28 de mayo de 2006

In diebus illis

(En vista de que persiste mi secuestro cedo hoy la pluma, que es forma cursi de referirse al teclado, a cierto colega que me acompaña desde hace unos días. No se alarmen los escasísimos fieles de Teddy Mars porque pronto volverá por aquí)

Basándose en una absurda paradoja muchos son los que han concluído la imposibilidad de viajar en el tiempo. Nada más falso. Los viajes en el tiempo son posibles y puedo demostrarlo. De hecho, yo mismo soy la prueba. Nací en el año 2135 y aquí estoy, en pleno 2006, sorprendido por tener que usar las manos para escribir y con la intención de rogarles su colaboración en cierto asuntillo que me traigo ente manos.

Pero será mejor que antes les ofrezca una explicación por esta intromisión en éstas sus Salidas de Emergencia que gentilmente don Eduardo me ha permitido tomar al asalto. Y nada mejor que explicarles los motivos de mi viaje a este anodino año de 2006. No esperen una gran revelación, es un simple viaje de estudios.

En el siglo XXII la degradación del sistema educativo ha alcanzado (o alcanzará, como prefieran) tal nivel que los que pueden permitírselo envían a estudiar a sus hijos a los siglos pasados, en los que todavía existe la posibilidad de lograr una formación sólida. En general son muy apreciados los estudios básicos en el siglo XIX y hay verdaderas bofetadas por lograr una plaza. Yo mismo estudié en el Madrid del siglo XIX. Hubiera preferido París, pero era demasiado caro.

También son muy disputadas las becas para estudiar con Martin Heidegger en Friburgo. Les costará comprenderlo, pero les aseguro que para un viajero en el tiempo asistir en directo a la exposición de las ideas Herr Martin es realmente cómico. De todas formas, no me entiendan mal. Heidegger fue un filósofo fascinante. Era, por ejemplo, capaz de hablar sin que se le moviera el bigotillo. Tampoco puede decirse que no tuviera defectos. Sin ir más lejos, tenía serios problemas para encontrar cada mañana dos calcetines del mismo color. Y no crean que les cuento esto de oídas, que me pasé todo un semestre a su lado. Pero veo que me estoy desviando del asunto que me ha traído aquí (o ahora, como prefieran).

En el siglo XXII los estudios literarios gozan de un merecido prestigio. No hay rama del saber que pueda compararse a ellos en términos de reconocimiento público. Esta popularidad tiene su raíz precisamente en la posibilidad de hacer uso del transporte temporal. Uno de los más célebres estudiosos de la literatura, Rufus T. Firefly, demostró en 2126 el potencial de los viajes en el tiempo para la investigación literaria. Andaba especializándose en la obra de cierto escritor argentino, un tal Forges, o algo así, cuando tuvo una idea genial, crearle una influencia y comprobar sus efectos. Su planteamiento supuso (o supondrá, como prefieran) toda una revolución.

Decidido llevar a cabo su experimento, Firefly pasó cerca de dos años componiendo su personaje antes de presentarse en Praga en 1918. Pasó allí seis años escribiendo las obras de su propia creación, un tal Franz Kafka que se había inventado tomando al tuntún cosas de aquí y de allá. Lo cierto es que le quedó un personaje de lo más estrafalario y muchos dudaban de que fuera a lograr algo con él. A pesar de ello, el profesor Firefly llevó a cabo su viaje sin contratiempo alguno.

Al regresar, fue directo a consultar las obras del argentino y comprobó, con satisfacción, el positivo resultado de sus manejos. Por suerte o por prudencia había copiado los textos de su investigado en su cuaderno de notas porque, de vuelta, todas las ediciones originales que poseía eran distintas. En todas se apreciaba el influjo del falso autor que había creado. Así, por ejemplo, cierto relato que comenzaba diciendo:

Érase una vez en Uqbar...

pasó a arrancar con estas otras palabras tras los tejemanejes de Firefly

Debo a la conjunción de un espejo y una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.

Otro de los sorprendentes hechos descubiertos por Firefly es que su investigado se había molestado en traducir al tal Kafka del alemán al español. Así, un texto que comenzaba diciendo algo así como:

Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte, fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt.

acabó siendo traducido como:

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, eocntróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.

Comprenderán ahora el reconocido éxito de tales investigaciones y la satisfacción personal que debió causar en el pionero Rufus T. Firefly. Desde entonces muchos han sido los académicos que se han desplazado en el tiempo para jugar con los escritores. El director de mi tesis doctoral, Cornelius Méndez III, pasó nada menos que dieciocho meses a principios del siglo XX para convencer a Marcel Proust de que desistiera de escribir el Ulises y se dedicara a En busca del tiempo perdido. La cosa fue una jugada maestra porque tiempo después le colocó el Ulises de Proust a un tal James Joyce y obtuvo un gran reconocimiento por parte de las autoridades académicas.

Durante un tiempo, si es que esta expresión aún conserva algo de sentido, un nutrido grupo de investigadores se centró en las obras de Agatha Christie jugando con las posibilidades de endilgarle el muerto a cualquier personaje. Muchos jardineros fueron liberados de sus horrendos crímenes que pasaron a ser cosa de los mayordomos. Esta línea de investigación se vió, sin embargo, bruscamente interrumpida cuando un tal Augustus Lozano logró que Hercules Poirot violara a Miss Marple en Diez negritos. Fue necesario organizar una expedición ad-hoc para dejar el libro como estaba y, por supuesto, se cortó de raíz toda posible financiación para estudiar la obra de Agatha Christie.

Otro caso muy elogiado fue el de Athanasius Aguirre que demostró que bastaba con invitar a un escritor mediocre a un concierto de jazz para convertirlo en un maestro del lenguaje. Sin embargo, lo que habia logrado con Cortázar le resultó imposible con un tal Antonio Gala, al que fue llevando de concierto en concierto probando todos los géneros musicales imaginables, hasta zaruelas, sin conseguir el menor atisbo de calidad en todo lo que llevaba su firma. Su desconcierto llegó hasta tal punto que su última obra, la que envió a la imprenta justo antes de suicidarse, sostiene la controvertida tesis de que el tal Gala no podía ser el verdadero autor de sus libros.

No ha faltado quien ha intentado estudiar la literatura del futuro, pero debo señalar que todos han fracasado con estrépito. Bueno, en realidad se supone que han fracasado porque no ha habido forma de comprobarlo. Ninguno de los investigadores que partieron ha regresado jamás. Circula toda clase rumores al respecto. Hay quien cree que el futuro es un lugar tan maravilloso que nadie se plantea volver, pero son los menos. La opinión más extendida es que los precios se han elevado tanto que ninguno se ha podido permitir un pasaje de vuelta.

Mi área de interés o especialización es mucho más modesta. Decidido a encontrar un tema aún no tratado por otros colegas me topé por casualidad con cierto premio Nobel. Y aquí me tienen, recien llegado a 2006 para iniciar mis estudios sobre el surgimiento de los blogs literarios, un extraño fenómeno del que allá, en 2158, ya nadie se acuerda. Mi interés por este asunto nació al descubrir que el premio Nobel de Literatura del año 2029 fue (o será, como prefieran) concedido a la autora de un blog. Por entonces yo no tenía idea de qué cosa podía ser un “blog”. De hecho sigo sin saberlo. El Centro de Documentación de la Biblioteca General Rick Moranis tan sólo da noticia de una mujer gorda que, al parecer, tenía algo que ver con un tal Hernán y poco más.

Tras una investigación exhaustiva algo he podido averiguar sobre tan curioso y olvidado fenómeno, y he descubierto, con sorpresa, que el gran Borjamari, el magnífico autor con el que todavía en 2150 se enseña a leer en las escuelas fue, antes de desarrollar los fundamentos de su magna Teoría Crítica Estética que tanto darían que hablar, fue, como digo, un blogger o blogógrafo, como algún otro ha sugerido denominarlos.

Animado por mis descubrimientos he conseguido una beca del Instituto Hermanos Calatrava para desplazarme a 2006 a recabar información de autores y lectores de blogs. Y eso es todo. Les dejo aquí las preguntas que más intrigado me tienen y les ruego, espero lo tengan a bien, me hagan saber sus respuestas en los comentarios.

Para lectores de blogs

  • Habiendo tal profusión de grandes textos que leer, ¿qué les impulsa a perder el tiempo con las majaderías del primero que se presenta?

  • ¿Cree que podrá encontrar agún día algo de interés en un blog o ya ha dejado de ser un soñador?

  • ¿Disfruta del estilo literario de los blogs que lee o tiene buen gusto?


Para autores de blogs


  • ¿Qué le hace pensar que tiene algo que decir o escribir?

  • ¿Qué le hace pensar que los demás quieren oirlo o leerlo?

  • ¿Ha sentido alguna vez la tentación de ejercer la autocrítica?

  • ¿Cree que sabe escribir o ya se ha dado cuenta de que no sabe?


Agradeciendo de antemano (o posteriormente, como prefieran) su colaboración, se despide atentamente,

Angus Floridablanca


NOTA de Eduardo:

Contesto aquí amablemente, como autor y lector, por la parte que me toca.

¿Qué le hace pensar que tiene algo que decir?

Nada. De hecho, no tengo nada que decir. Si uno examina con cuidado y ojo crítico lo que llevo aquí publicado durante más de quinientos días, comprobará que no he dicho nada. Absolutamente nada. La idea de que en las ‘Salidas de Emergencia’ hay contenido es, con seguridad, un espejismo del que procuro aprovecharme (sin mucho éxito, todo hay que decirlo).

¿Qué le hace pensar que los demás quieren oirlo?

Ya he contestado antes que no creo haber dicho nada nunca pero, asumiendo la realidad de se espejismo que lleva a algunos a creer que sí digo algo he de confesar que aún no he salido de mi asombro. Supongo que es precisamente ese asombro que me produce que sigan llegando gentes a visitar estas páginas vacías el que me impulsa a mantenerlas.

¿Ha sentido alguna vez la tentación de ejercer la autocrítica?

Constantemente, pero procuro apartarla de este lugar. La autocrítica es necesaria en la vida real. Aquí, en este rincón fantasmagórico donde todos se cambian de nombre, de sexo, donde todos se ocultan o se exhiben sin mostrarse realmente, la autocrítica no tiene ningún sentido. Pero si lo que quiere es que le reconozca que mi blog es una mierda, no tengo inconveniente en hacerlo.

¿Cree que sabe escribir o ya se ha dado cuenta de que no sabe?

Nunca he sabido escribir pero sigo confiando ciegamente en las fuerzas del azar que algún día, con suerte, pueden llegar a juntar algunas letras en el orden apropiado y podré ponerles mi firma para vanagloriarme de una simple casualidad. Como todos los grandes autores.

Habiendo tal profusión de grandes textos que leer, ¿qué les impulsa a perder el tiempo con las majaderías del primero que se presenta?

Me gustan mucho los percebes, pero no me paso el día comiendolos. Además, en general, en los blogs no busco literatura, busco personas. Si tengo que elegir entre una persona y un libro elegiré antes una persona. Por supuesto, si tengo que elegir entre una persona y una cerveza elegiré la cerveza.

¿Cree que podrá encontrar agún día algo de interés en un blog o ya ha dejado de ser un soñador?

Ya lo he dicho antes. Creo que puedo encontrar personas interesantes. Y no, no he dejado nunca de ser un soñador. Así me va.

¿Disfruta del estilo literario del los blogs que lee o tiene buen gusto?

Ni una cosa ni otra.