4 de agosto de 2005

La nostalgia ya no es lo que era

Diversas complicaciones me han tenido ausente estos días. De algunas de ellas ya tienen noticia, como cierta encuesta que se encuentra ‘en curso’ en estos momentos. De algunas otras poco saben, como que cierto cantautor que ama y lucha me ha pedido a mi querida Camps NAC-1 para un concierto el viernes (Dios mío, si es mañana) y ando poniéndola a punto (dejar una guitarra en óptimas condiciones lleva su tiempo, créanme). Y de otras no creo que sepan nada y está mejor así, que esto es un blog y no un confesionario. Pero ya que me paso la vida pidiéndoles disculpas vayan aquí las que corresponden a la ausencia y, además, las que se deben a que tengo el día nostálgico y no sé en qué puede acabar este escrito.

El caso es que ayer, mientras regresaba a casa, en plena escala técnica, me hice con cierta recopilación que me hizo rememorar aquellos años setenta de los que quizá hayan oído hablar. Cómo pasa el tiempo. Treinta (y un) años después de la aparición de ‘Señora Azul’, acaba de publicarse una edición conmemorativa que lleva por título ‘Gran Reserva 30 años’ y que incluye, además de ‘Señora Azul’ completo, una selección de temas extraídos de sus otros dos (o tres) discos, una maqueta inédita de 1978 y un DiViDí con las escasas apariciones en televisión de los protagonistas de hoy mas un pequeño documental sobre los mismos. Les hablo de CRAG o, lo que es lo mismo, de Juan Robles Cánovas, Rodrigo García, Adolfo Rodríguez y José María Guzmán, más conocidos como Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (reconozcan que Robles, García, Rodríguez y José María sonaba mucho peor).



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Para aquellos, espero que pocos, que no tengan la fortuna de conocerlos, les cuento que se trata de una banda legendaria de la música española. Formada en 1974 tras la disolución de Solera (¿alguien recuerda ‘Calles del viejo París’?), se destaparon con el mítico ‘Señora Azul’ para alegría de pocos ya que su gloria fue efímera. A mediados de los años ochenta volvieron a reunirse para editar dos discos más y eso es todo (mas un disco que Rodrigo, Adolfo y Guzmán editaron en 1994). Afortunadamente las palabras de una de sus canciones han resultado proféticas.

y lo bueno que un día hicimos juntos
queridos compañeros, quedará.

De momento queda y somos muchos los que deseamos que siga quedando el trabajo de una banda (un tanto Guadiana, pero banda al fin y al cabo) nunca bien tratada por público e industria. Rodrigo (que ya lleva tres libros publicados, que yo sepa), lo deja bien claro en un texto lleno de grandes verdades.

Ahora nos adulan de importantes y legendarios un público y una industria que demasiadamente anduvieron ignaros y descompuestos, por la mayor parte. Pero más vale tarde que nunca, ser agradecidos es de ser bien nacidos, y el resto del refranero “ad-hoc”.

Lo importante es el trabajo bien hecho, la aceptable y modesta vergüenza torera que escandalosamente ha escaseado y escasea en tantos y tan laureados ejemplos.

Lo importante es ahorrar bochorno a nuestra gente, obligándonos con ganas a la obra decente, a rechazar las fáciles y falsas excusas de los idiomas ajenos como coartada al vacío, aceptando, faltaría más, los límites de nuestra condición no virtuosa.

Porque, cuando la sensibilidad y la inteligencia de los mandos, y lo mismo más el clamor exigente de las muchedumbres nos concedan su verdadera confianza, estrenaremos las inéditas y crecientes maravillas que se nos amontonan (con paciencia de peregrinos del Camino de Santiago) en el sosiego de nuestro archivo, en el recogimiento y la fresca sombra de nuestras bodegas, delante del ancho mar, en los ocasos frente a nuestras playas blancas, en nuestro clásico y barroco y romántico disco duro.

Siempre creí que ‘Señora Azul’ era una canción dedicada a los críticos musicales, el reproche de cuatro grandes profesionales hacia la frivolidad imperante entre los ‘formadores de opinión’. He leído, no obstante, en el blog de Otis B. Driftwood (pariente de Groucho), un comentario que afirma que la canción está dedicada al censor (no debe olvidarse que Franco todavía vivía cuando se publicó). Hay incluso quien la considera un precedente del Mobbing y quien cree que describe muy bien a cierto talibán. Hágase cada cual la composición que más le apetezca.

Señora azul, que sin contemplación,
desde la cima de tu dignidad
vas a imponer tu terca voluntad
y con tu opinión medir nuestro criterio.

Señora azul, que ciega la razón,
dejas sentir tu olímpico desdén,
es sugestión tu alarde de saber,
tu realidad es sólo confusión.

Tú no puedes apreciar con propiedad
el color de la cuestión,
porque desde la barrera sueles ver
toros que no son y parecen ser.

Señora azul, de vicio criticón,
sin dar la talla de profesional.
Señora azul, qué lastima nos das,
la mediocridad está en tu corazón.

Déjenme que me ponga nostálgico y disfrute de mi nueva adquisición, y recuerde las noches en el Clamores Jazz Club de Madrid (que me cogía a cien metros de casa) en las que tres de ellos (en casi todas las combinaciones posibles, pero nunca los cuatro) repasaban su repertorio en directo, y lea cosas en sus letras que no pienso escribir aquí.

La botella fue mi amiga
hasta el día de hoy
y de esta forma voy
rodando por la vida.
Mientras lo paso bien
la gente se suicida.
Yo sé seguir
y se esperar,
y bien pensado
no me va tan mal.


Volveré por mis fueros.