14 de mayo de 2005

Todo está hecho con espejos

Junto con algunas otras cosillas intentaré cerrar hoy esta extraña trilogía sobrevenida sobre el plagio que hemos de agradecer a MTC y que me permite espaciar convenientemente el relato de las vicisitudes y malandanzas de cierto ficticio consultor. En la primera entrega, como recordarán los que disfruten de memoria y prestaran la debida atención, salieron a relucir ciertas palabras de Montaigne, aquel protoblogger (quizá debiera decir protoblogógrafo, para satisfacción de don JPQ, y añadir el neologismo a la lista con que les asalté no ha mucho), sobre el abuso de citas y el recurso a la palabra ajena. En la segunda entrega, de forma mucho más forzada, y a cuento de la sabiduría de don Eduardo Torres y del genio de don Francisco de Quevedo y Villegas, se planteó la espinosa cuestión de la propiedad y/o apropiación de las ideas. Trataré hoy de aunarles ambas consideraciones simplemente por dejarles claro el camino que me condujo de una a otra si es que puede llamarse camino al sendero que discurre entre dos puntos coincidentes en el espacio.

Y es que las palabras de Montaigne que les traje aquí el otro día pertenecen al capítulo XXVI del primer libro de sus Essais, uno de los más extensos (si es que no es el más extenso), y que lleva por título De la educación de los hijos. Allí, don Miguel, Michel para los que le tienen confianza, afirma algo muy relacionado con el contenido del segundo fascículo de esta aborrecible serie que les estoy soltando.

Pues si abraza las opiniones de Jenofonte y de Platón por propio razonamiento ya no serán de ellos sino suyas. Quien a otro sigue, no sigue nada. Nada halla porque nada busca. “Non sumus sub rege; sibi quisque se vibdicet”.Que al menos sepa que no sabe. Ha de imbuirse de sus actitudes, no aprender sus preceptos. Y que tenga la osadía de olvidar si quiere, de dónde le vienen, más sabiendo apropiárselas. La verdad y la razón son patrimonio de cada uno y no pertenecen más a quien las ha dicho primero que a quien las dice después. No es más el parecer de Platón que el mío, puesto que tanto él como yo vémoslo de igual manera.

(Traduzco, o más bien plagio la traducción, el latinajo para tranquilidad de algunos: “No estamos bajo el yugo de un rey. Que cada uno disponga de sí mismo”; Séneca, Cartas, 33)

En estos términos, por ejemplo, debe entenderse que la Corsaria Ana, haya iniciado su propia ‘Antología Universal de la Mosca (así con mayúsculas)’, que una vez deseó reunir Monterroso y que después abandonó por imposible, en la que disfruta de un lugar de honor el propio don Tito y en la que ya se cuentan Antonio Machado, Waldo Rojas y Julio Cortázar. Digo yo que habrá que añadir a ellos la incompleta muestra que don Augusto diseminó a través de Movimiento perpetuo, y en la que están Henri Barbuse, Luciano, Jaime Sabines, Ludwig Wittgenstein, Francisco Bulnes, Rubén Bonifaz Nuño, Meister Eckhart, El libro de los libros de Chilam Balam, Marcial, Jean Jaurès, Feijoo, los hermanos Grimm, Blas Pascal, Schopenhauer, W.B. Yeats, Jules Renard, Marcel Proust, Rupert Brooke, Benjamin Péret y Paul Éluard, T.S. Eliot, Guillaume Apollinaire, James Joyce, Walter de la Mare, Jonathan Swift, Otto Weininger, Isaac Watts, Aldous Huxley, José María Méndez, cierta poesía quechua anónima, Pablo Neruda y Cicerón. Supongo que tras esta enumeración les habrá quedado claro por qué su compilador la consideró “absolutamente insuficiente”. Definitivamente queda mucho trabajo por delante para honrar la memoria de quien, en un exceso de miope generosidad, don JPQ ha dado en calificar de ‘mi doble’.

Tengan claro, por tanto, que nadie plagia la idea. No es más el parecer de Ana que el de don Augusto, puesto que tanto él como ella vénlo de igual manera. Pero ya que, a cuento de plagios, copias, homenajes o como quieran llamar a esto, hemos llegado al enigmático asunto de los dobles, detengámonos sobre él un poquito (tampoco mucho, háganse a la idea de que soy una mosca posándose sobre él).

En 1960, en un volumen de título, El Hacedor, cierto autor que atendía por Jorge Luis incluyó un escrito que llevaba por título, quizá evocando cierta novelilla de Juan Ramón Jiménez (disculpen esta maldad), Borges y Yo, del que les extraigo lo siguiente:

Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías de arrabal a los juegos con el tiempo y con el infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

El veinticinco de Agosto de 1983 (pueden consultar el volumen titulado La memoria de Shakespeare, si les da por no creerme), estos dos Borges se encontraron en un hotel de Androgué sin que ninguno de los dos supiera cuál de ellos soñaba al otro. En 1966, en un curso de literatura inglesa dictado por Borges, rescatado por Martín Arias y Martín Hadis y publicado por Emecé puede leerse lo siguiente:

Hay una escuela filosófica hindú que dice que nosotros no somos actores de nuestra vida, que somos espectadores, y lo ilustra con la metáfora del bailarín. Ahora quizá sería mejor decir del actor. Es decir que un espectador ve a un bailarín o a un actor, o si ustedes prefieren, lee una novela, y acaba identificándose con ese personaje que está siempre ante sus ojos. Y lo mismo dijeron esos pensadores hindúes anteriores al siglo V de nuestra era. Lo mismo nos sucede a nosotros. Yo, por ejemplo, he nacido el mismo día que nació Jorge Luis Borges, exactamente. Yo lo he visto a él en algunas situaciones ridículas, a veces patéticas. Y, como lo he tenido siempre ante los ojos me he identificado con él.

Por eso el doble tiene reservada su propia entrada en el Libro de los seres imaginarios. Entrada que comienza así: Sugerido o estimulado por los espejos, las aguas, y los hermanos gemelos, el concepto del Doble es común a muchas naciones. Es verosímil suponer que sentencias como “Un amigo es otro yo” de Pitágoras o el “conócete a ti mismo” platónico se inspiraron en él.

Pero yo me digo ahora, ¿no serán los plagios simplemente las obras del doble? Y si me pregunto y les pregunto esto, no vayan a creer que es por alguna peregrina razón, no. Se lo pregunto y me lo pregunto porque esta mañana he dado con un caso singular, no ya de doble, si no de triple, plagio incluido.

Si pinchan en este enlace se verán dirigidos al magnífico blog de don JPQ. Por el contrario, si pinchan en este otro, se verán dirigidos al no menos magnífico blog del doble de don JPQ. Por último, este otro les llevará, como cabía esperar, al igual de magnífico blog del triple de don JPQ. Guillermo Cabrera Infante llevaba mucha razón. Todo está hecho con espejos.