8 de abril de 2005

Sólo un juego de niños

En el día de ayer, en algún momento de delirio co-mentador y a cuento del neologismo propuesto por nuestro Javinauta particular, se acabó planteando el eterno y recurrente asunto de qué cosa es un blog y demás zarandajas relacionadas. Normalmente habría dejado pasar la cosa. No es que no le vea interés (que no se lo veo), es que estas ‘Salidas’ no fueron abiertas para hablar de los blogs (o eso creo).

El caso es que, dado que el señor borjamari, se nos ha descolgado hoy con un magnífico post, mucho me temo que una vez más traicionaré otro principio (y ya me van quedando bien pocos) para referirme a la cuestión. Parece que antes o después todos caemos en este error (el amigo consultor, sin ir mas lejos, dejó aquí sus reflexiones y yo mismo hice algo parecido). Vaya por delante que ni sé ni me importa qué cosa pueda ser un blog. Por no saber, ni siquiera sé qué son estas ‘Salidas de Emergencia’ ni para qué las mantengo. Hace ya unos meses, en desesperado e inútil intento de explicarme y explicarle a la hoy ausente Virginia por qué estaba aquí, deje caer un comentario que incluía esto:

Por lo demás, este es como cualquier otro blog, una terapia psicológica, un entretenimiento, un registro de incoherencias y una excusa para poder encontrarnos aquí, en los comentarios.

En su día no me pareció mala aproximación a lo que hacía por aquí. Sobre todo porque ninguno de los elementos enumerados sonaba a algo importante. Desde que empecé, no hace mucho, a circular por esto que llaman la blogosfera me tiene perplejo la cantidad de personas que se creen Bob Woodward o Carl Bernstein por haber colgado su cuadernillo en el tablón de anuncios de un instituto de enseñanza secundaria (atendiendo a la calidad y cantidad de las visitas la cosa no pasa de ahí). Otros se creen James Joyce o Baudelaire. Se multiplican las licencias Creative Commons, lo que no es más que una forma artificiosa de conceder una importancia excesiva a lo que, en la mayor parte de las ocasiones, no es más que una simple conversación de bar trasladada al ‘ciberespacio’ (hace tiempo, al hilo de esto, el señor Kill-9 y un servidor convinimos en que se echa de menos la ración de boquerones y las cañitas). Cada vez entiendo mejor la alarma del Príncipe Saurau que cité en mi ya anticuada declaración de principios: qué ocurriría si se permitiera que toda ocurrencia repentina se transformase en idea. Esta parece una raza que convierte en ‘propiedad intelectual’ (por muy ‘non commercial’ que sea) cualquier ocurrencia.

De alguna manera se trata de una apelación a cierto orgullo infantil que explica la explosión de las bitácoras, blogs o como quiera que se llamen. Se trata, simple y llanamente, de jugar a concedernos la importancia que no tenemos pero deseamos (algunos secretamente y otros a grandes voces; no deja de ser revelador que el término más utilizado en las bitácoras hispanas sea ‘ombliguismo’, siempre acompañado del dedo acusador, ¿qué fue del hombre sin ombligo?). Diversión inocente al fin y al cabo. El señor Borjamari, no obstante, ha ampliado muy acertadamente la cuestión:

Escribir un blog se está convirtiendo casi en un rito, o en un acto de amor hacía una ensoñación que otorga sensaciones muy gratas, o la coartada para "navegar" por la red y ver a los amigos, o una forma de matar el tiempo (enigmática y filosófica definición que podía haber sido planteada por nietzsche) o un refugio contra la soledad, o la necesidad de ausentarse de la realidad, o el deseo de culturizarse, o una forma de diversión alimentada desde la niñez.

No se me ocurre forma más atinada de describirlo. Particularmente, creo importante destacar una de ellas: la necesidad de ausentarse de la realidad. Esto es lo que creo que hacemos muchos, porque a la hora de redactar un mínimo escrito, incluso sobre algun asunto de rabiosa actualidad, aparcamos la vida por unos instantes. Marguerite Yourcenar, en las notas a sus Memorias de Adriano, dice que recurrió a este género, las memorias, porque el hombre de acción jamás lleva un diario. Yo no tengo empacho en reconocer que estas ‘Salidas de Emergencia’ son una válvula de escape que me permite ausentarme de una realidad (cotidiana) que, por decirlo suavemente, no me tiene muy satisfecho.

Quizá los blogs sean el reducto ideal para depresivos y deprimidos. El caballero Chin, que de esto sabe un rato y que conserva celosamente esa sabiduría tan amenazada en el mundo que nos rodea ya nos ha dejado claro que no hay razón para alarmarse por ello. También los hay eufóricos, aunque de una euforia que raya en la insania. Permítanme que no les nombre a ninguno de estos, que ya tengo demasiados problemas como para buscarme otros aún más absurdos. Anticiclónicos o borrascosos, todos coinciden en la ausencia.

Ausentes, sí, por muy ‘comprometidos’ que parezcan o parezcamos. En otro destacable post, reproducido en su integridad por Borjamari (el original, en No tengo Palabras) llega a decirse que “los blogs, son algo demasiado dinámico, demasiado innovador, algo muy valioso porque nos confiere a nosotros los ciudadanos el poder”. Lamento disentir ligeramente cuando, por otra parte, coincido con casi todo con lo que allí se dice. Creo que los blogs son algo valioso, dinámico e innovador, pero no acabo de ver ningún poder por ninguna parte. Es caer en el error que se denuncia, quizá porque la ausencia nos lleva a confundir el mundo con la blogosfera. El ‘poder’ no cambia de manos así como así.

Que una legión de individuos dispongan de un espacio en internet para informar a sus cuatro (o cuarenta, o cuatrocientos) amigos de que el Papa ha muerto, de que hay un buscador que combina Yahoo y Google, de que ya está disponible Messenger 7, de que George Bush es muy malo, de que el sacrosanto mercado es capaz de arreglar hasta las goteras del salón, de que le gusta un chico de ojos azules y qué sé yo cuántas cosas más no significa ninguna revolución mediática. Technorati se acerca a los ocho millones y medio de blogs, pero por lo que se va viendo, la raquítica blogosfera hispana está superpoblada de blogs clónicos. Casi todos hablan de lo mismo, dicen lo mismo, informan de las mismas obviedades de dominio público. Muy pocos son los que ofrecen algo original y cuando lo hacen no resulta fácil saber si la cosa es meritoria o de chiripa. Tampoco es nada extraño. Si recuerdan algo del mundo ese del que nos ausentamos para entrar en la blogosfera se darán cuenta de que allí las cosas son similares. Si un blogger se vuelve ‘influyente’ (suceso más bien infrecuente), no es por la importancia de los blogs si no por la importancia de lo que dice.

Sinceramente, no puedo evitarlo, esto de los blogs me parece un juego infantil. No tiene nada de malo. Yo me lo paso muy bien con esto. Recuperar a ese tópico ‘niño que todos llevamos dentro’ no debe ser muy perjudicial. Por lo demás seguiré preocupándome de las personas y de lo que tengan que decir con independencia del medio que utilicen para hacerlo. Hay gente apasionante que tiene un blog y, aunque a algunos les cueste creerlo, mucha otra que no lo tiene. ¿Qué mas da?

Y si alguno le quiere poner puertas al campo, repartir títulos nobiliarios o formar una nueva Tabla Redonda es muy libre de hacerlo. ¿A quién le parece mal que los niños jueguen al Rey Arturo y sus caballeros aunque las más de las veces resulten más bien quijotescos? Porque sólo es eso, un juego de niños.