28 de diciembre de 2005

De estultos y otras hierbas (V)

Imagino que más de uno y de dos estará hasta el gorro de esta sucesión de necios que parece no tener fin. Sean pacientes y, sobre todo, sean positivos: cada vez que publico una entrada al respecto estamos más cerca del final. Y para ahorrarles sufrimientos, traeré hoy no a dos, como el último día, sino a tres especies que se cuentan entre las más populares de entre todas las clases de imbéciles. El primero de ellos, seguro que llevan días echándolo en falta, es el tradicional gilipollas.

6. Stupidus sexualis es el que, con toda evidencia, concentra sus facultades intelectuales en el órgano genital masculino, trátese del agilipollado, el pollaboba, el capullo, el carapijo, el chorra, el cipote, el cojonazos, el gilipollas (con su cariñosa variante el gilipichas), el huevazos o huevudo, el inflapollas (o soplapollas). Es de notar que el órgano sexual femenino (al igual que el trasero en todas sus variantes, salvo quizá el glorioso tonto del culo o el más débil caraculo) raramente se asocia con la estupidez, dato al que valdría la pena consagrar una reflexión más a fondo.

Dice la Real Academia que el gilipollas es simplemente el ‘gilí’, esto es, el lelo. Yerra sobremanera esta ilustre institución al confundir un Stupidus stupidus de manual con un stupidus sexualis, pues el gilipollas es el que sufre de estupor localizado en un punto muy concreto, el miembro viril, que queda así paralizado, incapaz de llevar a cabo las funciones para las que fue concebido. Un impotente, a fin de cuentas o, si quieren, un pichafloja. El éxito reciente de la Viagra reside, no hace falta decirlo, en la más que notable expansión de los gilipollas a lo largo y ancho del mundo.

Caso aparte es el del cojonazos o huevazos pues si, en líneas generales, el tener cojones siempre se ha contado entre las virtudes asociadas a la valentía, no es menos cierto que la hipertrofia de estos órganos produce cierta lentitud que lo asocia con el tardo (tardus, según Santo Tomás de Aquino).

Un amigo de un amigo (Juanba, para ser preciso) es el bolas tristes, sobre el que mejor deben preguntar a mi informador. Pueden encontrarle en su blog (si tarda en responderles es que está atendiendo su puesto de choripanes, sean comprensivos)

Quiero recordar ahora a un viejo amigo que ya no está entre nosotros y que solía decir lo siguiente: “se puede ser tonto, pero ¿del culo? ¿Cómo demonios se puede ser tonto del culo?”. Convendrán en que razón no le faltaba al plantearse tan intrigante cuestión pues el culo, si atendemos a los más respetados científicos, acoge una serie muy limitada de funciones en las que la estupidez parece no desempeñar papel alguno: la eliminación de residuos sólidos, la prestación de mullido asiento, el sufrimiento de castigos corporales a niños díscolos y sadomasoquistas, la inserción de supositorios, la toma de imágenes pornográficas y la práctica de la sodomía (dejemos aparte la samba brasileña).

Sugiere Ponte di Pino la necesidad de una reflexión más a fondo acerca de que sólo sea el órgano sexual masculino el sujeto de todas estas denominaciones. Creo que la explicación es bien sencilla. Si recuerdan, hace tiempo y al hilo de ciertas palabras del protoblogógrafo por antonomasia se planteó aquí la eterna cuestión de la independencia y autonomía de dicho órgano que, por así decirlo, mantiene una personalidad independiente de la de quien lo porta. El problema que esto acarrea es bien simple: ambos, portador y portado, se ven obligados a compartir los miserables cinco litros escasos de sangre que que la naturaleza nos ha dotado y claro, no hay suficiente para mantener dos voluntades. Cuando la legión de leucocitos, hematíes, plaquetas y demás bichejos acude a la primitiva llamada de los cuerpos cavernosos del glande las pobres neuronas se quedan más abandonadas que los de Tudela y por eso cantan de cualquier manera. El jucio, más que quedar suspendido queda secuestrado hasta que le da la real gana a ese parásito que todos los varones hemos de padecer tanto como gozar.

7. Stupidus deficiens, el que carece de algo, o ha sufrido una especia de ruptura, de daño: el deficiente, por supuesto, pero también el demente, el descerebrado, el insipiente (es decir, privado de sapiencia), el bobo, el necio, el insulso –que, como el soso, es el etimológicamente insípido, sin sal en la mollera–. En homenaje a las teorías de la complejidad actualmente en boga, hay que citar también al simple, sin olvidar al cero a la izquierda y al nulo, en quienes la deficiencia es total. En esta gran familia también podrían insertarse las dos próximas subcategorías.

Quizá el caso más interesante de esta especie sea el soso, el insulso. Seguro que ya han asociado las palabras insipiente e insípido. Para su orgullo sepan que Santo Tomás también lo hizo: “el juicio sobre el bien humano no lo debemos tomar de los estultos sino de los sabios, lo mismo que en las cosas de sabor preguntamos a quienes tienen paladar sensible”. El insipiente es para el de Aquino el que no saborea los conocimientos superiores, sin que esto tenga nada que ver con las prácticas de Ferrán Adriá, al que Santo Tomás no llegó a conocer.

Por lo demás, el stupidus deficiens es aquel al que le falta algo, el incompleto que, por ello, se ve incapaz de razonar correctamente. El caso extremo es, por supuesto, el descerebrado, cuyo déficit es total y absoluto. Pero el funcionamiento del cerebro también puede verse interrumpido por accidentes menores cuya variedad es tal que merecen clasificarse en categoría aparte.

8. Stupidus technologicus, en el que el daño se debe a algún accidente mecánico: véase el pasado de rosca, el tarado, el de los cables cruzados, el que le falta un tornillo, el que le patina el cigüeñal o la neurona... La categoría merece una atención particular porque su mera existencia confirma que los estúpidos pueden evolucionar, progresar, estar a la altura de los tiempos y las nuevas teconologías. La aparición de los ordenadores brinda notables perspectivas de expansión a los cretinos: las más existosas colecciones de manuales y guías para usar los PC han sido lanzados porque eran aptas para idiotas (la colección for idiots) y tontos (los manuales for dummies) que en la versión italiana se han traducido de forma sintomática por senza fatica, en la francesa pour les nuls y por nuestros pagos para tontos. Millones de dummies e idiots del mundo entero se han sentido en la obligación de comprarlos.

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. De hecho, si están leyendo esto es que tienen un ordenador frente a ustedes y saben, como yo, que éstos funcionan aunque les falte un tornillo y que la presencia de todos los tornillos no garantiza la ausencia de ‘fallos de protección general’. Puestos a poner al día al señor Ponte di Pino como hizo en su día don Hernán con el refranero, cabría elaborar una extensísima lista de nuevos idiotas que me atrevo a inaugurar con las siguientes propuestas que, creo, no necesitan definición y si la necesitan, seguro que en el Florido Byte sabrán encontrarlas mejor que yo:

  • El Gilipod

  • El Podcastaña

  • El Win-bécil


Pero si lo que quieren son definiciones, ahí les dejo unas cuantas (no especialmente logradas, pero por algo hay que empezar) en el riguroso orden en que me han venido a la cabeza. Seguro que conocen a más de uno:

  • El “ratontado”: individuo imprevisible, como un ratón de bola cuando está sucio.

  • El “softwaperas”: programador que va de listillo en lugar de pedir perdón por lo que nos hace sufrir.

  • El “contraseña incorrecta”: ligón fracasado que siempre entra a las mujeres con una frase inadecuada.

  • El “soundplasta”: propietario de un secuenciador que no sabe usar con el que tortura a sus semejantes.

  • El “regrabable”: individuo en exceso influenciable.

  • El “Read Only”: el incapaz de razonar y que sólo repite consignas que se sabe de memoria.

  • El “blogbalicón”: blogger necio, blogger.

  • El “efeuno”: individuo que no sabe desenvolverse por sí sólo y necesita ayuda hasta para la tarea más simple.

  • El “presentación preliminar”: individuo que no entabla relaciones con nadie si no han sido previamente presentados.

  • El “escasi”: individuo que presume de poder conseguir rápidos accesos a muchos sitios pero luego nunca accede a ninguna parte.

  • El “Flash Bios”: personaje al que le fascinan los anuncios de yogúres con bífidus activo.

  • El “menú de inicio”: el incapaz de retener la lista de platos que compone el menú del día de un restaurante y siempre pregunta “¿puedes repetir lo que hay de primero?”

  • El “copipeist”: el que repite lo que oye o lee y jamás razona por su cuenta.

  • El “eseeseele”: individuo desconfiado en exceso.

  • El “icoñazo”: plasta ejemplar.

  • El “proxy”: individuo pesado del que no hay forma de librarse a base de indirectas.

  • El “cliente servidor”: individuo que hace caso a lo que le dicen los consultores que ha contratado.

  • El “repág”: individuo corto de entendederas que se ve obligado a menudo a volver atrás en los textos que lee.

  • El “responder a todos”: testarudo por antonomasia.

  • El “spam-toso”: empleado de una empresa de telemarketing.

  • El “versión beta”: individuo deficiente.

  • El “panoli de control”: individuo que formalmente queda al cargo de las cosas pero siempre se le van de las manos.

  • El “popup”: amigo cargante que siempre aparece cuando uno menos se lo espera.

  • El “arrobaperas”: pequeño delincuente informático.

  • El “efedoce”: individuo del que no se sabe si sirve para algo.

  • El “pedéfilo”: absurdo fan de los formatos desarrollados por Adobe.

  • El “com3 com4”: individuo que se autoinvita siempre a comer con el argumento de que donde comen tres comen cuatro.

  • El “hijo de Terra”: empleado del servicio de atención al cliente de cierta compañía telefónica.

  • El “tres MHz”: individuo tardo y lento.

  • El “formateado”: ignorante, vacío, inculto.

  • El “hipertexto”: individuo incapaz de mantener el curso de una conversación y salta continuamente de un tema a otro.

  • El “google”: el que nunca contesta a lo que se le pregunta y siempre sale con otra cosa.

  • El “símbolo del sistema”: mediocre exitoso.

  • El “powerpoint”: individuo incapaz de expresarse con palabras.

  • El “disquete”: individuo desfasado, anticuado.

  • El “windows media”: individuo que intenta subirse los calcetines hasta las ingles.

  • El “mptardo”: duro de oído, incapaz de reconocer una canción.

  • El “joystick”: onanista compulsivo e infantil.

  • El “Doom Doom Pacheco”: individuo violento y algo sonado.

  • El “template”: persona poco original.

  • El “administrador de contraseñas”: individuo incapaz de guardar un secreto.

  • El “ayudante de office”: persona bienintencionada pero pelma e inoportuna amén de inútil.

  • El “uninstall”: el que se empeña en ayudar a recoger los platos tras una cena dejándolo todo peor de lo que estaba.


Por hoy me parece más que suficiente. Continuaré próximamente con más categorías de estúpidos, que ya quedan pocas para alegría de muchos.