26 de abril de 2006

A-42, hundido

Ya he dado aquí noticia más de una vez de mi afición por las enciclopedias, esos extraños volúmenes repletos de historias fascinantes que nadie consulta y se esconden entre los artículos ‘serios’ que sí se consultan. En su día les coloqué unas impresiones apresuradas con algunos ejemplos redactados a vuelapluma. Tal vez a algún lector poco avezado en asuntos enciclopédicos le parecieran absurdos, irreales o exagerados. Por ello, les traigo hoy otro ejemplo:

Martínez Leal, Andrés, A-42. Matador de novillos que a la edad de cuarenta y dos años se presentó vestido de luces en un festejo económico celebrado en Albacete durante la temporada de 1954. Toreó repetidas veces en ruedos de tal región sin que consiguiera ascenso alguno de categoría. Había sido ciclista y boxeador profesional y su debut como torero fue precedido de una extraña campaña publicitaria en la citada capital manchega.

Debe entenderse que A-42, no es un extraño código clasificatorio sino el nombre que don Andrés tomó para presentarse como torero. Traten de visualizar el cartel taurino anunciando la actuación de los espadas Curro Matando, El niño de los peines; Morenito de la Obra, y A-42. Sólo así tendrán una idea cabal del personaje.


Recuerdo que cuando en su día Kasuhiro Yoshimoto se presentó en la plaza de toros de Fuengirola para fracasar estrepitosamente (Rosario, Cap. VI) le acompañaba en el cartel un torero de Albacete. Habría sido afortunada y feliz casualidad que fuera el mismísimo A-42 aunque si hemos de creer lo que el artículo nos dice, don Andrés jamás toreó fuera de Albacete. Quién sabe, las enciclopedias no siempre dicen la verdad ni mucho menos toda la verdad ni nada más que la verdad.

Me gusta creer que sí, que fue A-42 quien fue testigo del accidentado debut taurino del señor Yoshimoto. Que tras su poco exitosa carrera en Albacete hubo de buscarse la vida toreando en los festejos para turistas de la Costa del Sol. Tal vez incluso compartieran apoderado o se emborracharan juntos recordando mejores tiempos. Cabe incluso pensar que A-42 pasó alguna vez por La Esquina y tuvo ocasión de charlar con don Alirio o con El Tranviario, que era una gran aficionado a los toros. Todo eso, que bien pudo ser (o no ser, he ahí la cuestión) pertenece ahora al nutrido universo de lo que ya nunca será recordado.

Debo confesarles, tal vez a ustedes les ocurra lo mismo, que a mí siempre me ha intrigado la “extraña campaña publicitaria” que precedió la presentación taurina de A-42. ¿Qué clase de creativos ardides se tramaron en Albacete en 1954 para promocionar a un boxeador dispuesto a torear? Cada vez que lo pienso la imaginación se me dispara. A veces acabo pensando en A-42 como una moderna reencarnación de Teseo.

Claro que tal vez les diera por recurrir a su pasado ciclista, las posibilidades son infinitas y yo ya he coleccionado unas cuantas. A-42 sobrevuela mis escasas neuronas de forma recurrente desde hace años. Jamás he conseguido saber más de lo que arriba he mencionado. Don Andrés parece haber desaparecido por completo de la memoria del mundo. Fue un adelantado a su tiempo. Hoy día sería una estrella de la televisión y no podría concebirse un late night show sin su presencia.

A estas alturas, más de uno pensará que esto no es más que otro desbarre de los que me caracterizan, que me he vuelto a pasar con el whisky y no ha habido alma caritativa que me impidiera acercarme al teclado. Allá ustedes si lo creen así, se equivocan de cabo a rabo o, con más propiedad, de oreja a rabo.

No estaría de más que los que tengan ocasión consultaran la enciclopedia taurina por excelencia, el llamado Cossío aunque realmente titulado “Los Toros. Tratado técnico e histórico” de don José María de Cossío. Allí, en el tomo sexto, publicado en 1981, y más concretamente en la página 52, podrán comprobar que yo no me he inventado nada. A-42 es, o fue, tan real como la vida misma mucho antes de convertirse en la autovía de Toledo. El artículo que he citado antes es fiel y exacta reproducción del que allí podrán encontrar. ¿Acaso me creían con tanta imaginación?

Confío en que a partir de ahora se tomen más en serio a Fenster-Parrish, o a don Antidio Gutiérrez, o al genuino músico tapihiano Teddy Mars que pronto nos visitará, o a cualquiera de esos otros personajes que no andan tan lejos de la realidad y que tal vez hace tiempo incluso anduvieron por la misma realidad. No es bueno creer todo lo que se lee, pero igual de malo es descreer de todo lo que se lee. Como se dice en mi isla, piensen lo que quieran. Faltaría más.