3 de abril de 2005

Un prodigio histórico

Como hombre de (mil) palabra(s) que soy vengo hoy dispuesto a echarle un repasillo a ese ‘pormenorizado estudio sobre los hábitos culturales de los españoles y la evolución de los mismos durante los últimos años’. Tengan en cuenta todo lo que apunté ayer así como las sabias palabras del bueno de Bueno sobre el creciente prestigio de la cultura. Espero no aburrirles demasiado (supongo que no lo haré dado el olimpo cultural en el que parece que nos hemos instalado). Y sin más prolegómenos zambullámonos en esta pisicina, que no hay mejor forma de saber si tiene agua.

Me imagino que convendrán conmigo en que la encuestita, o más bien sus resultados, son , cuando menos, sorprendentes. Cualquiera diría que todas las entrevistas se han realizado en el mas exclusivo college de Oxford y seleccionando muy mucho los entrevistados entre los alumnos y profesores más notables. Es hasta comprensible que nuestra indescriptible Ministra de Culturas Varias calificara estos resultados de ‘históricos’. Y lo cierto es que, por una vez y sin que sirva de precedente, vamos a estar de acuerdo. Esta es, sin lugar a dudas, una encuesta histórica. Tan histórica, que alguno que otro se la ha tomado a chirigota. Por ejemplo, si un trece por ciento de los encuestados declara haber comprado discos en el ‘top manta’, para los periodistas de telecinco el resultado se transforma en que ‘sólo un 13% admite comprar en el top manta’, lo que sugiere, como todos sabemos y mi tocayo bautista mejor que nadie, que el 120% de los españoles compra en el top manta, pero sólo una minoría es capaz de admitirlo.

Una característica habitual de las presentaciones de eso que llaman ‘estudios’ es la demostración de que no se ha ‘estudiado’ nada. Se hace una encuesta, se tabulan los resultados y, por si queda alguien incapaz de leer las tablas de datos, se les repite en forma de texto lo mismo que éstas dicen. Por ejemplo:

Para aquellos que escuchan música al menos una vez por semana a través de radios, casetes o CD, lo que supone eñ 77,9% de la población, el tiempo medio diario de audición se sitúa en 143,2 minutos.

Estudiar, lo que se dice estudiar, no parece que se haya estudiado mucho. Yo me preguntaría, por ejemplo, por ese 22,1% de la población que es capaz de pasar una semana sin escuchar una sóla nota musical (ojo, sólo a través de radios, casetes o cedeses, la musiquilla de las máquinas tragaperras o los cantos de los borrachos en los bares no cuentan). ¿Serán sordos? ¿Serán solitarios pastores en solitarios montes? ¿Cómo hacen para escapar del asalto cotidiano del Bisbal y sus secuaces? Que nos lo digan, por favor, que se lo agradeceremos mucho.

El caso es que cuando nos dicen que el 31,9% de la población ‘tiene el hábito de ir al teatro’ la cosa parece chirriar un poco. Si prácticamente un tercio de la población va al teatro habitualmente, ¿acaso era mentira toda esa tabarra que nos vienen dando durante los últimos años sobre la ‘crisis del teatro’? ¿De qué se quejan los teatreros? ¿No podría ser, mas bien, que un 31,9% de la población tiene el hábito de hacer teatro, especialmente cuando le hacen una encuesta cultural? Veámoslo con un poquito de detalle.

En primer lugar, nuestra prodigiosa encuesta llama ‘hábito’ a ir al teatro una vez al año. De hecho, la cosa es ligeramente peor. Llama ‘hábito’ a haber ido al teatro una vez durante el último año aunque esta sea la única vez en la vida que se haya hecho y no se piense repetir jamás. Si me pongo a repasar mis ‘hábitos’ debo llegar a la conclusión, de acuerdo con esto, de que tengo el hábito de: caerme por las escaleras, padecer duodenitis, tener accidentes de coche e incluso cerrar empresas.

El caso es que si tenemos en cuenta la cifra de población y el número anual de espectadores de obras de teatro todo resulta asombrosamente coincidente: unos doce millones de entradas vendidas que se corresponden aproximadamente con el 32% de la población de mayor de quince años. En otras palabras, un tercio de los españoles asiste anualmente al teatro, pero sólo lo hace una vez, después ya no le quedan ganas de repetir. A la vista de lo que suele programarse en los teatros tampoco me extraña (una sana excepción es el Festival de Teatro Clásico de Almagro; si tienen oportunidad, no se lo pierdan).

Con las bibliotecas la cosa es similar. En el año 2002 había registrados, según la estadística de bibliotecas del INE, 12,6 millones de usuarios. Descontando los que se han sacado el carnet para ligar (vaya ingénuos), bien pueden sumar ese 24,5% que asiste habitualmente (¿una vez al año?) a las bibliotecas para retirar cuarenta y dos millones de libros. Claro que como alguno sea socio de más de una biblioteca las cuentas empiezan a fallar así que nada, cada mochuelo a su biblioteca y nada de alegrías.

En todo caso, según uno va repasando los resultados puede comprobar que todo es meramente cuantitativo. Se cuentan los libros pero no se mira cuáles son. El ‘personal investigador’ de las universidades españolas ya sabe bien de esto porque se les evalúa por el número de publicaciones, digan éstas lo que digan (y las más de las veces, créanme, dicen tonterías). Sin embargo, a ningún 'dirigente cultural' parece alarmarle que el señor Gala figure entre los autores más vendidos. Un dato, a juicio de la ministra ‘histórico’, es que un 98.6% de la población dispone de libros en el hogar. A mí, qué quieren que les diga, no me parece tan histórico. No conozco a nadie que no tenga la guía telefónica en casa. Entre eso, la guía dietética que regalan con no sé qué revista y aquella Biblia antigua heredada del abuelito Honorio ya tenemos una señora biblioteca familiar. Tiren los cohetes si quieren.

Puede que esto les parezca exagerado porque según estos fascinantes analistas, cada hogar posee, por término medio nada menos que ciento veinticinco libros. En otras palabras, hablamos de mil ochocientos millones de libros (125 por los más de catorce millones de hogares que hay en España). En el año 2003, según la estadística de producción editorial, salieron al mercado unos 280 millones de libros (esto incluye los folletos). Luego en los hogares españoles tenemos aparcada la producción editorial española de casi ocho años. ¿De qué se quejan a diario los editores? ¿Por qué se pasan el día organizando mesas redondas para quejarse de lo mal que está el ‘mercado’ en lugar de dedicarse a contar sus cuantiosas ganancias?

Como ven, y si le echan un vistazo detenido a los resultados de la encuesta lo verán con más detalle, España es un paraíso cultural. Si uno pasea por la calle no puede menos que comprobarlo. ¿De qué habla la gente en la parada del autobús? De poesía barroca, por supuesto. ¿Qué se comenta en las oficinas los lunes por la mañana? Pues qué va a ser, si la versión de la tercera de Brahms que interpretó la sinfónica el otro día estuvo a la altura de lo que se esperaba. ¿No se han fijado en que en las pescaderías se canta polifonía renacentista mientras se limpia el pescado? Qué altura, por Dios. Si quieren una prueba no tienen más que darse un paseíto por la 'blogosfera' hispana para jartarse de prosa elevada.

Pero si les parece que este retrato no se adecúa mucho a su entorno, quizá haya que buscar una explicación alternativa para tan sorprendentes resultados. Fíjense en cómo se distribuyen las preferencias de la población que lee habitualmente:

Por lo que respecta al tema escogido, un 88,2% prefirió obras de creación literaria, frente al 23,3% que se centró en obras de divulgación y no profesionales.

Sumen, que tampoco es tan difícil, y verán que estos lectores suponen el 111,5% de la población. No me extraña que se felicite tanto la ministra e insista en que se trata de resultados históricos. Pero si las cosas son así, puede que ya tengamos una buena explicación: un 25% asiste habitualmente a bibliotecas y un 99,8% no lo hace. Un 31,9% asiste habitualmente al teatro y un 99,9% no lo hace. Esto ya se parece más al país en el que vivo. El 45,8% domina las ideas filosóficas de Baruch Spinoza y el 234% no tiene ni idea de quién es ese señor. Felicidades a todos, por fin vivimos en un país en el que todos estamos por encima de la media.