31 de mayo de 2005

Cal y arena para Wally (con afecto)

No hace mucho se anunciaba un antidiarreico con una bella historia. Se trataba de un caballero, es de suponer que melómano, cuya flojedad de vientre ponía en peligro su asistencia a una ópera. El caballero, haciendo cola a la entrada del teatro, sufría enormemente hasta que llegaba la solución mágica, unas pastillas cuyo nombre no recuerdo, pero que le facilitaban el disfrute tranquilo de alaridos y gorgoritos. Hacia el final del anuncio se exponía la posología del medicamento. Tómese uno –se decía– en cada ‘episodio’, y por ‘episodio’ no se hacía referencia a los de la ópera que, como todo el mundo sabe, se desarrolla en ‘actos’ si no a aquellos otros ‘episodios’ que las pastillas trataban de eliminar.

Si les cuento esta escatológica historia es para que tengan noticia de a qué tengo asociada la palabra ‘episodio’. Con esta introducción pretendía iniciar aquí el tratamiento de otra serie de ‘episodios’ muy similares a lo que a mí me evoca la palabra (¿qué otra cosa puede ser la ‘fuerza?) y que parecen entusiasmar a nuestro amigo Wally. Me refiero a esos ‘episodios’ que se deben a la ‘imaginación’ de cierto rufián que le ha tomado prestado el nombre a George Washington y el apellido al Pato Lucas para intentar ser la unión de las virtudes de ambos pero quedándose, como cabía temer, en la mezcolanza de sus peores defectos.

Recuerdo perfectamente el estreno de ‘La Guerra de las Galaxias’ (el que tradujo el título no debía tener muy claro qué es una galaxia, quizá sea el mismo que inventó para nuestro presidente lo de ‘Alianza de Civlizaciones’; al menos a mí, me suena igual de estúpido). Tan bien lo recuerdo que puedo asegurarles que es una gran película infantil. Yo la disfruté mucho, hice la correspondiente colección de cromos e incluso construí una especie de Ambipur similar al que lucía en la cara el malo de la película para mis juegos de niño. Como Aquende, había jugado a piratas, y a cowboys, ¿por qué no jugar a esto?

Pero luego llega el tiempo, devorador de todas las cosas, y pasa lo que pasa. Y lo que pasa, entre otras cosas, buenas y malas, es que uno descubre que aquella historia que disfrutó con doce años hace aguas por todas partes; que es simple, llana y aburrida; que existen miriadas de historias mucho más jugosas, mejor construidas y de mayor interés. En cuanto toma uno contacto con ellas, resulta imposible disfrutar de historias tan triviales. ¿O no?

Me pregunto esto último porque parece que debo ser rara avis en esto. Legiones de individuos mayores de edad siguen jugando con el Ambipur en la cara y unos palitos coloreados que dicen que son ‘espadas láser’. Además, los mismos y muchos otros se echan rápidamente la mano al bolsillo cada vez que el mago Lucas se presenta con otra colección de basiliscos y robots dispuesto a insistir en una historia, por decir algo, que convierte a Caperucita Roja en un prodigio de la narrativa.

Pero me detengo aquí porque, como dije en algún comentario, no he abierto este blog para hablar de la Guerra de las Galaxias. Y si el día que les traje por aquí al gran Eduardo Mendoza nuestro galáctico Wally no tuvo empacho en explicarnos la organización política de marcianos y alienígenas, imagínense en lo que podrían acabar los comentarios a un post dedicado a esta saga estelar.

El caso es que andaba yo preocupado por si el amigo Wally me retiraba el saludo si hacía públicos mis juicios y prejuicios sobre esta su pasión, y ya que alguno se me ha escapado, en justa compensación hacia él voy a hacer algo que ni yo mismo habría creído que haría nunca: contestar a su ‘meme’ musical. No me lo tengan en cuenta, que yo tampoco me reconozco. Y reconózcanme, en cambio, cierto mérito, porque el caballero Wally me ruega que conteste las preguntas, pero no me dice cuáles son, por lo que he tenido que investigar un poquillo para saber qué tenía que contestar. Allá voy.

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:

Exactamente cero bytes, a no ser que la musiquilla de Windows cuente. Supongo que se debe a un problema generacional que me impide usar el disco duro como almacén. Además, en el trabajo suelo utilizar al máximo los recursos de la máquina para cálculos y procesos de datos y no me compensa perder rendimiento haciendo correr más programas de los necesarios. Sólo hay una excepción: en casa, cuando grabo mis propias interpretaciones (utilizo Sonar gracias a un lector de estas páginas), tengo los master en el disco duro durante la sesión, pero una vez acabada vuelven a un CD.

Ultimo disco que me compre:

Lo cierto es que no compro los discos de uno en uno. ¿Hay quien hace eso? Que nadie se asuste, pero este es el último lote que llegó a casa.

The Bill Broonzy Story – Big Bill Broonzy
La última grabación del gran Broonzy. En julio de 1957, Bill Randle pasó toda una noche con él grabando sus canciones y sus explicaciones sobre lo que debe ser el blues. A la mañana siguiente Broonzy fue operado de cancer de pulmón. Nunca se recuperó del todo y murió un año más tarde. Cinco discos espléndidos que en versión CD se han quedado en tres.

Takin’ Off - Herbie Hancock
El primer Lp en solitario de Hancock, de 1962, con la versión original de Watermelon Man y una banda de ensueño: Freddie Hubbard, Dexter Gordon, Butch Warren y Billy Higgins. Compré una reedición de 1996 que añade las tomas alternativas de tres de los temas.

The acoustic Adrian Belew – Adrian Belew
Una curiosidad que no conociía. Belew interpretando sus composiciones sólo con una guitarra acústica, entre ellas el famoso The Lone Rhinoceros. Merece la pena copiar aquí las palabras de Belew presentando el disco:

The naked song. Late nights in beds I have twisted and turned it over in my head. And now adorn it in only an occasional harmony for your earsake. It is part old hat, part new invention, a bear and a king. And to this simple outline I’ve added shadows from the masters; the sad Roy voice; the ironic Lennon. And hope you will not be unkind to this vulnerable thing… the naked song

Sawdust in my veins - James Grant
A James Grant le ví por primera vez en los gloriosos tiempos del Rockola. Ya entonces me gustó su clase, aunque tiene su punto hortera. Encontré este Lp de 1998 y lo añadí a la colección. Un disco maduro, sin alardes, menos ‘escocés’ que otros y algo soso, todo hay que decirlo.

Sinfonías 1 y 3 – Aram il ‘Yich Khachaturian – Armenian Philarmonic Orchestra dirigida por Loris Tjeknavorian
Un compositor armenio interpretado por una orquesta armenia. Coherencia ante todo. Aviso a navegantes, la tercera no es apta para todos los oídos.

Canción que estoy escuchando ahora:

Ninguna, como puede deducirse de mi respuesta a la primera cuestión así como del hecho, nada baladí, de que en el momento de escribir esto sean las cuatro de la madrugada y esto esté lleno de gente que duerme y pretende seguir haciéndolo.

Cinco canciones que escucho un montón o que tienen algún significado para mí:

Es esta una pregunta de imposible respuesta. Fije uno la restricción que fije, elegir una canción, cinco o cien, se deja uno fuera el mundo al completo. Cada momento tiene su música y los momentos son infinitos. Creo que sólo cabe hablar de ‘canción favorita’ (qué expresión más odiosa) ‘para un momento concreto’. Además, conceder ‘significado’ a una canción, las más de las veces no tiene que ver con la propia canción sino con lo que nos sucedió mientras la escuchábamos. Aún así, por no dejar cojo este apartado, ahí va alguna que otra respuesta saltándome a la torera todas las restricciones.

Música ‘significada’: en un primer momento Led Zeppelin (Stairway to Heaven, por supuesto) y Deep Purple (particularmente Woman from Tokyo); luego, más calmado, Jackson Browne (lo que todos, The Load-Out) y James Taylor (por señalar una no muy conocida, You can close your eyes); con Rus, Fairground Attraction (especialmente su versión del Do you want to know a secret de los Beatles), y siempre Bob Dylan (todo del 62 al 75) y los Beatles (todo, todo y todo).


Música para acabar con la depresión: cualquier cosa de Stephane Grapelli, sobre todo aquellas viejas grabaciones con Django Reinhardt.

Música para acabar con la euforia y el optimismo: los Kindertotenlieder de Mahler.

Música para ‘escuchar’ (con intención): Charlie Parker, Thelonious Monk, John Coltrane, Billie Holiday, Bessie Smith.

Música para guitarristas (algo más que técnica): Jimi Hendrix, Stevie Ray Vaughan, J.J. Cale.

Nuevas victimas del testigo:

Aquí quería yo llegar. Ninguna. Rompo la cadena o recójanla aquellos que lo deseen. Siempre odié las ‘chain letters’ y esto no es más que una variante del mismo jueguecito. Ahora nos lo han vestido de ‘gen cultural’ (¿o es que olvidaron poner la ‘z’ al final de la palabra?) pero es lo mismo (si no conocen una de las ONG más interesantes que existen, Chain Letters Anonymous, visítenla aquí). Yo les tengo que dejar, pero les aviso de que les estoy preparando una sorpresilla con todo mi afecto.