8 de julio de 2005

Nanomedios y visitas

Acabo de enterarme de que los blogs ahora son ‘nanomedios’ y reboso felicidad por los cuatro costados (y por arriba y por abajo). Fíjense qué descubrimiento tan sustancial y sustancioso, un blog es la milmillonésima parte de un medio. Los de letras quizá no hayan caído en la cuenta, pero aquí estoy yo para sacarles del error que con los muchos tienen:

1 blog = 0,0000000005

No sé a ustedes, pero a mí me tranquiliza sobremanera semejante descubrimiento. Llega uno a un punto en que la simple sospecha de la intrascendencia de lo que hace no basta. Se hace necesario confirmarlo. Por ello, saber que estas ‘Salidas de Emergencia’ son tan sólo un número tan minúsculo me ha proporcionado las fuerzas suficientes para regresar aquí dejando de lado las depresiones post-parto, dispuesto a proporcionarles la dosis de martirizante prosa que quizá no merezcan. Tampoco es cuestión de dejar el vicio de golpe que luego se sufre mucho de forma innecesaria.

No les hablaré hoy, como la última vez, de encuestas regulares (o irregulares, o incluso buenas). Vaya pérdida de tiempo. No veo razón por la que los epidemiólogos precisen de encuestar a los microbios para descubrir cómo acabar con ellos. Basta un microscopio (o una buena lupa, caso de tratarse de un amateur) para realizar descubrimientos sorprendentes y ganarse una estancia temporal en las enciclopedias. Pero no quiero irme por las ramas, que empiezo a parecerme a cierto Ulises.

El caso es que siempre me he tomado los weblogs y páginas personales como la casa del autor (o no-autor). Uno puede visitarla por interés o cortesía, o puede llegar allí por error. Cabe que llamen a la puerta y se encuentre uno a una familia numerosa preguntando desesperada si allí vive algún elefante rosa, cosa frecuente gracias a Google. Cabe incluso que se trate de un vendedor domiciliario que acompaña con una sonrisa la exposición de las virtudes de algún extraño ingenio antes de recibir el conveniente portazo en las narices. A veces, las menos, la visita viene buscándole a uno.

Les cuento todo esto para que no se llamen a engaño. Visitas no equivale a lectores y conviene tener claro que uno escribe para que le lean, no para que le visiten (tengo algo más que sospechas de que mi anterior entrega resultó muy visitada y poco leída). Otros habrá a la caza de visitas, ocupación legítima donde las haya. Yo sólo ando a la caza de los cuatro desequilibrados capaces de llegar hasta el final de los ladrillos que por aquí suelto. Pero ya que me consta que no todos comparten este absurdo interés y que a veces me sale un no sé qué de vocación de servicio público, les hablare hoy de visitas.

Propone nuestra sensata, dicho sea esto completamente en serio y sin ninguna ironía o sarcasmo, amiga Ceci una serie de consejos para aumentar el número de visitas a una página web. Todos ellos resultan de especial utilidad e interés, aunque les destacaré uno de ellos particularmente lúcido (y que, me temo, no estoy aplicándome hoy): ‘Tener algo que contar, no forzar la máquina’. Me permitiré hoy completar esta información con una aproximación científica basada en resultados de primera mano.

Como saben algunos, hace tiempo abrí una bitácora para coleccionar las extrañas búsquedas que a unos cuantos les habían conducido hasta estas ‘Salidas’. De paso, se supone que conseguiría desviar parte de ese tráfico hasta allí dejando más tranquilo este lugar. En cierta medida se ha confirmado el desvío, pero, para mi sorpresa, he descubierto que hay tres o cuatro cosas que se repiten con insana insistencia desde hace tiempo. En las ‘llegadas’, que no atiendo como merecen y siempre andan bastante descuidadas, aparecen a diario entre veinticinco y cincuenta personas en busca de las siguientes cosas:

  • Invitaciones para bautizo

  • Un resumen de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

  • Fotomontajes del Betis

  • Lenguaje connotativo


Todos aquellos que deseen aumentar el tráfico de sus páginas tienen aquí una obvia solución. Tomen nota: deben elaborar modelos de invitaciones de bautizo redactadas con lenguaje connotativo e ilustradas con fotomontajes del Betis. Añádanle un resumen de Jekyll y Hyde y ya tienen el éxito asegurado. Todos aquellos que no me crean, esperen una semana para confirmar la efectividad de esta estrategia que, por si no se han dado cuenta, yo mismo estoy aplicando aquí (por pura curiosidad científica, claro).

De demostrarse el aumento de tráfico, vayan aquí mis disculpas para los pobres conejillos de indias del experimento. Aquí tienen una serie de compensaciones por las molestias.

  • Si lo que busca son invitaciones de bautizo, las más cursis que he encontrado son éstas.

  • No sé qué clase de fotomontajes del Betis puede pretender pero quizá éste, o éste otro le gusten.

  • Si busca lenguaje connotativo (siempre he creído que todo lenguaje es connotativo, la denotación es ilusión), poco puedo hacer por usted. Como mucho, dirigirle hacia una definición denotativa.

  • Si le interesa un resumen de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, debo aconsejarle que se lo lea entero (es bien cortito, no hay que asustarse) porque merece la pena y quizá le sorprenda. El project Gutemberg alberga dos versiones del libro (una y dos).


Y si han llegado hasta aquí, merecen conocer a cierto visitante que se dejó caer por aquí ayer. Les prevengo de que necesitarán recordar los ejercicios de respiración de aquellas clases de yoga que tomaron hace años si quieren ser capaces de llegar hasta el final de cierto texto muy esclarecedor. Les estoy hablando de José JoaKing, compatriota de don Tito Monterroso (¿qué tendrá Guatemala para repartir tantas virtudes?), y que me ha demostrado una vez más que abrir esta página mereció la pena al permitirme conocer a tanta gente que andaba por ahí, tan escondida como yo, con cosas interesantes que decir y que dicen de forma interesante.

Ahora tengo que dejarles porque, como algunos de ustedes saben, tengo que visitar el bar ‘La Esquina’ para ver si me entero de una vez de qué es lo que cuece allí, que no me deja dormir y, consecuentemente, me impide despertar en presencia de una mujer cuyo nombre empieza con la letra ‘R’. Que tengan un buen día.