18 de septiembre de 2005

Confesión de secreto (que no secreto de confesión)

Hace ya unos cuantos días que me llamaron aquí cotilla. Y todo porque, nunca se lo he ocultado, me gusta observarles mientras pasean por estas páginas. Es más bien voyeurismo, pero ya va siendo hora de que les confiese algún secretillo que otro (en este momento, para alcanzar el efecto deseado, deben ustedes canturrear la musiquilla de Expediente X). Espero que sepan guardarlo y no vayan contándolo por ahí para acabar con mi pequeña diversión.

Los más inocentes creerán que el fondo de esta página es de color blanco. Nada más lejos de la realidad. En realidad está compuesto de un novedoso material llamado Translux que tiene la particularidad de parecer blanco por un lado, pero es translúcido por el otro. Gracias a él puedo observarles con todo detalle porque, tal y como imaginan, en el preciso momento de leer estas líneas unos ojos, los míos, les están observando. Yo estoy ahí, detrás de la pantalla, mirándoles. Sí, les estoy vigilando.

Claro que no todo se basa en el Translux. Es necesario algún sistema de transmisión de imágenes y como yo no soy la CIA, mi tecnología es algo limitada. No alcanzo a verles más que a una resolución de 320x240 pixels pero son más que suficientes para satisfacer mi insana curiosidad. Para que se hagan una idea de cómo les veo desde aquí, ésta es una imagen tomada hace unos días (por supuesto, no identificaré al visitante).

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Como les digo, se trata de un sistema algo limitado (no quiero ni pensar la calidad de imagen de que disfrutan los servicios secretos). Entre las limitaciones de este sistema, por ejemplo, se cuenta que no dispongo de un objetivo con zoom. Así, me veo obligado a trabajar con una longitud focal fija. Con esta información ya saben como librarse de mi vigilancia: basta con acercarse suficientemente a la pantalla. Sospecho que alguno de ustedes ya ha caído en la cuenta y se trabaja la intimidad usando esta sencilla técnica. Así se explicaría que me encuentre con capturas como esta.

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En todo caso, como pueden ver, mi sistema de vigilancia voyeurística no es gran cosa, pero es suficiente para colmar mis pretensiones y, desde luego, supera con creces a los ridículos contadores que se ven en otros blogs. Tampoco deben alarmarse, les garantizo que toda la información contenida en los ficheros personales que abro para cada visitante sólo será usada con fines lícitos (quedando la definición de licitud a mi entera discreción, claro). Quedan avisados. No hagan aquí tonterías porque no se me escapa ni una (la señorita que lee estas páginas completamente desnuda puede y debe seguir haciéndolo, por supuesto). Por ejemplo, ayer a uno de ustedes le dio por hacerme burla. Creyó, inocente él, que no me enteraría, pero ha quedado perfecto registro de la misma como les demuestro a continuación.

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No tomaré medidas contra este caballero por el momento. Baste con esta advertencia. Pero no lo olviden, están siendo vigilados y más vale que sepan comportarse. Es preferible, por tanto, que dediquen sus energías a mostrarme su mejor perfil, cosa que también ocurre a veces, como pueden ver aquí.

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Tras esta confesión supongo que entenderán que mi juguetito me tenga como niño con zapatos nuevos. Si me pusiera a contarles anécdotas divertidas o curiosas sobre lo aquí registrado tendría que abrir otro blog (cosa que no haré por escasez de energías). A veces se lleva uno alegrías insospechadas. Cuando ví esta imagen en riguoso directo creí, es lógico, que se trataba de la Ceci.

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Pero luego se echó hacia atrás y pude comprobar que se trataba de la mismísima Pamela Anderson, a la que, por lo visto, algo se le había perdido por estas ‘Salidas’ (¿le interesará Quirin Kuhlmann?). Quizá sólo estuviera buscando invitaciones de bautizo o fotomontajes del Betis (que siguen siendo las búsquedas más frecuentes por las que se llega aquí). Pero el caso es que se quedó un rato por aquí, cosa que agradezco exactamente igual que les agradezco a ustedes que hayan llegado hasta aquí en esta chorrada de texto.

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Pero no vayan a creer que todo es diversión. Hay veces, por el contrario, en que uno se lleva grandes sustos. La verdad no siempre es agradable y saber no siempre es recomendable. Yo he visto aquí demasiadas cosas. Ayer mismo, y no es un caso aislado, les dio por visitar esta página a las misteriosas caras de Bélmez. No sé por qué se interesan por mis tonterías, pero la cosa no me tiene nada tranquilo.

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Y ahora les dejo porque estoy empezando a oir ruido de cadenas (¿les dije que mi sistema también tiene audio?). Ya están aquí...