29 de abril de 2006

Tres Reyes y un mendigo

Se lo dije hace tiempo. En las Sagradas Escrituras no hay constancia del número de los reyes magos. Por no haberla, ni siquiera la hay de que fueran reyes. No serán éstos, por tanto, los tres reyes que les tenía prometidos y que, con su habitual buen criterio, el señor Aquende descubrió que eran ‘reyes azules’. Al grano.

En inglés, la palabra blue se reserva para describir los estados de tristeza o melancolía. Quizá por eso quienes tenían sobradas razones para estar tristes o melancólicos llamaron blues a la música con que se desahogaban, aunque recuerdo a la gran Billie Holiday declarando, al principio de una canción, algo así como: there is a happy blues.

Por otra parte, el único lugar donde la monarquía y su aristocracia goza aún de cierta buena prensa es el mundo de la música. Particularmente las provincias del jazz y el blues. En ellas ha habido condes, duques, primeras damas y casi cualquier título nobiliario que quepa imaginar. También, por supuesto, ha habido reyes. A tres de ellos quiero referirme hoy para introducir después alguna consideración acerca de quien jamás de los jamases disfrutará de nobleza alguna por falta de méritos amén de otras cosillas que no digo.

El 16 de septiembre de 1925, en una plantación algodonera de Itta bena, Missisipi, tal y como mandan los cánones, vino al mundo Riley King. Los cánones, tan estrictos ellos, también insistieron en que comenzara a cantar con su madre, que tocaba la guitarra a la salida de la iglesia; en que quedara huérfano a los siete años, y en que se buscara la vida entreteniendo a la gente con su guitarra y un poco de blues. Ya sé que suena a historia manida, pero es lo que tienen los cánones.

El 1946, Riley se encontraba trabajando en Indianola (Mississippi) como tractorista cuando tomó una importante decisión, pero no adelantemos acontecimientos. Algo antes, el 25 de abril de 1923, precisamente en Indianola, había nacido Albert Nelson, el que con el tiempo se haría pasar por hermano del anterior aunque no fue en Missisippi sino en Arkansas donde comenzó a construirse artefactos que pretendían ser guitarras. Albert era zurdo y no se tomó la molestia de recolocar las cuerdas de la guitarra. Aprendió a tocar “al revés”, con las cuerdas graves abajo y las agudas arriba como tiempo después haría otro ilustre de Chicago, Otis Rush.

Más al oeste, en Gilmer (Texas), concretamente el 3 de septiembre de 1934, vino al mundo el tercero de estos reyes, Frederick Christian. Tanto su madre, Ella May King, como su tío Leon King, eran músicos por lo que no es de extrañar que acabara desarrollando tan pernicioso vicio así como que con el tiempo les rindiera homenaje adoptando el nombre de Freddie King.

Hace unas líneas dejamos a Riley King en Indianola a punto de decidir trasladarse a Memphis. Allí se econtraba su primo, el bluesman Bukka White con quien compartió unos diez meses antes de regresar a Indianola para actuar en Beale Street, donde florecían los locales abiertos las veinticuatro horas. En 1949, mientras actuaba en un local de Twist (Arkansas) dos energúmenos se pelearon por una mujer y acabaron provocando un incendio del que, por fortuna, consiguió salvar su guitarra. Aquel día la bautizó con el nombre de aquella mujer. Poco después Rice Miller, más conocido como Sonny Boy Williamson, le invitó a cantar en la radio y fue tal su éxito que acabó teniendo un programa propio de diez minutos en la WDIA. Se hacía llamar entonces, The Blues Boy from Beale Street, luego acortado hasta Blues Boy King y después aún más recortado hasta B.B. King. Ni que decir tiene que aquella mujer de Twist (Arkansas) se llamaba Lucille.


B.B. King en sus tiempos en la WDIA




Lucille

Diez años antes de esto Albert Nelson había conseguido por fin hacerse con una guitarra de verdad, pero sólo en 1948, en Osceola (Arkansas), llegó a formar su primer grupo, In the Groove Boys. Fue entonces cuando cambió su apellido por el de King, sin haber tenido noticia alguna de ese otro King que había de triunfar al año siguiente. Para todos estos reyes la tendencia natural era dirigirse hacia el norte, que en aquel tiempo y lugar se llamaba Chicago. Memphis sólo era una escala de ese viaje. Y allí, en Chicago, acabó Albert, trabajando primero como batería de Jimmy Reed y posteriormente como músico de sesión. No consiguió ningún éxito y finalmente se trasladó a San Louis donde publicó su primer long play.


Albert King

Freddie llegó a Chicago en 1950 y pronto se hizo notar entre los músicos locales. En 1957 consiguió sacar un disco pero no funcionó muy bien. Finalmente, en 1960 fichó por otro sello discográfico, Federal Records, que era subsidiaria, casualidades de la vida, del sello King. Su primer single fue un bombazo. Siguiendo la costumbre de la época, en su cara A había un tema vocal y en la cara B un tema instrumental. Más concretamente, en la cara A estaba Have you ever loved a woman, un tema de Billy Myles que ya había grabado B.B. King en 1956. En la cara B estaba el que se acabaría convirtiendo en su tema de bandera, Hide Away.


Freddie King

Pocos años después, Albert fichaba por el sello Stax, con sede en Memphis y que ha escrito páginas muy brillantes de la historia del blues y del soul. Llegaron entonces los temas que le harían famoso, Crosscut Saw o Born under a bad sign, por ejemplo. El resto, la historia de los éxitos de estos tres reyes, pueden encontrarla en cualquier enciclopedia. Freddie fue el primero en marcharse. Un ataque al corazón se lo llevó en Dallas el día de Inocentes de 1976. Y es que el mes de diciembre y los problemas cardíacos son fatídicos si uno es rey del blues. Albert se fue el 21 de diciembre a causa de un infarto. B.B. sigue entre nosotros (lleva cincuenta años dando 250 conciertos al año, Stajanov era un vago) pero cada vez que llega diciembre temo por él.

Una vez presentados, vamos a lo que interesa, su música. Hace tiempo, en una entrevista, Eric Clapton rememoraba sus comienzos. Preguntado por cuando oyó por primera vez una guitarra y pensó que eso era lo que quería tocar, contestó: I think when I heard early Elvis records and Buddy Holly –when it became clear to me that I was hearing an electric guitar –then think I wanted to get near it. I was interested in the white rock and rollers until I heard Freddie King –then I was over the moon! I knew that was where I belonged –finally. That was serious, proper guitar playing, and I haven´t changed my mind ever since. I still listen to his music in my car, when I’m at home, and I get the same boost from it that I did then. Claro que esto lo dice quien años después acabaría tocando con el mismísimo Freddie dejando para la historia, entre otros clásicos, el famoso Further on up the road de Bobby Blue Bland. Siempre me ha gustado esa versión de 1976 porque no empieza bien. Los dos guitarristas arrancan fríos, poco inspirados, y el entendimiento va surgiendo compás a compás, es todo un viaje. Al menos yo siempre la he oído así y cuando la hacemos en trío, cosa frecuente, me llevan con ellos desde la mediocridad hasta la inspiración.

Si no saben gran cosa de blues, tengan por seguro que lo que consideran blues es lo que hacía Freddie, que definió como nadie el blues de Chicago. Albert era otra cosa. Un guitarrista con esas manazas (medía unos dos metros) estaba llamado a hacer cosas exageradas, como bends de dos tonos y medio (ya saben eso de estirar la cuerda pisada hacia arriba, aunque él lo hacía hacia abajo, para subir el tono). Hendrix le debe mucho, como Stevie Ray Vaughan, que se dio el gusto de tocar una vez con él. ¿Y B.B. King? Pues probablemente era el más completo de los tres. Sabía aprovechar sus limitaciones. Su famoso vibrato es consecuencia, por ejemplo, de su incapacidad para hacer slide. Pero no sé qué hago yo aquí contándoles todo esto, háganse con el Live at The Regal, de B.B. King, el Live Wire/Blues Power de Albert King o el recopilatorio Freddie King 1934-1976. No necesitan nada más.


Tres Reyes

La historia del blues está llena de grandes nombres. Les he presentado hoy a tres de sus monarcas. Pero, como expresión de la derrota, el fracaso o el desánimo que es, también está llena de nombres mucho más pequeños. Tal vez algún dia me de por contarles en detalle la historia del menor de ellos, un desconocido bluesman que jamás conoció el éxito, ni la victoria, ni el ánimo, y vive apartado en cierta isla de la que ya les he dado noticia alguna que otra vez. Valgan hoy los breves apuntes que siguen sobre Teddy Mars, el genuino bluesman de Tapihi.

Nada se sabe de las circunstancias de su nacimiento. Ni fecha, ni lugar, ni filiación, ni ninguna otra cosa ha trascendido. Bien es cierto que Teddy se ha hartado de contar su vida con todo lujo de detalles al primero que se dejara, pero el cúmulo de contradicciones en que siempre ha incurrido aconseja no tomar muy en serior sus afirmaciones. Sirva como ejemplo de ello su insistencia en haber actuado una vez en el viejo Le Perroquet Bleu de Marsella, cuando todo el mundo sabe que fue derruido hacia finales de los años 40.

El primer hecho fehaciente del que existe noticia es el de su misteriosa aparición en una playa de Tapihi el 12 de noviembre de 1965. Roderick Hayes, por aquel entonces cronista oficial de la isla, dejó descrito el acontecimiento en los siguientes términos:

Esta mañana, durante nuestro paseo matutino, el padre Emmanuel y un servidor hallamos un joven silencioso, barbilampiño y reservado abandonado en la playa de la bahía de Hata Nui. No supo o no quiso pronunciar palabra. Se limitaba a interpretar a la guitarra una y otra vez cierta melodía arpegiada que casaba muy bien con el sonido de las olas. Por fortuna el padre Emmanuel, que observa con celo tal vez excesivo las obligaciones de su cargo, llevaba consigo una grabadora y pudimos dejar registro del acontecimiento...

[NOTA ACLARATORIA: El cargo del padre Emmanuel no era otro que el de Director del Archivo Histórico Sonoro del Reino de Tapihi, señera institución que atesora miles de documentos imprescindibles para comprender la historia Tapihiana. Tal vez a alguno le extrañe que, no existiendo religiones en la isla, fuera un padre quien disfrutara de cargo tan eminente. Como buen tapihiano el padre Emmanuel había renegado de la religión pero decía no ver impedimento lógico alguno para la existencia de ‘padres ateos’. Además aseguraba no poder acostumbrarse a oir su nombre sin el ‘padre’ por delante. Lo primero no convenció a nadie. Lo segundo sí.]

Mi obsesivo interés por todo lo relacionado con Tapihi me ha llevado a realizar gestiones al más alto nivel para obtener una copia de esa grabación. Tras complicadas negociaciones y alguna que otra invitación a una ronda de cervezas, que es la única forma de soborno concebible en la isla, puedo decir con satisfacción que la he conseguido y aquí se la dejo.

Junto al mar/By The Sea

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Se trata de la obra de Teddy más respetada en Tapihi. No en vano es utilizada por Radio Tapihi como sintonía de sus boletines horarios cuando la hora es número primo. No crean, sin embargo, que la audición de este tema, que acabó siendo conocido como Junto al mar/By the sea, proporciona una imagen muy acertada del artista. Como les he dicho en más de una ocasión Teddy fue, ante todo, un bluesman, aunque ha coqueteado con otros géneros a lo largo de su carrera. Tal vez se hagan una idea más cabal escuchando alguna otra cosa. Lo primero que he encontrado en mi disco duro es un tema, tal vez no muy representativo pero, desde luego, mucho más que lo que acaban de escuchar, titulado Farupiti Blues.

Farupiti Blues

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Si este experimento que hoy me traigo de colocar aquí material sonoro se muestra mínimamente efectivo tal vez llegue el día en que les traiga por aquí una completa noticia de su vida y milagros convenientemente documentada con extractos selectos de su vasta obra discográfica así como algunas grabaciones en directo de mi colección privada. Cada cosa a su tiempo y en su lugar, como debe ser.

(Con especiales disculpas para Jean Daniel Bercher, por el abuso de sus backtracks)