20 de octubre de 2005

Auctoritas

La autoridad tiene un no sé qué que la hace francamente útil para multitud de negocios. Lo mismo vale para un roto que para un descosido, y no crean que la cosa se limita al ámbito político, jurídico o profesional. No, más bien no hay ámbito de la vida en el que la autoridad no resulte de utilidad. A bote pronto recuerdo, por ejemplo, una canción que solían cantar Los Lobos hace más años de los que quiero recordar y que ilustra a la perfección este extremo.

Cuando te cases con el otro iré a tu boda,
cuando pregunten en seguida me opondré,
y si pregunta el cura que por qué me opongo,
yo le diré que porque tú eres mi querer,
y si se enoja el que irá a ser tu esposo

saco mi cuete y me pongo a disparar.
Al fin y al cabo yo no le temo a la muerte
y voy al bote porque soy la autoridad.

Ay! Anselma, Anselma, Anselma,
chaparra de mis penares,
o, dejas que te visite
o, te mando a los gendarmes.

Y si te niegas a matrimoniar conmigo
les quito el rancho y propiedad de tu papa,
les pongo impuestos y hasta les quemo la casa,
porque por algo soy aquí la autoridad.

Yo ordeno, y mando en todo este munisipio,
yo te lo digo por si quieres escapar
Allá en el otro el que manda es mi tío Eligio,
no más le digo y te tiene que agarrar.

El problema es que la autoridad no la regalan por ahí. Qué fácil sería todo si uno pudiera disfrutar de los beneficios de la autoridad cuando le viniese en gana. Pero no es tan fácil. En parte la cosa supongo que debe ir en los genes. Resulta imposible tomarse en serio las palabras de determinadas personas por la misma razón que no cabe pensar que alguien pueda rechistar a otras por nada de lo que digan. Son las cosas de la autoridad, unos la tienen y otros no.

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De todas formas, es cierto que uno puede poner de su parte para ganar en autoridad. No es cuestión de que les desarrolle aquí los pormenores de las técnicas conocidas al respecto, me referiré tan sólo a una de ellas, la que atiende al aspecto exterior que debe presentarse si se quiere que le hagan caso a uno. Quizá el mejor ejemplo de lo que quiero decirles sea el de aquellos inolvidables personajes (más aquí, y aquí, y aquí, y también aquí) que debemos a Kill-9 (que anda algo ausente esta temporada). Porque, vamos a ver, ¿acaso tienen alguna duda sobre cuáles de los personajes que les presento a continuación muestran mayor autoridad?

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No creo que la cosa necesite de mayor explicación y, en consecuencia, no habrá aquí ni mayor ni menor explicación sobre el asunto. Tan sólo la presentación de cierto personaje que me lleva rondando (y lo que les rondará a ustedes, morenos) estos últimos días y que ya va siendo hora de sacar a la luz.

Como saben algunos, en el último de mis escritos se tanteaba la posible convocatoria de un concurso para premiar a los peores blogs. De hecho, planteamos aquí una pequeña encuesta para decidir cuál era el nombre más adecuado para los premios. La encuesta sigue abierta, pero ya que, en el momento de redactar estas líneas, el nombre ‘Pablito’ lleva una considerable ventaja, lo utilizaré para tratar la cuestión. Siempre estaremos a tiempo de cambiarlo en caso necesario.

Pues bien, a lo que iba. Andaba yo dándole vueltas a todo esto cuando caí en la cuenta de que si algo me falta para covocar una cosa así es autoridad. Por eso decidí recurrir a Pablito, al que, teniendo en cuenta lo que les he expuesto más arriba, le he concedido toda la autoridad de la que he sido capaz. Así pues, no seré yo, sino Pablito, el juez supremo de este naciente concurso. Ya va siendo hora de que conozcan a Pablito, su próxima pesadilla.

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Debo reconocer que tengo mis serias dudas sobre la idoneidad de Pablito para el puesto. Al fin y al cabo no hace mucho se empeñó en llevar adelante una campaña contra la lectura de blogs que, todo hay que decirlo, nunca tuvo gran eco ni en la blogosfera ni fuera de ella. No ha sido nunca Pablito un defensor de los blogs, pero quizá por ello deba ser considerado toda una autoridad en materia de blogs malos (¿alguno no lo es? diría él).

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Así que ya ven, aparte de toda una larga lista de obligaciones que no pienso enumerar aquí, llevo estos días algo ocupado discutiendo con Pablito los detalles sobre la convocatoria de este, sin duda necesario, concurso. Tendrán noticias al respecto en breve. Al fin y al cabo son ustedes la inspiración, los destinatarios, los protagonistas, el corazón y los intestinos de todo lo que habrá de venir. Cuento con su apoyo o les mando a los gendarmes.