14 de mayo de 2006

Teddy Mars – Cronología (V)

Vida y milagros de un músico fuera de lo común en riguroso orden cronológico

Capítulos anteriores:

Cronología, I. (1965-1967)
Cronología, II. (1968-1969)
Cronología, III (1970-1973)
Cronología, IV (1974-1976)

1976 se cerró con una de las más memorables actuaciones de Teddy en Le Neu Perroquet Bléu. Tuvo lugar el 23 de noviembre de ese año y escasamente una semana después se editó bajo el inequívoco título de Live at the Perroquet. No puede decirse que el disco contenga grandes valores musicales pero ha jugado un papel crucial en la vida de Teddy Mars ya que fue precisamente durante aquel recital cuando inició su relación con Marianne Fenster-Parrish, la hija del archiconocido pintor. Pero será mejor que ponga algo de orden en estos hechos.

Live at the Perroquet, 1976

Con motivo de la jubilación del padre Emmanuel como Director del Archivo Histórico Sonoro del Reino de Tapihi, se organizó en Le Neu Perroquet Bléu una emotiva fiesta de despedida. Los preparativos se desarrollaron en el más estricto secreto y se procuró garantizar la asistencia de todas aquellas personas que habían tenido alguna relación con el homenajeado. Entre ellas se contaba Marianne, que se había trasladado a Inglaterra para iniciar sus estudios de arte en la Universidad de Oxbridge.

Marianne no pudo rechazar la invitación para asistir al homenaje al padre Emmanuel. La simple idea de volver a ver las playas tapihianas, de reencontrarse con su padre y de dar una agradable sorpresa a la persona que había grabado sus primeros llantos era demasiado tentadora. Al más puro estilo isleño, solicitó una excedencia académica y partió de Southampton en su pequeño ketch el 4 de abril de 1976. Para el mes de noviembre ya había arribado a las costas que la habían visto nacer. Tenía entonces diecisiete años.

Marianne Fenster-Parrish era un mujer de una belleza singular. No se parecía en nada a su padre. Si éste era calvo y con bigote, aquella lucía una larga melena negra y no se apreciaban pilosidades bajo su nariz. Recordaba en cierta forma a una diosa griega y no eran pocos los que deseaban verla como éstas suelen presentarse, completamente desnuda. Debe decirse, no obstante, que muy pocos fueron los que vieron cumplido ese deseo.

Teddy había estado muy ocupado con los preparativos del espectáculo y no había reparado en la llegada de la joven Marianne. Debió ser el único porque en Tapihi no se hablaba de otra cosa. A su llegada al puerto se produjo un inmenso silencio hasta que amarró su embarcación. La maniobra duró unos cuantos minutos de emoción contenida. Después, todos los presentes estallaron en un sentido aplauso. De alguna forma, la sensación predominante entre los tapihianos era la del retorno de la hija pródiga.

Lo cierto es que la cosa no tenía mucho sentido. Cierto es que Marianne había nacido en Tapihi en 1959, pero tampoco había pasado largas temporadas en la isla. En 1965, algo antes de la aparición de Teddy Mars, fue enviada a un internado ya que, por aquel entonces, no había escuelas en Tapihi (las construyó todas Teddy tiempo después). Pocas habían sido las veces que regresó por la isla, casi siempre en vacaciones. Pero todos los habitantes seguían con interés sus progresos escolares y, de alguna forma, la consideraban como su propia hija. Lo verdaderamente extraño era que Teddy jamás hubiera oído hablar de ella.

Aquella noche del 23 de noviembre Teddy subió al escenario sin haber reparado en Marianne. Waldo Lanas, el único abogado de la isla fue el encargado de presentarle. Entre aplausos, Teddy salió a escena y entonces la vió. Sólo tuvo ojos y oídos para ella durante un buen rato. Por eso su guitarra suena tan ausente, tan pobre, tan mediocre. Bueno, por eso y porque se enredó con los cables y no encontraba forma de soltarse. Teddy estaba en otra parte, en una ensoñación romántica. Dicen que el amor es ciego. En este caso, también fue sordo y sobre todo, torpe.

Perroquet Blues (Extracto)

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Marianne también se enamoró de Teddy. No hace mucho escribió: “Teddy era, en cierta forma, la encarnación del espíritu de Tapihi. Era libre. Estaba lleno de entusiasmo. Encadenaba fracaso tras fracaso sin perder ni un ápice de voluntad. Nunca supe si es que no temía a nada o que el miedo a todo le daba alas”. Y ya se sabe en qué acaban estas cosas: paseitos por la playa cogidos de la mano, arrullos a la luz de la luna, besitos tras las palmeras, magreos en el cine y maniobras en el asiento trasero del seiscientos. En fin, que la joven Marianne decidió posponer indefinidamente sus estudios universitarios en Oxbridge y quedarse en Tapihi junto a Teddy.

1977

1977 fue un año convulso en Tapihi. Poco antes de su muerte, Archibald Fenster-Parrish se vio envuelto en una absurda y desagradable polémica artística promovida por una pretendida Asociación de admiradores de Jackson Pollock. Por alguna razón, probablemente inconfesable, este grupúsculo de aburridos activistas decidió que Fenster-Parrish representaba los valores opuestos al Action Painting y comenzaron a boicotear sus exposiciones de forma violenta. Lo cierto es que el pintor, tapihiano de adopción, nunca se tomó muy en serio esta polémica pero en la isla el sentir general era de una profunda indignación.

Espoleado por esta polémica, convencido de que así lo deseaba su amada y decidido una vez más a romper moldes, Teddy Mars grabó un sorprendente trabajo, Never Mind the Pollocks, que aúna una encendida defensa de la obra de Fenster-Parrish y un innecesario ataque al ya difunto artista de Wyoming. Años después, en una entrevista concedida al New Musical Express, ofrecía sus explicaciones al conocido crítico, Norman Philipou: No vi otra forma de expresar mi enfado por tan gratuitos ataques al gran benefactor de Tapihi que el ensañamiento, y así me ensañé con aquel grupo de dementes, me ensañé con Pollock, me ensañé con los músicos de la banda, me ensañé con los ingenieros de sonido e incluso me ensañé con las más elementales normas de la composición e interpretación musical. El resultado fue el que ya conoces, una obra irreverente, informe, disparatada, pero de una frescura que ya iba haciéndome falta.

Never Mind The Pollocks, 1977

Ni que decir tiene que nadie más en Tapihi apreció frescura alguna en su disco. Todo lo más un batiburrillo sonoro más propio de una banda de chimpancés que de músicos a los que se suponía formados, informados e incluso reformados. No obstante, Marianne supo apreciar en lo que valía el intento de su hombre. De hecho supo apreciarlo incluso en lo que no valía, especialmente el tema titulado Long Live Archie, cuya letra no puede decirse que vaya a constituir un hito en la historia de la lírica.

Convencido de la importancia de su reivindicación, Teddy decidió que la canción había de ser cantada por las más prominentes personalidades de la isla. Ninguno de ellos, como era de esperar, se prestó a ello. Teddy pasó varias semanas intentando encontrar algún voluntario dispuesto a poner su voz aunque fuera de forma anónima, pero nadie quiso hacerlo. Llegó a pensar en llevar a una serie de indigentes y mendigos al estudio, segurp de que estarían dispuestos a cualquier cosa por un simple bocadillo, pero, al igual que le había ocurrido con los dementes de Hotel Tapihi, no había ninguno en toda la isla.

A pesar de ello, mantuvo su idea hasta el final. Una vez grabadas las pistas con la música, se puso en contacto con un cottolengo de Nueva Escocia que se habia mostrado dispuesto a colaborar y que afirmaba disponer de internos con innegables virtudes canoras. Tras un rápido arreglo, Teddy envió el master de su disco para que le añadieran las voces. A vuelta de correo recibió un resultado de lo más curioso.

Al parecer, el responsable del cottolengo había cumplido con su compromiso. Los más destacados desharrapados habían participado en las sesiones de grabación y, por lo que contaron, o por lo que cantaron, la cosa no les quedó del todo mal. Lamentable o afortunadamente, durante el trayecto de vuelta las cintas quedaron expuestas a toda clase de humedades y quién sabe qué otras sustancias aún más perniciosas y llegaron llenas de hongos de todas clases: amanitas, boletus, champiñones, etc.

Por aquel entonces no existía en Tapihi su reconocida Academia Laboratorio Avanzado de Restauración de Material Audiovisual (ALARMA, que fue construído por el propio Teddy a raíz de una condena posterior) y hubo que apañarselas con lo que había. Y lo que había era de lo más extraño. Teddy estaba feliz, pero fue el único en estarlo. Hasta el día de hoy nadie ha demostrado ser capaz de oir más de treinta segundos seguidos.

Long Live Archie (Extracto)

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1978

La recepción de Never Mind de Pollocks no había sido tan desastrosa como la de sus anteriores trabajos y eso que el disco era de le peorcito. Los tapihianos, de alguna manera, respetaron su intento de defender al pintor oficioso de la isla, aunque seguían sin comprender su empeño en hacer carrera musical dada su evidente incapacidad para ello. Teddy, agradecido por esta inesperada muestra de respeto hacia su obra tomó una importante decisión basada en un curioso y falaz silogismo: si cuando he tratado de divertir al público se han aburrido como ostras bastará que me proponga aburrirles para que se diviertan como enanos. Tamaña memez fue el origen de Tostón, sin duda el disco más pelma y soporífero de Teddy Mars.

Tostón, 1978

Durante la fase de composición y ensayos se produjo un luctuoso acontecimiento, el fallecimiento de Alan Dunelman, que estaba de viaje por los Estados Unidos de (Norte)América. La noticia afectó tanto a Teddy que, de inmediato, interrumpió los trabajos y se trasladó a los USA con intención de hacerse cargo del cadáver. Ante las dificultadas administrativas que encontró para la repatriación del mismo a Tapihi decidió finalmente donar su cuerpo a la ciencia. Primero lo intentó en la Facultad de Medicina de una conocida universidad, pero allí le dijeron que no veían nada de interés en aquella piltrafa. Luego lo intentó en la Facultad de Veterinaria pero al parecer hacía años que habían dejado de aceptar especies sin pedigree. Excusas peores le pusieron en las facultades de Historia e Ingeniería de Telecomunicaciones. Finalmente el conserje de la Facultad de Filosofía y Letras le permitió dejarlo sentado en la biblioteca y hasta el momento nadie se ha quejado (posiblemente porque el último lector que se atrevió a entrar allí lo hizo en 1928 y sólo para hacer uso del excusado).

A su regreso, Teddy retomó los trabajos de grabación, pero con un sentido de la trascendencia inspirado en lo efímero de la vida de lo más inoportuno, cosa que, claro está, no podía traer nada bueno. Tostón es, como su propio nombre indica, un verdadero tostón. Cincuenta minutos de Teddy Mars haciendo escalas sin el menor sentido melódico, repetitivas, machaconas. En definitiva, aburridas. Basta oir los últimos compases de un tema como No somos nadie para hacerse una idea del conjunto. Marianne llegó a decirle a Teddy que confiaba en que Alan, allá donde estuviera, nunca oyese semejante despropósito.

No somos nadie (Extracto)

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De alguna forma, Teddy se vió herido por estas palabras. Eso tendría sus consecuencias al año siguiente.

(Continúa, por supuesto, y lo hace aquí)

(Y sigo excusando a JDB, que es inocente)