12 de septiembre de 2005

Infiernos

Cualquiera que frecuente estas páginas, es decir cuatro [pongan aquí el animal que consideren adecuado], sabe de mi fascinación por Stevenson y por los mares del sur (que es una forma poética de hablar del Pacífico Sur). Tanta es ésta que mandé allí a Wassermeier a realizar grandes descubrimientos y le coloqué un epitafio casi idéntico al del propio Stevenson (cosa que nadie ha señalado, están ustedes dormidos). El amigo Jordi sugirió un más que probable encuentro entre Wassermeier y Joshua Slocum, legendario marino del que los cuatro [pongan aquí el animal que consideren adecuado] antes mencionados ya tienen cumplida noticia. No sé ustedes, yo estoy convencido de que Wassermeier y Slocum navegaron juntos y se transmitieron más hallazgos y descubrimientos de los que cabe imaginar por la misma razón que creo que Jesper Henning-Olsen sigue vivo (¿o murió en Ciudad del Cabo?) o que Archibald Fenster-Parrish le contó a su hija Marianne más de lo que ésta ha hecho público después (Paréntesis publicitario: pronto, en Ficcientos, el epistolario entre Marianne y su padre).

Me preguntaba ayer o antesdeayer el amigo Chin si estaba bien. Está visto que todo este mundo que me está naciendo alrededor (tecnología incuída) siembra serias dudas sobre mi salud mental. Es lógico. Yo comparto esa preocupación. Sin ir más lejos, el otro día a don Alirio Gutiérrez le salió un hermano gemelo del que yo no sabía nada y se presentó en La Esquina sin avisar. Todavía estoy reponiéndome del susto mientras sigo soñando con un retiro dorado que, de no poder ser en Tapihi tendrá que ser en Bora Bora. En todo caso ahora entiendo por qué don Alirio siempre decía que abominaba los espejos porque multiplicaban el número de los hombres

Pero todo eso, los mares del sur, Tapihi y Bora Bora, los hermanos Gutiérrez o Archibald Fenster-Parrish, sólo son una mezcla de sueños y recuerdos. Aquí y ahora la realidad es muy otra y no hay Tranviarios, Rosarios o sexadores de rinocerontes. De todas formas no suelo traer la realidad por aquí, con más razón si cabe creo que no debo traer la mía. Cada uno tiene sus infiernos y es buena cosa limitarlos a la más privada de las esferas privadas (esfera que, en aras del buen gusto, no incluye un blog, por supuesto).

Y hablando de infiernos, hay quien piensa que soy un lujurioso que se merece la condenación en el segundo círculo del infierno. La cosa es ciertamenrte ingénua pero si tienen tiempo que perder pueden pasarse por el test que les ubicará en el infierno de Dante. Estos han sido mis resultados:

The Dante's Inferno Test has banished you to the Second Level of Hell!
Here is how you matched up against all the levels:

LevelScore
Purgatory (Repenting Believers)Very Low
Level 1 - Limbo (Virtuous Non-Believers)Very Low
Level 2 (Lustful)Extreme
Level 3 (Gluttonous)High
Level 4 (Prodigal and Avaricious)High
Level 5 (Wrathful and Gloomy)High
Level 6 - The City of Dis (Heretics)Very High
Level 7 (Violent)High
Level 8- the Malebolge (Fraudulent, Malicious, Panderers)Very High
Level 9 - Cocytus (Treacherous)High


Take the Dante's Divine Comedy Inferno Test

Como ven soy toda una joyita. Me han tachado de lujurioso pero tengo nota alta en todos los círculos. Glotón, traicionero, malicioso, hereje, ... no hay, por lo visto, pecado que me sea ajeno (bien pensado, podía alabarse mi sinceridad al responder a las preguntas) aunque, gracias a Dios, me ocurre lo mismo que a Sir Thomas Browne, que mis pecados no carecen de nombre para tranquilidad de Platón.

Me imagino que será ésta la razón por la que a mi fascinación por el paraíso representado por el Pacífico Sur se le une otra no menos intensa, la fascinación por el Infierno. Cuendo estas páginas estaban naciendo me empeñé en llevarles allí de excursión, pero sólo conseguí, tras grandes esfuerzos que se alargaron durante muchos días, llegar al Lago Nemi, que como sabe todo hijo de vecino, esconde uno de los principales accesos al reino del oscuro Dite. Claro que allá las cosas ya no suelen ser como antes. La bella Proserpina hace horas extras en la temporada de rebajas para sacarse un sobresueldo, Caronte ya no está en condiciones de atender a las crecientes masas que se empeñan en hacer uso de sus servicios y Virgilio ha decidido abandonar su trabajo de guía turístico de aquellos lugares porque al último de sus clientes le dio por hacer público todo lo que le contó acabando con el valor añadido de sus visitas guiadas. Parece que sólo don JPQ, siguiendo a Rimbaud, pasa sus vacaciones por allá.


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Dos buenos amigos, de nombre Jorge Luis y Adolfo, recopilaron en un curioso libro numerosos testimonios, ideas, recreaciones y reflexiones sobre el Cielo y el Infierno. Aquel volumen llevaba por título, escasamente original, El libro del Cielo y el Infierno. El cielo, no obstante, no ejerce fascinación alguna por ser imprefecto, como bien señaló otro ilustre amigo de estas páginas.

–Es cierto– dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas de la chimenea aquella noche de invierno–; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el Cielo no se ve.

No hace mucho les traje por aquí a Lezama Lima. Para compensar, venga hoy Virgilio Piñera. De sus Cuentos fríos de 1956 les traeré hoy una cita, recogida en El libro del Cielo y el Infierno, que me tiene estos días algo inquieto.

Cuando somos niños, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en boca de nuestros padres. Después, esa noción se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman –¡las llamas de la imaginación! –. Más tarde, cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues ¿quién renuncia a una querida costumbre?

Mucho antes, en 1903, George Bernard Shaw había escrito que el infierno es la patria de lo irreal y de los buscadores de la dicha. Es un refugio para quienes huyen del cielo, que es la patria de los amos de la realidad, y para quienes huyen de la tierra, que es la patria de los esclavos de la realidad.

Pero no se me asusten, que a pesar de que esta semana que empieza va a resultar algo agitada y quizá desagradable para este que firma, todo esto sólo viene a cuento de que quería colocar aquí el retrato de Proserpina por Dante Gabriel Rossetti, que siempre me ha fascinado y que tienen allá arriba. Por lo demás, les sigo emplazando a vernos aquí o en el Infierno y si esto les ha dado en qué pensar, sepan que a mí me ocurre lo mismo.