30 de junio de 2005

Alumbramiento

Los que se hayan pasado por la anterior entrega de este apasionante serial sin sentido recordarán la historia de Thomas Hobbes empeñado en no dar su brazo a torcer en sus absurdas demostraciones geométricas convenientemente refutadas por el matemático John Wallis. Pero es posible que todavía no conozcan una de las peculiaridades más sobresalientes del señor Hobbes, sus dotes clarividentes, sólo comparables a las del gran Juan Dámaso Miranda. Les diré por qué.

Andaba yo ayer hojeando (y ojeando, las dos cosas) el famoso Leviatán del señor Hobbes por eso que ya saben, el que unos libros llaman a otros ya que todos ellos sólo son remedos del gran libro universal. Serían aproximadamente las siete de la tarde (hora local GMT+1) y tanta precisión se justifica por aclararles que los extraños ruidos que pudieron oír a esa exacta y precisa hora fueron, con toda probabilidad, mis propias carcajadas al encontrarme lo siguiente en el capítulo V.

...todos los hombres, por naturaleza, razonan del mismo modo, y lo hacen bien cuando tienen buenos principios. Porque ¿quién sería tan estúpido para equivocarse en Geometría, y persistir en ello, si otros le señalan su error?

Eso digo yo. ¿Quién sería tan estúpido en persistir en el error? El propio Hobbes veinticinco años más tarde, por supuesto. Y también un servidor con ese ‘blog de ficción’ que les tengo anunciado y que llevo gestando desde hace tiempo con toda la discreción de que he sido capaz. Pero no me hagan a mí responsable exclusivo de la criatura, porque si bien es cierto que he sido yo quien lo ha gestado, no es menos cierto que algunos de ustedes son directos, muy directos, responsables de mi preñez. Tanto insistir en que abordara la ficción, que dedicara más tiempo a pergeñar absurdas historias, que no me ha quedado más remedio que parir el engendro que estoy presto a alumbrar y presentar en sociedad.

Lo malo, o lo pésimo entre lo malo, es que la cosa se ha venido a plantear en el peor momento. Cuando múltiples obligaciones y ciertos problemillas me distraen e impiden le necesaria atención que la criatura reclama. Tengan presente que el nasciturus viene con menos peso del recomendable para iniciar su andadura vital. Háganse a la idea de que estará en una incubadora hasta que aprenda a valerse por sí mismo. Sean, por tanto, condescendientes en las formas pero contundentes en el fondo.

Bitácora, o blog, lo que prefieran (aunque bien disfrazada, ya que le he quitado toda referencia a fechas y archivos), que merece, aconseja, requiere y hasta exige alguna que otra explicación, que son las que voy a darles ahora. Tómense lo que sigue como lo que es, la presentación de este nuevo blog de nombre:

FICCIENTOS

Inicio esta bitácora haciéndome eco de las absurdas reclamaciones de algunos lectores de mis ‘Salidas de Emergencia’, esto es, que dedique tiempo a la composición de ficciones. No hay mucho más propósito ni, por supuesto, ambición. Sin embargo, y en vista de que me he visto obligado a darle unas cuantas vueltas al problema de cómo estructurar una bitácora de ficción cuando uno no dispone de plan u objetivo que le guíe, me parece oportuno darles cuenta de algunas de mis reflexiones al respecto. Espero que con ello se hagan idea sobre qué pueden esperar de este experimento, sobre qué no pueden esperar de él y sobre qué espero yo de ustedes (no esperarían irse de rositas, ¿verdad?).

Les resultará evidente que lo que aquí (es decir, allí) se publique serán, en su mayor parte, borradores, intentos, versiones parciales, textos incompletos o merecedores de una amplia revisión. No es que quiera faltarles al respeto. Es que de eso se trata. Tengo idea de editar y reeditar continuamente los textos hasta que me satisfagan, y prometo tener muy en cuenta su opinión. Por eso les ruego ejerzan de críticos literarios. No se limiten a decir que les repugna o maravilla lo que han leído. Digan por qué (y, por amor de Dios, limítense a los escritos que para naves de los locos y chats desaforados ya tenemos las ‘Salidas de Emergencia’). Y no se alarmen si asomo poco por los comentarios. Sepan que todos serán leídos.

He adaptado una plantilla de Blogger Templates para esta nueva bitácora. Los habituales de las ‘Salidas de Emergencia’, que algo saben de mi opinión sobre la propiedad intelectual, quizá se sorprendan al observar el maldito símbolo: ©. Debo confesarles que ya venía con la plantilla pero me he decidido a mantenerlo por el carácter provisional de los escritos que contendrá. Ya habrá ocasión de licenciar libremente las versiones finales de los textos.

Pero todavía no les he dicho nada sobre el contenido. Vaya aquí una pequeña explicación. Todo éste se estructura en una serie de Secciones que encontrarán en el menú situado arriba a la izquierda bajo el rótulo ‘Sumario’. Por el momento no están todas ellas, ya irán sumándose las que faltan o las pendientes de nacer. La intención es obvia, agrupar los textos bajo algún criterio de unidad temática o formal. Así, por ejemplo, en la sección ‘Rosario’ se publicarán los distintos capítulos de cierto culebrón sobre el que alguno de ustedes ya tiene o debe tener noticia.

Cualquiera que haya trabajado con estadísticas sabe, no obstante, que no hay clasificación mínimamente operativa que no incorpore una partida ‘cajón de sastre’. En este caso, ésta será la sección denominada ‘Armario’ que recopilará textos cuya única característica en común será la de no poseer ninguna característica en común.

Sólo una sección (al menos en el momento de redactar esta introducción) está compuesta por material ajeno. Me refiero a aquella que se denomina ‘Recetario’ y que pretende recoger reflexiones de escritores y otros pájaros de mal vivir sobre el arte de escribir. Con suerte, paciencia y algo de voluntad quizá llegue a ser lo que pretende, un buen libro de cocina para amantes de las tecniquerías (y para los que las odian).

Dejo aquí de presentarles secciones porque todas ellas tienen su introducción en su correspondiente página. Poco más puedo decirles. Cuando nacieron las ‘Salidas de Emergencia’ no sabía qué hacer de ellas. Ahora, nuevamente me tiro a la piscina sin saber si tiene agua. Deséenme buen viaje y embárquense los que lo deseen.


Enlace a nuevas explicaciones sobre Ficcientos (15 de julio de 2005)

Recomendaciones interesadas

Pero si de verdad quieren ficción de la buena, no dejen de leer la divertidísima primera novela de Herman Melville, Typee (y, si es posible, seguida de su natural continuación, Omoo).

Y en medio de todo un océano de energía se esconde un secreto mar de la tranquilidad. No deberían perderse los excesos guitarreros de Stevie Ray Vaugham en su segundo disco, Couldn't stand the weather, pero, sobre todo, presten toda su atención a Tin Pan Alley, una verdadera joya.

P.S. Me constan los recientes problemas del servidor de comentarios. Me temo que no cabe más que sentarse y esperar.