final y continua hacia el principio.
Sinógrafo: que escribe en chino o almenos lo parece.
Tropógrafo: el que da muchas vueltas a base desinécdoques, metonimias y metáforas.
Unígrafo: autor de una sóla obra.
Velógrafo: que escribe con inusitada rapidez.
Xerógrafo: escritor especialmente árido.
Yermógrafo: escritor poco cultivado.
Zafiografo: escritor tosco.

Espero sus respuestas.