5 de junio de 2006

Un Certain Regard (Revista de actualidad)

Ocupado y preocupado como ando con las andanzas musicales de Teddy Mars corro el riesgo de perder de vista las asuntos de actualidad, esa cosa que los periodistas suelen calificar de rabiosa por razones que se me antojan inaprehensibles. Por ejemplo, el señor don Pelu logró doblar su ya nutrido grupo de fieles gracias a cierta noticia postal que ha alcanzado alguna notoriedad al hilo de una presunta estafa.

Un servidor, que siempre ha sido de natural curioso, no acaba de entender a santo de qué anda todo el mundo echándose las manos a la cabeza porque algunos señores, con la excusa de invertir en sellos de correos, parecen haberse llevado la pasta a lugares de clima más placentero. Era cosa que se veía venir. Basta con echarle un vistazo al diccionario para comprobar que “Filatelia” significa, en sentido estricto, “amor por la exención de impuestos”. Lo que pasa es que ya nadie estudia griego a pesar de que la sección de contactos y masajes de los anuncios por palabras parezca sugerir lo contario.

Supongo que es consecuencia de la degradación continua y permanente del sistema educativo que, a tenor de lo que Angus Floridablanca ha tenido a bien desvelarnos, continuará su exitosa marcha por muchos años. Y no es que se haya dejado de escribir. No hace mucho hemos podido confirmar que se sigue haciendo aunque de forma ciertamente novedosa. Es que el progreso cultural discurre por otros lugares. Fíjense si hay interés por desarrollar las cosas del espíritu que hasta la selección española de fútbol, tan poco propensa a estos menesteres, anda decidida a “entrenar el cerebro”.

Y hay más de lo mismo. Mientras nuestra nunca bien ponderada Academia Cinematográfica decide modificar el sistema de votación de sus celebrados galardones, en otros lugares se toman más en serio el apoyo a la industria local. Al fin y al cabo el mundo está pidiendo a gritos una película en la que Charles Bronson haga de indio y reparta mandobles a los cowboys. Es una pena que los cieneastas, siempre ensimismados con sus pequeñeces, no hayan caído en la cuenta y se precise del concurso de cierto comandón (debo esta maravillosa palabra a la prensa peruana, y a don JPQ, que ha sabido describir sus recientes elecciones generales como la decisión entre “un mandón y un comandón”).

Pero ya ven, mientras don JPQ insiste en recordarnos el riesgo cierto de que España salga del Euro hay quienes, tal vez con mayor criterio práctico, se dedican a sacar el Euro (los euros) de España. No parece una actividad edificante, pero siempre será mejor que dedicarse a colocar el propio semen en lugares insospechados con nefastos resultados, como no hace mucho declaró un alto ejecutivo. Siempre me he preguntado qué demonios hace un “alto ejecutivo”, en qué consiste su trabajo. Ahora, gracias a este desliz, ya lo sé y me alegro de haber encaminado mi carrera profesional, por mal que me vaya, por otros derroteros.

En todo caso no vayan a creer que con esto quiero descreer de las bondades de la correcta administración empresarial. Al fin y al cabo hasta los desiertos “presentan enormes beneficios económicos si son administrados correctamente”. Todo es cuestión de ponerse y además, hay que recordar que el metro cuadrado de desierto resulta mucho más barato que el metro cuadrado en el centro de Madrid.

El caso es que resulta que hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, precisamente dedicado a los desiertos. Y claro, siempre que pasa una cosa así se enciende el espíritu altruista de todo hijo de vecino. Por eso UGT ha pedido al gobierno “que aplique con firmeza algunas de las iniciativas legislativas que ha adoptado recientemente para frenar la desertización”. La reacción no se ha hecho esperar. Un tal Andrew Warren, coautor de un informe del Programa de la ONU para el Medioambiente (UNEP), se ha declarado “alarmado porque los desiertos están más amenazados que nunca”. Y es que cuando la UGT se pone a ello tiemblan los más sólidos cimientos (y no me refiero a cierta promotora de viviendas).

Pero si creen que los problemas de la desertización (o no) son graves es que no tienen noticia del via crucis por el que está pasando Sir Paul McCartney, que el próximo día 18 cumplirá 64 años. Cómo no recordar aquella vieja canción que escribió sin imaginar lo que traerían aquellos barros.

When I get older losing my hair,
Many years from now.
Will you still be sending me a valentine
Birthday greetings bottle of wine.
If I'd been out till quarter to three
Would you lock the door,
Will you still need me, will you still feed me,
When I'm sixty-four.

Pues va a ser que no. El diario The Sun, señero ejemplo de prensa seria y responsable, acaba de hacer públicas unas fotografías que demuestran que Lady Heather McCartney, la mujer de la que Sir Paul intenta amistosamente separarse, no le va a felicitar por su cumpleaños, ni le va a enviar una botella de vino, ni le necesita para nada y las sopitas se las va a tener que tomar sólo.

En otro orden de cosas y como consecuencia de un nuevo alarde de sensibilidad social, los “menistros” han decidio que los transexuales puedan “cambiar su identidad” sin operarse. Lamentablemente un servidor, que no ostenta esa condición, sigue viéndose en la necesidad de pasar por el quirófano para poder cambiar de identidad, cosa que me vendría la mar de bien.

No teman. No me operaré. La cirugía plástica padece elevadísimas cotas de intrusismo en nuestro país al decir del presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE). Y eso que ten crucial especialidad tiene un fin esencialmente curativo. Eso dicen, que persigue el equilibrio emocional.

Son dos formas de entender los problemas. Si a uno no le gusta, digamos, su culo tiene dos opciones: arreglarse el culo o arreglarse la cabeza. Lo segundo es harto más difícil, más caro, con menos garantías de éxito y sufre aún más elevadas cotas de intrusismo. Además, de todos es sabido que cuando una mujer sobrepasa los 120 centímetros de pecho alcanza un equilibrio emocional que sólo se ve empañado por los problemas de espalda. No es la panacea (el señor Engelson nos ha mostrado que no elimina los problemas de timidez) pero por algo se empieza.

Y así está el mundo. Así o peor. No me extraña que cada vez me cueste más abandonar Tapihi, el único lugar del planeta donde no se va a retransmitir el Campeonato Mundial de Fútbol, ni el fallecimiento de nadie. Donde no existen los sellos de correos para evitar problemas de drogadicción como el padecido por Teddy Mars. Donde las bandas organizadas son musicales. Donde los estudios cinematográficos consiguen rotundos éxitos de taquilla sin necesidad de meterse en camisas de once varas, como demuestra la reciente “Siete novias para dos hermanos”. Donde el Ambiente es Entero y no Medio. Donde aún se escribe con las manos y se reservan otras partes de la anatomía para labores para las que resultan más adecuadas. Donde el cerebro no se entrena, se usa, ejercicio de probados resultados prácticos. Donde la actualidad, en definitiva, no pesa sobre los hombros.

Excusen este desahogo y agradézcanme que haya evitado el resto de la “actualidad”, porque yo tampoco tengo estómago para soportarla.