18 de mayo de 2005

Bingo informativo

Ligeros problemas técnicos me obligan a posponer una vez más la continuación de las desventuras del caballero Unai. Sepan, de todas formas, que el capítulo octavo y el suculento epílogo ya están redactados y sólo el dificultoso capítulo séptimo se resiste algo a mi asedio. Tengo claro que no conseguiré el efecto que pretendo, pero al menos debo alcanzar un mínimo equilibrio en el relato antes de someterlo a su consideración. Les pido disculpas a los cuatro monos que mantienen cierto interés

Pero ya que hablamos de monos les confieso que una de las ideas que, finalmente, he descartado para inspirar la intervención del consultor Nomás ante ese comité era el Informe para una Academia que escribió cierto autor de nombre Franz y de apellido Kafka. Los que no lo conozcan (me refiero al informe, los que no conozcan a Kafka deberían empezar por visitar otras páginas antes) deben saber que se trata del discurso pronunciado por un simio que ha alcanzado la forma humana y al que cierta Academia le pide explicaciones sobre su estado anterior con ánimo de conocer de primera mano las explicaciones sobre su simiesca vida anterior.

No se lo voy a contar aquí. Léanlo, que no puede hacerles mal (o véanlo, porque, hace tiempo se lo vi representar en forma de monólogo a José Luis Gómez y quedé maravillado). Para mis propósitos, como les he dicho, yo ya lo he descartado. Quizá lo único de tal informe que conserve la comparecencia de Unai sean sus últimas palabras: Por lo demás, no es la opinión de los hombres lo que me interesa; yo sólo quiero difundir conocimientos, sólo estoy informando. También a vosotros, excelentísimos señores académicos, sólo os he informado.

Pero el caso es que este informe contiene alguna que otra cosilla que bien puede aplicarse a lo que quería traerles hoy por aquí. Porque no es difícil verse retratado en ese mono en su camino hacia la humanidad.

Hasta entonces había tenido tantas salidas, y ahora no me quedaba ninguna.

Ya ven, lo que necesitaba este mono era una ‘salida’, ¿no les ocurre a ustedes lo mismo? Quizá merezca la pena precisar algo el término, para entendernos:

Temo que no se comprenda bien lo que yo entiendo por “salida”. Empleo la palabra en su sentido más cabal y más común. Intencionadamente no digo libertad.

Sólo una salida, no la libertad. Enseguida verán por dónde voy:

No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No pretendía más. Aunque la salida fuese tan sólo un engaño: como la pretensión era pequeña, el engaño no sería mayor.

Aquí lo tienen: una vía de escape, aunque fuera un engaño. La mía, como saben, es lo que están leyendo en este momento, mis ‘Salidas de Emergencia’. Y si las llamo de emergencia es porque tienen mucho de huída del peligro o del desastre, por la misma razón que son ‘salidas’ porque las construyo a base de ocurrencias, es decir, de ‘salidas’.

Pero, como cabía esperar, hay muchas otras formas de ‘salir’. Por haber hay quien sale sin las bragas puestas, que es lo que descubrí hace un par de días. ¿No les parece irónico? Yo aquí hablando de dobles, de plagios y demás zarandajas mientras allá nacían otras ‘Salidas de Emergencia’ que, en un principio, me recordaron ciertas palabras del simio del que les estaba hablando:

¡Era tan fácil imitar a la gente!

No vayan a creer por ello que imitar es algo agradable, nuestro simio lo tiene muy claro:

Repito: no me seducía imitar a los humanos; les imitaba porque buscaba una salida; por ningún otro motivo.

Reconozco que se me hizo muy extraño ver aquellas páginas (entonces con la plantilla de Ana, ahora han amarilleado algo), con ese título que ingenuamente había creído propio a pesar de descreer tanto de la propiedad intelectual. Pero a la sorpresa inicial sigue el análisis (ah, ese Aristóteles, cuánto daño nos ha hecho) y la lectura sosegada. Siempre puede aprenderse algo de ello.

Y aprendí, señores míos. ¡Ah, sí, cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida! ¡Se aprende sin piedad!

Estas nuevas ‘Salidas de Emergencia’ son obra de la Ceci, una mujer orgullosa de sus pechos que homenajea a su manera a Juan Ramón Jiménez (es decir, que escribe con ‘j’ lo que se escribe con ‘g’). Quizá la recuerden, yo se la traje por aquí cuando aquello de la ‘telenovela blogosférica’.

Ya saben que la interné está llena de sexo, y que hablar de sexo le garantiza a cualquier autor un volumen de tráfico selecto entre la flor y nata de los que circulan por eso que llaman ‘autopistas de la información’. Yo mismo he aprovechado tan exótico fenómeno en alguna que otra ocasión como demostraré más adelante. Algo similar ha hecho la señora Ceci con estas ‘Salidas’, basadas en un viejo chiste que juega con la segunda y tercera acepción de la palabra ‘salida’ (como hice yo hace mucho, para referirme a la recién recuperada Kp). Así pues, estas nuevas ‘salidas’ parecen responder a un experimento colectivo de literatura lúbrica de pintorescas características.

Decía ayer nuestra Corsaria lo siguiente: Creo que es muy difícil escribir un texto erótico sin caer en la vulgaridad y el simplismo. Esta es una afirmación que siempre me ha preocupado, sobre todo cuando uno repara en lo poco que usan el cerebro los millones de personas que se obstinan en declarar que el mayor (o mejor, o algo así) órgano sexual es el cerebro. De ello les hablé una de las primeras veces que traje el sexo por aquí, con el excelso ejemplo de los amores de Lucio y Fotis narrados por Apuleyo.

De todas formas, creo que no es lo mismo caer en la vulgaridad, que en el simplismo, y, si bien la primera, atendiendo a don G. Caín, no sólo es tolerable sino incluso necesaria, el segundo es a todas luces execrable. Estoy convencido de que quien concibe el relato erótico en términos simples, simplifica aún más sus prácticas y se pierde, para su desgracia, lo que todo esto tiene de divertido.

Por otra parte, lo que me resulta curioso de aquellas salidas es el continuo recurso a las negritas. Digo yo que, tratándose de un texto supuestamente erótico, cabría esperar otra clase de negritas (probablemente unas mulatitas darían mucho más juego). Pero, en fin, el caso es que esa ‘necesidad de enfatizar’ me ha recordado (y no vayan a establecer comparaciones, que ya se sabe que siempre son odiosas) otra vieja historia.

Hace poco más de cinco años, (el siete de mayo del año 2000, para ser precisos), Javier Marías nos descubrió una serie de libros de «pensamiento divulgativo» llamada con acierto ‘Círculo Cuadrado’, pues salta a la vista que sus responsables no saben ni hacer la O con un canuto. Les aconsejo que consulten la fuente original (El alto vuelo de la tontería, recogido en A veces un caballero), pero me permitiré reproducirles buena parte de la misma aquí:

...lo gordo e insultante viene a continuación, en una nota editorial que reproduzco casi íntegra, para que no haya «fuera de contexto», y que dice así: «Querido lector: Encontrarás que las páginas de este libro están subrayadas y marcadas con unos signos al margen. Esto es lo que se hace» (no me digan) «cuando se lee a fondo un texto que se ama» (o que se detesta, añadiría yo): «marcar y subrayar para recordar lo esencial de lo esencial» (o las mayores majaderías, también), «lo cual permite otra lectura (rápida)» (sólo faltaría que además fuera lenta)... «Nos hemos anticipado a tu propio subrayado para facilitarte las cosas aún más y para no dejar ninguna excusa para la indiferencia ante palabras sabias...»
(...)
«Hay dos clases de subrayado», se explica. Uno indica «retener», el otro «curiosidad, ironía». (Dicho sea de paso, es tremendo que un autor admita implícitamente ser incapaz de transmitir la ironía sin que la señale su editor). Y aún no acaba aquí la afrenta: «También hay unos pequeños símbolos en los márgenes a los que hemos dado estos significados»: se trata de un círculo, un cuadrado; un signo de admiración; un asterisco; un signo de interrogación; una flecha; un corchete; y –como no– un círculo inscrito en un cuadrado. Y se corresponden, respectivamente, con: «¡redondo!»; «curioso, hábil contradictorio» (como si fueran sinónimos); «insólito, ocurrente, incordiante» (otro tanto); «relevante, apasionante»; «duda»; «fijarse en esto»; «párrafo de interés»; y, finalmente, lo crean o no, «¡bingo!»

Salidas hay muchas. Consulten el diccionario y verán que hay Salidas de tono, Salidas de pie de banco e incluso Salidas de pavana. Si esperaban mi opinión sobre aquellas, que no éstas, ‘Salidas de Emergencia’ estaban equivocados (¡redondo!). No la encontrarán aquí. ¿Saben por qué? (curioso, hábil, contradictorio).

... no es la opinión de los hombres lo que me interesa; yo sólo quiero difundir conocimientos, sólo estoy informando. También a vosotros, excelentísimos señores académicos, sólo os he informado. (¡Bingo!)