30 de abril de 2005

Cinco sentidos

Hace ya más tiempo del que quiero recordar aquí, don Augusto Monterroso nos regaló una fábula sobre un búho sabio que lleva por título Los otros seis. Como todo lo debido a la mano de don Tito, la cosa es lo suficientemente breve (de hecho es una sóla frase) como para que pueda reproducírsela aquí al completo.

Dice la tradición que en un lejano país existió hace algunos años un Búho que a fuerza de meditar y quemarse las pestañas estudiando, pensando, traduciendo, dando conferencias, escribiendo poemas, cuentos, biografías, crónicas de cine, discursos, ensayos literarios y algunas cosas más, llegó a saberlo y a tratarlo prácticamente todo en cualquier género de los conocimientos humanos, en forma tan notoria que sus entusiastas contemporáneos pronto lo declararon uno de los Siete Sabios del País, sin que hasta la fecha se haya podido averiguar quiénes eran los otros seis.

Debido a alguna extraña razón que se me escapa (como tantas otras cosas), parece haber acuerdo universal en que el número de sabios es y debe ser exactamente igual a siete (ya saben que el de los necios, como reza arriba, es infinito). Este tipo de concreciones numéricas es harto frecuente: los dioses crean los universos en exactamente seis días; independientemente del número de contenidos, los continentes siempre son cinco; cuatro, ni más ni menos, son los puntos cardinales; el número de los sudamericanos es tres; dos son las Españas que hielan el corazón, y madre no hay más que una. De todas formas, no siempre las cosas resultan tan exactas. Por ejemplo, el número de mosqueteros es de 3,5 con un error de ±0,5 por culpa de ese indefinido gascón que atiende por Dartagnan.

Pero ya ven. Si miran a su alrededor con la necesaria atención comprobarán que las más de las realidades se presentan siempre en cantidades concretas e invariables. Los magníficos siempre van de siete en siete; los cerditos de tres en tres, como las carabelas (y eso que la Santa María jamás fue una carabela sino una nao, gallega, para más señas); los negritos viene en paquetes de diez, como los mandamientos; las vírgenes de once mil en once mil, y los hijos de San Luis de cien mil en cien mil, ni uno más ni uno menos.

Razones similares han llevado a establecer que los sentidos son sólo cinco a los que suele añadirse un exótico ‘sexto sentido’ al que me referiré más adelante. Sin embargo, con los sentidos ocurre lo mismo que con los sabios, que hay arreglo sobre su número pero no parece existir convenio o avenencia sobre cuáles puedan ser aquellos. Yo, modestamente y sin ánimo de imponer nada a nadie, me manejo hace tiempo con la siguiente lista.

  • Sentido del humor

  • Sentido de la orientación

  • Sentido del equilibrio

  • Sentido de la responsabilidad

  • Sentido del deber


Sé que otros mantienen, crean, disponen o utilizan otras listas. La Dirección General de Tráfico, sin ir más lejos, establece en numerosas vías ‘sentidos obligatorios’ que poco tienen que ver con los que les he nombrado. Hay quien habla de un extraño ‘sentido común’ que nadie ha visto jamás y cuyo brillo parece deberse más a su ausencia que a cualquier otra cosa. Qué decir del ‘doble sentido’ que ni siquiera se sabe si es uno o son dos. Pero estos que les digo son los sentidos que considero indispensables para manejarse en este mundo que nos ha tocado vivir. Si alguno les falta tengan por seguro que están de alguna forma ‘discapacitados’ y, en consecuencia, condenados a grandes incomodidades, penurias y problemas por no estar adaptados a las condiciones del medio.

De hecho, no soy el único que los considera importantes y la mejor demostración de ello es que las autoridades públicas hacen grandes esfuerzos periódicos por conocer el estado y evolución de cada uno de estos ‘sentidos’ en nuestro país. Sé bien que no suele hacerles gracia que les traiga por aquí las áridas estadísticas, pero es que siempre me ha sorprendido la existencia de las ‘estadísticas sensoriales’, esto es, las estadísticas que informan sobre el estado y evolución de los sentidos que acabo de enumerarles.

Para aquellos que no me crean, que de todo ha de haber, les hago una breve presentación de tales estadísticas. El sentido de la orientación, quizá el más básico de todos, puede investigarse aquí. El sentido del equilibrio tiene su principal intrumento, como cabía suponer, en la Balanza de Pagos. El sentido de la responsabilidad, como es obvio, está reflejado en las Estadísticas judiciales así como en las de población reclusa. El sentido del deber, por último, se analiza a través de cuatro operaciones complementarias: la Estadística de efectos de comercio impagados, la Estadística de suspensiones de pagos y declaraciones de quiebras, la Estadística de hipotecas y la Estadística de ventas a plazos (hoy desaparecida).

Habrán observado que me he saltado el sentido del humor. No es que éste no tenga su estadística propia. Simplemente se trata de una cosa tan escurridiza e inaprehensible que resulta de muy dificultoso examen. Mi (algo más que) sospecha es que el sentido del humor queda convenientemente reflejado en esta serie de índices así como en estos otros datos, pero, como en todo, son ustedes muy libres de no aceptar las conclusiones a las que he llegado con no poco esfuerzo.

Junten ustedes toda esta información y obtendrán una clara imagen del estado de los sentidos o sinsentidos que nos rodean (porque si los sentidos son sólo cinco, los sinsentidos son muchos más). Quedarán así dispensados de tener que atender a los llamados ‘medios de comunicación’. Olvídense del periódico, de los telediarios, de la radio. Bastan estos cinco datos para tener claro si estamos en crisis.

¿Y el ‘sexto sentido’? ¿Tienen alguna noticia sobre él? Les confieso que yo he investigado mucho al respecto y he llegado a una conclusión: como último y especial sentido, éste no puede ser otro que el ‘Sentido pésame’, que también tiene sus estadísticas propias (ésta y esta otra) y sobre el que ya escribió la corsaria que me gusta citar por aquí.

Quién sabe, lo mismo un día de estos les diga a cuento de qué viene todo esto. No creo, porque quizá se den cuenta de que carezco de sentido del ridículo.

29 de abril de 2005

Estanqueros

[Hace unos meses nuestra Corsaria tuvo a bien enviarme un diálogo, de su autoría, entre un suicida y un estanquero. El que esto les firma, que a veces no sabe bien qué hacer para abstraerse un rato de sus obligaciones laborales, no tuvo mejor idea que devolverle una variación sobre el mismo tema. A aquella variación sucedió otra al dia siguiente. Luego fue otra. Y luego otra. En vista de que en los comentarios del post anterior, estos estanqueros (o este estanquero, porque podría ser el mismo) asomaron brevemente, se los traigo hoy aquí y, de paso, me ahorro tener que escribir hoy, que he tenido un día algo durillo]

Un estanquero keynesiano

– Buenos días. Deme usted algo bueno para suicidarme.
– No puedo ayudarlo, llame usted al teléfono de la esperanza.
– Ya lo pensé, pero mi determinación es firme. Pero como soy muy aprensivo, con sólo ver sangre me mareo, he pensado que ya que dicen que fumar puede matar...
– ¡Pero hombre de Dios! ¿Cómo puede creer usted eso? ¿No le enseñaron en el colegio que las apariencias engañan?
– ¿Quiere usted decir que el tabaco no puede matar?
– Veo que no me escucha. O que no me quiere entender. El tabaco es nocivo. Si duda alguna daña el organismo. Pero fumar es un acto mucho más complejo que limitarse a aspirar el humo del cigarrillo.
– Más que no querer, es que no consigo entenderle...
– Mire, una buena parte de mis clientes son abueletes que llevan toda la vida fumando, si los viera pensaría que el tabaco es beneficioso. Insisto, no lo es. Pero debe uno preguntarse ¿y por qué lo parece?
– Sigo sin verle venir.
– Sepa usted que buena parte de esas pesetas que tanto cuesta ganar y que viene usted dispuesto a gastárse en cigarrillos no me las quedo yo, ni el alma caritativa que puso todo su esfuerzo en liar estos cigarrillos que quiere usted llevarse. No, se los lleva la Dirección General de Tributos y los dedica exclusivamente a financiar un sistema sanitario que compense todo ese daño.
–¿Y las Autoridades Sanitarias están al tanto de esto? ¿Quiere usted decir que nos animan a fumar para después sanarnos? ¿Qué sentido tiene eso?
– No sólo están al tanto, son parte activa del mecanismo. Mire, todos tenemos claro que la salud pública es importante, y por qué no decirlo, la privada, la de uno mismo, también. Pero no se engañe, lo más importante es la economía, ‘generar riqueza’ que le dicen. Y para eso sólo hay un camino, darle muchas vueltas a las cosas
– ¿Muchas vueltas?
– Pues claro, buen hombre, espabile. Si nadie fumara, ¿cree usted que el problema lo íbamos a padecer exclusivamente los sufridos estanqueros? ¿Ha pensado usted en la legión de médicos que quedarían en paro? ¿Qué sería de tantos laboratorios farmacéuticos dedicados a aliviar las afecciones respiratorias? ¿Qué sería de la sección recaudatoria del Impuesto sobre las labores de la tabaco? Y no vaya usted a pensar que la cosa acaba ahí, que ya lo dicen los sabios de la economía, si todos esos desocupados dejan de consumir lo íbamos a notar todos, incluso usted caso de que le diera por no suicidarse.
– No sé,...visto así.
– Hágame caso, búsquese otro medio. Si le da por fumar va a tener una legión de sanitarios empeñados en impedir su muerte pagados precisamente con su dinero. Pruebe otra cosa. Yo tuve un cuñado al que le fue muy bien arrojarse a uno de los Altos Hornos, pero claro, por aquí cerca no hay ninguno. No sé, quizá una pistola o tirarse por un puente, que sale muy económico.
– ¿Sabe una cosa? Me ha convencido.
– Bien caballero, para celebrarlo ¿hace una faria? Están de oferta.

Un estanquero hedonista pero práctico

– Buenos días. Deme usted algo bueno para suicidarme.
– Perfectamente caballero, aquí tiene esta navaja cortapuros que le puede ser de mucha utilidad. Fíjese además que la funda tiene incrustaciones de nácar aunque claro, si va a suicidarse no creo que eso le importe mucho.
– Andaba yo pensando más bien en otra cosa.
– Pues no sé muy bien cómo puedo ayudarle. Lo único que se me ocurre es que utilice gasolina para mecheros y se prenda fuego. La va a salir un poco caro porque sólo tenemos latas de 250ml y así, a ojo de buen cubero, yo calculo que puede necesitar unas treinta y seis. Por el mechero no se preocupe que va por cuenta de la casa.
– Tampoco van por ahí los tiros. Vea usted, mi determinación es firme. Pero como soy muy aprensivo, con sólo ver sangre me mareo, he pensado que ya que dicen que fumar puede matar...
– Hombre, lo que es matar mata pero va a tener usted que armarse de paciencia. Tenga en cuenta que se lo digo como alma caritativa que soy porque comprenderá que los cuarenta años que puede llevarle me pueden suponer pingües beneficios. Pero aunque ahora la cosa anda algo achuchá los estanqueros somos, ante todo, buenos samaritanos que no buscamos aprovecharnos de las debilidades ajenas. No sé si me entiende.
– No, si yo entenderle le entiendo pero es que no sé qué hacer.
– A ver, buen hombre, yo de esto de los suicidios entiendo más bien poco. Con decirle que nunca me he suicidado está todo dicho. Pero me imagino que si le ha dado a usted por ahí será porque cuenta con buenas razones.
– Pues no sé si son buenas o malas, pero razones son, se lo aseguro.
– Pero ¿lo ha pensado usted bien?
– Hombre, lo he pensado como se piensan estas cosas, ya sabe.
– No señor, yo no sé nada y mucho menos cómo se piensan estas cosas. Pero no crea que por ello no puedo ayudarle que yo también he pasado lo mío. Como puede usted ver un servidor es mutilado de guerra. Poca cosa, no crea, una granada que no explotó a su debido tiempo y que lo hizo en su indebido tiempo llevándose por delante este brazo que ya no está. No crea que me lo tomo como una desgracia. A mí me vino Dios a ver aquel día. Gracias a mi incapacidad me dieron este estanco y desde entonces, y son ya treinta y cinco años, llevo aquí entre cigarros mirando y aprendiendo.
– No se me vaya por las ramas, ¿no ha dicho que podía usted ayudarme?
– Por supuesto caballero, porque si le he dicho que no sé cómo se piensan estas cosas no es menos cierto que en estos años he aprendido la forma en que se piensan estas cosas, que es cosa muy distinta pero que veo que le hace falta a usted saber.
– Pero ¿a qué se refiere exactamente?
– Pues a una cosa muy simple, caballero. Se va a llevar usted ahora mismo esta cajita de breñas cubanas. Ya le he dicho que el mechero corre por cuenta de la casa aunque si quiere cerillas de cedro, que es lo más recomendable, podemos cambiarlas por el mechero. Seguidamente se va a ir usted ahí enfrente, a la bodega. Pregunte por el Mariano, que es mi cuñado, y dígale que va usted de mi parte. Llévese una botella del mejor coñac que tenga. No puedo decirle cuál es porque yo no paso del vermut. Y después se va a casita a fumarse las breñas con un buen coñac que así es como se piensan estas cosas.
– ¿Y si no llego a alguna conclusión¿
– Pues vuelve usted mañana y repetimos el procedimiento hasta que a su conclusión le de por aparecer. Entonces, no se preocupe, yo le tendré preparada aquí una Smith & Wesson con su correspondiente munición, que el Mariano, mi cuñado, ya sabe, no siempre fue bodeguero y tiene amigos hasta en el infierno.

Un estanquero realista

– Buenos días. Deme usted algo bueno para suicidarme.
– ¿Cree usted que iba a estar yo aquí si lo tuviera?

Un estanquero de los de antes

– Buenos días. Deme usted algo bueno para suicidarme.
– Déjese de chorradas buen hombre, que la vida no es tan negra.
– Pero...
– Nada, nada. Ni peros ni nada. Ande, échese un cigarrito, que hoy estoy que me salgo. Invita la casa.
– ... el caso es que yo pensaba...
– ¿Pensar? ¿pero cómo se le ocurre pensar sin el acicate de ver las volutas de humo acendiendo por el aire? ¿Acaso no sabe que todas las grandes ideas de la humanidad, fíjese que le digo todas, se las debemos a ese humo bienhechor?
– ... en fin, que mi amiga Ana me dijo que...
– Me dijo, me dijo, ¿pero es que usted hace caso de todo lo que le dicen? Mejor hágame caso a mí, que estoy en mejor posición que ninguno para aclarale tres o cuatro cosillas.
– ... fumar produce una muerte lenta y dolorosa.
– Pues dígale a su amiga que se informe antes de ir dando consejos por ahí.
– ¿Quiere usted decir que no es cierto?
– Pues claro, caballero. La muerte no puede ser lenta. Claro que la agonía se puede alargar bastante, pero lo que es morirse es una cosa instantánea. Uno está vivo y al instante siguiente ya está muerto. ¿Qué diablos es eso de morirse lentamente?
– Pues no se me había ocurrido verlo de ese modo.
– No me extraña. Anda usted haciendo caso de todo lo que oye y luego pasa lo que pasa.
– Y ¿qué es lo que pasa?
– Pues que nos buscan la ruina al gremio estanquero, que hay mucho ingénuo por ahí que se va creyendo lo que dicen las ‘autoridades sanitarias’, que se llaman así, como si se pudiera mandar sobre la salud. Yo, cada vez que oigo eso de las ‘autoridades sanitarias’ me pongo de los nervios. Cuando cojo una gripe me entran ganas de presentarme en sus despachos a decirles que hagan el favor de decirle al virus que se vaya y me deje tranquilo. A ver si es verdad esa autoridad.
– Tiene usted mucha labia.
– No crea, es que las mañanas se hacen aquí muy largas y uno las pasa como puede.
– Pues a mí me da que está usted intentando escaquearse de darme ese cigarrito por cuenta de la casa.

Actualización 30 de abril

Ana, la Corsaria, ya ha colgado la versión original y primigenia aquí.

26 de abril de 2005

Regreso o regresión

Dicen que las apariencias engañan, lo que es verdad alarmante si se confirma que sólo son apariencias con lo que tratamos a diario. Sobre todo si, como sospecho a veces, tales apariencias resultan tan artificiales o artificiosas que me hacen recordar aquellas palabras del Quijote: ...que todo en este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras (2ªP, Cap. XXIX). Pero no son las apariencias que yo me encuentro, o que me asaltan, que nunca se sabe quién lleva la iniciativa, las que quiero traer aquí, sino las apariencias que se encuentran ustedes cuando visitan este blog inactivo desde hace una semana.

Tengo la impresión de que unos cuantos (¿muchos?, ¿todos?) se han dejado engañar por unas apariencias que, me temo, son consecuencia de mi incapacidad para expresarme correctamente. Les aseguro que si supiera ‘denotar’ lo habría hecho, pero sólo soy capaz de ‘connotar’ las cosas que me pasan. Así, se encadenan los engaños y las cosas acaban bien lejos de donde quise haberlas llevado. Connotaré una vez más a ver si azarosamente doy con la connotación correcta y nos relajamos todos un poquito.

Quien firmó un comentario bajo el nick ‘Mel Blues’ y sobre cuya identidad tengo algo más que fundadas sospechas, hizo un retrato muy acertado de lo que intenaba decir (La concatenación de anecdotarios, vespertinos en su mayor parte, aleja un poco la prosaica y archipobre actualidad, pero ésta retorna insistentemente), pero algo antes había venido a comparar la situación en que me encontraba con un globo deshinchado (Disipada la novedad del ánimo, has visto en lo que se queda). Agradezco de corazón los ánimos que todos dejaron en los comentarios pero por mi cabeza jamás se pasó la idea de dejar de comparecer aquí. Disipada la novedad, sigo disfrutando mucho escribiendo estas garambainas (quédense con la tercera o cuarta acepción, la que prefieran). No renunciaré a ellas mientras conserve un mínimo aliento, por puro egoísmo, soy yo el que se divierte.

Y el caso es que durante mi voluntaria ausencia de estos días se han producido numerosas e importantes novedades en la blogosfera que no puedo menos que referir aquí por si a alguno le han pasado desapercibidas. Son cuestiones de tal relevancia que justifican una mínima reseña toda vez que los medios de comunicación, tan interesados últimamente en los blogs, las han dejado pasar de largo quizá por inexperiencia, quizá por ineptitud a la hora de distinguir lo importante de lo que tiene importancia.

Probablemente el principal acontecimiento del universo blog ha sido el verse enriquecido sobremanera gracias a la aparición de un ágrafo en sus filas. En efecto, el señor Aquende se nos ha descolgado, por fin, con un blog en el que traiciona con cierta moderación su agrafía. No seré yo quien les cuente lo que pueden encontrar allí, visítenlo si les intriga. Pero sí seré yo quien les hará notar que gracias a este estreno disponemos al fin de una imagen para hacernos una idea sobre su aspecto. Menos da una piedra.

En segundo lugar, ¡Noticia Bomba!, la corsaria Ana ha vuelto a publicar. Y, además, lo ha hecho con un texto que me ha dedicado (sí, a mí) y que si pretendía darme alguna suerte de ánimo debo decirle que ha dado en el blanco (o en el negro, depende de donde haya comprado uno la diana). De todas formas, su referencia a la ‘perfección’ de Mary Poppins me ha recordado un viejo concepto acuñado por Javier Marías: los ‘ídolos de la aberración’. Dejemos a su autor explicarse:

... esas aversiones inmediatas, epidérmicas, alcanzan su sublimación cuando alguien nos parece tan repugnante, grotesco, detestable o incompetente... que no podemos dejar de verlo cada vez que sale. Estoy seguro de que nadie desconocerá el fenómeno, la fascinación del horror. Tanto lo irrita a uno el personaje que no puede quitar los ojos de él –eso sí–, mientras echa espumarajos por la boca, se le inyecta la vista en venenosas lágrimas y da rienda suelta a su Mr. Hyde. Esos personajes son los ídolos de nuestra aberración.
(Artículo de El Semanal, del 21 de marzo de 1999, recogido en A veces un caballero).

Señalaré, por el bien de su instrucción, que JM mencionaba como sus ídolos de la aberración a Celine Dion y Michael Flatley, el “Señor de la Danza”. Entre los míos, lo confieso, se cuenta la siempre estomagante Mary Poppins. Hagan ustedes un ejercicio de sinceridad y confiesen los suyos.

En tercer pero no menos importante lugar, deben saber que don Hernán Casciari nos ha descubierto que no hay acto más cultural que la corrección a la cubana (pueden leer una interesante entrevista aquí). Ruego desde aquí a los lectores de Barcelona, en particular a Kill-9 y Chin una pequeña investigación sobre el local que menciona, el ‘Barbarela’, en la esquina de Travessera de Gràcia y Torrijos, templo sin igual de la cultura.

Y como última noticia les cuento que ha vuelto a ocurrir. En realidad, si atendemos a Kharkoma, ocurrió hace cierto tiempo, pero yo me he enterado leyendo a Pixel y Dixel. ¿Recuerdan el generador aleatorio de textos posmodernos? Pues por lo visto, ciertos muchachos del MIT han desarrollado un generador aleatorio de ponencias sobre tecnología (Computer Science para ser precisos). Hasta aquí nada se sale de lo habitual. Lo sorprendente es que estos Massachutenses (si el gentilicio es otro, por favor háganmelo saber) han presentado una de sus ponencias aleatorias a un congreso y ha sido aceptada (aunque luego, descubierta la treta, han sido expulsados por la organización).

Así que, ya ven, aquí me tienen de regreso abrumado por la cantidad de sabrosas novedades que acabo de encontrarme. Bueno, no sé si de regreso o de regresión. Consultemos el diccionario para salir de dudas:

regresar.
(De regreso).
1. tr. Am. Devolver o restituir algo a su poseedor. Regresar un libro.
2. intr. Volver al lugar de donde se partió. En América, u. c. prnl.

regresión.
(Del lat. regressĭo, -ōnis).
1. f. Retrocesión o acción de volver hacia atrás.
2. f. Gram. derivación regresiva.
3. f. Psicol. Retroceso a estados psicológicos o formas de conducta propios de etapas anteriores, a causa de tensiones o conflictos no resueltos.

Pues no resulta de mucha ayuda, ¿verdad? Pero ya que entre las regresiones se cuenta la ‘derivación regresiva’ y el otro día me dio por inventar palabras para categorizar a los escritores, me permitiré despedirme hoy con un pequeño juego. ¿Serían ustedes capaces de asignar el nombre de un escritor a cada una de las categorías que les propongo a continuación?

Anarcógrafo: que escribe de forma caótica y desordenada.
Antígrafo: que se opone a la escritura.
Bibliógrafo: que escribe sobre libros.
Burógrafo: que escribe textos administrativos (no confundir con Burrógrafo).
Cianógrafo: que escribe con tinta azul.
Ciclógrafo: autor de textos rodados.
Cleptógrafo: que roba los textos de otro, plagiador.
Dinamógrafo: autor de obras particularmente movidas.
Estereógrafo: que es capaz de narrar una historia desde dos puntos de vista simultáneos.
Estilógrafo: autor de textos de una homosexualidad mal entendida, vamos, que escribe con pluma.
Fotógrafo: que escribe con luces, escritor particularmente ingenioso o iluminado.
Girógrafo: que escribe dándole muchas vueltas a las cosas.
Heterógrafo: autor incapaz de repetirse.
Homógrafo: que siempre escribe lo mismo.
Ictiógrafo: el que al escribir se siente como pez en el agua.
Indumentógrafo: que escribe acerca de ropajes; por extensión, que escribe en revistas de modas.
Infractógrafo: que infringe todas las normas de la escritura.
Insidiógrafo: autor de textos maliciosos.
Jaleógrafo: que escribe alborotadamente.
Kilógrafo: que escribe mil palabras diarias.
Lepidógrafo: autor de textos escamados, con mucha desconfianza.
Limnógrafo: que escribe con numerosas lagunas.
Longígrafo: que escribe textos excesivamente largos.
Micrógrafo: autor de textos brevísimos.
Nefrógrafo: autor cuyos escritos cuestan un riñón.
Omnigrafo: El que practica todos los géneros.
Pedógrafo: que escribe textos indantiles.
Perígrafo: el que se pierde en detalles anecdóticos e irrelevantes y rodea continuamente el tema sin entrar nunca de lleno en él.
Patógrafo: que escribe textos enfermos, afectados.
Quimígrafo: que escribe textos particularmente jugosos.
Retrógrafo: El que empieza a escribir por el final y continua hacia el principio.
Sinógrafo: que escribe en chino o almenos lo parece.
Tropógrafo: el que da muchas vueltas a base desinécdoques, metonimias y metáforas.
Unígrafo: autor de una sóla obra.
Velógrafo: que escribe con inusitada rapidez.
Xerógrafo: escritor especialmente árido.
Yermógrafo: escritor poco cultivado.
Zafiografo: escritor tosco.

Espero sus respuestas.

20 de abril de 2005

Cinco sinrazones (y cinco razones)

Lamento haber tenido algo preocupados a algunos de los fieles de esta parroquia. No me ocurre nada que no me ocurriera ya el día que abrí esta bitácora. Y eso que sí me ocurre no creo que deba ocupar este espacio (aunque alguna vez algo se me ha escapado: “los problemas siempre están dentro de uno y es allí dentro donde deben solucionarse”). Además, no me resultaría nada fácil explicarles algo que ni yo mismo me sé explicar del todo.

Si en este mundo hay alguna miseria sin consuelo es la presión que ejerce sobre el corazón lo ‘incomunicable’. Y si surgiese una nueva esfinge para proponer otro enigma al hombre, diciendo: ¿cuál es la única carga insoportable para la entereza humana?, yo respondería enseguida: es la ‘carga de lo incomunicable’.
(Thomas de Quincey)

Queda la duda de si lo ‘incomunicable’ es efectivamente incomunicable, o simplemente lo vuelve de esa condición el rechazo a reconocer lo desagradable. Son miserias que me acompañan desde hace ya unos cuantos años y con raíces claras en dos acontecimientos concretos. Pero no se alarmen, entre mis virtudes, al igual que entre mis defectos, se cuenta la incapacidad para compartir lo malo. No les lloraré mis penas. Turgéniev lo expresó de forma harto dramática:

Pero los sueños de los hombres son irrealizables y sus lamentos vanos. Quien no ha obtenido un número ganador debe contentarse con el de perdedor y no decirle una palabra a nadie.

No puedo decir que mi situación justifique tan terribles palabras, pero sí justifica mi silencio al respecto. Fríamente, como deben pensarse las cosas, como nunca se piensan las cosas, no tengo razones para quejarme de nada. He sufrido graves traiciones en lo personal y en lo laboral, sí. Pero también he sido bendecido con una mujer que no me merezco, que ha traído al mundo a esos dos grumetes que ya conocen los habituales. Me han sobrado las oportunidades, aunque nunca las supe aprovechar antes de que aparecieran los enemigos. Porque éstos aparecen siempre, aunque uno no los busque, aunque siempre obre de buena fe. Quizá precisamente porque obra de buena fe. Y uno se consuela creyendo que al final la verdad prevalecerá, como Fray Luis de León.

No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad, ni siempre atina
la envidia ponzoñosa
y la fuerza sin ley que más se empina
al fin la frente inclina.
(XVI)

Sin embargo, en una luminosa sátira que continua siendo de plena actualidad (On Political Lying, aparecida en The Examiner, nº14, el 9 de noviembre de 1710), Jonathan Swift, escribió algo así como (en libérrima traducción propia): Considerando la natural disposición para mentir de muchos así como la de las multitudes para creer, me llena de asombro esa máxima tan frecuente en boca de todo el mundo de que la verdad prevalece al fin. Ante mi innegable impericia traductora, aquí tienen la versión original para disfrute de aquellos que dominan la lengua del 'Cisne del Avon'.

Considering the natural disposition in many men to lie, and in multitudes to believe, I have been perpelexed what to do with that maxim so frequent in everybody’s mouth, that truth will at last prevail.

Obviamente, se trata del mismo Swift que aquel que fue capaz de imaginar un Lemuel Gulliver capaz, con gran esfuerzo, de deshacerse de “aquella diabólica costumbre de mentir, fingir, engañar y confundir” (léanlo en la Carta del Capitán Gulliver a su pariente Sympson). Pero no cabe esperar que haya muchos Gulliver por ahí. Robert Burton, entre la orgía de citas de su magnífica introducción a la Anatomía de la Melancolía, recuerda unas palabras de Justo Lipsio (o Joest Lips, o Justus Lipsius, como ustedes prefieran): Facilia sic putant omnes quae jam facta, nes de salebris cogitant, ubi via strata, que en mi ‘interpretación’ más que ‘traducción’ viene a ser: ‘Cuando algo ha sido hecho una vez, la gente lo cree fácil; cuando el camino se ha hecho, olvidan lo duro que era el viaje’. Quizá el amigo Consultor sepa un día explicarnos la ‘falta de reconocimiento’ a que parecen condenadas ciertas actividades.

Pero todo esto, nimiedades cotidianas que el tiempo se lleva, no es nada. Lo que es ‘algo’ es eso ‘incomunicable’ que instala el bloqueo y es capaz de acabar con todo. En las películas de Woody Allen es frecuente el concepto de ‘anhedonia’, que yo conocí el día de la liberación de aquel funcionario de prisiones, Ortega Lara. Anhedonia o incapacidad para disfrutar de nada. Anhedonia y bloqueo. Bloqueo emocional, laboral, y muchas otras cosas más que acaban en –al . Cierta incapacidad, en definitiva, para enfrentarme a mí mismo y luchar por aquellos a quien quiero.

Decía no hace mucho IHQ en un comentario en su propio blog, que “cómo decía alguien por ahí, es una herramienta cojonuda para los deprimidos, para escaparse de la realidad”. Quizá ese alguien fuera yo mismo, que en mi aportación a la ‘telenovela blogosférica’, había escrito: “Quizá los blogs sean el reducto ideal para depresivos y deprimidos”. Y eso, exactamente eso, es lo que no quiero que sea este rincón de la red.

Y es que uno siempre acaba preguntándose lo mismo. ¿Para qué tengo un blog? Pasados los primeros momentos, aquellos en que la cosa se parece mucho a ese juego de imprenta que nos regalaron de niños y con el que uno se divierte editando el ‘Periódico de la Escalera Izquierda’ que los vecinos adquieren por compromiso, la pregunta se torna irresoluble. De todas formas, en este tiempo he logrado aclararme al menos sobre para qué NO tengo un blog.

  • Para anunciar el nombramiento del nuevo Papa (enhorabuena a los medallistas olímpicos: primera posición y medalla de oro para Nacho Escolar; Segundo y medalla de plata, Qué me Cuentas; y tercero y medalla de bronce para Criterio)


  • Para competir con la televisión y más concretamente con los llamados ‘programas de testimonio’ donde un montón de gañanes (y gañanas) exponen sus intimidades sin el más mínimo rubor a cambio de sus cinco minutos de escarnio que ellos confunden con la gloria (¿recuerdan? “...por verse con fama, aunque infame”, DQ, 2ªP, Cáp. VIII). Y ello a pesar de lo que he escrito hoy aquí.


  • Para desahogarme contándole mis penas al primer desconocido que pase. Para eso están los Barman, aunque cada vez quedan menos profesionales del asunto y se están llenando las barras de amateurs que ni saben escuchar, ni preparar un Dry Martini en condiciones.


  • Para escapar de mi realidad, por desagradable que pueda ser a veces, porque eso sólo lleva a convertirla en más detestable aún.


  • Para recibir vanos aplausos, loas varias y demás alimentos del ego. Mi ego está muy bien, gracias. Lo que tengo tocado es el Id.


Sé que esto no ayuda mucho. Por tanto, en justa compensación a don Iñaki García, que nos expuso sus diez razones para mantener un blog, aquí van las cinco que a mí se me ocurren a bote pronto.

  • Para ejercitar la mano a la hora de escribir.

  • Para ejercitar la cabeza en justo equilibrio con el punto anterior.

  • Para compartir pasiones, que es lo único que merece la pena compartir.

  • Para conocer puntos de vista alternativos y discutir amablemente.

  • Para reírme.


En definitiva, seguiré viniendo por aquí, pero sin huir de ninguna parte. Las verdaderas ‘Salidas de Emergencia’ son, efectivamente, vías de escape. Pero éstas, que son de juguete, no han de serlo bajo ninguna circunstancia. De alguna forma se estaban convirtiendo en forma de evasión y, en consecuencia, aumentando las cargas en ese otro mundo que llamamos realidad. Quizá IHQ llevara razón al decir que “Escribir en un blog engancha, y te hace perder la perspectiva, a todos, a mi la primera”. Seguiré viniendo, sí, pero probablemente a menor ritmo que el que he mantenido hasta ahora, a todas luces un exceso (no tengo planes, pero supongo que bajar el ritmo a la mitad bastará). He de atender otras cosas. Por supuesto, seguiré apareciendo por los bogs de los habituales. Agradezco a todos sus preocupaciones, que no merezco (especialmente a los 23 que no han fallado ni un solo día), y los comentarios de apoyo, que siempre son de ayuda. Gracias, me despido hasta mi próxima recaída. El próximo post lo escribirá el otro Eduardo, el que suele escribir por aquí y tiene mejor humor que yo.

17 de abril de 2005

Mi caverna

Tal y como les prometí me ocuparé hoy de una caverna. Sé de alguno que anda asustado por ello. Es lógico. Si ayer les traje por aquí a Aristóteles cabría suponer que hoy le acompañaría su maestro de anchas espaldas, aquel que encerró todas las ideas, no sólo las suyas, en una caverna, para que disfrutáramos de sus sombras. Pero lo lógico y evidente no es norma de esta casa, así que si quieren llegar a la caverna platónica tendrán que darse primero un paseo por La Habana y por Madrid, lugares de nacimiento y residencia de José Carlos Somoza, escritor cubano del que cabe suponer que corrige a diario como todo hijo de vecino.

Somoza es autor de una curiosa novela, La caverna de las ideas. Es una buena inversión ya que este señor consiguió, utilizando artes que me son desconocidas, disfrazar dos novelas como si fueran sólo una. La primera de ellas es una novelilla de detectives que transcurre en la Grecia antigua, donde un remedo de Hércules Poirot llamado Heracles Póntor trata de resolver una serie de asesinatos inexplicables ocurridos en la época de Platón. Esta falsa historia se hace pasar como una obra compuesta por Filotexto de Quersoneso en el año en que era arconte Argínides, sibila Demetriata y éforo Argelao. Pero, como les digo, en sus páginas se esconde otra novela que tiene lugar entre las (falsas) notas a pie de página del (falso) traductor. En ellas hay, si cabe, más intriga, secuestros, misterios y demás elementos habituales del género. Como es habitual, no les contaré la novela, pero, con ánimo de reventársela, les dejo aquí el posible comentario de Platón a la misma, directamente tomado de su epílogo:

Extraña creación, Filotexto; sobre todo, el doble tema que desarrollas: por una parte, la investigación de Heracles y Diágoras; por otra, este curioso personaje, el Traductor (no le otorgas ningún nombre), que, situado en un inexistente futuro, anota al margen sus hallazgos, dialoga con otros personajes y, por fin, es secuestrado por el loco Montalo... ¡Triste suerte la suya, pues ignoraba ser una criatura tan ficticia como las de la obra que traducía!

A lo que sigue la probable respuesta de Filotexto:

Pero tú has imaginado muchas palabras en boca de tu maestro Sócrates. ¿Qué destino es peor? ¿El de mi Traductor, que no ha existido nunca salvo en mi obra, o el de tu Sócrates, que, a pesar de su existencia, se ha convertido en una criatura tan literaria como la mía? Creo que es preferible condenar a un ser imaginario a la realidad que a uno real a lo ficticio.

Sin embargo, para muchos otros la caverna no está en Grecia sino en Liverpool, concretamente en Mathew Street. Allí fue donde cuatro mozalbetes comenzaron a mostrar sus habilidades para combinar los sonidos con el tiempo. Me ahorraré (estoy hoy de lo más ahorrativo) hacerles aquí una encendida loa a The Beatles, siempre merecida, pero probablemente innecesaria. Les daré a cambio noticia de algo cuyo conocimiento debo a uno de los lectores de estas páginas. Los que sepan de bajar música y demás actividades delictivas (debo ser el único que no tiene ni idea de cómo se hace) pueden (y deben) buscar una versión del Day Tripper que circula por ahí interpretada nada menos que por los Beatles junto con Jimi Hendrix. Esta es una recomendación que les hago de buena fe, pero que, además, me permite hilar los temas de hoy con algo más que con esa tan mal traída referencia a The Cavern. Y es que una de las mejores representaciones gráficas de la caverna platónica que conozco es esta:

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No recuerdo qué fotógrafo declaró que era imposible hacerle una mala fotografía a Jimi Hendrix. Qué mejor prueba que la que les acabo de dar. Ni siquiera necesita salir en la foto. Por razones que se me escapan nunca les he hablado aquí de música, cuando es cosa que se cuenta entre mis grandes pasiones. Un día de estos quizá lo haga. Por hoy, baste con decir que lo que hizo Hendrix en cuatro discos está todavía pendiente de superación.

El caso es que esta imagen fue utilizada por otro Jim para la publicidad de su empresa. Un caballero inglés responsable de toda una escuela sobre cómo debe sonar una guitarra. Como fetichista irredento debo confesarles que mi amplificador también es un Marshall, y mi guitarra (dos de ellas al menos) son Fender Stratocaster.

Pero mi Stratocaster estrella no lleva el nombre de Hendrix, sino el de Eric Clapton. Allá por 1988, la compañía Fender descubrió un truquillo para vender las guitarras al doble del precio habitual: reproducir fielmente los modelos personalizados para las grandes estrellas. Clapton estrenó las llamadas Signature Series y, por curiosas razones que no vienen al caso, un modelo de 1989 acabó en mis manos (buscando por la red, sólo he encontrado un modelo en venta, pero la mía no tiene ese horrible color verde Seven Up, se lo juro).

Cabría pensar que un modelo tan exclusivo, en un pueblecito tan pequeño como en el que vivo, sería la ‘Statocaster de referencia’. Pero no es así. La vida te da sorpresas, que decía la canción, y no hace mucho conocí a un vecino de este lugar, Jean-Daniel Bercher, que lleva más de 45 años tocando la guitarra (yo sólo llevo 26) y que en los gloriosos años del Swinging London tuvo ocasión de cambiar su guitarra, una Gibson Les Paul Custom, con el propio Clapton, que le dio su Fender. Aquella Stratocaster está hoy aquí, en este olvidado rinconcillo del país, a pocos metros de mi casa. Para que vean si el mundo es pequeño.

Quizá Platón tuviera razón y sólo somos capaces de adivinar las sombras de las cosas en la caverna. Pero lo que está claro es que en esta caverna lo importante no es lo que se ve sino lo que se oye. Aprovechen y escuchen a los Beatles, o a Hendrix, o a Clapton, escuchen la guitarra que ustedes quieran porque quizá un día de estos me dé por colgar aquí algo interpretado por mí y empiecen a odiar el instrumento.

14 de abril de 2005

Sala de despiece

Continua la corsaria Ana fiel a sus costumbres e insiste en sus acusaciones contra el no-autor de estas páginas. Esta vez fue mi ‘manía de analizarlo todo’ el blanco de sus amables ataques. En vista de que soy un pedazo de pan, he optado por darle la razón y analizar esta insólita manía de analizar que padezco, máxime cuando el ‘análisis’ ha caído en el mayor de los descréditos en los tiempos que corren. Descrédito, por otra parte, lógico y merecido como espero mostrarles hoy aquí.

Como imagino que todos conocen, el sufijo –lisis significa disolución, separación. A primera vista parecería que ‘Análisis’ vendría a ser la disolución o separación de la corsaria Ana en las partes que la componen para conocerla mejor. No se asuste nadie, ni siquiera la corsaria, que no vengo hoy aquí decidido a reproducir La matanza de Texas. No se dejen llevar por la precipitación, no es a Ana a quien despiezaremos hoy. El DRAE en su primera acepción aclara que ‘análisis’ es la ‘Distinción y separación de las partes de un todo hasta llegar a conocer sus principios o elementos’. El análisis, por tanto, consta de dos momentos o fases, el despiece y el conocimiento propiamente dicho. No tengo muy claro si lo que suelo hacer aquí llega a la segunda de estas etapas pero, con seguridad sí a la primera. Despiecemos un poco a ver qué pasa.

Analistas ha habido muchos, quizá demasiados, pero creo que puede afirmarse que fue con Aristóteles cuando el ‘análisis’ alcanzó su etapa de mayor esplendor y madurez. Este señor fue un despiezador compulsivo. Idea que encontraba, idea que abría en canal para obtener chuletones, solomillos, filetes y demás resultados de un despiece ortodoxo. Nada estaba a salvo de su afilada hoja. Nada escapaba de su obsesión clasificatoria. Los menudillos por ahí, las costillas por allá, las criadillas me las apartas que voy a hacerlas estofadas,...

No es cuestión aquí de recorrer todas y cada una de sus clasificaciones analíticas, de sus despieces. Conformémonos con una de ellas que nos servirá para los propósitos de este modesto análisis, su Ética. No se dejen engañar por lo que pueden leer por ahí, eso de que a Aristóteles debemos tres éticas, en realidad es un truco de los editores que viene arrastrándose desde la antigüedad para vendernos tres libros en lugar de uno. El caso es que el señor Aristóteles, en su afán clasificatorio es decir, analítico, se empeñó en colocar la virtud en el justo medio entre dos vicios, uno que se produce por exceso y otro por defecto. Vean aquí su explicación en un paradigmático ejemplo de ‘prosa analítica’:

Así pues, tres son las disposiciones, y de ellas, dos vicios -uno por exceso y otro por defecto- y una virtud, la del término medio; y todas se oponen entre sí de cierta manera; pues las extremas son contrarias a la intermedia y entre sí, y la intermedia es contraria a las extremas.
(Ética a Nicómaco, II,8)

Pero aquí hemos venido a analizar así que vamos a ello. ¿Cuáles son esos vicios y esas virtudes según este griego peripatético? Despiecemos, pues, todas ellas en la siguiente lista:

Exceso/ Defecto/ Término Medio
Irascibilidad/ Indolencia/ Apacibilidad
Temeridad / Cobardía/ Hombría
Desvergüenza/ Timidez/ Respeto
Intemperancia/ Insensibilidad/ Moderación
Envidia/ ???/ Justa indignación
Ganancia/ Pérdida/ Lo justo
Prodigalidad/ Avaricia/ Liberalidad
Adulación/ Hostilidad/ Amabilidad
Servilismo/ Arrogancia/ Dignidad
Molicie/ Padecimiento/ Firmeza
Vanidad/ Mezquindad/ Magnificencia
Picardía/ Simpleza/ Sensatez

De acuerdo con esto, por ejemplo, este blog contaría entre sus virtudes el hecho de ser apacible, amable y firme. El resto son vicios que dejo a su buen entender. Pero habrán observado un intrigante grupo de interrogantes entre la envidia y la justa indignación. ¿Cuál será ese vicio para el que no parece encontrarse nombre? Ignoro si Sir Thomas Browne tenía esto en la cabeza cuando escribió en su Religio Medici (2ª P. Sec. 7): “Doy gracias a la bondad de Dios de no tener pecados que carezcan de nombre”. Pero, en todo caso, nuestro analítico griego puede aclararnos algo la cuestión:

Envidioso es el que se aflige por los éxitos ajenos más de lo que debe –pues incluso los dignos de prosperar causan aflicción a los envidiosos cuando prosperan–; el opuesto carece más bien de nombre: es el que se excede en no afligirse ni ante los indignos que prosperan, sino que es condescendiente, como los glotones respecto a la comida, mientras que el otro es intransigente a causa de su envidia.
(Aristóteles, Ética Eudemia, II, 3)

¿Lo han entendido o tengo que seguir despiezándoselo? Aristóteles nos está hablando de aquellos que no se ofenden cuando el joven Bisbal alcanza el número uno en las listas de ventas, cuando el señor Sardá lidera las audiencias nocturnas televisivas, cuando el señor Ibarretxe gana las elecciones en el país vasco, cuando a un crack futbolístico le hacen un contrato por no sé cuántos millones de euros, etc. A este innombrable vicio y a la envidia se opone por igual una virtud que ya parece estar cayendo en el olvido, la justa indignación, eso que por aquí llaman ‘estar cabreado pero con razón’.

Ya ven, empieza uno a despiezar y acaba cabreado con razón (ahora que tantos hablan de ‘ética blogueril’ y otros tantos andan preocupados con un concursillo, tendría su gracia ordenar los blogs según sus vicios y/o virtudes, pero ya saben que ése es asunto para otros lugares). Analizar sólo trae enfados, malos ratos y cosas peores. Llegados a este punto parece claro que la cuestión primordial es: ¿qué necesidad hay de trocear las cosas para conocerlas? ¿A santo de qué hay que tirar de bisturí o escalpelo en el tránsito hacia la sabiduría? ¿Acaso cuando reciben un regalo lo trocean para saber qué es? Claro que no. Todo lo más agitan la caja para ver cómo suena. Ahí tienen a nuestros políticos, sin ir más lejos, cuya sagacidad les ha llevado a desterrar para siempre el análisis y por eso se les ve siempre tan contentos, con la sonrisa en la boca. Aprendan de ellos, sobre todo en campaña electoral. No analicen. Cuando les digan ‘Vamos a prosperar’ no se les ocurra preguntar ‘¿en qué?’. Cuando les anuncien ‘un cambio’ no intenten saber ‘¿de qué?’. Cuando les hablen de ‘Talante’ no pregunten si se trata de buen o mal talante. ¿O es que pretenden convertirlo todo en la sala de despiece de una carnicería?

13 de abril de 2005

Ante todo, corrección

Pasan los días y ciertas cosas vuelven a la normalidad mientras otras huyen de ella. Don JPQ, por ejemplo, por fin regresó de su periplo y vuelve a regalarnos sus impresiones y comentarios diarios. El caballero Borgeano asoma tímidamente de vez en cuando y nos dispensa alguna de sus perlas. Hace unas horas, sin ir más lejos, acaba de acuñar aquí el término ‘Fastidiegressumfobia’ que, por lo visto, viene a ser el temor a aburrirse con estas ‘Salidas de Emergencia’. Temor que tiene su paralelo en el que yo siento a diario cada vez que me siento ante el teclado dispuesto a escupirles unas apresuradas letras, el miedo a aburrirles.

Y es miedo que en los inicios de este blog, en el lejanísimo diciembre pasado, me resultaba inimaginable. Al fin y al cabo este juego no era más que una simple gimnasia mental y redactora. De alguna forma sigue siéndolo pero con la nada sutil diferencia de que ahora están ustedes ahí, al otro lado de la pantalla. Ayer se cumplieron ciento treinta días desde que abrí esta puerta y en ese tiempo les colocado aquí más de un centenar de tostones que, por misteriosas razones que no pienso escrutar, parecen haberles divertido hasta el punto de hacer surgir esta enigmática y sorprendente fobia.

Entiéndanme, no está mal completar los manuales de psiquiatría con nuevas y desconocidas patologías mentales toda vez que, por lo visto, los que por aquí paramos no acabamos de encajar en ninguna de las categorías que manejan los profesionales de estas cosas. Pero mi insistencia en continuar con este insano juego y comparecer aquí (casi) a diario me está obligando a replantearme alguna que otra cosa. La primera de ellas empezar a escribir textos y dejar de excretarlos. Me imagino que se preguntarán por la sutil diferencia entre ambas cosas.

Hace unos días tuve ocasión de recordar aquí, en los comentarios, una anécdota sobre el encuentro de Augusto Monterroso y Alfredo Bryce Echenique. La cosa venía a cuento de la necesidad de corregir textos, cosa que estos que suelo ofrecerles necesitan con urgencia. Permítanme que se la reproduzca con palabras de don Tito:

... Alfredo, con su ingenio habitual, le contó a un público sumamente atento cómo escribía (casi sin corregir), mientras yo deseaba que alargara lo más posible su intervención porque el siguiente era mi turno. Cuando éste llegó, a mí, paralizado por el miedo, no se me ocurrió otra cosa que decir: «Yo no escribo; yo sólo corrijo», lo que al público, no sé por qué, le pareció gracioso y comenzó a reírse y a aplaudir, y a mí me dio la impresión de que los estudiantes y los maestros tomaban la cosa como que yo estaba diciendo que mi forma de escribir era mejor que la de Bryce y ya no pude decir nada más, ni mucho menos ponerme a dar explicaciones; pero Alfredo, que aparte de un gran escritor es un hombre de mundo, lo tomó con humor y después en el pasillo nos confesamos riéndonos que ambos habíamos dicho lo que habíamos dicho nada más por miedo escénico.

Estoy seguro de que don Augusto sí estaba diciendo, quizá sin querer, que su forma de escribir era mejor que la de Bryce, porque no hay escritura sin corrección. Repasando los cuadernos de Adolfo Bioy Casares, en ‘Descanso de caminantes’ concretamente, puede uno encontrar un apunte que abunda en esta cuestión.

Veo ‘Corregir’ en Corominas. De ‘regere’, regir, gobernar. Qué cierto, digo. Al corregir uno rige, gobierna sus escritos; por eso no cabe esperar mucho de escritores que dicen: «Yo no corrijo, no puedo corregir».

Escribir, por tanto, se diferencia de excretar en que también implica corregir, molestarse en repasar lo escrito, componerlo, trabajarlo, en definitiva ‘enmendar lo errado’ como muy bien recoge el DRAE, que también añade una sexta acepción, de uso en Cuba, que parece echar por tierra todo lo que les estoy aquí diciendo. No insistiré en esta idea porque nuestro amigo Kill-9 ya nos ha descubierto que por fin la Universidad española se dedica a las materias para las que está verdaderamente preparada y constituyen su destino en lo universal.

El caso es que cuando releo lo que llevo aquí publicado, cosa que hago muy pocas veces, advierto escaso gobierno de mis escritos y si ustedes se empeñan en seguir leyéndome tendré que agarrar, como dijo en su día Joan Pich i Pon, ‘el toro por los dientes’, con el consiguiente riesgo de que sea yo el que empiece a aburrirse, o seamos todos los aburridos. Ya sé que uno escribe para ser leído, pero ya me dirán cómo se hace para superar el miedo escénico cuando el número de lectores crece, ese miedo escénico que un maestro como Monterroso también sentía al hablar en público. En los últimos días, entre la tediosa discusión blogosférica y mi (voluntaria, todo hay que decirlo) aparición en el BlogZone de Periodista Digital, la cosa se ha disparado un poquito. Tampoco mucho, pero lo suficiente para alcanzar una modesta cifra de visitas para la que no me encuentro preparado. La famosa blogosfera no deja de crecer. El mundo parece estar lleno de gentes que tienen algo que decir. O que creen tener algo que decir. Ninguna de las dos cosas me ocurre a mí. Los antiguos recordarán que esto ya me pasó una vez. Como entonces, supongo que lo superaré. Pero ya va siendo hora de que, al menos, empiece a cuidar un poco la prosa, que ustedes lo merecen.

Tampoco deben alarmarse en demasía por esto los habituales. No pienso cambiar gran cosa lo que suelto por aquí. De momento me limitaré a eliminar en lo posible los errores ortográficos y gramaticales (que se me han escapado más de lo que algunos creen), procurar una cierta estructura a los textos (sin que dejen de ser caóticos), intentar exprimir al máximo mi escaso ingenio (para no tener que recurrir a textos huecos como este), mostrar la sensibilidad que suelo ocultarles (sin renunciar por ello a la ironía e incluso al sarcasmo) y seguir intentando encontrar tesoros en estas azarosas combinaciones de letras.

Para terminar, les dejo aquí una pequeña duda. El encuentro entre Monterroso y Bryce tuvo lugar en 1984 y está recogido en ‘La letra e’, publicado en 1986. El apunte de Bioy es de 1988 ó 1989. ¿Sabría Bioy de este encuentro cuando escribió que no cabía esperar mucho de los escritores que dicen : «Yo no corrijo»? Les dejo ya, que, por si acaso, tengo que ponerme a corregir esto antes de publicarlo.

12 de abril de 2005

Géneros olvidados

Lleva mucha razón la corsaria Ana cuando me acusa de llevar unos días tratando aquí aburridos asuntos. Cánones, piratas, ministros, propiedad intelectual y demás zarandajas ya tienen bien ganado su sitio en otros lugares y el que quiera hartase de estas cosas no tiene muy difícil el hacerlo. Que suenen clarines y trompetas que hoy cambiamos de tercio porque, con su sigilo habitual, el equipo de investigación sobre géneros literarios olvidados ha proseguido sus trabajos y regresa aquí, triunfalmente, para exponer los últimos resultados de sus indagaciones.

Los fieles de esta iglesia recordarán que ya traté aquí las enormes posibilidades del ‘género enciclopédico’. No crean que aquí se acaba la cosa. El universo de las letras es mucho más amplio de lo que la mayoría supone. Hay tantos géneros olvidados, lo que no quiere decir abandonados, que su reconocimiento oficial obligaría a quintuplicar las facultades de filología. Piensen, por ejemplo, en la redacción de carteles, disciplina que pueden estudiar a fondo gracias al Proyecto Cartele. Pues bien, vengo hoy dispuesto a rescatar del olvido algunos de estos géneros con la esperanza de despertar alguna que otra vocación entre los lectores que sueñen con hacer carrera en el mundo de las letras.

Debo al ínclito ministro Álvarez Cascos el conocimiento de un término que en su día me fascinó: argumentario. Con idea de unificar criterios y transformar las directrices de su partido en ideas fuerza, este esclarecido caballero repartía entre los cargos de su partido estos famosos ‘argumentarios’, colecciones de argumentos a transmitir sobre los más diversos temas. Que hay que hablar sobre las plataformas de televisión digital, aquí tiene usted los argumentos que debe usar. Hay que reconocer que políticamente no era mala idea. Su error consistió en que se hicieran públicos, lo que transformó automáticamente a cualquier político interviniente en un debate en un lorito de repetición. Incluso si el argumento era de veras incontestable, perdía toda su fuerza al saberse extraído de una ‘receta’.

El argumentario ha de ser secreto para ser efectivo. Esta es la razón por la que este oscuro género literario es prácticamente desconocido y no disfruta del lugar que le corresponde en los textos académicos. Asoma alguna que otra vez tímidamente en esas curiosas colecciones de ‘libros para ejecutivos’ (ya saben, ‘Como ser convincente’ y cosas así), pero poco más.

Y sin embargo se trata de un género para el que existe una amplísima demanda. Todo autor de argumentarios sabe que nunca ha de faltarle el trabajo. ¿Qué mejor prueba quieren que esos dos caballeros que han pasado por aquí en busca de ‘frases para decepcionadas’? ¿Acaso no es un argumentario lo que andaban buscando? Debo confesarles que el ‘género argumental’ no se cuenta entre aquellos para los que me veo más dotado, no obstante, me puede la vocación de servicio así que, con la seguridad de que con sus aportaciones la cosa mejorará notablemente, les ruego su ayuda para la redacción de un ‘argumentario para tratar con decepcionadas’. Todas las propuestas serán bien recibidas en la dirección que ya conocen: stultorum(arroba)gmail.com

Muchos han creído, equivocadamente, que el minimalismo tiene su máxima expresión en el relato brevísimo, aquel que con tanta maestría dominaba don Augusto Monterroso. Relatos de una sóla frase. ¿Se puede pensar en algo más breve? El slogan publicitario, otro curioso género, no es más breve que estos relatos. Pero sí, puede pensarse en algo más breve y este es el segundo de los géneros olvidados que quiero traerles aquí hoy. ¿Se imaginan poder decir muchas cosas con una sóla palabra? Este es el límite del minimalismo, reducirlo todo a una sóla palabra. Claro que para eso no vale cualquier palabra. De hecho todas las palabras están ya tan limitadas por su uso cotidiano que apenas valen para una empresa tan ambiciosa cómo esta. Se hace necesario inventar nuevas palabras. Esto es lo que se hace casi a diario en los laboratorios farmacéuticos a la hora de bautizar sus productos. Secretos grupos de escritores minimalistas se reúnen discretamente para crear estas piezas mínimas cuyo indiscutible valor artístico pasa casi desapercibido.

Como en todo, en esto también hay escuelas. La cosa nació con un naturalismo ramplón. Años atrás tuvo lugar el esplendor de la escuela realista: ¿un analgésico? Frenadol, ¿algo para el enfriamiento? Desenfriol. Afortunadamente para el desarrollo de estas artes, movimientos más innovadores han tomado el relevo y ya no suelen verse por las farmacias tan descriptivos y poco sugerentes nombres. Más poético resulta un psicoestimulante llamado Agudil, que promete recuperar la agudeza perdida; o la terapia biliar basada en Bilicanta, con su evocación de los canturreos gastrointestinales. Existe una penicilina ‘de amplio espectro’ que imagino que se utiliza para tratar enfermedades venéreas, toda vez que se llama Raudopen. Que necesitan un tónico estimulante del apetito, pues nada, dos cucharadas de Glotone y listos. Incluso la fundación FAES, acompaña sus incendiarios vídeos con un fármaco para tratar las quemaduras que lleva el paradójico nombre de Noquema.

Para que luego digan que no hay oportunidades para los escritores noveles. Lo que pasa es que todos se empeñan en escribir novelillas y poemillas ignorando el casi infinito universo de posibilidades que se les abre una vez dominada la palabra. En esta particular ONG, Literatura sin Fronteras (y sin literatura), en que se están convirtiendo las ‘Salidas de Emergencia’ seguiré investigando, con su inestimable ayuda, para seguir abriendo posibilidades literarias insospechadas.

Y si todo esto les parece una mamarrachada sin importancia y se sienten llamados así, sin más, a las más altas cumbres de la literatura, dejando de lado estas humildes propuestas que les hago a la manera de Jonathan Swift, no está de más que sepan de la primera colaboración literaria conocida entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Dejo a este último que se la cuente. «En 1935 ó 36 fuimos a pasar una semana en una estancia, en Pardo, con el propósito de escribir en colaboración un folleto comercial, aparentemente científico, sobre los méritos de un alimento más o menos búlgaro... Aquel folleto significó para mí un valioso aprendizaje; después de su redacción yo era otro escritor, más experimentado y avezado».

11 de abril de 2005

El no-autor se explica

Les he dicho tantas veces que no me tomen en serio que ya me da cierto apuro repetírselo. El señor Peluche, con su ciencia habitual recomienda hacer lo mismo con el señor o señores Borjamari que tantas pasiones levanta o levantan. En mi último post, abundando en ello, amplié la recomendación o, si quieren, el ruego a todos los demás: les invité a no tomarse en serio ningún blog. No se me ocurre actitud más saludable a la vista de lo que se va viendo o leyendo. El señor Arellanos se quedó boquiabierto con lo que denominó, con todo acierto, ‘telenovela blogosférica’. No me extraña. Es para eso y más. Un tocayo mío de Chile (donde mi apellido tiene más connotaciones que en ningún otro sitio) andaba igual de sorprendido. Y eso que el asunto es ciertemente recurrente. Si se pasean, por poner un ejemplo, por el sensato blog de la Ceci tendrán noticia de un cruce de opiniones relativamente relacionado con la cuestión.

Sartre dijo una vez que escribía para gustar a las mujeres. Probablemente tras la pretensión de epatar se escondiera un fondo de verdad. ¿No buscamos el aprecio o el reconocimiento de los demás en todo lo que hacemos? Dios me libre de pontificar sobre las razones que pueden llevar a alguien a abrir su blog. Cada cual tendrá las suyas, como don Iñaki García para sus aspavientos. Las habrá más o menos confesables y más o menos inconfesables. Las habrá más o menos realistas y habrá quien pretenda, como Sartre, gustar a las mujeres o a los hombres (quizá por eso tantos blogs desparezcan tan rápidamente, sólo duran el tiempo suficiente para comprobar que no sirven para ligar). Les confieso que soy de la opinión de que en realidad nadie sabe por qué escribe y, en consecuencia, nadie sabe por qué mantiene un blog.

Lo mejor que uno puede hacer es aparcar ese tipo de preguntas y seguir adelante. ¿Acaso no recuerdan las insufribles primeras lecciones de cualquier materia? Me refiero a aquellas que tratan sobre qué es la filosofía, la estadística, la historia, la química o cualquier otra cosa. ¿Les aportó algo alguna de ellas? Dejen el onanismo mental para quien tenga mejores facultades y, si tienen blog, dedíquense a escribir. Si no lo tienen, dedíquense a leer los de otros. O mejor todavía, tengan o no blog, dedíquense a cosas de mayor y mejor provecho que las hay y muchas.

Pero si siguen ahí después de haber leído esto y mientras esta pelota sigue creciendo montaña abajo, aprovecharé su visita para ‘explicarme’ un poco más y de paso exponer alguna que otra opinión al respecto de ciertos asuntos de actualidad que tienen que ver con todo este embrollo. Ya conocen mi opinión sobre los blogs así que esta pretensión es equiparable a una de las más patéticas acciones que pueden acometerse en esta vida, explicar un chiste que no ha sido comprendido. Espero que las musas impidan que ustedes entiendan algo.

Empecemos por el principio. Un Ex-superhéroe mediático cuyos fragmentos tuvieron a bien pasearse por aquí me comunicó que, con respecto a las licencias Creative Commons, hacía ‘una interpretación justamente contraria a su espíritu’. Puede que me explicara mal así que vuelvo a hecerlo ahora. No tengo nada contra las licencias CC. De hecho tengo mucho a su favor. Creo que son un instrumento fundamental para dejarse de estupideces muy enquistadas en la llamada ‘industria cultural’. Yo sólo dije que su multiplicación es una forma artificiosa de conceder una importancia excesiva a lo que, en la mayor parte de las ocasiones, no es más que una simple conversación de bar trasladada al ‘ciberespacio’. Y lo mantengo.Si se molestan en echarle un vistazo a las condiciones de una de esas licencias aquí, comprobarán que la ‘obra’ que protege se define como ‘creación literaria, artística o científica’. Mi afirmación se basa, simplemente, en el hecho contrastable de que la mayor parte del contenido que uno se encuentra con ‘protegido’ por el logotipo de CC difícilmente encaja en alguna de esas categorías.

Vuelvo a decirlo a ver si se me entiende: que cualquier chorrada escrita se considere una ‘creación literaria, artística o científica’ es aberrante. Créanme que sé de lo que hablo. Al fin y al cabo me gano la vida vendiendo el contenido de mi cabeza. Pero me resulta imposible considerar estas excrecencias que aquí les suelto (casi) a diario como creación artística, literaria o científica. El señor Piezas me informó de que por lo visto y de acuerdo con la legislación ‘si no se pone aviso sobre los derechos de autor, ello significa que se reservan todos’. No soy abogado ni entiendo de leyes nada que no entienda cualquier otro modesto sufridor de las mismas. Si es así, les hago saber a todos que un servidor no se reserva ningún derecho sobre estas garambainas. Hagan con ellas lo que quieran. Imprímanlas y ya tendrán algo con que envolver el bocadillo. Copienlas y preséntenlas al concurso de redacción de su ayuntamiento; quedarán los últimos pero seguro que pasan un buen rato. Yo tengo muy claro cuándo algo que sale de mis manos puede considerarse un trabajo de creación y estas ‘Salidas’ de apresurada redacción no lo son. Como (casi) todos los blogs. Y eso es lo que llamo ‘concederse artificiosamente importancia’: considerar que cualquier cosa es o puede ser una creación artística, literaria o científica. ¿De verdad creen que el contenido mayoritario de los blogs se parece remotamente a cualquiera de esas tres cosas? Entre las múltiples significaciones del título que le dí a este blog se cuenta la acepción de ‘salidas’ como ‘ocurrencias’. Sinceramente, pretender proteger toda ocurrencia por los derechos de autor me resulta a todas luces excesivo. Estas son cosas que conviene tener claras cuando se pretende ‘liberar la cultura’ o ‘perseguir la piratería’.

Ya sé que no suelen perdonarme que les traiga encuestas por aquí, pero es que no salgo de mi asombro. Hace unos días tuvimos ocasión de disfrutar de la señora Calvo y el señor Bautista en amor y compañía presentándonos los prodigiosos resultados de su macroencuesta sobre ‘hábitos culturales’. Pero es que esta fascinante ‘Fundación Autor’, que no para de hacer encuestas, también echó un vistazo a la otra cara de la moneda y no acaban de encajarme muy bien las cosas: Resulta que la gran mayoría de los ‘autores’ no sólo cree que la sociedad española no presta atención a la cultura, sino que, además, el 84,5% de los mismos piensa que las distintas administraciones públicas prestan poca o niguna atención a la cultura.

Ya me explicarán. Todo el día tomando té con pastas en el ministerio y planeando y planificando sus planes para luego ofender a la mano que les da de comer (ya que la otra mano, la del público, es tan insolidaria). Estos chicos son de lo que no hay. Y mientras tanto, toda una legión de bloggers pretendiendo convertirse en ‘autores’. Para echarse a temblar. A mí, como a cualquier no-autor, me encontrarán silbando con las manos en los bolsillos y echando pestes de la cultura, que, por lo que se ve, sólo sirve para llenarlo todo de mierda. Confío en que no hayan entendido nada.

8 de abril de 2005

Sólo un juego de niños

En el día de ayer, en algún momento de delirio co-mentador y a cuento del neologismo propuesto por nuestro Javinauta particular, se acabó planteando el eterno y recurrente asunto de qué cosa es un blog y demás zarandajas relacionadas. Normalmente habría dejado pasar la cosa. No es que no le vea interés (que no se lo veo), es que estas ‘Salidas’ no fueron abiertas para hablar de los blogs (o eso creo).

El caso es que, dado que el señor borjamari, se nos ha descolgado hoy con un magnífico post, mucho me temo que una vez más traicionaré otro principio (y ya me van quedando bien pocos) para referirme a la cuestión. Parece que antes o después todos caemos en este error (el amigo consultor, sin ir mas lejos, dejó aquí sus reflexiones y yo mismo hice algo parecido). Vaya por delante que ni sé ni me importa qué cosa pueda ser un blog. Por no saber, ni siquiera sé qué son estas ‘Salidas de Emergencia’ ni para qué las mantengo. Hace ya unos meses, en desesperado e inútil intento de explicarme y explicarle a la hoy ausente Virginia por qué estaba aquí, deje caer un comentario que incluía esto:

Por lo demás, este es como cualquier otro blog, una terapia psicológica, un entretenimiento, un registro de incoherencias y una excusa para poder encontrarnos aquí, en los comentarios.

En su día no me pareció mala aproximación a lo que hacía por aquí. Sobre todo porque ninguno de los elementos enumerados sonaba a algo importante. Desde que empecé, no hace mucho, a circular por esto que llaman la blogosfera me tiene perplejo la cantidad de personas que se creen Bob Woodward o Carl Bernstein por haber colgado su cuadernillo en el tablón de anuncios de un instituto de enseñanza secundaria (atendiendo a la calidad y cantidad de las visitas la cosa no pasa de ahí). Otros se creen James Joyce o Baudelaire. Se multiplican las licencias Creative Commons, lo que no es más que una forma artificiosa de conceder una importancia excesiva a lo que, en la mayor parte de las ocasiones, no es más que una simple conversación de bar trasladada al ‘ciberespacio’ (hace tiempo, al hilo de esto, el señor Kill-9 y un servidor convinimos en que se echa de menos la ración de boquerones y las cañitas). Cada vez entiendo mejor la alarma del Príncipe Saurau que cité en mi ya anticuada declaración de principios: qué ocurriría si se permitiera que toda ocurrencia repentina se transformase en idea. Esta parece una raza que convierte en ‘propiedad intelectual’ (por muy ‘non commercial’ que sea) cualquier ocurrencia.

De alguna manera se trata de una apelación a cierto orgullo infantil que explica la explosión de las bitácoras, blogs o como quiera que se llamen. Se trata, simple y llanamente, de jugar a concedernos la importancia que no tenemos pero deseamos (algunos secretamente y otros a grandes voces; no deja de ser revelador que el término más utilizado en las bitácoras hispanas sea ‘ombliguismo’, siempre acompañado del dedo acusador, ¿qué fue del hombre sin ombligo?). Diversión inocente al fin y al cabo. El señor Borjamari, no obstante, ha ampliado muy acertadamente la cuestión:

Escribir un blog se está convirtiendo casi en un rito, o en un acto de amor hacía una ensoñación que otorga sensaciones muy gratas, o la coartada para "navegar" por la red y ver a los amigos, o una forma de matar el tiempo (enigmática y filosófica definición que podía haber sido planteada por nietzsche) o un refugio contra la soledad, o la necesidad de ausentarse de la realidad, o el deseo de culturizarse, o una forma de diversión alimentada desde la niñez.

No se me ocurre forma más atinada de describirlo. Particularmente, creo importante destacar una de ellas: la necesidad de ausentarse de la realidad. Esto es lo que creo que hacemos muchos, porque a la hora de redactar un mínimo escrito, incluso sobre algun asunto de rabiosa actualidad, aparcamos la vida por unos instantes. Marguerite Yourcenar, en las notas a sus Memorias de Adriano, dice que recurrió a este género, las memorias, porque el hombre de acción jamás lleva un diario. Yo no tengo empacho en reconocer que estas ‘Salidas de Emergencia’ son una válvula de escape que me permite ausentarme de una realidad (cotidiana) que, por decirlo suavemente, no me tiene muy satisfecho.

Quizá los blogs sean el reducto ideal para depresivos y deprimidos. El caballero Chin, que de esto sabe un rato y que conserva celosamente esa sabiduría tan amenazada en el mundo que nos rodea ya nos ha dejado claro que no hay razón para alarmarse por ello. También los hay eufóricos, aunque de una euforia que raya en la insania. Permítanme que no les nombre a ninguno de estos, que ya tengo demasiados problemas como para buscarme otros aún más absurdos. Anticiclónicos o borrascosos, todos coinciden en la ausencia.

Ausentes, sí, por muy ‘comprometidos’ que parezcan o parezcamos. En otro destacable post, reproducido en su integridad por Borjamari (el original, en No tengo Palabras) llega a decirse que “los blogs, son algo demasiado dinámico, demasiado innovador, algo muy valioso porque nos confiere a nosotros los ciudadanos el poder”. Lamento disentir ligeramente cuando, por otra parte, coincido con casi todo con lo que allí se dice. Creo que los blogs son algo valioso, dinámico e innovador, pero no acabo de ver ningún poder por ninguna parte. Es caer en el error que se denuncia, quizá porque la ausencia nos lleva a confundir el mundo con la blogosfera. El ‘poder’ no cambia de manos así como así.

Que una legión de individuos dispongan de un espacio en internet para informar a sus cuatro (o cuarenta, o cuatrocientos) amigos de que el Papa ha muerto, de que hay un buscador que combina Yahoo y Google, de que ya está disponible Messenger 7, de que George Bush es muy malo, de que el sacrosanto mercado es capaz de arreglar hasta las goteras del salón, de que le gusta un chico de ojos azules y qué sé yo cuántas cosas más no significa ninguna revolución mediática. Technorati se acerca a los ocho millones y medio de blogs, pero por lo que se va viendo, la raquítica blogosfera hispana está superpoblada de blogs clónicos. Casi todos hablan de lo mismo, dicen lo mismo, informan de las mismas obviedades de dominio público. Muy pocos son los que ofrecen algo original y cuando lo hacen no resulta fácil saber si la cosa es meritoria o de chiripa. Tampoco es nada extraño. Si recuerdan algo del mundo ese del que nos ausentamos para entrar en la blogosfera se darán cuenta de que allí las cosas son similares. Si un blogger se vuelve ‘influyente’ (suceso más bien infrecuente), no es por la importancia de los blogs si no por la importancia de lo que dice.

Sinceramente, no puedo evitarlo, esto de los blogs me parece un juego infantil. No tiene nada de malo. Yo me lo paso muy bien con esto. Recuperar a ese tópico ‘niño que todos llevamos dentro’ no debe ser muy perjudicial. Por lo demás seguiré preocupándome de las personas y de lo que tengan que decir con independencia del medio que utilicen para hacerlo. Hay gente apasionante que tiene un blog y, aunque a algunos les cueste creerlo, mucha otra que no lo tiene. ¿Qué mas da?

Y si alguno le quiere poner puertas al campo, repartir títulos nobiliarios o formar una nueva Tabla Redonda es muy libre de hacerlo. ¿A quién le parece mal que los niños jueguen al Rey Arturo y sus caballeros aunque las más de las veces resulten más bien quijotescos? Porque sólo es eso, un juego de niños.

7 de abril de 2005

Aproximación taxonómica al internauta salido (y II)

(Continuación de la absurda descripción iniciada ayer)

Los soñadores

Se ha discutido mucho sobre lo incorrecto de denominar ‘soñadores’ a quienes más bien pretenden el sueño de sus víctimas. Es especie de reciente descubrimiento y pocas cosas están claras sobre la misma. Estudiosos e investigadores todavía andan preguntándose sobre cuáles pueden ser sus principales motivaciones. Su característica más notable es su afición por practicar el sexo con mujeres dormidas. Como lo oyen (o leen). Nadie hasta ahora ha sabido averiguar si es porque se consideran demasiado feos, demasiado inútiles, o demasiado cobardes. Alguna escuela, no muy arraigada, todo hay que decirlo, ha llegado a sugerir que, dado que sólo cuando dormimos podemos considerarnos personas, el sexo con dormidas es la única forma posible de no tratar a la mujer (o al hombre aunque esto último es más difícil) como un simple objeto sexual. Fíjense en los tres ejemplares que se dejaron ver en libertad por esta selva durante el último mes.

sexo con dormidas

mujeres dormidas sexo

sexo con mujeres dormidas

Su canto es inexistente no vaya a ser que se despierten sus víctimas. Son depredadores sin escrúpulos que aprovechan la más mínima oportunidad para atacar. Dada su gran adaptabilidad a cualquier hábitat se están extendiendo peligrosamente por todas partes (no olviden mirar debajo de sus camas). Por ello, las autoridades recomiendan no dormir en lugares públicos, particularmente en el metro. Si por alguna razón resulta ineludible echarse una cabezadita a la intemperie es recomendable cometer alguna pequeña infracción que les permita pasar unas horas en un calabozo.

Los voyeurs

Los voyeurs son, con toda probabilidad, la especie clásica y de mayor antigüedad de la interné. Su interés se reduce a la contemplación de imágenes fotográfícas y forman un microcosmos que refleja a la totalidad de la especie humana. Así puede uno encontrarse desde aficionados a las calidades artísticas más elevadas:

fotografias de helmut newton

hasta gentes escasas de criterio (o con ‘otro’ criterio, si es que creen en la corección política). Véan si no:

fotos cualquieras

Algunos aficionados a la observación de especies salvajes no han conseguido comprender lo que este ejemplar andaba buscando, esto es, fotos de cualquieras (‘mujeres de mala vida’ en la segunda acepción del DRAE). Pero si les parece que entre estos dos ejemplares se agota el abanico de posibilidades para los voyeurs es que no están atendiendo a mis explicaciones. Les he dicho que reproducen, a su manera, a toda la especie humana. En este grupo caben las desviaciones más extrañas, depravadas y sorprendentes. La joya de nuestra corona es, sin duda, esta:

fotos de las duchas del seminario santo tomás de aquino

Me ahorraré los comentarios sobre este último ejemplar por consejo de mi abogado, que me asegura que no son adecuados para este público, para este horario y para estas fechas.

Los realistas

La subespecie realista está constituida por aquellos ejemplares que han tomado conciencia de sus posibilidades reales en esto de darse gustillo. Suelen tener el teclado protegido por un plástico y cambian de monitor con sospechosa frecuencia. Nadie se explica por qué les ha dado por hacerse la ortodoncia ahora que se han dado por vencidos y se dedican, al igual que su ilustre predecesor, a ‘corromper en tierra’. A veces, quizá por efecto del consumo excesivo de alcohol u otras sustancias alteradoras del sistema nervioso central, se vuelven poéticos aunque sin olvidar sus principios. Un claro ejemplo es este:

en el jardin de onan

Sin embargo, cuando el realismo se junta con la desesperación puede derivar en situaciones ciertamente alarmantes. La imaginación se dispara en estos casos, tanto la del espécimen como la del observador. La mía anda particularmente disparada fantaseando con las apetencias de quien se presentó por aquí en estos términos:

onan generador emergencia

Se admiten sugerencias para redactar un best seller que destrone de una vez al maldito Código Da Vinci, tan escasamente sugerente (las ganancias, por supuesto, al cincuenta por ciento: mitad para Hacienda y mitad para la SGAE).

Los masoquistas

A pesar de lo que suele verse en los reality shows televisivos, los verdaderos masoquistas escasean bastante. Existen numerosas iniciativas privadas a favor de su conservación pero, de momento, los organismos públicos parecen desentenderse de este acuciante problema. La red de observadores de ‘Salidas de Emrgencia’ sólo ha sido capaz de avistar fugazmente un ejemplar en libertad. Lamentablemente no fue posible anillarlo para realizar el seguimiento de sus correrías. Por lo poco que pudimos apreciar del mismo era de lo más prometedor. Llegó aquí así:

Sexo en láminas

Fíjense bien que no buscaba láminas de sexo, vulgares litografías y similares. No, lo que buscaba era el propio sexo en láminas. Un equipo interdisciplinar formado lingüístas, asistentes sociales, parlamentarios turbulentos, charcuteros y un guarda forestal continúa trabajando sin descanso por encontrar las palabras adecuadas que sirvan para describir a este individuo. No esperen, de todas formas, resultados. Llevan varios días con los ojos muy abiertos, las manos en la cabeza y sin pronunciar una sóla palabra.

Otras especies divagantes

Hata aquí lo más destacable dentro de lo que cabría llamar generalidades. No obstante, numerosos ejemplares exóticos, todavía pendientes de estudio, se han dejado caer por aquí. Sirva como adelanto un breve comentario sobre alguno de los más vistosos.

busco mujer europea que quiera casarse con latino

El comité científico continúa deliberando sobre si contar o no a este ejemplar entre los salidos toda vez que no está claro si sus inclinaciones se decantan hacia la carne o hacia el papel. Se ha puesto el caso en manos de los servicios de extranjería y seguimos a la espera de su dictamen.

culturismo erotico

Equiparable a los conceptos de ‘inteligencia militar’ u ‘honradez política’, la idea de ‘culturismo erótico’ tiene desconcertado a nuestro equipo de psiquiatras de emergencia. De todas formas ya se cuenta con alguna especulación que todavía no puede llamarse teoría y que se basa en el hecho indiscutible de que culturismo y erotismo comparten la tendencia a concentar el flujo sanguíneo en lugares muy alejados del cerebro. En cuanto los evaluadores de la revista Nature tengan a bien contestarme les informaré de su parecer.

promotoros sexo

Incapaz de emitir un juicio definitivo, el subcomité de investigación ganadera ha remitido los informes sobre este ejemplar a la Secretaría de Políticas de Género de la FSAP de CCOO. Es de suponer que los sindicalistos podrán aclararnos si estaba o no de cachondeo.

calenton dominicana

Tras un agrio debate para dilucidar si esta pobre dominicana era sujeto activo o pasivo del calentón, un grupo de intrépidos exploradores ha iniciado de forma voluntaria una investigación de campo. Hasta el momento sólo se ha recibido por aquí una exagerada cuenta de gastos y eso que se alojan en un complejo ‘Todo incluído’. Más noticias en los informativos radiofónicos.

Queden para mejor ocasión cosas como las siguientes:

abuelas muy salidas

stripper espana hombres

el sexo de los angeles

biblia angeles sexo

brasileñas entierro de la sardina 2005 murcia

gomorrita

eva mendaz in nude

pelicula post coitum animal muerto

Y tengan en cuenta, sobre todo, que estas ‘Salidas de Emergencia’ no son sino un simple punto de observación en una extensa red. Con toda seguridad muchos ejemplares dignos de consideración no habrán sido detectados por nuestros sensores. No estaría de más que se sumaran, aquellos con blog o página personal, a esta iniciativa para desarollar esta incipiente disciplina tan necesitada de su concurso. Y vuelvan ya a sus páginas pronográficas, que seguro que les resultan mucho más gratificantes que esta estupidez.


Post Scriptum

Todos aquellos interesados en ir conociendo los inescrutables caminos por los que aquí se llega pueden darse una vuelta por Llegadas de Emergencia, bitácora inaugurada ayer con gran sigilo.

6 de abril de 2005

Aproximación taxonómica al internauta salido (I)

Pues sí, señores, parece que la interné, al decir de muchos, no es más que un reducto de degenerados que siempre están pensando en lo mismo. No se engañen, ni me engañen. Si están viendo esta página es para disimular ante alguien antes de volver a la página pornográfica que estaban consultando hace un momento. ¿Quién va a recurrir a la interné si no es para encontrar sexo fácil? ¿Es que hay alguna otra cosa de interés en la red? (alguna puede haber toda vez que Elvira Lindo dice hoy en El País que la red sustituye a las pintadas en los urinarios).

Sin embargo, esto de que la interné es sólo sexo, lugar común donde los haya, a la vista del tamaño que va cobrando la red, más bien se merece una observación más detallada. ¿No les parece que ya va siendo hora de clasificar toda la fauna que por ahí circula? Meter a todos en el cajón de salidos y viejos verdes es, a estas alturas, una simplificación inaceptable. Aprendamos de los zoólogos, que no se contentaron con llamar insectos a los insectos sino que a cada uno le pusieron un nombre hasta alcanzar una cifra que casi agota los nombres posibles. Hoy, con la buena voluntad que me caracteriza, intentaré aportar mi granito de arena para progresar en tan urgente cuestión. Todo sea por el avance de la ciencia, que justifica todo desvelo. Recurriré para ello a mi base de datos de visitantes intentando encontrar alguna lógica interna en sus extraños comportamientos (tampoco más extraños que los míos, todo hay que decirlo). Ni que decir tiene, va de suyo, que los resultados que les ofrezco deben tomarse con la necesaria cautela por su provisionalidad, como los de toda investigación en curso. Sólo cuando dispongamos del genoma del internauta salido cabrá elevar estos resultados a definitivos.

Como pueden deducir de esta introducción, mi hipótesis de partida es que no todos los internautas salidos son iguales. Basta con consultar cualquier manual de psiquiatría para confirmar que no todos los salidos son iguales. ¿Por qué la cosa habría de ser distinta con los internautas? Lo cierto es que los hay de todos los colores y tamaños, de todas las tallas y pelajes, tantos que cuesta discernir alguna característica que permita agruparlos taxonómicamente. Este es el primer problema al que henos de enfrentarnos

Los que hayan hecho algún curso elemental de matemáticas sabrán que para dividir un conjunto en clases basta establecer una relación que cumpla las propiedades reflexiva, simétrica y transitiva. Los zóologos, por ejemplo, pueden establecer la relación ‘tener el mismo número de patas’, que cumple tales propiedades y les permite distinguir entre los bípedos, los trípodes, los cuadrúpedos, etc. Algo así hemos de encontrar para nuestros salidos. Vamos allá.

Como primera subdivisión propongo la simple consciencia. Así, el conjunto de internautas salidos puede dividirse con bastante nitidez entre aquellos, la gran mayoría, que se saben salidos y aquellos que no son conscientes de serlo. A estos últimos los denominaremos:

Los románticos

Es este un grupo de salidos muy escurridizo precisamente por no saberse salidos. Ocultas bajo un frondoso bosque de bellas palabras se esconden sus más bajas pasiones. Es necesaria una cierta práctica para reconocerlos. Sin embargo, para el naturalista profesional e incluso para los más avezados observadores su identificación resulta relativamente sencilla. Su canto se caracteriza por una poesía cursi en la que, esporádicamente, aparecen reveladores detalles sobre sus más que claras intenciones. Véamos a un ejemplar en acción.

para que se usa la canela en hechizos de amor

Convendrán conmigo en que se le ve venir. Si a esto añadimos la mirada distraída, ciertos delicados ademanes y una combinación de colores en su indumentaria que hace sospechar el daltonismo, el cuadro es completo. Nos encontramos ante un ejemplar de romántico de pura raza. No obstante, no se dejen engañar por este ejemplo. Cuando este espécimen no está en celo puede resultar de muy difícil identificación ya que se confunde con la especie ‘cursi pero no salido’. No hace mucho tuvimos por aquí a un curioso ejemplar que puede ilustrarles esto que les digo.

tarjeta de poemas de amor que tengan un tiempo ilimitado

Como pueden ver, se trata de una especie corta de vista y aún más corta de entendederas. No acaba de entender, por ejemplo, que la más excelsa tarjeta de poemas de amor, la American Express Platinum, nunca garantiza un tiempo ilimitado (también hay que ser optimista, ¿no creen?).

Enfrentémonos ahora al otro grupo de salidos, el de los que sí son conscientes de su líbido desenfrenada. Su heterogeneidad es tan diversa que obliga a un nuevo esfuerzo clasificatorio. Un primer grupo podría delimitarse por el siguiente estadio en la evolución del romántico. Cuando éste cae en la cuenta de que ese cosquilleo que siente por los bajos no es precisamente amor pasa a formar parte de:

Los ingénuos

Hay que reconocer que los ingénuos no se distinguen demasiado de los románticos. Quizá la única característica que los diferencia es que estos al menos reconocen que lo que pretenden es echar un casquete. Véase un característico ejemplo antes de entrar a discutir cuestiones de mayor detalle

magia para alcanzar el sexo con alquien deseado

Observen la diferencia de pelaje. Nuestro anterior visitante buscaba hechizos de amor, éste va directo al grano. Si se le llama ingénuo es porque lo lleva claro si cree que llamando a Aramís Fuster y con tres collares de ajos va a lograr la ansiada cópula. Eternamente insatisfecho dada su escasa puntería puede reconocérsele por los extraños tics que desarrolla con el tiempo así como por la hipertrofia muscular de uno de sus brazos.

Entre los ingénuos existe una subespecie muy curiosa que añade una pintoresca característica: son muy precavidos, procuran planificar su imposible cita hasta el más ínfimo detalle y les gusta prepararse hasta para el fracaso que tampoco habrá de llegar. No ha mucho, un jóven aunque desarollado ejemplar, ante la posibilidad de gatillazo, apareció por aquí con lo siguiente:

frases para decepcionadas

Eso sí que es presentarse a una cita preparado y lo demás son tonterías. De todas formas, el resto de salidos, el conjunto de los que se saben degenerados y ya disfrutan de una cierta experiencia en estas lides, sigue conformando un heterogéneo surtido que conviene analizar en detalle. Mañana les propondré una caracterización de las especies más destacadas de este subgrupo a tenor de lo que ha circulado por aquí durante el último mes.

5 de abril de 2005

National Zoologic

Ante la pasión que despiertan los documentales de la 2 (no hay más que ver las recientes encuestas) me ha parecido oportuno emularlos en un post para deleite de los espíritus elevados que tanto abundan. No obstante, en honor a los lectores de allá, que no tienen por qué estar al tanto de ciertas miserias cotidianas en estas latitudes y longitudes, permítanme una breve introducción para aclarar mis intenciones.

Entre el reducido grupo de cadenas de televisión que emiten por aquí se cuenta una, de titularidad pública, que pasa por ser la cadena ‘cultural’, la que está a salvo de de la terrible decadencia y vulgaridad a que conducen las ciegas fuerzas del mercado. Supongo que esta idea se ha desarrollado por eliminación. A la vista de lo que emiten las demás, ésta parece el colmo de la fineza. Si salen a la calle a preguntar a los viandantes, una abrumadora mayoría les dirá que es su cadena preferida y en especial sus documentales. Las medición de audiencias no parece corroborar este hecho pero a nadie le importa este detalle, ni siquiera a nuestra ministra del ramo.

El caso es que desde que tengo recuerdos (iba a escribir ‘uso de razón’, pero sé que muchos de ustedes no lo hubieran admitido), justo después de comer, la 2 programa maravillosos documentales casi siempre de animales. La único que tienen en común es un narrador de relajada voz que facilita enormemente el sagrado y patriótico deber de la siesta. A veces toca un somnoliento león de la sabana africana, a veces es el laborioso escarabajo pelotero. Pinguinos, cangrejos, peces globo, pájaros carpinteros, lagartos electricistas, casi no queda especie animal que no haya gozado de sus cinco minutos de gloria en las sobremesas de la 2. Pero alguno queda. A esos animales que nunca han disfrutado del protagonismo de un documental dedicaré hoy estas líneas. Que duerman bien.

Les seré sinceros. Nunca he entendido por qué los animales les resultan tan útiles a los programadores televisivos que así vienen a resultarr justo los contrario de los taxidermistas. Si estos rellenan a los animales aquellos rellenan los huecos de la programación con animales. De todas formas es cierto que ‘los animales se parecen tanto al hombre que a veces es imposible distinguirlos de éste’. Algo de provecho podremos sacar de ellos más allá de chuletas, huevos, embutidos y demás.

Al igual que mi admirado Augusto Monterroso, hubiera querido contar con la ayuda de gentes tan cultivadas como don Eugenio Pereda Salazar, entomólogo, don Alberto Jiménez R.,domador y don Luis Reta, experto en costumbres de las aves nocturnas. Estoy seguro de que mi aportación de hoy habría ganado en calidad y rigor. Lamentablemente lo que hoy me ocupa son bestias diversas sobre las que es prácticamente imposible encontrar alguna autoridad académica. Habrá que conformarse con los escasos y dispersos testimonios con que contamos y dejar el resto a la imaginación, que siempre es buena aliada para estas cosas.

Quizá el más escurridizo de todos estos bichos es el Hidebehind. Jorge Luis Borges, haciéndose eco de la ‘jocosa mitología de los campamentos hacheros de Wisconsin y de Minnesota’, lo describe con estas palabras:

El Hidebehind siempre está detrás de algo. Por más vueltas que diera un hombre, siempre lo tenía por detrás y por eso nadie lo ha visto, aunque ha matado y devorado a muchos leñadores.

Del Hidebehind cabe decir lo que Quevedo afirmó sobre el basilisco, que quien diga haberlo visto miente (en esta vieja entrada, de cuando este blog era aún más informe de lo que hoy es, pueden confirmarlo). Comprenderán, por tanto, por qué tantos documentalistas han fracasado a la hora de filmar al Hidebehind. Una tradición afirma que al basilisco se le mataba con un espejo. Con el Hidebehind, sin embargo, la cosa resulta algo más complicada. Su naturaleza le obliga a estar siempre, como la Alicia de Carroll, detrás del espejo. De hecho, es el único ser viviente a salvo del basilisco, que mata todo lo que mira.

Otro interesante criatura es el Gul, una suerte de demonio que suele devorar a los muertos. Mr. Ambrose Bierce, nos refiere la siguiente historia, particularmente edificante e ilustrativa:

A comienzos del siglo XVI un gul fue arrinconado en la cripta de la catedral de Amiens. Y la población entera rodeó el lugar. Veinte hombres armados, encabezados por un sacerdote que llevaba un crucifijo, irrumpieron en la catedral y capturaron al gul, que con la idea de escapar mediante una estratagema, se había transformado en un conocido ciudadano; sin embargo fue colgado, arrojado al pueblo y descuartizado, en medio de execrables orgías del populacho. El ciudadano cuya forma había asumido el demonio se sintió tan afectado por el siniestro suceso que nunca volvió a mostrarse en Amiens, y su destino sigue siendo un misterio.

No existe noticia de avistamientos de gules posteriores a este y hay quién cree que se trata de una especie extinguida. Otras voces, por el contrario, coinciden en que todavía existen numerosos gules y que, si no se producen avistamientos no es más que por esa extraña costumbre que tienen de adoptar la forma de respetados ciudadanos. Recientes estudios asocian esta creencia con la lectura de las memorias de Sara Montiel.

Estas dos alimañas no agotan el catálogo. El libro de los seres imaginarios de Borges está lleno de ellas y ninguna, que yo sepa, ha dispuesto de su documental. Tenemos, por ejemplo el sueño de cualquier torero, el Kuyata, un toro gigante con cuatro mil orejas; el Simurg, pájaro inmortal que anida en el Árbol de la Ciencia y que Ramoncín lleva años persiguiendo inútilmente. Qué decir del catálogo de serpientes del desierto de Libia de la Farsalia de Lucano.

El caso es que si se están preguntando por las razones por las que estos fantásticos animales no aparecen en los documentales de la 2 y no les bastan las que ya les he dado, estoy dispuesto a proporcionarles la última y definitiva. Todos ellos ya aparecen a diario en las demás cadenas. Volviendo a Borges:

Descartes refiere que los monos podrían hablar si quisieran, pero que han resuelto guardar silencio, para que no los obliguen a trabajar.

Alguien debería transmitir esta idea a todos esos monos que aparecen fuera de los documentales de la 2, en los demás programas de las demás cadenas, a ver si, con la esperanza de dejar de trabajar, se callan de una vez.


Post Scriptum
Hace unos días, la corsaria Ana me instaba a escribir sobre las moscas. A la vista de que es un sabio consejo, prometo plantearme otro documental al respecto. Y ahora despierten, que ya acabó la siesta.

4 de abril de 2005

Persona y personaje

Sigo maravillado por esa extraña armonía que muestra el iniverso y que consigue el equilibrio en todo momento, incluso cuando más difícil parece. Después de que nuestra ministra nos hiciera saber lo mucho que se han ampliado las fronteras de nuestro progreso espiritual, repasando la prensa digital, me he encontrado con este titular. Confieso haberme tranquilizado bastante. Los suficiente como para retomar estas salidas en su línea habitual y dejarme de estadísticas, culturas varias, inculturas únicas y demás zarandajas.

Hoy, no obstante, tengo el día algo liado, la agenda algo apretada, el seso algo torpe y la mano un tanto inútil. En otras palabras, que no me veo en condiciones de alcanzar las grandes alturas filosóficas o literarias a las que les tengo acostumbrados y me voy a ver obligado, una vez más, a dejar la responsabilidad en manos de los grandes olvidados: esos visitantes que llegan aquí por caminos insospechados y que, en numerosas ocasiones resultan de lo más sugerentes.

No me dejaré engañar, de todas formas. Sabedor de mi afición por el coleccionismo de cadenas de búsqueda sorprendentes, el señor Aquende se ha molestado en llegar hasta aquí a través de unas cuantas de ellas (sírvales de ejemplo la siguiente: ‘prepucio de Bierce’) con ánimo de sorprenderme y, probablemente, de cosas peores. Dejen de intentarlo, desde que instalé el StatCounter registro la IP de toda búsqueda que llega hasta aquí. Que sean verdaderamente los olvidados los que nos alegren el día y ustedes dedíquense a lo suyo, a delirar en los comentarios.

Debe decirles, de todas formas que no siempre lo alegran. A veces traen graves alarmas. Esta misma mañana me he sobresaltado sobremanera al encontrarme con esta búsqueda:

me cuesta orinar tiene algo que ver por que estoy embarazada

Por otra parte si recupero hoy este recurrente asunto, avanzando un posible candidato paraa una nueva edición de los premios OSEA, es porque una de ellas me ha resultado de cierto interés y creo que me pueden servir para hilar algunas frases para salir del aprieto de tener que escribirles algo en día tan comprometido. Vamos allá.

Como saben los fieles lectores, hace más de veinte años y con ayuda de otros, inventé una serie de filósofos griegos que alegremente califiqué de ‘marginales’, entre ellos un tal Anarquímedes. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que, más de veinte años después, alguien en Tegucigalpa o en Michigan estaba interesado en él. ¿Acaso no será tan marginal? ¿Cómo es posible que el producto de la imaginación de unos adolescentes desequilibrados perviva tanto en el tiempo como en el espacio? ¿Preguntará alguien por Alberto Washington Fernando Caldentey Gómez en el año 2025? ¿Cabe incluso la posibilidad de que cobre vida como parece que Anarquímedes va haciendo?

Hace unos días, en el blog del navegante Javier, tuve ocasión de disputar un partido de tenis dialéctico a cuenta de los conceptos de persona y personaje. No llegamos a ponernos de acuerdo porque, por lo que se ve, ambos consideramos el acuerdo cosa de conformistas y aburridos. Me gustaría reproducírsela aquí, pero desde la mudanza de servidores de bitacoras.com el acceso a sus páginas se ha vuelto intermitente. Ahora, en el momento de escribir esto, a la intermitencia le ha tocado su momento off. Quizá tengan ustedes más suerte más adelante.

De todas formas creo recordar los principales elementos de mi tesis allí. La cosa venía a ser que el ‘personaje’ no es más que una reconstrucción de la ‘persona’. El ‘personaje’ es, por tanto, parcial y limitado dado que no puede recoger el infinito que abarca la ‘persona’. Pero también excede lo que es estrictamente una persona porque su historia tiene ‘sentido’. En otras palabras más llanas, el ‘personaje’ es una interpretación de un fragmento de ‘persona’.

Desde este punto de vista, tan personaje es Robin Hood como la imagen que tenemos de cualquier celebridad, de la que sólo sabemos cuatro cosas pero que nos bastan para dotar de un sentido a su vida. Abran el periódico de hoy, cualquier periódico de hoy, y comprobarán, por ejemplo, que el papa Juan Pablo II fue ‘mediático’ (porque salía en los medios como saldrá el que le suceda) y ‘conservador’ (porque no le gustaban los preservativos ni el matrimonio entre homosexuales). Asunto zanjado y a otra cosa (por cierto, no llevaba una hora muerto cuando alquien llegó con esta búsqueda: difuntos ilustres en 2005).

Tampoco se trata de dicutir sobre la figura del papa fallecido. No me preocupa especialmente si fue o no mediático o si el conservadurismo se mide en condones. Es un simple ejemplo de cómo reducimos la persona a personaje. Bastan dos palabras, mediátco y conservador en este caso. Se cuenta en Hollywood que la proposición que se hizo a los productores para rodar Alien decía escuetamente: Diez Negritos en el espacio. Ningún productor habría leído algo más extenso. Pero las personas son algo más que películas.

Ayer, en otro contexto, le hablé a alguien de lo que significa ‘saber ser amigo’. Dándole vueltas a estas cosas he llegado a la conclusión de que ‘saber ser amigo’ consiste en recuperar o descubrir a la persona en detrimento del personaje. No se engañen, la gran mayoría de nuestras relaciones son con personajes, porque son necesariamente superficiales, limitadas. Sólo cuando se franquea esa puerta hacia el infinito, lo que no es cosa de todos los días, puede hablarse de amistad. Hay quien pasa por esta vida entre personajes y jamás llega a conocer eso que Rousseau denominó la comunión de las almas bellas. Si pueden decir que la han conocido pueden darse por bendecidos. Pregúntense cuántas de las personas que les rodean son ciertamente personas y no personajes.

Tomen nota de que en ningún momento he planteado la posible ‘realidad’ del ‘personaje’. Alguien supondrá que gozar de la amistad de Robin Hood o de Sherlock Holmes resulta poco menos que imposible. Parecen condenados a ser ‘personajes’ para siempre. Ignoro la relación que Arthur Conan Doyle, que para mí es personaje, tuvo con su creación. Quizá fueron amigos. ¿Acaso no han oido hablar de los amigos imaginarios? Don Hernan Casciari nos presentó el otro día un bonito ejemplo. Yo me estoy pensando contar a Anarquímedes entre mis amigos y tengo cada vez un mayor interés en su obra. Estoy seguro de que deparará muchas sorpresas y, probablemente esconda muchas de las respuestas que llevo toda una vida buscando.

3 de abril de 2005

Un prodigio histórico

Como hombre de (mil) palabra(s) que soy vengo hoy dispuesto a echarle un repasillo a ese ‘pormenorizado estudio sobre los hábitos culturales de los españoles y la evolución de los mismos durante los últimos años’. Tengan en cuenta todo lo que apunté ayer así como las sabias palabras del bueno de Bueno sobre el creciente prestigio de la cultura. Espero no aburrirles demasiado (supongo que no lo haré dado el olimpo cultural en el que parece que nos hemos instalado). Y sin más prolegómenos zambullámonos en esta pisicina, que no hay mejor forma de saber si tiene agua.

Me imagino que convendrán conmigo en que la encuestita, o más bien sus resultados, son , cuando menos, sorprendentes. Cualquiera diría que todas las entrevistas se han realizado en el mas exclusivo college de Oxford y seleccionando muy mucho los entrevistados entre los alumnos y profesores más notables. Es hasta comprensible que nuestra indescriptible Ministra de Culturas Varias calificara estos resultados de ‘históricos’. Y lo cierto es que, por una vez y sin que sirva de precedente, vamos a estar de acuerdo. Esta es, sin lugar a dudas, una encuesta histórica. Tan histórica, que alguno que otro se la ha tomado a chirigota. Por ejemplo, si un trece por ciento de los encuestados declara haber comprado discos en el ‘top manta’, para los periodistas de telecinco el resultado se transforma en que ‘sólo un 13% admite comprar en el top manta’, lo que sugiere, como todos sabemos y mi tocayo bautista mejor que nadie, que el 120% de los españoles compra en el top manta, pero sólo una minoría es capaz de admitirlo.

Una característica habitual de las presentaciones de eso que llaman ‘estudios’ es la demostración de que no se ha ‘estudiado’ nada. Se hace una encuesta, se tabulan los resultados y, por si queda alguien incapaz de leer las tablas de datos, se les repite en forma de texto lo mismo que éstas dicen. Por ejemplo:

Para aquellos que escuchan música al menos una vez por semana a través de radios, casetes o CD, lo que supone eñ 77,9% de la población, el tiempo medio diario de audición se sitúa en 143,2 minutos.

Estudiar, lo que se dice estudiar, no parece que se haya estudiado mucho. Yo me preguntaría, por ejemplo, por ese 22,1% de la población que es capaz de pasar una semana sin escuchar una sóla nota musical (ojo, sólo a través de radios, casetes o cedeses, la musiquilla de las máquinas tragaperras o los cantos de los borrachos en los bares no cuentan). ¿Serán sordos? ¿Serán solitarios pastores en solitarios montes? ¿Cómo hacen para escapar del asalto cotidiano del Bisbal y sus secuaces? Que nos lo digan, por favor, que se lo agradeceremos mucho.

El caso es que cuando nos dicen que el 31,9% de la población ‘tiene el hábito de ir al teatro’ la cosa parece chirriar un poco. Si prácticamente un tercio de la población va al teatro habitualmente, ¿acaso era mentira toda esa tabarra que nos vienen dando durante los últimos años sobre la ‘crisis del teatro’? ¿De qué se quejan los teatreros? ¿No podría ser, mas bien, que un 31,9% de la población tiene el hábito de hacer teatro, especialmente cuando le hacen una encuesta cultural? Veámoslo con un poquito de detalle.

En primer lugar, nuestra prodigiosa encuesta llama ‘hábito’ a ir al teatro una vez al año. De hecho, la cosa es ligeramente peor. Llama ‘hábito’ a haber ido al teatro una vez durante el último año aunque esta sea la única vez en la vida que se haya hecho y no se piense repetir jamás. Si me pongo a repasar mis ‘hábitos’ debo llegar a la conclusión, de acuerdo con esto, de que tengo el hábito de: caerme por las escaleras, padecer duodenitis, tener accidentes de coche e incluso cerrar empresas.

El caso es que si tenemos en cuenta la cifra de población y el número anual de espectadores de obras de teatro todo resulta asombrosamente coincidente: unos doce millones de entradas vendidas que se corresponden aproximadamente con el 32% de la población de mayor de quince años. En otras palabras, un tercio de los españoles asiste anualmente al teatro, pero sólo lo hace una vez, después ya no le quedan ganas de repetir. A la vista de lo que suele programarse en los teatros tampoco me extraña (una sana excepción es el Festival de Teatro Clásico de Almagro; si tienen oportunidad, no se lo pierdan).

Con las bibliotecas la cosa es similar. En el año 2002 había registrados, según la estadística de bibliotecas del INE, 12,6 millones de usuarios. Descontando los que se han sacado el carnet para ligar (vaya ingénuos), bien pueden sumar ese 24,5% que asiste habitualmente (¿una vez al año?) a las bibliotecas para retirar cuarenta y dos millones de libros. Claro que como alguno sea socio de más de una biblioteca las cuentas empiezan a fallar así que nada, cada mochuelo a su biblioteca y nada de alegrías.

En todo caso, según uno va repasando los resultados puede comprobar que todo es meramente cuantitativo. Se cuentan los libros pero no se mira cuáles son. El ‘personal investigador’ de las universidades españolas ya sabe bien de esto porque se les evalúa por el número de publicaciones, digan éstas lo que digan (y las más de las veces, créanme, dicen tonterías). Sin embargo, a ningún 'dirigente cultural' parece alarmarle que el señor Gala figure entre los autores más vendidos. Un dato, a juicio de la ministra ‘histórico’, es que un 98.6% de la población dispone de libros en el hogar. A mí, qué quieren que les diga, no me parece tan histórico. No conozco a nadie que no tenga la guía telefónica en casa. Entre eso, la guía dietética que regalan con no sé qué revista y aquella Biblia antigua heredada del abuelito Honorio ya tenemos una señora biblioteca familiar. Tiren los cohetes si quieren.

Puede que esto les parezca exagerado porque según estos fascinantes analistas, cada hogar posee, por término medio nada menos que ciento veinticinco libros. En otras palabras, hablamos de mil ochocientos millones de libros (125 por los más de catorce millones de hogares que hay en España). En el año 2003, según la estadística de producción editorial, salieron al mercado unos 280 millones de libros (esto incluye los folletos). Luego en los hogares españoles tenemos aparcada la producción editorial española de casi ocho años. ¿De qué se quejan a diario los editores? ¿Por qué se pasan el día organizando mesas redondas para quejarse de lo mal que está el ‘mercado’ en lugar de dedicarse a contar sus cuantiosas ganancias?

Como ven, y si le echan un vistazo detenido a los resultados de la encuesta lo verán con más detalle, España es un paraíso cultural. Si uno pasea por la calle no puede menos que comprobarlo. ¿De qué habla la gente en la parada del autobús? De poesía barroca, por supuesto. ¿Qué se comenta en las oficinas los lunes por la mañana? Pues qué va a ser, si la versión de la tercera de Brahms que interpretó la sinfónica el otro día estuvo a la altura de lo que se esperaba. ¿No se han fijado en que en las pescaderías se canta polifonía renacentista mientras se limpia el pescado? Qué altura, por Dios. Si quieren una prueba no tienen más que darse un paseíto por la 'blogosfera' hispana para jartarse de prosa elevada.

Pero si les parece que este retrato no se adecúa mucho a su entorno, quizá haya que buscar una explicación alternativa para tan sorprendentes resultados. Fíjense en cómo se distribuyen las preferencias de la población que lee habitualmente:

Por lo que respecta al tema escogido, un 88,2% prefirió obras de creación literaria, frente al 23,3% que se centró en obras de divulgación y no profesionales.

Sumen, que tampoco es tan difícil, y verán que estos lectores suponen el 111,5% de la población. No me extraña que se felicite tanto la ministra e insista en que se trata de resultados históricos. Pero si las cosas son así, puede que ya tengamos una buena explicación: un 25% asiste habitualmente a bibliotecas y un 99,8% no lo hace. Un 31,9% asiste habitualmente al teatro y un 99,9% no lo hace. Esto ya se parece más al país en el que vivo. El 45,8% domina las ideas filosóficas de Baruch Spinoza y el 234% no tiene ni idea de quién es ese señor. Felicidades a todos, por fin vivimos en un país en el que todos estamos por encima de la media.

2 de abril de 2005

Encuesta, que algo queda

Ya sé que hoy es sábado y quizá unos cuantos esperen asuntos náuticos, viajeros exóticos y cosas por el estilo. Siento defraudarles, pero no me sale hablar de otra cosa que de la fantástica ‘Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2002-2003’ que el señor Aquende tuvo a bien señalarnos ayer y cuyos principales resultados pueden consultar en la nota de prensa que el Ministerio de Culturas Varias (MCV, de nuevo, como en la Biblioteca de Babel, ¿será coincidencia?) hizo pública el pasado treinta y uno de marzo. Que comiencen los fuegos artificiales, que suene la música, celebremos de una vez por todas que esto es jauja.

Esta prodigiosa encuesta es ‘fruto de la colaboración’ entre dos instituciones: el MCV antes mencionado y aquella ‘cuadrilla’ de la que hablábamos ayer, presente a través de una de sus múltiples manifestaciones, la ‘Fundación Autor’. Para qué sirve un ‘Ministerio de Culturas Varias’ es cosa que se me escapa. No puedo, por tanto ilustrarles sobre las claras, oscuras o claroscuras intenciones que pueden moverle a hacer lo que hace. Por el contrario, la ‘Fundación Autor’, ha tenido a bien explicarnos en su página web que es una ‘institución esencial para el apoyo a los creadores’. Modestos los chicos (o ignorantes de lo que ‘esencia’ significa, quién sabe). La propia ‘cuadrilla’ cuenta entre sus objetivos ‘investigar los datos y hábitos del consumo cultural’.

De tan esenciales y altruistas objetivos y, gracias a su fidelidad ‘a la tradición solidaria del sector’, provienen estos lodos. No queda otro remedio. Estos señores se han gastado nada menos de seiscientos mil euros en realizar una ‘macroencuesta’ que nos permita saber cuánto tiempo escuchamos la radio los españoles o si nos gusta más la ópera que la zarzuela. Algo tendrán que hacer con ese cánon que tanto nos gusta pagar por el bien de las culturas varias.

Es posible que alguien se haya escandalizado por el coste de la operación. Estos escándalos conviene matizarlos. Entre los oscuros secretos y esqueletos en el armario de un servidor se cuenta el haber diseñado y dirigido un buen número de encuestas y estoy en condiciones de confirmarles que la información cuesta dinero. Bastante más de lo que suele suponerse. Basta con tener en cuenta que, al margen de los costes fijos de diseño, explotación y análisis, por regla general, debe remunerarse a un amplio grupo de agentes entrevistadores que además, cobran dietas por desplazamiento. Multipliquen el tamaño de la muestra por su propia estimación de ese coste y ya verán como las cifras empiezan a elevarse.

Por esta razón, una gruesa pero reveladora aproximación a la realidad de cualquier estudio estadístico es dividir su coste por el tamaño muestral. En otras palabras, ¿cuál es el coste final de cada entrevista? En este caso es muy sencillito, aproximadamente cincuenta euros (más de ocho mil trescientas pesetas) por entrevista. Sin conocer las características del estudio no es posible valorar si este precio es alto o bajo. Hay cuestionarios muy complejos, que exigen agentes entrevistadores muy cualificados que, además, deben realizar varias, en ocasiones muchas, visitas al entrevistado para obtener una respuesta válida y completa. Podría ser este el caso. A mí, de todas formas, me da en la nariz que no. Los resultados que se nos han ofrecido tampoco sugieren un cuestionario muy complicado (¿Tiene usted reproductor de CD? y cosas así, no se vé mucho más). Más bien tiene toda la pinta de que alguien ha ganado mucha pasta con esta cosa cultural. Pero dejemos este asunto, que es laberinto de muy dificultosa salida.

Como todos saben, andamos sepultados por millones de ‘encuestas’ en las que se interroga a las personas sobre los asuntos más inverosímiles. La cosa ha llegado a tal punto que cualquier periodistilla armado con un micrófono y asaltando viandantes puede llegar a creer que lo que hace son ‘encuestas’. Por esta razón, se ha puesto de moda un método infalible para probar la ‘seriedad’ de las informaciones que nos proporcionan los distintos medios e instituciones. La maravillosa ‘ficha técnica’. Toda encuesta que la presente queda tocada de forma inmediata por la bendición de los dioses. La ‘ficha técnica’ de esta encuesta es la siguiente:

Periodo de referencia: Abril 2002 – Marzo 2003
Ámbito: Población de 15 años en adelante
Tamaño de la muestra: 12.180 personas
Error de muestreo: ±1%


A ver si nos entendemos. La ‘ficha técnica’ no garantiza nada, simplemente ofrece información que ayuda a interpretar los resultados de una operación estadística. Con una ficha como la que nos han dado (nada diferente de las que suele publicar la prensa, por cierto) poco podemos saber de esta encuesta. Tan sólo lo siguiente:

  • Doce mil encuestas a lo largo de todo un año, sale a unas mil encuestas mensuales. Es decir, que tampoco se han deslomado trabajando. Supongamos que se ha hecho así para eliminar ‘estacionalidades’ (la gente puede tener mayor tendencia a determinados ‘consumos culturales’ en verano que en invierno, en vacaciones que en periodo laboral).


  • Si el periodo de referencia se cierra en marzo de 2003 (es decir, en ese momento se realizaron las últimas encuestas), estos genios han tardado nada menos que dos años en grabar y explotar toda esa información. Ya me gustaría a mí que me dejaran trabajar con esos plazos.


  • El error de muestreo es una magnitud inútil si no se pone en relación con el nivel de confianza, que en este caso brilla por su ausencia. En todo caso, a la vista del tamaño muestral y conociendo aproximadamente el tamaño de la población es posible afirmar que se ha trabajado con un nivel de confianza bastante elevado y, en todo caso, superior al 97%.


  • El ‘ámbito’ de una investigación estadística no es nada. Ámbitos hay muchos. Puede hablarse del ámbito geográfico (esa población ¿es población española? ¿europea? ¿pobación urbana acaso? ¿vecinos del director de la encuesta?). Entiendo que con ese ‘ambito’ se nos quiere informar del ‘ámbito estrictamente poblacional’. Para hacer eso correctamente conviene aclarar cuáles son las unidades de análisis (por lo que parece, personas) y cuáles son las unidades de muestreo (que no tienen por qué coincidir con las unidades de análisis, el diseño de la muestra puede basarse, como imagino que será el caso al menos en primera etapa, en hogares y no en personas).


  • Al hilo de esto, nunca está de más ofrecer detalles sobre el diseño muestral: explicar cuál es el marco (es decir, de dónde se han seleccionado los hogares o personas que forman parte de la muestra), las principales características del diseño (si se ha estratificado y cómo, si se han establecido cuotas, etc.), los procedimientos de selección, y demás. Esto ayuda bastante a entender los resultados, especialmente si resultan tan sorprendentes como los de esta encuesta.


  • Por otra parte, nunca sobra ofrecer datos sobre el procedimiento de recogida de la información. ¿Se han visitado los hogares entrevistados? ¿Se trata de una encuesta telefónica? (Esto ayudaría también a interpretar el abultado presupuesto).


Personalmente procuro no valorar encuestas, especialmente las encuestas sociales, sin haber visto antes el cuestionario. Las palabras son muy traicioneras y la respuestas dependen mucho de cómo se haga una pregunta. No es lo mismo hacer una encuesta preguntando ‘¿Cree usted que la publicidad influye en los hábitos de consumo?’, que preguntando ‘¿Le influye a usted la publicidad en sus hábitos de consumo?’. A la primera pregunta el común de los mortales contesta que sí y a la segunda, que no (este caso es real, por cierto). A esto se añade la influencia de las particulares circunstancias en que se produzca la recogida de información. No hace muchos años, creo que fue la revista Cambio 16, se realizó una investigación sobre el comportamiento sexual del varón español. Un equipo de jovencitas minifalderas realizaron las entrevistas. Ya pueden imaginar el resultado. Suena el timbre. Don Otilio abre la puerta y se encuentra una muchacha en flor como no ha visto en años que le pregunta: Don Otilio, ¿Qué tal es usted en la cama?

No he conseguido consultar la publicación de este estudio. Cabe la posibilidad de que toda esta información que echo de menos conste allí. Analizar sus resultados sin mayor conocimiento de lo que se ha hecho no es más que hacer cábalas. Aún así, mañana colocaré aquí algunas reflexiones sobre los mismos así como sobre las reacciones de la prensa ante sus resultados. Disculpen la clase de estadística de hoy. Prometo no volver a hacerlo.

NOTA: Si insisto en llamar al Ministerio de Culturas Varias de esta forma es por tomarme en serio la declaración de esos bastiones de la(s) cultura(s) universal(es) que son Francia Brasil y España.

1 de abril de 2005

El cánon celtibérico

Me imagino que recuerdan el revuelo que se formó cuando Harold Bloom publicó, en 1994, El Cánon Occidental. No vengo hoy aquí a discutir sus tesis, alguna muy discutible (hablamos de un señor que dijo, en 2003, que Saramago era el novelista vivo más dotado en la actualidad) y otras ciertamentre artículos de fé para quien esto les escribe (como que el final de Sopa de ganso, de los hermanos Marx, es una de las grandes obras de arte norteamericanas del siglo XX).

A Harold Bloom debemos además un concepto harto interesante. Alguna vez he dejado caer una frase por aquí que le hacía un guiño. Me refiero a La ansiedad o angustia de la influencia (The Anxiety of Influence), que es el título de su primera gran contribución teórica a la crítica literaria. Desde 1973 hasta hoy la cosa ha devenido lugar común. Tanto, que aparece por todas partes. Mi primer contacto con ella tuvo lugar, por casualidad como todo en esta vida, cuando leía a la vez aquella novelilla de Umberto Eco, La isla del día de antes, y la Farsalia de Lucano.

En la novela de Eco, hacia el final, puede leerse: “En definitiva, si de esta historia quisiera sacar una novela, demostraría una vez más que no se puede escribir si no es haciendo palimpsesto de un manuscrito encontrado; sin conseguir substraerse jamás a la Angustia de la Influencia”. En la introducción a la Farsalia que manejaba se decía los siguiente: “La rivalidad poética, más aún, la ansiedad de la influencia en el caso de Lucano es más visible, por auto-consciente, que en otros poetas”. Me resultó imposible no toparme con Bloom entre aquellas lecturas. Pero volvamos al cánon, que es de lo que quería hablar hoy.

El caso es, señores (y señoras, y transexuales , y travestidos, y hermafroditas, y asexuados, qué difícil se está poniendo esto con lo de la correción política) que yo vivo en España. Y por estos pagos, más que el cánon occidental, impera el cánon celtibérico, que se caracteriza, ante todo, por la ansiedad por el dinero. Escritores (y escritoras) y, por extensión, artistas (y artistos) de toda índole, calaña, ralea o pelaje andan más preocupados que nadie por eso que los griegos llaman algo así como Eypos y los demás europeos llamamos Euros. Entre ellos, de todas formas, destacan esos que se agrupan bajo esas siglas que Google, con muy buen criterio, asocia a la palabra ladrones y que suelen merendar con una ministra que lleva la alopecia en el carnet de identidad.

Vaya por delante que respeto el derecho de todos a ser avariciosos. Respeto incluso el derecho a ser imbécil. Por respetar, hasta respeto el derecho a insultar la inteligencia de las personas. Simplemente exijo a cambio que se respete mi derecho a expresar lo que tengo claro que es avaricia, estupidez, insulto a la inteligencia y abuso del término cultura. Los de allá no sé si estarán al tanto del ansia recaudatoria que por aquí tienen esas ‘sociedades’ (más bien ‘cuadrillas’, en justa traducción del término inglés ‘gang’) de gestión de los derechos de autor. Me permitiré un brevísimo resumen por si acaso.

Hasta la entrada en vigor de la ley actualmente vigente, la gestión del cobro de derechos de autor se realizaba en régimen de monopolio por esa panda de, no lo digo yo lo dice Google, ladrones. En otras palabras, para cobrar cualquier derecho, era obligatorio darse de alta en dicha sociedad y permitirles descontar unos ‘gastos de gestión’ que alcanzaban porcentajes alarmantes sobre el total. Con la nueva ley, el único cambio sustancial fue que se eliminó el monopolio. Todas las sociedades que surgieron después, que siguen siendo minoritarias, y que ahora tan bien se llevan entre sí, no eran más que grupos de ‘artistas’ descontentos con el atraco que la antigua sociedad les hacía periódicamente.

Llegaron los nuevos tiempos, la globalización, la interné, el top manta, Napster, etc. y empezaron a ver que el chiringito ya no rentaba como antes. ¿Quiénes lo empezaron a ver? Pues los que de verdad empezaron a ver peligrar sustanciosos ingresos que parecían llegar de la nada, las productoras y aquellos que detraían ‘gastos de gestión’. Los ‘artistas’, salvo tres o cuatro megaestrellas, prácticamente no cobran nada en concepto de ‘derechos de autor’. Si observan la liquidación de royalties de Kiko Veneno correspondiente al primer trimestre de 1993, comprobarán que por aquel entonces se llevaba unos seis céntimos de euro (10 pesetas de entonces) por disco vendido. Es decir, que las cincuenta mil copias que en el mercado nacional suponen ser ‘disco de oro’ significan unos ingresos de unos tres mil euros de entonces que actualizados a precios de hoy vienen a ser poco más de cuatro mil doscientos. Vaya capitalazo. Por eso todos los artistas ‘disco de oro’ viajan en sus jets privados y viven en palacios semejantes al de Versalles.

Pero el caso es que estos chicos y su ministra han dado con la solución. Cómo hay quién usa CD’s vírgenes para realizar grabaciones (con 'b') piratas, basta con gravar (con 'v') los CD’s vírgenes con un cánon en concepto de derechos de autor aunque el comprador los adquiera para almacenar las fotos de la primera comunión de su sobrino. Llevamos ya unos cuantos años pagando religiosamente ese cánon, que es hijo del que tiempo atrás introdujeron con las cintas vírgenes de vídeo. Reparen en dos o tres hechos que se deducen de su razonamiento.

1) En primer lugar se presume la culpabilidad de todo aquel que adquiere un CD. Se presume que cualquier compra de CD’s vírgenes se realiza con propósitos ilícitos. Todos somos culpables por decreto.
2) En segundo lugar, los ‘autores’ cobran, formalmente, los derechos de autor por duplicado. Por un lado el que les corresponde y, por otro, el que se deriva del cánon. Si las actuaciones policiales lograran que no se vendiera un disco pirata durante un mes, ellos cobrarían el doble de lo que les corresponde (digo yo que si ya pagamos, y ellos cobran, por lo que se les piratea, debería dejar de perseguirse la piratería).
3) Si los perjudicados por un delito (nadie niega que la piratería lo sea) tienen derecho a exigir compensaciones a los fabricantes de aquellos materiales utilizados para cometer tales delitos, la cosa debería ampliarse mucho más. Todos aquellos comerciantes con escaparates deberían cobrar de los fabricantes de ladrillos (o automóviles, que ya se puso de moda hace tiempo asaltar escaparates estrellando un coche contra ellos). Al fin y al cabo, todo el que compra un ladrillo (o un automóvil) es un asaltante potencial.

Pero parece que la cosa ya no es suficiente. Quieren más. Por eso se les ha ocurrido la ingeniosa idea de crear un nuevo cánon sobre las conexiones a internet de banda ancha, ya que son instrumento a través del cual se descarga mucha música pirata. No acabo de entender por qué no llevan el argumento hasta sus últimas concecuencias. Los piratas también consumen electricidad para cometer sus fechorías, ¿por qué no añadir un recargo a la factura de la compañía eléctrica? Podría incluso crearse un cánon sobre la venta de mantas, que es lo que utilizan los vendedores callejeros para exponer su mercancía ilícita. No sé por qué los fabricantes de CD’s tiene que aguantar que les incrementen arbitrariamente el precio de sus productos mientras otros muchos señores duermen tan tranquilos (y calentitos).

Ayer, propuse el establecimientode un cánon sobre la memoria (la suya, la que tienen en la cabeza, no la RAM). El señor Aquende, como les señalé, lleva tiempo proponiendo un cánon sobre el folio en blanco. Los lienzos, en la medida en que sirven para falsificar cuadros, deberían llevar su correspondiente cánon. De hecho, todo debería llevar un cánon para estos chicos, habida cuenta de que en los tiempos que corren se puede hacer ‘arte’ con cualquier cosa. Apoyen esta medida, aunque sólo sea por darnos el gusto de ver qué se les ocurre pedir cuando todo, hasta el aire que respiramos, esté gravado con un cánon ‘cultural’ de lo más celtibérico.

Lo más gracioso de todo esto es que siguen insistiendo en aquello del ‘atentado a la cultura’ para defender lo que no es más que una ‘industria’. La señora ministra se alinea con la defensa de los ingresos de David Bisbal y, sobre todo, de sus productores, y se permite el lujo de mezclarlo con Beethoven. Pero no insistiré mucho más en esto porque me hace sentirme como aquel rayo que cayó dos veces en el mismo sitio (esto, como lo del mono que quería ser escritor satírico de ayer, es un guiño a nuestra corsaria favorita). Ya sabemos que es una batalla perdida y que, como vencidos que somos, sólo nos queda la esperanza de no esperar salvación. Ya que salió antes la Farsalia por aquí, concluyamos con ella: La causa de los vencedores agradó a los Dioses; pero a Catón la de los vencidos. Bioy refiere lo siguiente en De jardines ajenos: “Según De Quincey, éste es el más extraordinario elogio que se ha hecho de un hombre, ya que de un lado se pone a todo el Olimpo y del otro lado a él”. Catón estaría hoy de nuestro lado, seguro.