15 de julio de 2005

Nuevas explicaciones

Mi nueva criatura cumple hoy quince días y estoy empezando a conocerla. Ya les dije en su día que me lanzaba a la piscina sin saber si contenía agua. Voy comprobando día a día que no se trataba de una alberca vacía, pero que está llena de algo muy distinto a lo que imaginé hace tan sólo dos semanas. Déjenme explicarme a ver si así, de paso, me aclaro yo con qué se cuece por allí. Ruego disculpas a todos los que no suelen visitar la nueva bitácora, porque difícilmente entenderán nada de lo que sigue, pero me tomaré este día para ofrecerles (y ofrecerme) unas

NUEVAS EXPLICACIONES SOBRE FICCIENTOS

Ficcientos nació con la única pretensión de ser un cajón en el que almacenar textos de ficción, someterlos a su despiadada crítica y con ello mejorarlos en lo posible. De semejante idea se deduce o debería deducirse naturalmente la completa desestructuración de su contenido. En todo momento pensé en una colección de escritos que nada tendrían que ver entre sí. Sin embargo, a medida que la redacción ha ido avanzando, los distintos textos han comenzado a lanzarse cabos entre ellos como en el más ortodoxo abordaje pirata y la bitácora en sí ha empezado a cobrar una unidad temática que jamás habría sospechado.

Como saben sus pocos seguidores, el novelón Rosario nació de la peregrina idea, que alguna vez se planteó por aquí, de componer un texto en el que la acción no avanzase jamás. No creo que la actual Rosario responda exactamente a esa idea. Ya ha logrado emanciparse de sus padres. Pero ya muy al principio, en el primero de sus capítulos, se coló de rondón don Alirio Gutiérrez, al que yo sabía protagonista de otra de las secciones de la bitácora, la denominada Breviario.

Si aquí quedara la cosa, tampoco sería cuestión de preocuparse mucho. Podría tratarse sólo de un pequeño guiño inocente que uno de los textos le hace al otro. Pero mientras todo esto sucedía llevaba tiempo trabajando en otra de las secciones, el Bestiario, que es consecuencia directa de aquellos fragmentos enciclopédicos de hace tiempo. La primera figura llamada a ingresar en el Bestiario era un oscuro lingüista nórdico especializado en idiomas que jamás han sido hablados y, en principio, no existía conexión ninguna ni con Rosario ni con don Alirio Gutiérrez.

Es responsabilidad del señor Yoshimoto (y del ‘ilustre’ Juanba, que tan intrigado andaba con las expresiones de aquel) el hecho de que mi lingüista, Jesper Henning-Olsen, se especializara en su juventud en la interpretación de la misteriosa metáfora del torero japonés. De alguna forma el Bestiario que hoy he estrenado se ha convertido, desde su nacimiento, en la enciclopedia explicativa de lo que acontece por el bar ‘La Esquina’ así como de las obsesivas investigaciones del desconocido autor del Breviario.

Supongo que comprenderán que me encuentre abrumado por esta circunstancia. Lo que iba a ser una recopilación de textos inconexos me exige ahora un titánico esfuerzo por mantener su unidad. No se preocupen (o háganlo), haré ese esfuerzo por lealtad a los veinte fieles lectores de todo este desaguisado (la cifra no es recurso literario sino cálculo exacto del promedio de visitantes recurrentes). A cambio, sólo les pido que tengan en cuenta lo que a mí me ha llevado dos semanas comprender, que al menos Bestiario, Breviario y Rosario componen una única obra. Si alguna sección más decide subirse al carro, cosa que no puedo garantizar que no vaya a suceder, tengan por seguro que se lo haré saber.

Un extraño sentido de la responsabilidad hacia esta tierna criatura me ha nacido, con sus inseguridades e incertidumbres. No otra ha sido la razón de que haya solicitado el concurso y la opinión de dos de los lectores de estas páginas, Ana y Aquende, para continuar con la redacción de mis ficciones. He tenido la suerte de contar con sus apreciaciones y críticas antes de publicar la última entrega y, mientras se dejen, pienso seguir haciéndolo. Vaya desde aquí mi agradecimiento así como una exculpación oficial por todas las tropelías que pueda cometer o haya cometido ya.

Y para terminar, un pequeño anuncio. En breve inauguraré allí una nueva sección cuyo objetivo es dejar registro de todas las modificaciones, rectificaciones, correcciones y reediciones de los textos ya publicados para que les resulte más sencillo su seguimiento. La sección, no podía ser de otra forma, llevará el nombre de ‘Notario Fedatario’ y podrán encontrarla (todavía no, insisto, será en breve) en un botón en la parte inferior de la bitácora. Mucho he reflexionado sobre quién debería desempeñar el papel de notario y no crean que el nombramiento lo he realizado a la ligera. Pero finalmente he llegado a la conclusión de que la única persona de los que por aquí paramos que reúne las necesarias dotes de seriedad y responsabilidad no es otro que el mismísimo Alirio Gutiérres que queda desde este momento encargado oficialmente de desempeñar tan crucial función. Espero y deseo que compartan mi decisión.

Y MÁS EXPLICACIONES

Imagino que estos problemas que me aturden les traen sin cuidado. Al menos a mí me traerían al fresco si estuviera en su lugar y no espero menos de ustedes. Pero no hay mal que por bien no venga porque el nacimiento de mi nueva criatura había traído consigo otro pequeño inconveniente para el que me costaba encontrar respuesta: ¿en qué quedarían estas ‘Salidas de Emergencia’? ¿Qué debería publicar aquí?

El desdoblamiento de la pesonalidad no se cuenta ni entre mis virtudes ni entre mis defectos y atender dos blogs (tres si contamos las Llegadas) me resulta especialmente desequilibrante (tomen conciencia de lo alarmante de esta situación los que sepan de mi desequilibrio natural en ausencia de blogs). Quizá el señor Borgeano pueda explicarme cómo se hace para jugar a tantos palos sin peligro para la salud mental.

Pero ahora que la unidad temática de aquel otro sitio está clara, son estas ‘Salidas’ las que han de convertirse en cajón de sastre, que es lo que han sido siempre. No volveré, si puedo, a darles la paliza con otra estupidez de este calibre. Mejor volveré por mis fueros con apreciaciones, juicios y hallazgos completamente prescindibles que basan su valor precisamente en su inutilidad. Gracias por haberme aguantado hasta ahora. Por lo demás, no cabe sino despedirme con un último párrafo en el que sospecho se ha entrometido la mano de las hermanas Vane.

He estudiado estos secretos casi recluído. Imaginando tantos objetos, escenas, situaciones, tantos oscuros personajes ocultos rogando que utilice esta herramienta antes borrosa, incluso arrinconada, que uno estima posible un botín. La ignorancia comenzará a rendirse ante la gran ocasión.