1 de mayo de 2006

Teddy Mars – Cronología (I)

(NOTA: Ante el escaso número de peticiones recibidas para que escriba sobre Teddy Mars, no he sabido resistirme a hacerlo. Uno es así.)

Tapihi debe mucho a Teddy Mars, el músico más destacado de la isla. Gracias a él, los tapihianos han disfrutado durante los últimos cuarenta años de un nivel de asistencia social sin precedentes en el mundo. Teddy Mars ha dedicado media vida a realizar allí los más diversos trabajos sociales, bien es cierto que más bien obligado que por voluntad propia, pero eso no le resta mérito. Sin embargo no he venido hoy a hablar de Teddy Mars como benefactor social sino como músico, así que dejo aquí este otro asunto.

La carrera musical de Teddy Mars ha sido larga y prolífica desde aquel lejano día en que fue hallado misteriosamente en una playa de Tapihi. Prácticamente ha trabajado todos los géneros concebibles y ha grabado numerosos discos. Oficialmente ha publicado treinta y seis pero además existen numerosísimas ediciones piratas de sus mejores actuaciones en la isla. Ha protagonizado algunos de los momentos más memorables de la reciente historia tapihiana y es abanderado de muchas causas, casi ninguna de ellas respetable. Creo, en consecuencia, que se merece unas cuantas líneas en este modesto rincón.

Será mejor que comience la historia por el principio y de forma ordenada. Y puesto a hacer ambas cosas no se me ocurre mejor manera de hacerlo que dejarles hoy aquí una cronología que, al fin y al cabo, respeta el único orden que la naturaleza nos ha dado. Quedarán, eso es seguro, muchas cosas en el tintero, pero con la figura de Teddy Mars resulta imposible no dejarse lo fundamental en el tintero. La historia está llena de personajes que se resisten a quedar aprisionados en un papel. Teddy es simplemente uno de ellos. Espero que de todas formas saquen algo en claro. Todo comenzó en 1965...

1965

La mañana del 12 de noviembre de 1965, durante su habitual paseo matinal, el Cronista Oficial de Tapihi, Roderick Hayes, divisó la figura de un joven con una guitarra en la solitaria playa de la bahía de Hata Nui. Nadie sabe como había llegado hasta allí. El propio Teddy a lo largo de su vida ha proporcionado tantas versiones que superan en número los posibles medios de transporte que pudo utilizar. Según la ocasión Teddy ha declarado que llegó a la isla en barco, avión, helicóptero, submarino, nave extraterrestre, alfombra voladora, bicicleta, tabla de surf o mágica escoba, sin que esta lista agote las versiones conocidas.

Por lo que sabemos, Roderick Hayes, acompañado del Director del Archivo Histórico Sonoro del Reino de Tapihi, el padre Emmanuel, se acercó al muchacho. Ambos intentaron trabar conversación con él. No obtuvieron respuesta. El guitarrista se obstinaba en repetir una y otra vez la misma arpegiada melodía y parecía completamente ausente del mundo. Pueden escuchar la grabación de tan trascendental acontecimiento en mi anterior post gracias a que el padre Emmanuel cargaba con su grabadora (lo que tiene su mérito porque era bien voluminosa y pesada, pero es que andaba empeñado en grabar el canto de no sé qué rara alondra endémica y nunca salía sin ella).

Probaron después a ofrecerle algo de comer, pero el hombre seguía sin reaccionar a estímulo externo alguno. Resolvieron entonces sentarse a su lado y disfrutar de la música. Fue entonces, al abrir una botella de cerveza, cuando el músico interrumpió su interpretación. Aquel breve chasquido de la chapa separándose de la botella obró el milagro y poco a poco el jóven regresó al mundo de los vivos. Los dos ilustres tapihianos entablaron entonces una amigable charla con él y acabaron facilitándole su instalación y acomodo en la isla a cambio de alguna actuación en directo.

La noche del 18 de noviembre de 1965 Teddy Mars se presentó oficialmente en Le Neu Perroquet Bléu. Lamentablemente la grabación de aquella noche mágica, el primero de los muchísimos jueves en que allí actuaría, se perdió durante el traslado de la sede del Archivo Sonoro. Sin embargo, a tenor de los numerosos testimonios que se conservan, Teddy Mars disfrutó de un particular estado de gracia que jamás ha conseguido reencontrar.

Como resultado, el padre Emmanuel, que también dirigía la única compañía discográfica local (lo que también tenía su mérito porque no había músicos en Tapihi por aquel entonces) decidió contratarle para lanzar un disco. Su confianza en Teddy era ciega. Tan ciega que no se molestó en revisar nada de lo que Teddy fue grabando en los días sucesivos. Otro gallo habría cantado si lo hubiera hecho. Pero no lo hizo y el día de Navidad de 1965 en todos los comercios de Tapihi, en los tres, apareció Mozart in the Country. Nada fue igual desde entonces.


Mozart in the Country, 1965

Mozart in the Country, para espanto de todos los parroquianos, se abría con una versión country de la obertura de Las Bodas de Fígaro. Pocos fueron los capaces de soportarlo. Los habitualmente apacibles tapihianos deambulaban desesperados por las calles con expresión extraviada preguntándose qué demonios habían hecho para merecer tal castigo, que dejaba las plagas de egipto en una colección de molestias menores. La asamblea isleña fue unánime, tanto Teddy como el diseñador de la portada (que resultó ser el mismo Teddy) debían ser condenados a realizar servicios a la comunidad por tiempo indefinido.

1966

Tras el estrepitoso fracaso de Mozart in the Country, Teddy se vió obligado a trabajar durante tres meses a la intemperie con tan mala fortuna que coincidió con la temporada de lluvias y se agarró un resfriado de no te menées. Inasequible al desaliento y con una inusitada capacidad para poner los contratiempos a su favor comenzó a coquetear con el folk para acabar publicando su segundo trabajo, The Times They Are a Newspaper, en el que asumía el rol de un cantautor resfriado sorprendido por las diversas noticias que encontraba en la prensa, a las que conseguía dar un tono poético de lo más inapropiado.


The Times They Are A Newspaper, 1966

Ante la ausencia casi total de imágenes de Teddy Mars (pueden encontrar una de las pocas que se conocen en la Guía Turística de Tapihi), muchos han querido reconocer al músico en el individuo retratado en su portada. Nada más lejos de la realidad. Ese caballero no es Teddy Mars ni por asomo, aunque ni crítica ni público ha conseguido jamás descubrir su identidad. Años después reaparecería en otras de sus portadas, pero esto es una cronología y me esta vedado adelantar acontecimientos.

The Times They Are a Newspaper es una obra simple en su concepción pero de profundo significado social ya que todas sus letras están sacadas de los periódicos, aunque reordenadas hasta el punto de hacerlas irreconocibles. Por ejemplo, si el titular decía “Presidente Asesinado”, Teddy escribía “Dientes apenados irse”, lo que, efectivamente, es una reordenación de las letras, pero le hace parecer un indio un tanto analfabeto.

Contrariamente a lo que ha sido habitual en los trabajos de Teddy Mars, The Times They Are a Newspaper sólo incluye un tema instrumental, Roots of Tapihian Heather. De forma a veces sutil y a veces no tanto siempre se le ha rogado que procure no cantar en sus discos. La población tapihiana es tolerante, pero sólo hasta ciertos límites. Que toque la guitarra tiene un pase pero lo de cantar, los que le hemos oído coincidimos en ello, es cosa que clama al cielo. Roots of Tapihian Heather, fue grabado en una sola toma en la cabaña del propio Teddy. Por ello, la calidad de la grabación deja bastante que desear. De hecho si se presta atención puede oirse de fondo el sonido del partir de cocos que tenía lugar allí al lado. Se trata de un tema de corte más bien jazzístico con el que Teddy, según confesión posterior, intentó reflejar los problemas de la extracción de la leche de coco. Ni que decir tiene que no lo consiguió ni por aproximación.

Roots of Tapihian Heather (Extracto)

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Es obvio que The Times Are a Newspaper le supuso a Teddy una condena similar a la de su anterior trabajo así como la prohibición de acercarse a cualquier estudio de grabación durante dos años. Bien pudo Teddy acatar humildemente la sentencia y tal vez esta reseña jamás habría tenido lugar. No lo hizo y su rebeldía juvenil había de traer, como veremos, imprevisibles consecuencias.

1967

1967 iba a convertirse en un año crucial en la carrera de Teddy Mars ya que trabó contacto con una serie de músicos interesados en el blues con los que formaría una efímera banda que hoy es legendaria, The Bluesloosers. Habían llegado a Tapihi a principios de año con intenciones evangelizadoras: querían llevar el mensaje del blues al mundo entero.

Cuendo Teddy los vio aparecer se vio profundamente sorprendido. Nunca hasta entonces había visto la funda de una guitarra y le pareció un invento notable a la par que útil. Según desembarcaron, los cuatro músicos echaron mano de las cuentas y baratijas que llevaban para intercambiar con los nativos pero Teddy les dejó claro que sólo le interesaba el estuche para guitarra. Tras una ardua negociación el intercambio se produjo. Teddy hubo de entregar a cambio la piel de tres basiliscos y un coco decorado. Pero, lo que es más importante, había nacido una profunda amistad que se prolongaría durante varios meses.

No hubo que esperar mucho para que decidieran formar un conjunto que asumía, punto por punto, los postulados religiosos de los Bluesloosers en lo que a la santificación del blues se refiere. En unas dos semanas habían preparado suficiente material para llenar varias horas del cadencioso tiempo tapihiano.

Decidido a enderezar su carrera y preso de un optimismo en nada justificado, Teddy resolvió organizar sesiones secretas de grabación en el estudio del padre Emmanuel cuando este se iba a dormir. Por fortuna, el padre Emmanuel era hombre de rectas costumbres y observancia estricta de su rutina diaria. De diez de la noche a siete de la mañana tenían el campo libre, aunque, por seguridad, los músicos organizaron su conjura entre las doce y las cinco. Pasaron así dos semanas grabando a escondidas. Todo parecía ir sobre ruedas cuando se torcieron las cosas.

El que iba a ser su próximo disco estaba ya casi a punto cuando el propio padre se olió el pastel y colocó un candado en la puerta (que hubo que importar del Japón, porque en Tapihi no hay nada parecido a una cerradura). Tan sólo faltaba grabar las pistas de la guitarra solista de Teddy cuando se produjo el suceso y el trabajo de varias semanas parecía echado a perder.

El desaliento le duró a Teddy no más de dos días. Pronto descubrió que tenía una oportunidad, podía colarse en el estudio mientras el padre Emmanuel salía a comer. En estas agitadas condiciones, preso del nerviosismo por el inminente regreso del padre Emmanuel, Teddy consiguió grabar, más mal que bien, todo hay que decirlo, las partes que faltaban. Esperó entonces al padre Emmanuel, le rogó su perdón y le pidió autorización para editar un nuevo disco. Tal vez como consecuencia de su pasado religioso, el padre Emmanuel no supo negarse y pronto se editó Teddy Mars & The Bluesloosers, el nada esperado tercer disco de Teddy.


Teddy Mars & The Blueslooseres, 1967

En líneas generales, Teddy Mars & The Bluesloosers, es un disco sorprendentemente relajado en el que queda patente la inmadurez de un artista que todavía soñaba con la luna y las estrellas. Buena prueba de ello es, por ejemplo, el tema titulado Good Times To Come, cuyo título demuestra, entre otras cosas, lo ignorante que era de la que se le venía encima.

Good Times to Come (Extracto)

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Lo primero que le vino encima fueron las críticas del público a su trabajo. Lo segundo, las de la propia banda por haber editado el disco sin su permiso. Y lo tercero una severa condena por haber infringido la prohibición expresa de grabar música que le había impuesto la asamblea. No le quedó más remedio para lavar sus culpas que construir un Hospital con sus propias manos y que todavía hoy presta un inmejorable servicio a la población, el Hospital General Thomas Wassermeier.

No crean que aquí acaba todo. Les falta mucho por conocer y esta historia continua aquí.

(De nuevo con agradecimiento para Jeanda)