16 de octubre de 2005

Recargo de premios

El pasado 6 de octubre, se conocieron los galardonados con el premio Ig Nobel en la convocatoria de 2005. Ya les he hablado alguna vez de los mismos. Tienen su importancia pues, aunque Hernán (me daré el gusto de llamar a un blogger por su nombre de pila, al fin y al cabo él también lo hizo en su día) lleva razón al afirmar que todos los estudios son boludeces, no es menos cierto que entre las boludeces también hay grados y algunas merecen premiarse o destacar entre el infinito mar de las boludeces (y eso que hasta hoy jamás había usado la palabra ‘boludeces’; no me reconozco).

El caso es que esto de los premios abunda cada vez más y yo los sigo con particular interés. Recuerdo haberles hablado alguna vez de los Darwin Awards, el galardón que concede (a título póstumo, claro) una filantrópica institución a todos aquellos que han sufrido una muerte estúpida, en señal de agradecimiento por retirar su carga genética de la cadena evolutiva.

Es de agradecer que los chicos de Darwin Awards se tomen su trabajo en serio y se preocupen por comprobar y documentar correctamente cada una de las muertes de las que tienen noticia. Con ello evitan que se produzcan hechos lamentables como el que le sucedió al pobre Empédocles, filósofo griego del siglo V a.C. del que Aristóteles cuenta que murió a los sesenta años desterrado en el Peloponeso. Sin embargo, Diógenes Laercio, poco dado a la exactitud todo hay que decirlo, cuenta en sus Vidas de los Filósofos que murió arrojándose al Etna para demostrar que era inmortal. Éste, el Etna, tan sólo devolvió una sandalia.

Hay que reconocerle cierto mérito literario a la historia de Diógenes Laercio, mérito que explica que se extendiera la leyenda y se convirtiera en lugar común. En el Icaromenipo de Luciano, por ejemplo, Menipo se encuentra a Empédocles en la luna, completamente chamuscado, arrojado allí desde el volcán. Estoy seguro de que el equipo investigador de Darwin Awards se habría dado cuenta de la falsedad de la historia (no como ciertos periodistas que no nombraré).

Algo parecido asomó ayer entre los comentarios al aparecer una de las versiones conocidas sobre la muerte de Heráclito de cuya veracidad poco o nada puedo afirmar. Copio y pego de la Wikipedia:

También dicen que Heráclito, al enfermar de hidropesía, untó su cuerpo con estiércol y luego permitió que el sol lo secara. Mientras estaba así, se aproximaron algunos perros, que lo despedazaron.

Dos dignas muertes merecedoras de un Darwin Award, qué duda cabe, aunque no sé si es éste su espíritu porque no parece muy sensato retirar la cabeza de Heráclito de la cadena evolutiva. Quizá nos va como nos va por faltarnos esos genes.

Otros interesantes galardones son los Stella Awards, que reciben su nombre de la señora Stella Liebeck que en 1992, a sus 79 años, se derramó sobre su regazo una taza de café en un McDonalds produciéndose graves quemaduras. Poco después un jurado de Nuevo México le concedía una indemnización de 2,9 millones de dólares. Los premios Stella se conceden, en general, a toda clase de oportunistas que se aprovechan o intentan aprovecharse del absurdo sistema judicial norteamericano. Les recomiendo que se suscriban a su boletín si necesitan periódicas dosis de asombro.

Este año los IG Nobel han venido bastante cargaditos (como ya se han hartado de repetir los informativos, que no sabían cómo llenar espacio y eso que el catálogo de catástrofes de la temporada es bien completito). Imagino que ya les sobran las noticias al respecto, pero, a pesar de todo, tarde y mal, les daré aquí un breve repaso a algunos de ellos que me parecen singularmente importantes. Es hora de celebrar la infinita diversidad de los humanos intereses que incluyen, como debe ser, los intereses científicos.



  • En primer lugar debo mencionar a Claire Rind y Peter Simmons cuya inagotable curiosidad les llevó a estudiar la actividad cerebral de las langostas cuando veían una selección de escenas de La Guerra de las Galaxias (Journal of Neurophysiology, Vol 68, Issue 5 1654-1666).

  • No menos loable es la paciencia de los señores John Mainstone y Thomas Parnell, que han llevado a buen término un experimento iniciado en 1927 sobre el goteo de brea altamente viscosa (aquí los detalles). Entre 1930 y 2000 se registró la caída de ocho gotas, una cada nueve años (Diciembre de 1938, Febrero de 1947, Abril de 1954, Mayo de 1962, Agosto de 1970, Abril de 1979, Julio de 1988 y Noviembre de 2000), que fueron convenientemente anotadas y estudiadas (aquí pueden ver la caída de la sexta gota, en 1979).

  • Y no menos impresionante es el detalladísimo estudio de Victor Benno Meyer-Rochow sobre las asombrosamente elevadas presiones involucradas en la propulsión de las defecaciones de los pinguinos (Polar Biology, vol. 27, 2003, pp. 56-8) aunque, como en toda investigación capital en la historia de la ciencia, las respuestas hayan abierto nuevos interrogantes (Whether a bird chooses the direction into which decides to expel its faeces, and what role the wind plays in this, remain unknown).

  • Dejo para el final la valiosísima aportación del señor Gregg A. Miller, gracias al cual la autoestima canina se encuentra más a salvo que nunca. No me siento capaz de hacer justicia a su aportación así que no la comentaré aquí, consulten si quieren la documentación pertinente en la página de Improbable Research.
Por estos pagos blogosféricos, los de los premios, al decir de unos y de otros (y de los de más allá), sólo funciona como mecanismo de autopromoción y, por lo que se ve, la cosa funciona bastante bien. Tanto, que me ando pensando montar mi propio concurso y así ganarme un merecido lugar en el olimpo bitacoril (para después dormir a la bartola, último y legítimo objetivo de todo esto). No tengo muy claro cómo organizar semejante evento aunque alguna que otra cosa sí que está clara, por ejemplo, que mis cuatro bitácoras quedarían excluídas de este enésimo, repetitivo y absurdo concurso bitacoril por las siguientes razones:



  • En primer lugar, porque son tan malas que arrasarían en cualquiera de las categorías.

  • En segundo lugar, porque muchos de ustedes considerarán lo anterior como una declaración de falsa modestia.

  • En tercer lugar porque, de llevar ustedes razón en el punto anterior no sería merecedor de premio alguno por hipócrita.

  • En cuarto lugar, porque me da (o no me da) la real gana.


Pero claro, lo más importante en todo premio que se precie es el nombre. ¿Se imaginan que los OSCAR se llamarán MARIANO? Perderían mucho de su glamour (si es que tienen algo de glamour, cosa ni demostrada, ni tan siquiera mostrada). Hay que elegir con cuidado el nombre adecuado si se desea que la cosa tenga su prestigio. Aquí es donde entran ustedes en juego. Les ruego me hagan el favor de votar cuál de los que manejo les parece el más indicado para el concurso de las peores bitácoras de habla hispana en sus diferentes categorías (aún por definir). Aquí se los dejo:



  • Premios BABOSO: Blogs Awards fot the Bad, the Outrageous, the Stupid and the Obfuscated

  • Premios BARTOLO: Blogs Awards for Ridiculous Texts and Other Lousy Offences

  • Premios CABRÓN: Condecoraciones A Blogs Ridículos, Obscenos y Nimios

  • Premios PABLITO: Premios A Blogs Lelos, Idiotas, Tontos y Obtusos


NOTA:No he conseguido colocar aquí un sistema de ““““encuestas”””” (con muchas comillas) que funcione. Espero sus opiniones en los comentarios (y también que me digan si existe algún sistema que vaya bien, con FreeBlogPoll no he conseguido que nada funcione correctamente).

Recomendaciones Interesadas

Y ahora, si se han quedado con ganas de más IG Nobel, echen mano de la cartera.

En español:

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