10 de junio de 2005

Antología de Bolsillo (y en alpargatas)

Tropezar dos veces con la misma piedra puede llegar a tener su encanto aunque a veces me pregunto, recordando a Heráclito, si es posible tropezar dos veces con la misma piedra. La piedra de hoy, sea o no la misma, llega de la mano de don JPQ que, osado entre los osados, me ha incluido en una lista de víctimas rodeado de nombres que jamás habría imaginado ver escritos junto al mío (ni siquiera, por razones alfabéticas, en el listín telefónico). Wally ya me hizo una parecida y a los dos se lo perdono, que yo soy muy ‘iliunga’ y si me suelen pasar cosas sólo debe atribuirse a que soy un poco ‘shlimazi’. Y como quiera que sea que esto de los memes es una buena alternativa al método kundabuffer (del que tampoco hay que abusar) para cuando uno no sabe qué escribir o simplemente se le resiste lo que tiene entre manos, sustituiré la publicación de mi texto de hoy, que no me tiene muy satisfecho, por mi participación en esta cadena de (des)montaje.

Se trata de elaborar listas de cosas que a uno le resultan imprescindibles, y esto me recuerda, como casi todo en esta vida, cierto texto de mi admirado AM que trata sobre escritores declarando sus ‘influencias’.

Con frecuencia uno es injusto o, peor, ingrato, con un buen número de autores a los que debe mucho, sea en materia de oficio o de apreciación de la conducta humana y el mundo. Un escritor está recibiendo influencias cada día y cada minuto, y si es listo se va dejando alimentar hasta por aquellos en apariencia menos significativos. Pero le resulta más cómodo y mucho más elegante pensar y declarar que algo le debe a Cervantes, A Swift o a Melville, y a dos o tres que han estado siempre con él.

Este es el conflicto en el que me veo ahora. Desnudarme o vestirme. Y no sé muy bien cómo afrontarlo. Quizá lo mejor sea no pensárselo mucho. Cuando termine, porque ahora no lo sé, les diré cuánto hay en mis respuestas de disfraz y cuánto de strip-tease.

CDs imprescindibles:

Ninguno lo es (no como el aire acondicionado en el coche, que ha elegido un día como hoy para estropearse), pero haciendo memoria éstos son los que mejor han soportado el paso del tiempo (de mi tiempo, quiero decir), han sonado y siguen sonando con cierta frecuencia en mi reproductor. Supongo que eso me los hace ‘imprescindibles’.

– Tomás Luis de Victoria; Cantica Beatae Virginis, por La Capella Real de Catalunya y Hesperion XX, bajo la dirección de Jordi Savall; banda sonora tanto de las épocas más oscuras de mi vida como de las más brillantes. Hay quien pone a Victoria a la altura de Palestrina y Monteverdi, yo lo pongo por encima.
– Vivaldi; Il Cimento dell’Armonia e dell’Inventione (me niego a llamarlo Las cuatro estaciones y dejarme fuera la Tempestad en el mar y El placer); pero en la versión de Nikolaus Harnoncourt con el Concentus Musicus de Viena. La versión de I Musici, por ejemplo, se cuenta entre las que merecen la condenación eterna.
– Bach / Glenn Gould; Variaciones Goldberg; aquí coincido con don JPQ pero me permito añadir que son indispensables las dos grabaciones que Gould hizo de las Variaciones Goldberg. Quizá un buen complemento sea la versión de Gustav Leonhardt ya que, al fin y al cabo, Bach las compuso originalmente para clave.
– María Dolores Pradera; ...canta a José Alfredo Jiménez; crecí con este disco y las letras de José Alfredo bien podrían contarse entre ‘los cinco libros capitales de mi formación’ que enumero más adelante.
– Willie Dixon; The Chess Box; la sección de blues de mi discoteca es muy amplia y está llena de ‘imprescindibes’, pero uno siempre acaba volviendo a lo de siempre, al gran Willie Dixon y a...
– Robert Johnson; The Complete Recordings; la versión más reciente de Fausto, el hombre que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos (Crossroads) para tocar el blues como nadie. La oferta del diablo incluía cosas como Sweet Home Chicago, cómo resistirse.
– Jimi Hendrix; Are you Experienced?; Ningún Lp de Hendrix igualará la sorpresa que causó (y que por suerte, me causó) este primero.
– Stevie Ray Vaughan; Couldn’t Stand The Weather; Jimi Hendrix y Albert King reencarnados en los años ochenta. El diablo siempre ha tenido que ver con el blues.

Musiquillas indispensables

Decepcionaré aquí a cuantos esperen en esta sección grandes sorpresas. Mi ADN musical es, como cabía suponer, muy similar al de cualquier hijo de vecino. Seguro que olvido muchas, es lo que tienen las listas:

Ojalá que te vaya bonito; José Alfredo Jiménez
Stairway to Heaven; Led Zeppelin
The Load-Out/Stay; Jackson Browne
The Wind Cries Mary; Jimi Hendrix
The Times They Are A-Changin’; Bob Dylan
Honky Tonk Woman; The Rolling Stones
Stormy Monday; T-Bone Walker
The Weight; The Band
Bags Groove; Modern Jazz Quartet
Minor Swing; Django Reinhardt y Stephane Grapelli

Libros a releer anualmente

No llego a tanto como a releer anualmente pero los que pasan por aquí saben o sospechan que estoy constantemente releyendo a Borges y a Monterroso. Podría colocar aquí la lista de libros que quisiera releer anualmente de ser la vida infinita, pero sería traicionar el espíritu procustiano del meme.

Librería o Biblioteca:

Librería no puedo nombrar ninguna. Hace unos años me trasladé a una esquina del país y todavía no he encontrado por aquí MI librería. Biblioteca, sin duda ninguna, La Biblioteca de Babel.

Último libro comprado:

Uno es fetichista hasta con las cosas del trabajo. No me lo tengan en cuenta, pero el último libro que compré (casi un folleto, porque sólo tiene cuarenta y cinco páginas) fue National Income and Expenditure, de los padres de los sistemas de cuentas económicas J.E. Meade y Richard Stone. No encontré la edición primigenia de 1944 y me tuve que conformar con la segunda de 1948. Ahora me intriga quién pueda ser el tal Charles Kennedy que fue su primer poseedor en marzo de 1948.

Último libro releído:

Este es claro, los Essais de Montaigne. Y no será la última vez que lo haga.

Libro que tengo sobre mi mesa estos días:

Perdonen la exageración, pero quizá tardaría menos enumerando los libros que no tengo encima de mi mesa. Ninguno de ellos da idea de en qué ando últimamente, son, más bien, prueba del desorden que puebla mi escritorio. Pero en fin, vamos allá con los que coronan los diversos montones, todos ellos rodeados de pliegos técnicos, informes y montañas de CD’s llenos de datos estadísticos (con su correspondiente canon):

Justus Harnack; La Teoría del conocimiento de Kant.
Fray Luis de León; Poesías.
Arthur Mitzman; La jaula de hierro: Una interpretación histórica de Max Weber.
Walter Benjamin; Dos ensayos sobre Goethe.
Jean Starobinski; Jean Jacques Rousseau, la transparencia y el obstáculo.

Cinco libros capitales en mi formación:

Jaume Perich; Autopista y Nacional II; he de ser sincero, no sería el mismo de no haberlos leído a temprana edad.
Lawrence Durrell; El cuarteto de Alejandría; continuando con la sinceridad, mi generación, o la sección de la misma a la que pertenezco, fue víctima de don Lorenzo a edades en que no nos podíamos defender.
Jonathan Swift; Los Viajes de Gulliver; no se vuelve a ser el mismo tras leerlo.
Augusto Monterroso; La oveja negra (y otras fábulas); qué decir que no les haya dicho ya, o que sí les haya dicho.
Jorge Luis Borges; Ficciones; léase lo escrito para Monterroso.

Relación de directores de cine:
(Sección añadida por don JPQ)
John Ford, John Huston, Joseph L. Mankievicz, Billy Wilder, Terry Gilliam, Joel Coen.

Relación de fotógrafos:
(Sección añadida por un servidor, que la echa de menos en el blog de don JPQ)
Cuatro nombres opuestos: Henri Cartier-Bresson, Helmut Newton, Ansel Adams, Eikoh Hosoe. Y un recuerdo para mi prima Bárbara.

Relación de pintores:

Dice don JPQ que esta sección resulta innecesaria en vista de que el arte ha muerto. Precisamente por ello respondo yo aquí. De los caros, los de siempre, Rembrandt, Goya, Van Gogh, Picasso, Cezanne, Kandinski, Ernst, ... De los que todavía se pueden comprar a buen precio, sin duda, José Antonio, mejor Pepe, Alcalá (no hay mucho por la red sobre él, yo sólo he encontrado esta presentación de Powerpoint, que no le hace justicia). Y un recuerdo también para Alejandro Gornemann: años después de asistir a la inauguración de su primera exposición me lo encontré de vecino, puerta con puerta, en los tiempos en que viví en Malasaña y pasamos alguna que otra noche etílica escuchando la Teoría estética de T.W. Adorno mientras leíamos ávidamente a los grandes del Jazz.


¿A quién pasarle el testigo sin ofender demasiado? No es fácil (Chin, tranquilo, te dejaré a salvo). Supongo que a Aquende, para irlo desagrafiando aún más; a Ana por ver si de una vez publica algo; al Consultor Anónimo, por fastidiarle la unidad temática de su blog; Al recuperado Kill-9, porque estoy seguro de que me sorprenderá,... qué demonios, se lo paso a toda la panda.

Y así, de esta manera tan tonta, hemos llegado al final. Ahora les debo la confesión prometida: a día de hoy y exacta y precisamente a esta hora considero cierto todo lo hasta aquí dicho y escrito, lo que no quita que pueda pasar a ser falso en el mismo momento de presionar el botón de ‘Publicar’.