28 de febrero de 2006

Habas contadas

Tal vez recuerden que hace unos días repasamos aquí los curiosos principios políticos, filosóficos, sociales y religiosos del Ayatollah Jomeini. Bien pudiera ser que en aquel texto un servidor pecara de injusto atribuyendo una interpretación literal a lo que quizá tan sólo fuera alegoría o metáfora. Tal vez al decir que no se debe cagar de espaldas a La Meca sólo se quiera transmitir la idea del necesario respeto a un lugar santo. El mismo Pitágoras, sin ir más lejos, estableció su doctrina y fundamentó su secta de esta precisa o imprecisa forma, a base de parábolas y figuras retóricas que no siempre fueron bien interpretadas.

Entre los preceptos pitagóricos de los que tenemos tergiversada noticia se cuentan cosas tan pintorescas como “que no den la mano derecha sino a pocos, que no pongan viandas en un orinal, que no pasen sobre una balanza, que no aticen el fuego con una espada u orinen a contraluz”. Extraigo esta lista del Capítulo IV del Libro primero de la Pseudodoxia Epidémica de Sir Thomas Browne en el que se nos aclara que se trata de “enigmáticas declaraciones que contenían verdades útiles, pero que habiendo sido entendidas mal, primero por expositores literales, desde entonces no han sido comprendidas por la mayoría, y pueden ser para siempre ocasión de error para quienes las toman al pie de la letra”.

Sir Thomas aclara esta idea recurriendo a otros dos preceptos pitagóricos. Uno de ellos es el que recomienda no amparar golondrinas en las casas y que, según nuestro ilustre doctor, debe interpretarse como la “advertencia de no acoger a personas ingratas y desagradecidas, que como la golondrina no son en medida alguna serviciales para con nosotros, sino que habiendo usado nuestras habitaciones, y servido sus propios fines, nos abandonan”. El otro es al que quiero dedicar estas líneas.

Al parecer, cierta tradición establece que Pitágoras impuso a sus discípulos una abstinencia total de habas. Los que conozcan las habas con jamón que sirven en el restaurante El Puchero en la calle de Larra en Madrid abominarán del pitagorismo literal con seguridad. Por fortuna, Sir Thomas Browne nos aclara que no es afirmación que deba interpretarse a pies juntillas lo que vendría avalado por la afirmación de Aristoxeno de que Pitágoras mismo “se deleitaba sobremanera con ese género de sustento”. En consecuencia, se abre ante nosotros una intrigante cuestión. ¿Qué quiso decir Pitágoras al recomendar la abstinencia de habas?

En honor a quien me ha sugerido esta importante cuestión, que trataré de dilucidar aquí, comenzaré por exponer el planteamiento de Browne, que recurre a Plutarco para afirmar que “no tenía otra intención que la de disuadir a los hombres de la magistratura o de aceptar los cargos públicos del estado, porque con habas se escogía a los magistrados en algunas partes de Grecia; y después de sus días, leemos en Tucídides, del Consejo del Haba en Atenas”. Parece una explicación razonable. El Tesoro de Covarrubias afirma, por ejemplo, que “usóse en algunas repúblicas, y hoy día en algunas congregaciones y cabildos, votar las cosas de gracia por habas blancas y negras”, de donde vendría la expresión ‘tocarle a uno la negra’. Es más, en una anotación de Cejador a la copla 739 del Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita puede leerse lo siguiente: “El tirar a suertes es cosa viejísima, por creer que Dios manifestaba así su voluntad. Así la suerte, en frase de Platón (Leges, 6) es juicio y sentencia de Dios. Hacíase en Grecia y Roma con habas blancas y negras, v. gr., para la elección de los magistrados públicos, metindo cada uno la suya en el cántaro y sacando al azar. La blanca era la venturosa; la negra, la desventurada”.

Pero en su indomable afán investigador Sir Thomas Browne añade una segunda interpretación asaz interesante: La misma palabra significa también en griego un testículo y algunos han pensado que era una exhortación sólo a la continencia, como Aulo Gelio ha declarado, y como puede interpretarse en Empédocles, a saber, ‘Testiculis miseri dextras subducite’; y habría podido ser la intención orignal de Pitágoras, pues existe una notable sugestión de éstos en las habas, del parecido natural en ellas con los órganos venéreos de ambos sexos. Aulo Gelio, citado en nota a pie de página y en griego habría afirmado: “Que ningún hombre miserable toque las habas”. La frase de Empédocles puede traducirse como “los miserables retirad la diestra de los testículos”. Y un servidor, inspirado por las advertencias de Sir Thomas, no puede evitar pensar que la máxima pitagórica viene a decir algo así como ‘no toques mucho los cojones’.

Pero claro, en todas partes cuecen habas (pocos saben que el refrán termina diciendo ‘y en mi casa a calderadas’) y a mí me cuesta ver testículos en ellas dado su minúsculo tamaño. Puestos a encontrar un vegetal más adecuado podemos recurrir al aguacate. Tal vez ignoren que la palabra ‘ahuacatl’ significa en lengua nahuatl precisamente ‘testículo’ y que el fruto del mismo nombre se llama así por semejanza. Otra posibilidad es la orquídea, cuyo nombre proviene del vocablo griego que significa testículo y cuyo bulbo recuerda a las gónadas masculinas.

No deja de ser curioso que la familia Orchidaceae, la más extensa del reino vegetal y que es considerada la culminación de la evolución floral tome su nombre de algo tan prosaico, tan poco asociado a las excelencias del espíritu. Por lo visto, el culpable fue Teofrasto, que no fue pitagórico sino aristotélico y así le fue y así nos va. Manda huevos, digo habas.

Poco pudo saber Pitágoras de aguacates y no le dio por la orquídea sino por las habas. Tal vez, se me ocurre aventurar, pretendió aunar ambas ideas. Así, de un lado tendríamos la recomendación de huir de los designios del azar así como de los cargos públicos. De otro, la sugerencia de no ser demasiado tocapelotas lo que, bien mirado es lo que suelen hacer los cargos públicos por vocación o afición. Surge así una interesante síntesis que nos lleva de cabeza a lo que Sir Thomas Browne denominó pedantemente deuteroscopía, la observación del segundo y profundo sentido de las cosas. Parece que nada es lo que parece y la verdad se obstina en ocultarse a los ojos del vulgo que sigue hartándose de habas y aguacates como si no pasara nada.

Pero creo que ya les he contado unas cuantas habas por hoy y, si hemos de hacer caso al diccionario, el número de éstas, para ser ‘contadas’, ha de ser escaso.